Sandro Mazzola: genial, guerrero, goleador

Efemérides 8 de noviembre: estaba destinado que jugara en Torino, como su padre, pero la catástrofe de Superga cambió su destino. Entonces, de la mano de Helenio Herrera, se convirtió en la piedra angular del mejor Inter de Milán de la historia. Una dinastía única.

ColombiaMundial(2)Pronunciar el apellido Mazzola, en el fútbol italiano, es hablar de genialidad, talento, goles, títulos y alegría. Es decir, son palabras mayores, porque Valentino, el padre, y Alessandro, el hijo, marcaron la historia del Torino y del Internazionale de Milán, respectivamente, en las décadas de los 40 y 60. Una familia marcada por el infortunio que, sin embargo, logró hacerse un lugar de privilegio en la historia del fútbol y que le permitió a Italia disfrutar de éxitos que, aún hoy, ninguna otra dinastía pudo emular.

Valentino nació el 26 de enero de 1919 en Cassano D’Adda, en la región de Lombardía, y jugar al fútbol no estaba entre sus planes. La suya era una familia pobre que no podía darse lujos y en la cual todos debían contribuir para conseguir el sustento, especialmente porque quedó huérfano de padre con tan solo 11 años. Entonces, abandonó la escuela y se dedicó a trabajar, como auxiliar de panadero. El bichito del fútbol lo llevaba en la sangre, pero solo pudo exhibirlo al cumplir 18 años, edad a la que se vinculó al Tresoldi, el equipo del barrio. Un vecino lo vio, quedó encantado con su talento y le consiguió un trabajo en la fábrica de Alfa Romeo, como mecánico, y de remate jugar en el club de la empresa, en tercera división.

Sandro Mazzola y el técnico español Helenio Herrera construyeron el mejor Internazionale de Milán de la historia. Brilló no solo por los títulos que conquistó, sino también por el estilo de juego que exhibió.
Sandro Mazzola y el técnico español Helenio Herrera construyeron el mejor Internazionale de Milán de la historia. Brilló no solo por los títulos que conquistó, sino también por el estilo de juego que exhibió.

Un año más tarde, cuando fue reclutado para prestar el servicio militar, un partido con el equipo del comando de la Marina cambió el rumbo de la historia. Entre los espectadores estaba Giuseppe Girani, que después sería su entrenador, que quedó cautivado con sus condiciones. El siguiente paso fue vincularse al Venecia, con el que debutó como profesional el 31 de marzo de 1940, en la derrota por la mínima diferencia contra Lazio. Tras destacarse en aquel modesto conjunto, en 1942 Torino desembolsó una fortuna por su nuevo astro: 1,25 millones de liras. De paso, se llevó a Ezio Loik, su compañero de pilatunas futbolísticas, el socio ideal. En 1943, el granate se convirtió en el primer conjunto en conseguir el doblete Liga-Copa de Italia y conformó un elenco que reinó en el Calcio hasta 1949 (con un bache entre 1944-45 por cuenta de la Segunda Guerra Mundial).

Aunque en ese entonces no había competencias internacionales oficiales, como la Champions League de hoy, Torino era el rey de Europa. El termómetro de la época eran los amistosos y en esos encuentros el Toro mostró su casta y Valentino, su pasta goleadora, con 29 tantos en 38 presentaciones. Tocaban el cielo con las manos, pero el infortunio les tenía preparado un final inesperado: el 4 de mayo de 1949, de regreso de Lisboa tras disputar un juego contra Benfica, en la despedida de José Ferreira, el avión Fiat G.212, con 31 pasajeros a bordo, se estrelló contra el muro de la Basílica de Superga, de Turín. Murieron todos los ocupantes, incluida la más fantástica generación de futbolistas de Torino y, según algunos, de Italia. Alessandro, que todos los días acompañaba a su padre a los entrenamientos, apenas tenía 6 años y ese día se prometió que iba a ser futbolista.

Nunca tuvieron problemas personales, pero la prensa y la afición condenaron a Gianni Rivera y Sandro Mazzola a ser 'enemigos íntimos' en el campo. Compartieron en la Selección Italia.
Nunca tuvieron problemas personales, pero la prensa y la afición condenaron a Gianni Rivera (izquierda) y Sandro Mazzola a ser ‘enemigos íntimos’ en el campo. Compartieron en la Selección Italia.

La lógica indicaba que debía seguir la estela de su padre en Torino, pero el destino tenía otra idea. Benito Lorenzi, el delantero del Inter y compañero de mi padre en la selección nacional, y muy amigo suyo, vino a casa y le pidió a mi madre que me dejara ir a Milán para ser la mascota del club. En adelante, él se ocupó de mí. Giuseppe Meazza, que había quedado conmocionado por el accidente de Superga, también estuvo muy pendiente de mí y de mi hermano pequeño. Como mascotas, estábamos incluidos en las primas, y cobrábamos 10.000 liras de entonces por una victoria y 5.000 por un empate. Era mucho dinero para nuestra familia”, relató en una entrevista. Aunque algunos en Turín no entendieron esta decisión, lo que encontró allí y el tiempo le dieron la razón. “Todo el mundo se ocupó de nosotros en el Inter. Era como una segunda familia para mí, así que me quedé”, agregó.

No fue un camino fácil, sin embargo, el que hubo de recorrer. Cargar con el peso del apellido Mazzola se convirtió en un pesado lastre que estuvo a punto de frustrar su carrera como futbolista. “Todo el mundo esperaba que fuera mi padre, que jugara como mi padre, pero yo no tenía las mismas cualidades. Las críticas no se hicieron esperar y muchas fueron muy duras, al punto que llegué a pensar en dejar el fútbol. Probé en el baloncesto, con el equipo de Milán, y durante dos meses me dediqué a ambas actividades. Al final, me decidí por el fútbol”, explicó. “Ser futbolista se convirtió en un desafío. Soy del signo de escorpión, y no me daba la gana darles la razón a los que decían que no sería capaz de ser un buen futbolista”. Afortunadamente, porque fue la elección correcta.

Sandro Mazzola fue digno heredero de su padre, el máximo ídolo de la historia del Torino. Él lo fue en el Inter de Milán y también dejó su huella en la Selección Italia.
Sandro Mazzola fue digno heredero de su padre, el máximo ídolo de la historia del Torino. Él lo fue en el Inter de Milán y también dejó su huella en la Selección Italia.

Era habilidoso, con gran visión de juego y liderazgo. A esas notables condiciones les agregó la capacidad física y la fortaleza que caracterizaron a su padre, por lo que se convirtió en un todo terreno. Helenio Herrera, su técnico en el Inter, lo definió como “un jugador de toda la cancha”. Tenía todo para triunfar, y lo hizo, pero aún debió sortear otros obstáculos. La rivalidad con Gianni Rivera, su contraparte en el AC Milán, el rival de patio, fue uno de ellos. “Para la prensa y los aficionados, teníamos que ser enemigos; no podía haber una relación entre nosotros fuera del campo de juego. Estas cosas solo pasan en Italia, donde dos rivales como Coppi y Bartali no podían ser amigos. Nosotros tampoco, aunque nuestra relación era buena. No podíamos ni debíamos estar juntos; en la calle nos insultaban si lo hacíamos. Absurdo”, se quejó.

Esa situación provocó un hecho insólito en la Selección Italia, en la que debutó en 1963 en un partido amistoso contra Brasil (anotó un penalti): solo podía jugar uno de los dos. El técnico Ferruccio Valcareggi, entonces, adoptó una medida extrema: cada uno jugaba un período. En el Mundial de México-1970 (también participó en Inglaterra-1966 y Alemania-1974), el DT se inclinó finalmente por Mazzola, titular en la final contra Brasil. Rivera entró a ocho minutos del final, cuando ya el título estaba en poder de Pelé y su corte. Desde entonces, los aficionados y la prensa en Italia discuten qué hubiera pasado si el que hubiera arrancado como inicialista fuera Rivera, o si les hubiera dado lugar a los dos. Lo cierto es que esa rivalidad artificial enriqueció la historia del duelo milanés y obligó a sus protagonistas a sacar lo mejor. Y vaya si lo hicieron.

Valentino Mazzola fue uno de los mejores jugadores de Italia en la década de los 40. Era el alma del Torino, por entonces el mejor equipo de Europa. Un accidente truncó su espectacular carrera.
Valentino Mazzola fue uno de los mejores jugadores de Italia en la década de los 40. Era el alma del Torino, por entonces el mejor equipo de Europa. Un accidente truncó su espectacular carrera.

Con Rivera, Milán ganó sus dos primeras copas de Europa (en 1963, en Wembley, venció a Benfica y repitió en 1969, contra el Ajax de Johan Cruyff, en el estadio Santiago Bernabéu de Madrid). Obtuvo, así mismo, tres ‘scudettos’ (1962, 1968 y 1979), cuatro ediciones de la Copa de Italia (1967, 1972, 1973 y 1977), dos de la Recopa (1968 y 1973) y una Copa Intercontinental (1969, contra Estudiantes de La Plata). Con la Selección Italia, alcanzó el título de la Eurocopa de 1968 y, a nivel individual, recibió el Balón de Oro en 1969. Mazzola, por su parte, condujo al Inter a su primera Copa de Europa (1964, frente a Real Madrid), título que revalidó un año más tarde, en el estadio Giuseppe Meazza, derrotando a Benfica. Celebró cuatro ‘scudettos’ (1963, 1965, 1966 y 1971) y dos veces la Copa Intercontinental (1964 y 1965, ambas contra Independiente de Avellaneda). También formó parte de la Azzurra campeona de la Eurocopa de 1968. No ganó el Balón de oro, pero fue segundo en 1971.

Con Mazzola como piedra angular, el mítico Helenio Herrera construyó el mejor Inter de la historia, y no solo por los títulos que conquistó, sino también por la calidad de juego que exhibió. Sandro quiso terminar su carrera vistiendo la casaca de Torino, como homenaje a su padre, pero no pudo. “Mi relación con el club no era la mejor. Pero estuve cerca de ir a la Juventus, que hizo tres intentos. Una vez me ofrecieron el doble de lo que ganaba en el Inter, más un concesionario Fiat en Milán y una agencia de seguros en Turín, pero no fui capaz de abandonar el club que me lo había dado todo”, reconoció. A lo largo de 17 temporadas como ‘nerazzurri’, Mazzola disputó 417 encuentros, en los que marcó 116 goles, a los que se sumaron los 22 que marcó para Italia en 70 presentaciones. Se retiró en 1978, a los 36 años, con la convicción de haber cumplido a cabalidad la promesa que le hizo a su fallecido padre: fue futbolista. Pero no uno común y corriente, sino uno fiel a la dinastía Mazzola: genial, guerrero, goleador…

La catástrofe de Superga, ocurrida el 4 de mayo de 1949, cobró la vida de toda la plantilla del Torino. En total, 31 pasajeros murieron aquel día, que marcó para siempre el destino de la familia Mazzola.
La catástrofe de Superga, ocurrida el 4 de mayo de 1949, cobró la vida de toda la plantilla del Torino. En total, 31 pasajeros murieron aquel día, que marcó para siempre el destino de la familia Mazzola.

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