Telmo Zarra, un goleador de otro siglo

¿Quién fue ese fantástico delantero al que Lionel Messi superó en la liga española? Surgió en los años 40 y brilló con el Athletic Club de Bilbao. Su estratosférico récord estuvo vigente por más de 59 años, hasta que Lionel Messi, en menos de una década, lo devoró.

ColombiaMundial(2)Fue un goleador de otro mundo, de otro fútbol. El planeta y el deporte eran muy distintos en la época en que Telmo Zarraonandía Montoya, Telmo Zarra o simplemente Zarra, labró su registro. Nació el 20 de enero de 1921 en Erandio (provincia de Vizcaya, norte de España) y murió el 23 de febrero de 2006, víctima de un ataque cardíaco. Entre 1940 y 1955 escribió una historia a puro gol, pero ya está: puede descansar en paz. Su récord pasará al baúl de los recuerdos por cuenta de Lionel Andrés Messi Messi Cuccittini, un goleador de otros tiempos, de estos tiempos.

Zarra se retiró del fútbol profesional (porque jugó dos años más en segunda división) a finales de la temporada 1955 y tenía asegurado un lugar en el Olimpo de los dioses del gol: había anotado 251 tantos con la camiseta del Athletic Club de Bilbao y era el máximo anotador de la liga española en la historia. Desde entonces, comenzó una carrera que resultó una larga maratón y no el esprín de 100m lisos que algunos esperaban y que terminó el sábado 22 de noviembre de 2014. En aquella tarde noche, en el estadio Camp Nou de Barcelona, Messi le anotó una tripleta al portugués Beto (Antonio Alberto Bastos Pimparel), custodio de arco de Sevilla, en la victoria del club culé por 5-1, en el marco de la duodécima jornada. A este juego, Messi llegó un gol por debajo de Zarra y al cabo de los 90 minutos quedó con dos de ventaja.

Telmo Zarra en el viejo estadio San Mamés, de Bilbao, la casa de su amado Athletic Club. Durante quince años, fueron grandes protagonistas de la liga española, a mediados del siglo pasado.
Telmo Zarra en el viejo estadio San Mamés, de Bilbao, la casa de su amado Athletic Club. Durante quince años, fueron grandes protagonistas de la liga española, a mediados del siglo pasado.

A comienzos de la década de los años 40, España se reponía de la Guerra Civil y el Athletic buscaba reinventarse, pues había perdido varios de sus mejores valores en el conflicto que desangró al país durante más de tres años. El fútbol fue un don que Telmo heredó de sus padres y que aprendió a disfrutar con sus hermanos mayores. Tomás fue portero del club Arenas de Guecho y del Real Oviedo, mientras que Domingo fue extremo izquierdo del Arenas antes de morir en el frente del Ebro, incorporado en las filas de un Tercio Requeté (grupo de combatientes conformado por unos 80 hombres). Tras la Guerra, el único de los hijos del jefe de la estación del ferrocarril en la localidad vasca de Munguía que continuó en el fútbol fue Telmo, que en 1940 se puso la camiseta a rayas rojas y blancas de los Leones de Bilbao.

Características definidas
La fascinación de Telmo por el fútbol tenía dos orígenes: los ‘picados’ que jugaba en casa con sus hermanos y la admiración confesa por Lafuente, Unamuno, Bata, Chirri y Gorostiza, la columna vertebral del gran Athletic Club de los años 30. Para no perder la forma, Tomás le pedía al pequeño Telmo, que ya exhibía grandes condiciones como goleador, que lo bombardeara a punta de pelotazos. Cuenta la leyenda que esa práctica inocente fue, precisamente, la que le permitió al delantero entablar una sólida relación con el gol y convertirse en un rematador legendario. El Athletic lo fichó después de verlo marcar 6 de los 9 goles que la selección de Vizcaya le endosó a su similar de Guipúzcoa. Y no se equivocó, porque con el paso del tiempo y de los partidos Zarra y gol fueron sinónimos, el matrimonio perfecto.

Un rematador furibundo. Los defensores rivales no podían concederle espacios, porque los liquidaba. Telmo Zarra fue un goleador de leyenda que traspasó su época.
Un rematador furibundo. Los defensores rivales no podían concederle espacios, porque los liquidaba. Telmo Zarra fue un goleador de leyenda que traspasó su época.

De 1,80m de estatura, corpulencia física y potencia, Zarra fue bien distinto al escurridizo, veloz y habilidoso Messi que hoy conocemos y disfrutamos. Era un 9 clásico de los de antes, es decir, un tanque capaz de medirse de tú a tú, y ganarles, a los defensores centrales. “Un delantero centro no podía regatear en el área porque lo mataban”, explicó alguna vez cuando le preguntaron por qué en el área era tan simple: aprovechaba su potencia, se ubicaba en la zona adecuada, le ganaba la posición al zaguero y remataba. Porque, no hay que olvidarlo, era un rematador letal, fruto de aquellas prácticas precoces con su hermano Tomás. Y dado que Athletic era uno de los clubes mejor reputados de la época y que sus goles se sucedían como gotas de lluvia, pronto adquirió fama. Y esa fama pronto traspasó fronteras, al punto que con ocasión de un amistoso con la Selección España en Estocolmo (Suecia), en 1951, los aficionados locales lo recibieron con pancartas elocuentes: “La cabeza más privilegiada de Europa después de (Winston) Churchill”, decían en referencia a su temible cabezazo.

Lo más curioso es que durante mucho tiempo esa fue la mayor falencia de su juego. Hasta que se encontró con Rafael Iriondo, Venancio Pérez, José Luis López Panizo y Agustín ‘Piru’ Gaínza, excelsos lanzadores que desde la banda medían milimétricamente los centros para que Zarra anotara. Por eso mismo, es famosa leyenda de los cientos de horas que Telmo pasó después de los entrenamientos en procura de mejorar su condición de cabeceador. Y se convirtió en uno de leyenda, pese a que la mayor cantidad de sus goles surgió de sus botines. Y de estos artefactos quedó escrita otra anécdota que retrata al singular protagonista de la historia: los usaba un número inferior a su talla, porque descubrió que así le calzaban mejor y podía imprimirles más potencia y precisión a sus disparos.

El monumento a Telmo Zarra, en las afueras del estadio San Mamés, es lugar de romería para los hinchas del Athletic Club. El cariño de la gente, aún después de muerto, es su mejor legado.
El monumento a Telmo Zarra, en las afueras del estadio San Mamés, es lugar de romería para los hinchas del Athletic Club. El cariño de la gente, aún después de muerto, es su mejor legado.

Esas características lo hicieron único y temible, pero en su paso por las canchas también sobresalió por sus particulares actitudes de juego limpio y caballerosidad. Dos veces, con el arco rival a su entera disposición, envió la pelota por fuera, de manera intencional. ¿El motivo? Jugadores rivales estaban lesionados. La primera vez fue contra el Málaga, cuando el caído era el centrocampista José Arnau Serrano, y la siguiente frente al Deportivo La Coruña, con el zaguero central Enrique Ponte Veira en el suelo. Por eso, los goles y el don de gentes, cuando se puso la camiseta de la Selección España sus anotaciones estremecieron cada rincón de la península ibérica y se transformó en un ídolo nacional, allende las fronteras de su región.

Y fue al servicio de la Roja que marcó el que, de manera irónica, es su gol más famoso (porque no pertenece al récord). Fue el 2 de junio de 1950, en el recién estrenado estadio Maracaná de Río de Janeiro, con ocasión del Mundial de Brasil-1950. Ese día, a los 4 minutos del segundo tiempo, marcó el tanto de la victoria 1-0 sobre la debutante Inglaterra y certificó la clasificación de su equipo a la fase final, en procura del título. Fue su máxima alegría con esa camiseta, porque en su esplendor, en los años 40, la Copa Mundo no se disputó por la Segunda Guerra Mundial y después, de manera sorpresiva, España fue eliminada rumbo a Suiza-1954. Pero la leyenda ya estaba bien cimentada, en cada una de las canchas donde se vivían las emociones de la liga española, en las aún retumban los ecos de sus gritos goleadores y se perciben las huellas de su estratosférico récord.

A fuerza de trabajo, esfuerzo y dedicación, Telmo Zarra se convirtió en un temible cabeceador. Muchos de los 251 goles de su récord se produjeros tras precisos centros de sus compañeros y certeros cabezazos.
A fuerza de trabajo, esfuerzo y dedicación, Telmo Zarra se convirtió en un temible cabeceador. Muchos de los 251 goles de su récord se produjeros tras precisos centros de sus compañeros y certeros cabezazos.

Porque la marca de 251 goles se inició el domingo 29 de septiembre de 1940 en estadio Mestalla, de Valencia, contra el dueño de casa, en un partido que concluyó igualado a dos tantos. Zarra marcó los dos del visitante, a los 17 y 22 minutos del período inicial, en el arco defendido por Antonio González, un portero nacido en Las Palmas de la Gran Canaria. Edmundo Suárez (Mundo) respondió con otro doblete para que el local salvara un punto. Curiosamente, el mismo marcador se registró el lunes 26 de septiembre de 1955, el día en que marcó su último gol en la liga, contra Celta de Vigo en el viejo estadio San Mamés. Pablo Olmedo (21 minutos) y Mauro Rodríguez (86) anotaron por los gallegos, mientras que Zarra (18) y José Luis Artetxe (36) convirtieron los de los Leones. Vicente Daudier Guardiola fue el arquero que se inmortalizó como la última de las víctimas de Zarra.

De adolescente, sus compañeros lo conocían como ‘Telmito el miedoso’, porque después de que los ridiculizaba con sus regates los más grandes lo molían a patadas y aquietaban su furia goleadora. Entonces, Zarra cambió su estilo, adoptó uno más práctico, pero menos encarador y riesgoso, y obtuvo réditos inesperados. Aunque en su época no había demasiado tiempo para entrenarse (los viajes solían durar dos o cuatro días, de ida y regreso), él lo optimizó para sacarles provecho a sus virtudes: era el primero en llegar y el último en irse. Y esa obsesión le permitió graduarse como goleador con números más que sobresalientes: fue el mejor anotador de su época. En los 351 encuentros que disputó con Athletic Bilbao (277 por Liga y 74 por Copa del Rey) entre 1940 y 1955, celebró 351 dianas (251 y 81), amén de las 38 que celebró con España en 30 presentaciones. Y fue Pichichi de la liga en seis ocasiones: en las temporadas 1944-45, 1945-46, 1946-47, 1949-50, 1950-51 y 1952-53.

Casi seis décadas después de sellar su récord y a casi 10 años de su fallecimiento, por fin Telmo Zarra puede descansar en paz. El registro que lo inmortalizó hoy es propiedad de Lionel Messi.
Casi seis décadas después de sellar su récord y a casi 10 años de su fallecimiento, por fin Telmo Zarra puede descansar en paz. El registro que lo inmortalizó hoy es propiedad de Lionel Messi.

Tan pronto Zarra colgó los guayos, el testigo goleador en la liga española lo tomaron el argentino Alfredo Di Stéfano y el húngaro Ladislao Kubala, uno con Real Madrid y otro con Barcelona. Prolíficos, talentosos y geniales, ambos se quedaron cortos en la ruta por alcanzar al de Vizcaya. Décadas más tarde, el español Raúl González Blanco y el mexicano Hugo Sánchez, ambos ídolos en el Santiago Bernabéu, también fallaron. Hasta que apareció ese pequeñín endiablado llamado Lionel Andrés Messi Cuccittini, otro estratosférico goleador nacido en Rosario (Argentina). Desde aquel 26 de septiembre de 1955 hasta este 22 de noviembre de 2014 pasaron 59 años, un mes y 26 días (21.608 días) en los que el fútbol y el mundo cambiaron; hoy son algo muy distinto entre otras razones porque existen jugadores provenientes de otras galaxias como Messi, que en menos de diez años logró lo imposible: alcanzó la marca de Telmo Zarra y pasó de largo. Y quién sabe cuándo se detendrá…

 

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Comunicador social y periodista. Apasionado por los deportes. Escritor de libros. Docente. Emprendedor y soñador, terco y persistente.

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