Thierry Henry, un galgo suelto en el área

Campeón con AS Mónaco, Arsenal y Barcelona, también militó en Juventus y New York Red Bulls, en cuyas filas se retiró recientemente. También ganó el Mundial-1998 y la Eurocopa-2000 con Francia. Apenas se fue y ya lo estamos extrañando.

ColombiaMundial(2)Se lo va a extrañar. Por sus cabalgatas, que nos hacían creer que se trataba de un fino galgo jugueteando en un campo abierto, libre y feliz. Por su carisma, que le hizo ganarse el cariño, el respeto y la admiración de sus colegas y de los hinchas de los equipos en que militó, más allá de los títulos que conquistó. Se lo va a extrañar, porque marcó una época, porque impuso un estilo, porque dignificó la profesión, porque despertó pasiones y, de manera muy especial, regaló alegrías por doquier. Porque si algo marcó la carrera deportiva de Thierry Henry, Tití, fue la alegría de su juego y la felicidad que esta les transmitió a los aficionados.

La caída del telón de la temporada de la Major League Soccer (MLS) estadounidense, en la que el equipo Los Ángeles Galaxy despidió con los honores del título al Capitán América Landon Donovan, significó también el punto final de una trayectoria que se inició hace justamente 20 años, en un escenario de ensueño: el principado de Mónaco, con la camiseta del club de los amores de la familia Grimaldi, la misma que hasta hace poco lucieron los colombianos Radamel Falcao García y James Rodríguez. Un adiós que enardeció a las redes sociales, que se transformaron en muros a través de los cuales algunos de sus excompañeros le rindieron un tributo y le desearon suerte en esta nueva etapa de su vida. “Fue una gran inspiración en mi carrera. Gracias, Henry, y mucha suerte en tu próxima aventura con Sky Sports”, publicó en Twitter Theo Walcott, que aún permanece en la delantera del Arsenal de Londres al mando de Arsene Wenger.

Sus mejores años como jugador profesional, Thierry Henry los vivió en Londres con la camiseta del Arsenal. Es el máximo goleador de la historia del club, un íolo. ¿Será su próximo destino?
Sus mejores años como jugador profesional, Thierry Henry los vivió en Londres con la camiseta del Arsenal. Es el máximo goleador de la historia del club, un íolo. ¿Será su próximo destino?

Y fue este DT, precisamente, el que signó la carrera y la vida de este delantero con origen en las Antillas Menores (Guadalupe y Martinica), pero nacido en Les Ulis (a menos de 25 kilómetros de París) el 17 de agosto de 1977. Desde que contaba 13 años acudió al centro de formación de Clairefontaine, donde comenzó a llamar la atención de los expertos por su velocidad, su habilidad y, sobre todo, su poder goleador. Las dos primeras virtudes fueron heredadas de sus ancestros antillanos, una región en la que abundan los atletas destacados; la tercera fue un don de Dios que él, con trabajo, dedicación y sacrificio, se encargó de pulir y, sobre todo, de convertir en su sello personal. Aún era infantil cuando, fiel a su estilo, Wenger lo llevó al AS Mónaco, club en el que debutó en primera división el 31 de agosto de 1994, en el partido que el club del principado ganó 2-0 a Niza. Fue al Lens, sin embargo, al que le marcó sus primeros goles, dos, en la goleada 6-0.

El Mundial de 1998 y la Eurocopa de 2000 fueron los títulos que consiguió con Francia. Un delantero rápido, elegante, habilidoso y goleador, ese fue Tití Henry.
El Mundial de 1998 y la Eurocopa de 2000 fueron los títulos que consiguió con Francia. Un delantero rápido, elegante, habilidoso y goleador, ese fue Tití Henry.

En aquellos primeros pasos, Henry actuó como extremo por el costado izquierdo, debido a que por el centro actuaba el delantero brasileño Sunny Anderson, al que le copió el particular estilo de usar las medias bien arriba, al filo de las rodillas. “Siendo juvenil ya se veía lo que iba a ofrecer. Era rápido en la banda, atrevido y muy listo”, dijo alguna vez el suramericano, que cuando se vinculó al FC Barcelona irónicamente le abrió paso a una temible dupla que le brindó grandes alegrías al fútbol francés, tanto a nivel de clubes como de selección: Henry con el francoargentino David Trezeguet. Estos dos escurridizos delanteros, al mando de Jean Tigana, una gloria de la selección gala, le dieron al AS Mónaco el título de la Ligue 1 en 1997 y, al año siguiente, lo condujeron a las semifinales de la Champions League, instancia en la que Barcelona apagó el sueño de la final. Consagrado en el club monegasco, Juventus, uno de los grandes del continente, le abrió sus puertas a comienzos de 1999.

Con la Vecchia Signora, sin embargo, no encontró el brillo que se esperaba, especialmente después de que el equipo turinés desembolsó por él 13 millones de dólares, una fortuna para la época. La ciudad y los defensivos esquemas tácticos de Marcello Lippi, que obligaban a los delanteros a cumplir funciones de marcación, nunca fueron del agrado de Henry, que emigró al cabo de solo una temporada. Sin dudarlo, el técnico Wenger volvió a echar mano de él, esta vez a cambio de 16 millones de dólares, para llevarlo al Arsenal inglés. En Londres y con la camiseta de los Gunners encontró su lugar en el mundo y se proyectó como una figura de talla internacional. El DT le brindó la confianza que necesitaba, lo rodeó de jugadores que supieron aprovechar sus cualidades y rápidamente, a punta de goles y títulos, se convirtió en ídolo. Fue amor a primera vista, un sentimiento que hoy, cuando ya colgó los botines, se mantiene intacto. “Quizás pueda decir que fue el mejor equipo que dirigí y uno de los mejores de la historia del fútbol. Y Henry, con (Dennis) Bergkamp, (Robert) Pires, (Patrick) Vieira o (Sol) Campbell, fue un jugador muy especial”, aseguró tiempo después Wenger en una entrevista.

En 2003, integró el podio de los mejores del año al lado del brasileño Ronaldo (ganador) y de su compatriota Zinedine Zidane (tercero). Un grande al que la historia le reconocerá su legado.
En 2003, integró el podio de los mejores del año al lado del brasileño Ronaldo (ganador) y de su compatriota Zinedine Zidane (tercero). Un grande al que la historia le reconocerá su legado.

Fue un equipo que, valga recordarlo, marcó una época: ganó la Premier League en las temporadas 1997/98 (ya al mando del francés), 2001/02 y 2003/04, en las dos primeras ocasiones en sendos dobletes con la FA Cup. En esta última campaña, Arsenal anotó en los 38 partidos que disputó, no perdió como visitante e impuso un récord al convertirse en el primer campeón invicto en el torneo, con 26 triunfos y 12 empates, un hecho del que el último antecedente era muy lejano: en 1889, Porth North End también obtuvo el título sin conceder derrota alguna. Por esa racha (acreditó 49 partidos sin perder, otro récord), la prensa inglesa bautizó a ese Arsenal como los Invencibles. Una leyenda que se abrió campo también en el resto de Europa, al brillar en la Champions League. En la edición de 2005/06, el club londinense llegó a la final, tras dejar en el camino a rivales como Real Madrid, Juventus y Villarreal. La alegría, sin embargo, no fue completa, porque el Barcelona de Frank Rijkard se quedó con la Orejona tras ganar 2-1 el partido disputado el 17 de mayo en París.

En el Barcelona, tras una difícil adaptación, integró la delantera de los Cuatro Fantásticos, al lado del camerunés Samuel Eto'o, del brasileño Ronaldinho y del argentino Lionel Messi. Logró el triplete en la campaña 2008/09.
En el Barcelona, tras una difícil adaptación, integró la delantera de los Cuatro Fantásticos, al lado del camerunés Samuel Eto’o, del brasileño Ronaldinho y del argentino Lionel Messi. Logró el triplete en la campaña 2008/09.

Ese partido, esa tristeza, marcó un punto crucial de la carrera Henry y puso de manifiesto su amor por el club: “Me quedo. Siento que estoy en deuda con este club y no puedo marcharme después de una derrota así”, aseguró sobre el césped del Stade de France, aún sin digerir la caída. Los medios de comunicación daban por hecho que Henry se enrolaría al club catalán, pero el jugador prefirió permanecer al menos una temporada más, con la intención de salir en condiciones más decentes. Pese a su empeño, no fue un buen año: las lesiones lo mantuvieron más tiempo fuera de los campos que dentro de ellos y apenas disputó 27 partidos oficiales (17 de ellos en la Liga Premier). Abandonó el elenco londinense en ese verano, al cabo de 377 partidos en los que anotó 228 tantos para asegurarse un lugar en la historia como el máximo anotador de la institución, superando el registro del mítico Ian Wright (185). La experiencia en la ciudad condal, sin embargo, empezó algo traumática, parecida a lo de Turín. Barcelona lo compró en 24 millones de euros, cifra que no pudo ser compensada en la primera temporada.

El segundo curso, sin embargo, mostró a un Henry pletórico, el compañero ideal del brasileño Ronaldinho, el camerunés Samuel Eto’o y el argentino Lionel Messi en una delantera que la prensa catalana bautizó ‘Los cuatro fantásticos’. El técnico Pep Guardiola, en una entrevista, contó los motivos de aquella transformación: “Olía que Thierry no estaba muy bien, que se planteaba cuestiones y que estaba un poco cerrado. Lo llamé para invitarlo una tarde para hablar tranquilamente. Tras la reunión, su rendimiento empezó a progresar. Había tenido problemas para adaptase a un nuevo país, a una nueva cultura, una nueva mentalidad. Necesitaba tiempo para encontrarse, igual que nuestra filosofía de juego”. Aquella campaña, la 2008/09, se sabe, Barcelona ganó el triplete Liga-Copa del Rey-Champions League, y la decoró con un 6-2 sobre su archirrival el Real Madrid en el mismísimo Santiago Bernabéu. A partir de ese pico alto, sin embargo, de nuevo comenzaron las dificultades para el galo, en especial por la llegada del sueco Zlatan Ibrahimovic, que lo relegó al banco de suplentes. Ese año, el 2010, así mismo, significó la mayor frustración de su carrera, al quedar eliminado en la primera fase del Mundial de Suráfrica-2010, al que había clasificado in extremis y producto de un gol polémico que Henry marcó con la mano contra Irlanda.

Thierry Henry fue querido y admirado adonde fue, y Asia no fue la excepción. Los hinchas de todo el mundo le agradecen las alegrías que les brindó y, apenas unos días después de su retiro como jugador, ya lo extrañan.
Thierry Henry fue querido y admirado adonde fue, y Asia no fue la excepción. Los hinchas de todo el mundo le agradecen las alegrías que les brindó y, apenas unos días después de su retiro como jugador, ya lo extrañan.

Cansado y cuestionado, entonces, le dio un nuevo rumbo a su trayectoria. Decidió alejarse de Europa y cruzar el Atlántico para enrolarse en el New York Red Bulls, de la capital del mundo. Aunque para muchos la MLS es el cementerio de figuras en el ocaso de sus carreras, Henry demostró que todavía tenía cuerda y que la magia de su fútbol, su talento y su sed goleadora estaban intactas. Allí cumplió los últimos cuatro años como futbolista profesional (con una corta palomita en su amado Arsenal, en 2012), haciendo las delicias de los aficionados y enriqueciendo su leyenda. “Esto marca un emocionante nuevo capítulo en mi carrera y mi vida. Es un honor jugar para el New York Red Bulls y mi único objetivo en mi tiempo aquí es ayudar al club a ganar su primer campeonato”, afirmó el día que llegó a Nueva York. No logró el ansiado título, pero en cada juego que disputó dejó su marca y, para no perder la costumbre, se ganó el corazón de los hinchas. Ahora será comentarista de Sky Sports en Londres, aunque son pocos los que dudan que su destino próximo será, de nuevo, el Arsenal. Arsene Wenger, el DT que lo catapultó en primera división con el AS Mónaco y el que lo convirtió en estrella en el club londinense, sabe que algún día ocupará el banquillo de los Gunners.

“Ha sido un viaje increíble. He tenido algunos recuerdos asombrosos (¡la mayoría buenos!) y una experiencia maravillosa. Espero que se hayan divertido viéndome tanto como yo lo hice participando”, publicó Henry en un comunicado escrito en inglés, antes de despedirse con un “os veo en el otro lado…”. Un título de Ligue 1 y otro de Copa con AS Mónaco, en Francia; dos de Liga Premier, tres de FA Cup y una de Community Shield con Arsenal, en Inglaterra; y dos títulos de Liga, tres de Copa del Rey, uno de Champions League, uno de Supercopa de Europa, uno del Mundial de Clubes y uno de la Supercopa de España, con Barcelona, son los adornos de su brillante palmarés a nivel de clubes. Con la selección francesa fue campeón en el Mundial de 1998, como local; de la Eurocopa de 2000 y de la Copa Confederaciones de 2003, amén del subtítulo orbital en Alemania-2006. Se lo va a extrañar. Por sus cabalgatas, por su carisma, porque marcó una época, porque impuso un estilo, porque dignificó la profesión, porque despertó pasiones y, de manera muy especial, porque Thierry Henry, Tití, fue alegría y les transmitió felicidad a los aficionados…

Puede decirse que el técnico Arsene Wenger fue su papá futbolístico: lo hizo debutar como profesional, con 17 años, en el AS Mónaco, y luego lo convirtió en estrella internacional, con el Arsenal.
Puede decirse que el técnico Arsene Wenger fue su papá futbolístico: lo hizo debutar como profesional, con 17 años, en el AS Mónaco, y luego lo convirtió en estrella internacional, con el Arsenal.

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Comunicador social y periodista. Apasionado por los deportes. Escritor de libros. Docente. Emprendedor y soñador, terco y persistente.

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