Rogério Ceni y su amor eterno e incondicional

Efemérides 22 de enero: desde 1993, es el portero titular del Sao Paulo FC, un club al que hizo grande con sus proezas. Es un artista incomparable de la famosa folha seca, ese chanfle que hizo célebres y, sobre todo, temibles a los cobradores brasileños.

ColombiaMundial(3)Más goles anotados, más partidos ganados con su equipo, más partidos disputados, el jugador que más veces fue capitán en su club… Es el hombre récord del fútbol, un mito, un ícono, un ídolo, pero él seguramente querrá que se lo recuerde por algo distinto: por su fidelidad. Rogério Ceni, que aplazó su retiro para aspirar al título de la Copa Libertadores, un trofeo que caería muy bien en su adornado palmarés, es un bicho raro en este mundo moderno: privilegió su amor por el Sao Paulo y sus hinchas, resignando toneladas de dólares que le ofrecieron desde el otro lado del Atlántico.

En estos tiempos en los que la conciencia se vende por 50 centavos y los futbolistas cambian de club con más facilidad que lo hacen de ropa de entrenamiento, Ceni es una excepción. Algunos cambian de institución por cuenta del cochino dinero y en su presentación salen con la misma babosada que se hizo tristemente célebre: “Esto es un sueño cumplido”, afirman antes de besar el escudo. Rogério Ceni, en cambio, se negó sistemáticamente a abandonar su terruño, pese a que el Hannover alemán y el Deportivo La Coruña español, entre otros, le ofrecieron jugosos contratos. “Hablan de jugar fuera. ¿Para qué? ¡Si yo ya juego en el mejor equipo del mundo! Amo este equipo”, les dijo alguna vez a los periodistas. Y ahí está, bajo los tres palos del tricolor paulista, con 42 años a cuestas y los sueños intactos.

La fabulosa pegada le permitió a Rogério Ceni darle rienda suelta al goleador que llevaba dentro. Es un artista de la famosa 'folha seca' que hizo célebres a los cobradores brasileños.
La fabulosa pegada le permitió a Rogério Ceni darle rienda suelta al goleador que llevaba dentro. Es un artista de la famosa ‘folha seca’ que hizo célebres a los cobradores brasileños.

Durante décadas, la gloria del fútbol brasileño se basó en dos paradigmas: los mejores jugadores del mundo y arqueros de discreto nivel. El Scratch que ganó el tricampeonato orbital en México-1970 es claro ejemplo de ello: del ataque a la defensa, la calidad iba en clara tendencia al descenso, con algunas excepciones individuales como Carlos Alberto. Pero, sin duda, lo más flojo del elenco titular era Felix, que se cubrió de gloria en virtud de estar muy bien rodeado (en ningún otro equipo hubiera alcanzado esos honores). Hasta que apareció Claudio Taffarel y enterró ese pasado. Y luego Rogério Ceni se encargó de darle un toque especial a la historia: un arquero sobresaliente que le agregó a su particular estilo uno de los sellos de calidad característicos del ADN brasileño: la sensacional pegada. Es un artista incomparable de la famosa folha seca, ese chanfle que hizo célebres y, sobre todo, temibles a los cobradores brasileños.

Un coleccionista de títulos: eso es Rogério Ceni. Su nombre está ligado a las grandes alegrías que ha vivido el Sao Paulo FC en las dos últimas décadas, dentro y fuera de Brasil.
Un coleccionista de títulos: eso es Rogério Ceni. Su nombre está ligado a las grandes alegrías que ha vivido el Sao Paulo FC en las dos últimas décadas, dentro y fuera de Brasil.

Nacido en Pato Branco, en el estado de Paraná, debutó en 1990, a los 18 años, con la camiseta del desconocido Sinop FC. Con esos colores ganó el título del Campeonato Matogrossense y, lo mejor, llamó la atención del Sao Paulo FC, uno de los grandes del balompié brasileño, que por entonces solo había conquistado dos títulos nacionales. “Yo fui uno de los primeros en ver que tenía un brillante futuro. Primero, porque era un excelente portero. Pero también porque sabía jugar muy bien con los pies. Ceni sería un jugador destacado incluso en el centro del campo o en la delantera. Tenía mucha habilidad. De hecho, cuando trabajaba en un banco, antes de comenzar a jugar de profesional, era delantero. Solo se metió en la portería cuando un colega se lesionó. Después acabó gustándole, relató el periodista Alberto Helena Júnior, testigo de su trayectoria desde los inicios.


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Cuando arribó a Sao Paulo, en 1990, el dueño del puesto era Zetti, otro que dejó huella en el equipo. Fueron casi cuatro años sentado en el banco, aprendiendo y, especialmente, preparándose para aprovechar la oportunidad apenas esta llegar. Porque, y esa es otra característica que lo diferencia del común, Ceni se distinguió por su disciplina y sacrificio para entrenar: “Siempre fue el primero en llegar y el último en irse de los entrenamientos. Posee un grado de instrucción superior al de la media de los futbolistas brasileños y una personalidad fuerte. Todo esto le ha conferido un aura de líder y el estatus de institución en el Sao Paulo”, contó Helena Júnior. Tras tres años de espera, el 25 de junio de 1993 por primera vez fue titular: fue en un amistoso de un torneo de verano, contra Tenerife, en Santiago de Compostela (España); el tricolor ganó por 4-1.

El gol es la máxima alegría del fútbol y también el sello característico de Rogério Ceni. Acumula 123 gritos sagrados en su trayectoria, y la cuenta no ha terminado...
El gol es la máxima alegría del fútbol y también el sello característico de Rogério Ceni. Acumula 123 gritos sagrados en su trayectoria, y la cuenta no ha terminado…

Pronto, Ceni demostró que poseía la pasta necesaria para ocupar el lugar que había dejado Zetti, un ídolo del club, y comenzó a escribir su historia. Y el 15 de febrero de 1997, en un juego correspondiente al Grupo 2 de la primera fase del Campeonato Paulista de primera división, estrenó su estadística más destacada: la de goleador. Fue contra el modesto Uniao Sao Joao, que cayó 0-2 como local. Rogerio Ceni marcó a los 48 minutos, el primero de una larga lista de gritos sagrados. Aunque el colombiano René Higuita y el paraguayo José Luis Chilavert tuvieron mayor repercusión durante varios años, especialmente porque defendieron el arco de sus selecciones, Ceni los mando al baúl de los recuerdos. El 20 de agosto de 2006, cantó su gol 63 y, de esa manera, le arrebató al guaraní le marca como el portero más goleador del mundo. Cuatro días después de perder la final de la Copa Libertadores contra Internacional de Porto Alegre, tuvo una alegría: le anotó doblete a Fábio, uno de tiro libre y otro de penalti, en el empate 2-2 contra Cruzeiro en Belo Horizonte.

El partido de la final del Mundial de Clubes de 2005, contra el Liverpool inglés, seguramente fue su mejor actuación. Aplicó el cerrojo y garantizó la victoria por la mínima diferencia.
El partido de la final del Mundial de Clubes de 2005, contra el Liverpool inglés, seguramente fue su mejor actuación. Aplicó el cerrojo y garantizó la victoria por la mínima diferencia.

Luego, el 27 de marzo de 2011, se convirtió en el único portero centenario: marcó su gol 100. Fue con ocasión de la fecha 16 del Campeonato Paulista, para sentenciar la victoria 2-1 sobre Corinthians a los 8 minutos del segundo tiempo. Su víctima fue Julio Cesar de Souza, que actualmente milita en el Náutico. El último, el número 123 de la cuenta, se lo anotó a Marcelo Lomba, de Bahía, en la jornada 29 del Campeonato Brasileirao del año pasado, en el estadio Morumbí. Ese día, Sao Paulo ganó 2-1 y el mito abrió la cuenta al final del primer tiempo. Y alguno más marcará, porque durante este semestre continuará defendiendo el arco tricolor con la mira puesta en darle más gloria al club de sus amores. Gloria que, hasta hoy, se resume en tres campeonatos nacionales (2006, 2007 y 2008), una Copa Libertadores (2005), una Copa Suramericana (2012) y un Mundial de Clubes (2005). Esa final, precisamente, es considerada la mejor actuación de su trayectoria: fue sensacional para garantizar el triunfo 1-0 sobre el Liverpool inglés.


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Con la camiseta de la Selección Brasil, sin embargo, no pudo reeditar sus buenas actuaciones y títulos. Los técnicos de la auriverde nunca le brindaron el respaldo con que siempre contó en Sao Paulo y de alguna manera le adosaron un lunar a su palmarés. Sin jugar, hizo parte del elenco que, en 2002, ganó el pentacampeonato en el Mundial de Corea del Sur y Japón, bajo la égida de Luiz Felipe Scolari, y en Alemania-2006, el técnico Carlos Alberto Parreira le dio una ‘palomita’ de 8 minutos contra Japón, en el último juego de la primera fase. Reemplazó a Dida, cuando ya el partido estaba definido. Una deuda que el fútbol tiene con Rogério Ceni, un jugador que tanta gloria y alegrías les dio al deporte y a los aficionados, pero que como tantos otros grandes de la historia no pudo cerrar el círculo dejando huella en la Copa Mundo. Aunque, valga decirlo, eso no es algo que le haga falta a su brillante hoja de vida, copada de logros, distinciones, títulos y récords con la camiseta de Sao Paulo.

El suyo, obviamente, es uno de los nombres ilustres del Libro de los Récords Guinness. Recibió un pergamino por ser el arquero goleador de la historia. Esa, sin embargo, es solo una de sus marcas.
El suyo, obviamente, es uno de los nombres ilustres del Libro de los Récords Guinness. Recibió un pergamino por ser el arquero goleador de la historia. Esa, sin embargo, es solo una de sus marcas.

Además de los 123 goles (60 de tiro libre y 63 de penalti) que lo dejan en un lugar prácticamente inalcanzable para otro portero (tendrán que pasar muchos, muchos años antes de que alguno logre acercársele), el pasado 28 de octubre se convirtió en el futbolista que más veces ganó con la camiseta de un mismo equipo: 590. Fue contra Goiás, en el marco del Campeonato Brasileirao, por 3-0. De esa manera, dejó atrás la marca impuesta por el galés Ryan Giggs, figura emblemática del Manchester United inglés, otra leyenda viviente del fútbol. Actualmente, acumula 591 triunfos. Por si esto fuera poco, acumula 1144 partidos oficiales con Sao Paulo, cifra que crece hasta los 1181 contabilizando los amistosos. Números que enriquecen la historia del fútbol y que, en especial, le han dado la posibilidad de convertirse en una figura universal, sin fronteras: prácticamente no existe un aficionado al fútbol que no haya escuchado su nombre, que no haya visto alguno de sus goles. Eso, en otras palabras, es sinónimo de inmortalidad, porque su recuerdo perdurará por siempre en el corazón de los aficionados.

Debutó en el Sao Paulo en 1993, con tan solo 18 años. En ese equipo jugaba el gran Toniho Cerezo (último a la derecha). Mucha agua ha corrido bajo los puentes desde entonces...
Debutó en el Sao Paulo en 1993, con tan solo 18 años. En ese equipo jugaba el gran Toniho Cerezo (último a la derecha). Mucha agua ha corrido bajo los puentes desde entonces…

Empezó como delantero, y cuentan que no lo hacía mal, pero fue uno de tantos que se puso bajo los palos por capricho del destino. Allí se amañó, pero no se limitó: con la complacencia de sus compañeros y la venia de sus entrenadores (más tarde, con la presión de los hinchas), le dio rienda suelta al goleador que llevaba dentro. Sin embargo, eso no es lo más importante. Lo verdaderamente valioso es que Rogério Ceni es ‘hombre de una sola mujer’: su amor por el Sao Paulo FC es eterno e incondicional, una rareza en el mundo moderno. Igual que Lev Yashin (Dínamo Moscú), Uwe Seeler (Hamburgo), Ricardo Bochini (Independiente), Paolo Maldini (Milán) o Giggs (Manchester United), Ceni fue fiel a su equipo a lo largo de toda la carrera profesional. “Yo estoy en mejor equipo del mundo. ¡Amo este equipo!”, poco más se puede decir, nada más se puede pedir…

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