Salvador Cabañas sigue reinventándose

Efemérides 25 de enero: hace cinco años, en confusos hechos nunca aclarados, el goleador paraguayo fue víctima de un atentado. Hoy vive con una bala en su cabeza y procura sortear las dificultades que le propone el destino. Ejemplo de superación.

ColombiaMundial(3)Le hizo una gambeta a la muerte, pero la vida, en todo caso, le pasó una costosa factura. Cinco años después de aquella noche trágica, en el baño del Bar-Bar de Ciudad de México, Salvador Cabañas enfrenta al rival más fuerte que jamás pudo encontrar: su propio destino. El exdelantero paraguayo, al que la vida le cambió cuando se encontraba en la cresta de la ola, intenta recuperar una vida normal y, sobre todo, encontrar respuestas a tantas inquietudes sin resolver. Vive en su natal Itauguá, una pequeña población de apenas cien mil habitantes ubicada a 30 kilómetros de Asunción, dedicado al negocio familiar: la panadería.

Tras recibir un disparo en la cabeza, a Cabañas lo salvó la pericia del médico neurocirujano Ernesto Martínez Duarte, en cuyo quirófano permaneció durante más de siete horas. Durante semanas, su estado de salud fue crítico y varias veces estuvo al borde de la muerte, pero finalmente ganó el partido. Eso sí, el proyectil calibre 22 aún continúa alojado en su cabeza, en el área occipital, pues el riesgo de retirarlo es demasiado alto. “De esta vamos a salir”, le dijo Salvador a su hoy exesposa María Lorgia Alonso poco antes de ser intervenido en el Hospital Ángeles al Sur. Y salió, aunque lo hizo de una manera diferente a la que esperaba: lo hizo prácticamente solo, apoyado únicamente por su círculo familiar, abandonado por aquellos a los que consideraba sus amigos, incluidos los miembros del club América (cuya camiseta defendía en la época de los hechos) y de la Selección Paraguay.

Salvador Cabañas demostró toda su dimensión futbolística en el América, el club más popular del fútbol mexicano. Allí, según sus propias palabras, se ganó el odio y la envidia por sus logros y beneficios.
Salvador Cabañas demostró toda su dimensión futbolística en el América, el club más popular del fútbol mexicano. Allí, según sus propias palabras, se ganó el odio y la envidia por sus logros y beneficios.

El 2009 había sido un año de contrastes para Chava, como lo llaman en su país y sus compañeros. Por un lado, vivió la alegría de contribuir a que Paraguay clasificara al Mundial de Suráfrica-2010, tras ocupar el tercer lugar de la eliminatoria suramericana al mando del técnico argentino Gerardo ‘Tata’ Martino a lo largo de 18 jornadas en las que anotó 6 goles. Con los colores de las Águilas del América azteca, sin embargo, sufrió la decepción de ser eliminado en la primera fase de la liguilla, luego de caer 0-1 en su visita a Monterrey e igualar a uno en el estadio Azteca; Cabañas marcó el gol de los locales, pero el empate anotado por el chileno Humberto ‘Chupete’ Suazo enterró las ilusiones del equipo más popular del país. Los rayados, a la postre, se alzaron con el título el 13 de diciembre postergando las aspiraciones del siempre candidato Cruz Azul (lo derrotó por 4-3 y 2-1).


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Desde el 16 de enero de 2010, América inició la andadura del Torneo Clausura, en procura del ansiado título, esquivo desde 2005. El club de Coapa contabilizaba una victoria (5-1 sobre Santos, con doblete del guaraní) y una derrota (0-2 con Morelia). La noche siguiente a ese juego, la del domingo 25 de enero, Cabañas se encontraba con su esposa y unos amigos en Bar-Bar, un conocido establecimiento nocturno del Distrito Federal, en plan de descanso. Acababa de firmar un precontrato, por 1,7 millones de dólares para irse a jugar en Europa luego de la Copa Mundo. “Me dijeron que mi destino sería el Manchester United”, contó en una entrevista. Sin embargo, América no estaba hizo un esfuerzo por conservar a su mejor jugador, al dueño de los corazones de los cien mil aficionados que habitualmente colmaban las tribunas del Coloso de Santa Laura. “Me dieron un apartamento en Acapulco y otro en Cancún, y también me doblaron el salario”, relató. Pero, todo cambió en un instante. Camino del baño, un desconocido lo encaró y entabló el siguiente diálogo:

Cabañas acudió con Paraguay al Mundial de Alemania-2006, pero el técnico Aníbal 'Maño' Ruiz no lo utilizó. Aspiraba jugar Suráfrica-2010, pero el atentado se lo impidió. Una gran lástima.
Cabañas acudió con Paraguay al Mundial de Alemania-2006, pero el técnico Aníbal ‘Maño’ Ruiz no lo utilizó. Aspiraba jugar Suráfrica-2010, pero el atentado se lo impidió. Una gran lástima.

– ¿Tú eres Cabañas?
– Sí, un gusto. ¿En qué le puedo servir?
– No, no me vas a servir para nada. Nos estás robando a nosotros los mexicanos.
– Yo no estoy robando. Vengo a trabajar no más. A ganar mi dinero porque necesito.
– No, este es el último día que vas a vivir.

Ante la sorpresa del jugador, el atacante desenfundó un arma y le apuntó a la frente.
Pide tu último deseo, porque ya te vas a morir.
– Yo no voy a morir. Aparte estás temblando. ¿Por qué estás temblando?
– No estoy temblando. Te parece no más porque estás a punto de morir y estás imaginando muchas cosas.


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Los dos protagonistas de incidente estuvieron así varios minutos, hasta que Jorge Balderas Garza, alias J.J., como las autoridades identificaron al delincuente vinculado con el narcotráfico, apretó el gatillo. Estuvo en coma durante una semana y completó 23 días en la unidad de cuidados intensivos. La terapia de recuperación, mientras, se extendió por dos años. En México había mucha gente que me quería asesinar, porque era el máximo ídolo y porque ganaba mucho dinero. Me tenían envidia. Esa noche yo estaba en una discoteca con mi expareja. La acompañé al baño y cuando la dejé donde nos habíamos sentado, le dije que ahora yo iba a ir”, recordó. Fueron semanas angustiosas, en la que su vida estuvo en peligro y durante las cuales, según contó después, vivió una experiencia extrasensorial: Llegué al cielo, Dios me bendijo para volver a vivir. Hablaba con la abuela (ya fallecida) y me decía que iba a salir. Cuando era chico, ya me decía que iba a ser un gran jugador. Yo le prometí que a mi familia no le iba a faltar nada, por eso construí la panadería, y mandé ampliar la casa”.

Tras los frustrados intentos por regresar al fútbol, Cabañas está dedicado al negocio que él construyó para la familia: una panadería. Dice que es muy feliz allí.
Tras los frustrados intentos por regresar al fútbol, Cabañas está dedicado al negocio que él construyó para la familia: una panadería. Dice que es muy feliz allí.

Cuando recuperó la conciencia, empezó una dura batalla: recuperar la memoria y las funciones motoras. “La memoria es lo más difícil. Tenía muchos problemas, pero ahora estoy bien, gracias a Dios”, afirmó. Pocos días antes de cumplir dos años del atentado, se anunció su vinculación al Doce de Octubre, el club con el que debutó en la categoría profesional en 1998, que participaba en el campeonato de tercera división. Jugó 22 partidos, sin conseguir anotar, pero contribuyó al ascenso a segunda. Luego se dedicó a ayudar a su familia a montar la panadería de la que derivan su sustento y en marzo de 2014 hizo un último intento por retornar al fútbol profesional: firmó con el Tanabi Esporte Clube brasileño, pero un mes más tarde se dio cuenta de que el cuerpo no le daba para rendir en la medida esperada y, entonces, no tuvo más remedio que colgar los botines.


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La última vez que pisó un gramado fue el 9 de agosto del año pasado, cuando Chiapas, el club que le abrió las puertas del fútbol mexicano, le rindió un homenaje. Ese día, ante más de 23 000 aficionados en el estadio Zuque, fue largamente aplaudido y la gente le retribuyó con cariño las alegrías que él les brindó en el campo. A pesar de que no era el final previsto, Salvador estaba tranquilo y dispuesto a seguir con su vida, concentrado en alcanzar su plena recuperación. Pero pronto descubrió que era solo el comienzo de las dificultades: aunque había atesorado una fortuna que él mismo calculó en 18 millones de dólares, de un día para otro apareció sin un centavo en su cuenta bancaria. Inicialmente culpó a su exrepresentante José María González, pero hoy su dedo acusador apunta hacia su exmujer.

Al lado de su padre Dionisio y de su madre Basilia, Salvador Cabañas intenta reconstruir su vida en su natal Itauguá, a 30 kilómetros de Asunción.
Al lado de su padre Dionisio y de su madre Basilia, Salvador Cabañas intenta reconstruir su vida en su natal Itauguá, a 30 kilómetros de Asunción.

Las sospechas recaen en María Lorgia Alonso, José María González y, dice Salvador, Robert Osmar Gavilán, un vecino. “Estoy muy dolido por los amigos que tenía y que se aprovecharon de mi problema, pero bueno, estoy preparado para recuperarme”, expresó. La versión de Dionisio Cabañas, padre del goleador, es la siguiente: Se acabó la tranquilidad en la familia, no lo podemos ocultar. Aguantamos mucho en silencio esperando que se den cuenta. Por lo visto, ellos no querían, no pensaban que Salvador se iba a recuperar. El problema, dicen ellos, se originó en que la exesposa manejaba el dinero y los bienes que compró Salvador. “Lo único que está a mi nombre es la casa de Villa Aurelia, donde ella vive con mis hijos (Santiago, de 13 años, y Mía Ivonne, de 9). Y me amenazó con una demanda por abandono de hogar para sacarme lo único que está a mi nombre”, aseguró.


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Cabañas ni siquiera conoce el destino de los 1,7 millones de dólares que, en teoría, América le pagó por la rescisión de su contrato. Dicen que América ya pagó, pero no sé. Me embromaron. Me hicieron firmar con la huella dactilar cuando estaba convaleciente y se apoderaron de todo, acusó. Por eso, gran parte de su atención está enfocada en intentar recuperar sus bienes. “Él va a pleitear hasta lo último para recuperar lo que le pertenece, lo que consiguió con el sudor de su frente. ¿Por qué otros se tienen que beneficiar del sacrificio de uno?, anunció don Dionisio. “Lo que queremos es que se pongan las cosas a su nombre y que él maneje sus bienes. Todo está a nombre de su pareja y del exrepresentante”, agregó. Padre e hijo confían, en todo caso, en que si Salvador ya le ganó la partida a la muerte también pueda salir airoso de este inesperado enredo, que amenaza su tranquilidad.

Con las primeras luces del día, Salvador Cabañas sale a repartir los productos de la panadería por Itauguá y los pueblos vecinos. Las conversaciones con los clientes son, por supuesto, sobre fútbol.
Con las primeras luces del día, Salvador Cabañas sale a repartir los productos de la panadería por Itauguá y los pueblos vecinos. Las conversaciones con los clientes son, por supuesto, sobre fútbol.

Por lo pronto, vive de nuevo en casa de sus padres, por salud. “Jamás se iba a recuperar si continuaba con ella”, dijo Dionisio. “El ambiente era insoportable”, añadió Salvador. A sus hijos los visita con frecuencia, los saca de paseo o los recibe en casa de los abuelos, donde ha vuelto a ser feliz. Estoy muy cómodo acá con mi familia, con papá, mamá (se llama Basilia como la abuela paterna), Clara Mabel (su hermana), a pesar de no estar todos los días con mis hijos, expresó el exastro guaraní. Ahora su tiempo lo dedica al negocio de panadería que administran sus padres. Él se encarga de la repartición del producto en Itauguá y sus vecinos Ypacaraí y San Bernardino, labor que emprende desde las primeras luces del día, y del fútbol solo quedan las conversaciones con los clientes. La gente me reconoce y me pregunta sobre futbol, por supuesto. Yo les digo que me divierto mucho con lo que estoy haciendo, pero no me creen”.

“De esta vamos a salir”, le dijo Salvador a su entonces esposa María Lorgia antes de entrar al quirófano, sin sospechar que la madre de sus dos hijos se iba a convertir en un dolor de cabeza peor que el atentado que casi le cuesta la vida. Y se recuperó, salió del hoyo y derrumbó los pronósticos de que iba a quedar convertido en un vegetal o que, en el mejor de los casos, iba a quedar condenado a una silla de rueda. Intentó regresar al fútbol, pero la salud no le ayudó y ahora procura llevar una vida normal. Se quedó solo, porque los amigos de aquellos tiempos de éxitos, victorias, gloria y riqueza se esfumaron como por arte de magia, pero eso no le preocupa. Salvador Cabañas sabe que después de sortear tales dificultades lo esperan nuevas grandes satisfacciones. Y las espera con paciencia…

Cabañas regresó al estadio Azteca, el escenario de su consagracíón, el 11 de agosto de 2011. Ese día, le rindieron un homenaje en el amistoso entre América y Paraguay (0-0).
Cabañas regresó al estadio Azteca, el escenario de su consagracíón, el 11 de agosto de 2011. Ese día, le rindieron un homenaje en el amistoso entre América y Paraguay (0-0).

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Comunicador social y periodista. Apasionado por los deportes. Escritor de libros. Docente. Emprendedor y soñador, terco y persistente.

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