Robert Jarni, crac europeo con alma suramericana

Efemérides 26 de octubre: al cumplir 46 años, vale la pena rescatar los recuerdos de un jugador que demostró que los laterales no era una especie en vías de extinción. Fuerte en la marca, de pulida técnica y veloz carrera, se distinguió como goleador. Jugó la Copa Mundo con Yugoslavia y Croacia.

ColombiaMundial(2)Nació en Cakovec, una pequeña población de 35.000 habitantes en el norte de Croacia (entonces era territorio de Yugoslavia), pero al verlo en el campo de juego se podría pensar que provenía de alguna favela brasileña, de un potrero argentino o de otro lugar de la geografía suramericana. Cuando el mundo del fútbol creía que los laterales, especialmente los del perfil zurdo, eran una especie en vías de extinción, Robert Jarni demostró que, por el contrario, todavía era mucho lo que los de su clase podían ofrecer.

Porque, eso debe quedar claro, fue bueno, muy bueno. Aunque no siempre actuó en esa posición: en los inicios de su trayectoria, fue alineado como volante, gracias a su depurada técnica, habilidad, velocidad, potente disparo e inteligencia. Es que todas esas eran las características de Jarni, un jugador que tuvo un privilegio que pocos comparten: participó en tres ediciones de la Copa Mundo con dos equipos diferentes: en Italia-1990 vistió la camiseta de Yugoslavia (de hecho, debutó contra Colombia) y en Francia-1998 y Corea del Sur y Japón-2002 se puso la casaca de Croacia.

Robert Jarni tenía la potencia física característica del europeo, pero también la pulida técnica y la picardía propias del suramericano. A eso, por si fuera poco, le agregaba gol. Un jugador completo.
Robert Jarni tenía la potencia física característica del europeo, pero también la pulida técnica y la picardía propias del suramericano. A eso, por si fuera poco, le agregaba gol. Un jugador completo.

A finales de los años 80, el fútbol todavía no le daba al Mundial Juvenil (hoy Sub-20) la importancia de la actualidad. Sin embargo, el que se realizó en cuatro ciudades de Chile, en 1987, dejó huella. Fue hace exactamente 27 años, el 25 de octubre, cuando la más genial generación del fútbol balcánico logró la corona orbital tras una dramática definición con disparos desde el punto penalti frente a la entonces Alemania Federal. Esa Yugoslavia, dirigida por Mirko Jozic, había deslumbrado desde las primeras de cambio: fue líder invicta de su grupo, tras vencer 4-2 a Chile en la inauguración, 4-0 a Australia y 4-1 a Togo. En los cuartos de final dio el batacazo del torneo, al eliminar a Brasil (2-1), antes de apear en semifinales a la República Democrática Alemana (RDA, por 2-1).

Tras 80 minutos muy equilibrados, Zvonimir Boban, el gran genio de aquel elenco, puso en ventaja a Yugoslavia, pero antes de que sonara el pitazo final Marcel Witeczek, máximo goleador de la cita, igualó y obligó a disputar la prórroga. Sin novedades en la media hora adicional, se recurrió a los tiros desde el punto blanco, instancia en la que los yugoslavos no fallaron; irónicamente, Witeczek, un especialista, erró el primero de los alemanes. Boban, Davor Suker, Predrag Mijatovic, Robert Prosinecki y Jarni, entre otros, fueron los jugadores que maravillaron al mundo con su técnica, su alegría, su fútbol ofensivo y su capacidad goleadora. Luego, en Italia-1990, ya en categoría absoluta, esa generación no pudo reeditar los éxitos. El debut del lateral se produjo el 14 de junio, en el estadio Renato Dall Ara, de Bolonia, contra Colombia: ingresó en el arranque del segundo tiempo, en sustitución de Srecko Katanec.

Jarni formó parte de la fantástica generación que inscribió a Croacia en la historia de la Copa Mundo. En Francia-1998, la cita de su debut, logró el tercer lugar.
Jarni formó parte de la fantástica generación que inscribió a Croacia en la historia de la Copa Mundo. En Francia-1998, la cita de su debut, logró el tercer lugar.

En aquel certamen, el equipo de Ivica Osim llegó a los cuartos de final, instancia en la que se estrelló contra Sergio Goycochea, el portero argentino que fue el héroe en la definición con tiros desde el punto penalti (0-0 al cabo de 120 minutos), al contener dos ejecuciones. Hubo que esperar, entonces, hasta 1998, en el Mundial de Francia, para que la base del elenco campeón mundial juvenil una década antes volviera a brillar, esta vez con la llamativa camiseta a cuadros rojos y blancos de Croacia. Como hecho curioso, Yugoslavia también participó en el certamen, pero solo uno de los campeones de Chile-1987 permanecía en el plantel: Branko Brnovic.

En cambio, Jarni, Suker, Boban, Prosinecki y Igor Stimac prefirieron ser fieles a sus raíces (eran descendientes de la etnia croata) y se estrenaron con la debutante. Y fueron figuras, porque el equipo del bosnio Miroslav Blazevic sorprendió al planeta fútbol con argumentos muy parecidos a los que ofreció aquella recordada Yugoslavia de Chile-1987: buena técnica, fútbol ofensivo y gol. Mientras Yugoslavia caía en octavos de final con Holanda (1-2), Croacia superó 1-0 a Rumania y se instaló entre los ocho mejores. En esa fase causó escándalo al derrotar por 3-0 a la poderosa Alemania con un letal contragolpe, pero su sueño se vio truncado tras caer 1-2 con Francia en semifinales. Al final, la cenicienta ocupó el tercer puesto, luego de superar a la Naranja Mecánica en el duelo de consolación (2-1).

Los mejores años de su trayectoria deportiva los vivió con la camiseta del Real Betis español. En casi un centenar de partidos marcó 20 goles, una cifra descomunal para un defensor.
Los mejores años de su trayectoria deportiva los vivió con la camiseta del Real Betis español. En casi un centenar de partidos marcó 20 goles, una cifra descomunal para un defensor.

Jarni fue una de las figuras de ese equipo y hasta se dio el lujo de abrir la fantástica victoria sobre Alemania, con un golazo en el epílogo del primer tiempo. El lateral participó en una tercera Copa Mundo, la de Corea del Sur y Japón-2002, pero esa no fue una experiencia agradable. Con su base ya envejecida y sin el recambio adecuado, Croacia cayó eliminada en la primera ronda. Abrió con una derrota por la mínima diferencia con México, sorprendió a Italia (le ganó 2-1), pero en el juego decisivo se inclinó, inesperadamente, ante la Ecuador de Hernán Darío ‘Bolillo’ Gómez, que ganó 1-0. Croatas y ecuatorianos se despidieron del certamen con ese resultado. Jarni, en todo caso, dejó una marca: fue el único jugador que estuvo en los diez partidos que su selección jugó en las citas de 1998 y 2002.

La trayectoria de Jarni se había iniciado en el NK Cakovec de su ciudad natal, pero sus buenas condiciones pronto llamaron la atención del Hajduk Split, uno de los grandes de Yugoslavia, al que se enroló a mediados de 1985. Debutó en enero del año siguiente y allí permaneció hasta 1991, temporada en la que cruzó la frontera para vestirse con los colores de la AS Bari de Italia. En ese club chico estuvo dos campañas antes de fichar por el Torino FC, con el que jugó un año. Luego, cruzó la vereda y se puso la camiseta de Juventus, el vecino de patio, lo que le valió el odio de la fanaticada del granate. A mediados de 1995, sin embargo, abandonó Italia y se trasladó a Sevilla (España), para vivir los mejores momentos de su vida deportiva con el Real Betis. Con los verdiblancos estuvo durante tres campañas, con 98 partidos disputados y 20 goles anotados, una cifra envidiable para un defensor.

Después de jugar con Bari y Torino, en Italia militó en la Juventus, lo que le generó la antipatía de los hinchas del vecino de patio. En la foto aparece al lado del gran Roberto Baggio.
Después de jugar con Bari y Torino, en Italia militó en la Juventus, lo que le generó la antipatía de los hinchas del vecino de patio. En la foto aparece al lado del gran Roberto Baggio.

Como esa casaca, además, protagonizó una de las anécdotas más curiosas de su carrera deportiva. El 19 de febrero de 2001, en el partido que Valencia le ganó 2-0 a UD Las Palmas, Jarni terminó en el arco y el argentino Pablo Aimar, entonces de solo 21 años, le marcó su primer gol con la camiseta che. El también argentino Ignacio González había sido expulsado a los 84 minutos del partido, por una falta al uruguayo Diego Alonso (al que antes le había detenido un penalti), y como el técnico croata Sergio Kresic ya había completado las sustituciones, Jarni fue al pórtico. A dos minutos del pitazo final, el Payaso Aimar, que acababa de saltar al terreno, cobró un tiro libre de manera magistral y dejó parado al portero improvisado, que nada pudo hacer.

Su siguiente escala fue el Real Madrid. Ese traspaso estuvo marcado por una cuestionable jugarreta de la casa blanca: Betis se negó a cederlo (no quería reforzar a un rival poderoso) y lo negoció con el Conventry inglés. Sin embargo, el club de la Liga Premier, por debajo de cuerda, se lo sirvió en bandeja de plata al Real Madrid, sin haberlo disfrutado un minuto y a cambio de una jugosa suma. Allí, sin embargo, no tuvo mayores oportunidades porque el titular del puesto era el brasileño Roberto Carlos, un consentido de la afición merengue. Entonces, dio un paso que pocos se atreven a dar: se vinculó a la Unión Deportiva Las Palmas, en segunda división, a pesar de que tenía una buena oferta del Everton londinense. Fue una decisión que pocos entendieron y que muchos criticaron, pero que se sustentó en la solicitud de su esposa y, en especial, de su hija Gracia, entonces de 8 años.

En su trayectoria como director técnico no ha podido reeditar los éxitos que obtuvo como jugador. En la actualidad, dirige al SK Sarajevo de Bosnia-Herzegovina.
En su trayectoria como director técnico no ha podido reeditar los éxitos que obtuvo como jugador. En la actualidad, dirige al SK Sarajevo de Bosnia-Herzegovina.

En 2002, ya en el ocaso de su trayectoria, se fue al Panathinaikos griego con el que colgó los botines, al menos en los campos grandes. Porque regresó a su país y, durante seis temporadas, actuó con el MNK Split del fútbol-sala, un ámbito en el que continuó dando muestras de su calidad. Como técnico, se estrenó en el Hajduk Split (2007-08), pasó al NK Istra 1961 (2010-11) y en la actualidad está al mando del SK Sarajevo bosnio. En los banquillos, en todo caso, no ha conseguido el lustre que sí logró con sus veloces carreras por la banda izquierda, con sus acertadas combinaciones, con sus temibles remates de media distancia y, sobre todo, con su poder goleador. Porque, que no se olvide, Robert Jarni nació en Cakovec, pero por sus venas corre sangre suramericana: la del potrero argentino, la de la favela brasileña…

 

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Comunicador social y periodista. Apasionado por los deportes. Escritor de libros. Docente. Emprendedor y soñador, terco y persistente.

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