Se llegó la farsa mediática del Balón de Oro

Aquel premio que distinguía al mejor jugador del mundo ya no existe. La FIFA le mezcló politiquería al asunto y lo pudrió. Ahora, no cuentan la calidad futbolística, los logros deportivos, ni los éxitos con la camiseta de la selección nacional porque se perdió la esencia: ¡no se premia al mejor!

ColombiaMundial(3)Ha llegado el día en que la FIFA, su corte de áulicos y sus benefactores (la versión siglo XXI de Alí Babá y sus 40 ladrones) completan la más reciente de sus fechorías. El Palacio de Congresos de Zúrich (Suiza) acogerá la gala que, solo en teoría, escoge al mejor futbolista del último año. La ceremonia, sin embargo, solo servirá para comprobar, una vez más, que se trata de otra de tantas farsas mediáticas orquestadas por la multinacional de la corrupción y que eso de ‘mejor jugador del mundo’ ahora recae en jugadores a los que el rótulo les queda grande, inmensamente grande.

Un poco de historia no está de más. El premio fue instaurado en el lejano 1956 por la revista France Football, con el fin de escoger el mejor futbolista europeo de cada año. El jurado, por aquel entonces, estaba conformado por la red de redactores de planta y los corresponsales dispersos a lo largo y ancho del Viejo Continente. Esa primera edición la ganó el inglés sir Stanley Matthews, que llevó al débil Blackpool al subcampeonato de la liga y, sobre todo, brilló en el amistoso que Inglaterra le ganó a Brasil, en Londres, por 4-1. Matthews contaba 41 años y superó en la votación, por 47-41, al hispano-argentino Alfredo Di Stéfano, estrella del Real Madrid. El podio lo completó el francés Raymond Kopa, considerado en esa época uno de los mejores futbolistas del orbe.

Con tanta polémica, con tanta politiquería barata, con tanta injerencia de los medios de comunicación, el Balón de Oro terminó convertido en balón de cobre. El premio perdió su esencia y, por ende, su credibilidad.
Con tanta polémica, con tanta politiquería barata, con tanta injerencia de los medios de comunicación, el Balón de Oro terminó convertido en balón de cobre. El premio perdió su esencia y, por ende, su credibilidad.

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Desde esa primera elección, sin embargo, el premio quedó marcado por la polémica. En pocos casos, que se cuentan con los dedos de una mano, hubo unanimidad. Eso, claro está, no le resta legitimidad al concurso porque, como se dice en la calle, entre gustos no hay disgustos. Las principales críticas giraban en torno al hecho que un jugador suramericano no pudiera optar al galardón, que había sido creado por europeos para los europeos. Di Stéfano lo consiguió en 1957 y 1959 gracias a que se había nacionalizado español, pero fue la excepción que confirmó la norma al lado de su compatriota Omar Sívori, que acreditaba también la nacionalidad italiana, vencedor en 1961. El siguiente tropiezo fueron las discordias porque jugadores que eran ídolos de sus equipos y estandartes de sus selecciones nunca subieron a lo más alto del podio. Los alemanes Helmuth Rahn y Uwe Seeler y el húngaro Ferenc Puskas, en la primera década, fueron claros ejemplos.


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De este lado del Atlántico, así mismo, se comenzó a reclamar que se le diera el rótulo de ‘mejor jugador del mundo’ a un futbolista europeo, sin tener en cuenta a los suramericanos. Específicamente, no se concebía que se ignorara el nombre del brasileño Pelé, rey absoluto de los años 60 y, sin duda, el más destacado futbolista del momento. El hecho de no haber actuado jamás en un club europeo lo perjudicó y, por eso, su nombre no aparece en el palmarés del premio. La década de los 70, por su parte, estuvo marcada por dos nombres: la del holandés Johan Cruyff, primer jugador que obtuvo el trofeo en tres ocasiones (1971, 1973 y 1974) y el alemán Franz Beckenbauer, dos veces vencedor (1872 y 1976) y dos veces segundo (1974 y 75 y había sido tercero en 1966). A ellos el único que logró robarles protagonismo fue el inglés Kevin Keegan, primero en 1978 y 1979 y segundo en 1977.

Leo Messi es el único jugador que ganó cuatro veces el galardón, entre 2009 y 2012. Este año opta por un quinto trofeo, pero su ilusión será devorada por la maquinaria mediática al servicio de la FIFA y del Real Madrid.
Leo Messi es el único jugador que ganó cuatro veces el galardón, entre 2009 y 2012. Este año opta por un quinto trofeo, pero su ilusión será devorada por la maquinaria mediática al servicio de la FIFA y del Real Madrid.

Maradona, otro que no lo recibió
En los años 80, las figuras más representativas fueron el alemán Karl Heinz Rummengge, el francés Michel Platini y el holandés Marco van Basten. El germano ganó en 1980 y 81, y había sido segundo en 1979. El galo, por su parte, marcó un hito al convertirse en el primero que logró tres distinciones consecutivas: 1983, 1984 y 1985; había sido tercero en 1977 y 1980. El tulipán, mientras tanto, subió a lo más alto del podio en 1988 y 89. El español Emilio Butragueño y el inglés Gary Lineker fueron dos de los grandes jugadores de ese decenio que se quedaron con las manos vacías. A pesar de cumplir actuaciones más que destacadas con sus clubes, no haber alzado trofeos con sus selecciones los privó de los honores. Una premisa que, valga decirlo, hoy ya no se aplica y, por eso, el premio cada vez está más desprestigiado. Otro lunar fue que el argentino Diego Armando Maradona, indiscutido número uno del mundo por sus éxitos con el Nápoles italiano y la selección albiceleste en México-1986, no pudo optar el trofeo por el hecho de ser suramericano, a pesar de brillar en Europa.

Desde 1991, así mismo, se dio una situación confusa y curiosa: la FIFA estableció un premio alterno que, ocasionalmente, se otorgó al mismo jugador escogido por France Football. Otra veces, sin embargo, los nombres fueron distintos y las polémicas, encendidas. Ese año, por ejemplo, la rectora orbital premió al alemán Lothar Matthaeus y la revista francesa, al galo Jean-Pierre Papin. Las discordias más destacadas se dieron en 2003 y 2004, cuando los ganadores fueron Zinedine Zidane y Ronaldinho, para la FIFA, y Pavel Nedved y Andriy Shevchenko, por France Football. A mediados de esa década, además, organizadores del concurso original le dieron un vuelco tendiente a corregir estas falencias y, sobre todo, considerar a las estrellas suramericanas y africanas que se habían adueñado de las ligas europeas.

Después de su perentoria amenaza de entrar en rebeldía si no era el ganador, el año pasado se premió a Cristiano Ronaldo, que no ganó título alguno en la temporada.
Después de su perentoria amenaza de entrar en rebeldía si no era el ganador, el año pasado se premió a Cristiano Ronaldo, que no ganó título alguno en la temporada. Lo acompaña Pelé, que nunca lo obtuvo por ser suramericano.

Desde 1995, entonces, al Balón de Oro podía optar un futbolista de cualquier nacionalidad, siempre y cuando jugara en Europa. Ese año, de hecho, la distinción fue para el liberiano George Weah, gran figura del AC Milan italiano, y dos años más tarde el honor recayó en el brasileño Ronaldo, el Fenómeno, primer suramericano que lo recibió. Como hecho curioso, a partir de aquel momento el premio se alternó entre jugadores de cada lado del Atlántico, repartiéndose el ponqué por partes iguales: nueve para los nacidos en América, nueve para los del Viejo Continente. El argentino Lionel Messi (cuatro coronas) y los brasileños Ronaldo (2), Rivaldo, Kaká y Ronaldinho les hicieron contrapeso a los portugueses Cristiano Ronaldo (2) y Luis Figo, al italiano Fabio Cannavaro, al ucraniano Andriy Schevchenko, al checo Pavel Nedved, al inglés Michael Owen, al alemán Mathias Sammer y al francés Zinedine Zidane.

La elección del Balón de Oro venía herida de muerte por los cuestionables criterios de adjudicación, pero la participación de la FIFA, la multinacional de la corrupción, le dio la estocada final.
La elección del Balón de Oro venía herida de muerte por los cuestionables criterios de adjudicación, pero la participación de la FIFA, la multinacional de la corrupción, le dio la estocada final a la credibilidad.

La primera década del nuevo milenio, no obstante, provocó que arreciaran las críticas: nombres como los del español Raúl González, el inglés David Beckham, el alemán Oliver Khan, los italianos Paolo Maldini y Franco Baresi y el francés Thierry Henry, especialmente, quedaron relegados por otros que, sin duda, pudieron haber vivido alguna temporada brillante, pero fueron largamente superados por estos en el conjunto de sus trayectorias. Y este, justamente, es otro de los motivos de discordia. ¿Se debe premiar al mejor jugador del año calendario o es válido también contabilizar su trayectoria completa? El problema radica en que el rasero cambia según el caso, al tiempo que la injerencia de los medios de comunicación se hizo cada vez más evidente.

Comienzo de la decadencia
De la misma manera, se hizo norma que en los años en que se disputaba el Campeonato Mundial, el ganador fuera un jugador del elenco campeón. Zidane (1998), Ronaldo (2002) y Fabio Cannavaro (2006) fueron ejemplo de esa regla no escrita, hasta que Messi interrumpió la racha en 2010. En 2014 hubo Copa Mundo y el campeón fue Alemania, que está representada en la terna final por su arquero Manuel Neuer. Empero, el único golero que recibió el premio fue el mítico Lev Yashin, la Araña Negra de Unión Soviética, en el lejano 1963, así que al uno teutón se le dan pocas chances. Ese 2010, así mismo, marcó una nueva época en la historia del concurso y, lamentablemente, el comienzo de su mayor desprestigio: France Football decidió unir esfuerzos con la FIFA y entregar un solo premio. Lo peor es que la responsabilidad de la votación se amplió a los capitanes de los seleccionados nacionales y a sus entrenadores, una medida que le restó a la elección la poca objetividad de que gozaba.

El arquero alemán Manuel Neuer, campeón en Brasil-2014, debería ser el ganador si se aplica una vieja regla no escrita. En esa terna, sin embargo, su nombre parece estar de más.
El arquero alemán Manuel Neuer, campeón en Brasil-2014, debería ser el ganador si se aplica una vieja regla no escrita. En esa terna, sin embargo, su nombre parece estar de más.

Así, cada entrega alimenta la polémica y le resta credibilidad al premio, porque los criterios de adjudicación cada vez se antojan más subjetivos, más ligados a intereses comerciales externos y muy discutibles. Una de las razones de las quejas es que desde 2009 solo dos jugadores subieron a lo más alto del podio: Cristiano Ronaldo (2008 y 2013) y Messi (2009, 2010, 2001 y 2012). La discusión se atizó especialmente en 2010, porque el argentino rompió la norma de que el ganador era un miembro del equipo campeón mundial, a la sazón España. Y había grandes candidatos como Xavi Hernández, Andrés Iniesta o Íker Casillas, figuras sin discusión de sus equipos y pilares de la histórica consagración del equipo de Vicente del Bosque en Suráfrica. Para rematar, la gala ahora se desvirtuó al ampliarse a categorías que, inclusive, nada tienen que ver con el desempeño deportivo (el origen del concurso).

Sir Stanley Matthews fue el primero ganador del Balón de Oro, en 1956, cuando el premio fue establecido por la revista France Football.  Eran otras épocas, se aplicaban otros criterios, no reinaban los intereses económicos.
Sir Stanley Matthews fue el primero ganador del Balón de Oro, en 1956, cuando el premio fue establecido por la revista France Football. Eran otras épocas, se aplicaban otros criterios, no reinaban los intereses económicos.

En consecuencia, ahora también se elige a la mejor futbolista mujer, al mejor entrenador (hombre y mujer) y se otorgan una distinción presidencial (a un dirigente), un premio al Juego Limpio y el premio Puskas, destinado al autor del gol más bonito de la temporada. Mejor dicho, pan y circo para el pueblo, para que todos queden conformes. Como en tantas otras actividades a su cargo, la FIFA le mezcló politiquería al asunto y lo pudrió. Y producto de esa filosofía barata se dieron hechos insólitos como el del año pasado, cuando el Balón de Oro recayó en un jugador ¡que no ganó nada!, ni con su club ni con su selección. El trofeo, en franca lid, era para el francés Ribéry, genial conductor de un Bayern Munich que acaparó títulos y elogios no solo en Alemania, sino también en Europa. Pero el nombre del galo ha sido ligado a escándalos non sanctos (prostitución con menores de edad) y los mandamases de la FIFA, a pesar de su vulgar rabo de paja, le escamotearon la distinción que legítimamente se había ganado en el campo de juego.

Peor aún fue el precedente que sentó el portugués Cristiano Ronaldo: públicamente, amenazó con entrar en rebeldía contra el premio en caso de no ser el ganador y le restó méritos a cualquier otro rival que pudiera aspirar. Su patética pataleta fue bien secundada por los medios de comunicación que comen de la mano del Real Madrid y, ¡por supuesto!, él fue el ganador. Y este 2014 seguramente repetirá, a pesar de que salvo una buena cantidad de goles anotados (la mayoría de penalti y la mayoría a equipos de nivel mediocre para abajo), sus méritos fueron escasos. Porque en la consagración del Real Madrid en la Champions League fueron más importantes el galés Gareth Bale y el argentino Ángel Di María, inclusive el arquero Diego López, estandartes a lo largo de toda la campaña. Pero, se sabe, para los torcidos intereses económicos de la FIFA y su corte de áulicos, encabezados por el nefasto representante Jorge Mendes, el dueño de Cristiano Ronaldo, James Rodríguez y Radamel Falcao García, entre otros, no puede haber otro ganador. Ni siquiera Messi.

Florentino Pérez, presidente de Real Madrid; el empresario Jorge Mendes y Cristiano Ronaldo son los que, a la hora de la verdad, determinan quién debe ser el ganador. Juiciosos payasitos de la farsa...
Florentino Pérez, presidente de Real Madrid; el empresario Jorge Mendes y Cristiano Ronaldo son los que, a la hora de la verdad, determinan quién debe ser el ganador. Juiciosos payasitos de la farsa…

Hasta que llegamos a esta pomposa gala que provoca una explosión mediática exagerada, vergonzosamente distorsionada, y que cada vez despierta más críticas por parte de los aficionados. De hecho, en las últimas semanas hemos sido bombardeados con titulares, declaraciones y, lo más desagradable, descalificaciones por parte de compañeros, compatriotas y cercanos a Cristiano Ronaldo, específicamente. Como en la política colombiana, el concurso se degeneró en ‘amigos de…’ contra ‘enemigos de…’. Porque ya no cuenta la calidad futbolística, porque ya no sirven los logros deportivos, porque aquella vieja premisa de considerar los éxitos con la camiseta de la selección nacional quedó en el pasado, porque, en fin, se perdió la esencia: ¡no se premia al mejor! Se premia a Cristiano Ronaldo (o al que digan el Real Madrid, Jorge Mendes y los periódicos españoles) para que no protagonice otra vergonzosa pataleta, pucheros incluidos.

 

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