Reflexiones sobre el Balón de Oro

Por primera vez, desde que se creó el premio en 1956, en el año en que se jugó la Copa Mundo el ganador provino de una selección ¡eliminada en primera ronda! En el palmarés, solo en el palmarés, Cristiano Ronaldo volvió a ser el mejor.

ColombiaMundial(3)Los tiempos cambian, la vida cambia, la sociedad cambia, el hombre cambia. Todo cambia, decía sabiamente Mercedes Sosa, aunque no siempre esos cambios son para bien, para mejorar. El fútbol es un claro ejemplo de ello, específicamente en lo relacionado con el Balón de Oro: cada edición es peor que la anterior, más parecida a un circo de pueblo que a lo que fue en su comienzo. La farsa en la que la FIFA convirtió la elección le restó total credibilidad y, más que premiar o enaltecer a un jugador, lo único que se consigue es ponerlo en la picota pública.

Un premio para el mejor jugador europeo del año, esa fue la premisa con la que la revista France Football creó la distinción en 1956. Después vino el primer cambio: ya se dio cabida a los jugadores de todo el mundo, con la condición que jugaran en Europa. Más tarde siguió la evolución: cualquier futbolista podía optar por el galardón, sin importar su lugar de nacimiento o el lugar donde desarrollara su carrera. Un proceso de apertura inevitable, a la par del rodar de un mundo cada vez más globalizado, en el que las fronteras son invisibles. Hasta ahí, todo bien; el problema comienza cuando lo que está bien se remplaza por algo malo, que no sirve, que distorsiona lo que estaba bien hecho, que le resta valor a la esencia del asunto.

James Rodríguez, el as de la Selección Colombia, recibió el Premio Puskas al mejor gol del año. Se lo marcó a Uruguay en los octavos de final del Mundial de Brasil (As.com).
James Rodríguez, el as de la Selección Colombia, recibió el Premio Puskas al mejor gol del año. Se lo marcó a Uruguay en los octavos de final del Mundial de Brasil (As.com).

En un principio, los criterios para seleccionar al ganador eran claros y funcionaban. Como es natural, a algunos podría no gustarles alguna elección, pero eso es parte del juego: ningún sistema que se utilice es perfecto porque se parte de una observación netamente subjetiva, de un gusto particular. Hasta ahí, todo bien, porque esa diversidad es, precisamente, la que enriquece la vida. Por eso es que en una misma ciudad conviven hinchas de Boca Juniors, de River Plate, de Independiente, de San Lorenzo; de Real Madrid, Atlético de Madrid o Rayo Vallecano… El fútbol es así y en esa característica radican buena parte de su encanto, esas pasiones desbordadas que genera por doquier, sin distingo de sexo, edad, condición social o económica, nivel educativo o conocimiento del deporte mismo.

La fiebre de los aficionados colombianos no podía faltar en Zúrich. Hasta el Palacio de Congresos llegaron para alentar a James y, por supuesto, para regresar a casa con un suvenir (As.com).
La fiebre de los aficionados colombianos no podía faltar en Zúrich. Hasta el Palacio de Congresos llegaron para alentar a James y, por supuesto, para regresar a casa con un suvenir (As.com).

Porque, y ese es otro aspecto bien importante, no se necesita haber sido futbolista profesional, ni estudiar para director técnico, ni escribir en las páginas deportivas de un diario ni recitar de memoria las alineaciones de tal o cual conjunto para entender lo que es el juego o para diferenciar entre un jugador bueno y un ‘tronco’. Aunque desde hace unos años se estableció una corriente promovida por aquellos que querían sentirse dueños de las verdades, el fútbol sigue siendo el mismo de siempre: un juego. Simple, sencillo. Más allá de la geometría que nos quieren vender, que a veces resulta más torcida que ciertas mentes que se apoderaron de los espacios de opinión, gana el que acierta más veces y/o el que se equivoca menos. Tanto los unos (los aciertos) como los otros (los errores) son producto de la capacidad (o la incapacidad, según el caso) individual o colectiva.


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La historia no miente
El Brasil de México-1970 es el mejor ejemplo: aunque había figuras descollantes y desequilibrantes como Pelé o Jairzinho, a ellos los secundaba un colectivo pletórico de virtudes ofensivas y defensivas capaz de soportar la ilusión en caso de que a los genios ese día no se les prendiera la lamparita. Y era entonces cuando aparecía Tostao, o Gerson, o Rivelino, o Carlos Alberto, en fin. El otro extremo, el de la sobresaliente capacidad individual, nos lo ofreció Diego Armando Maradona en México-1986. Siempre nos han querido hacer creer que él solo ganó el título, aunque el técnico Carlos Salvador Bilardo se cuidó de rodearlo de algunos buenos jugadores como Jorge Valdano, Jorge Burruchaga y Sergio Batista y otros rendidores como Héctor Enrique o Julio Olarticoechea. Lo cierto es que Maradona puso esa cuota de talento excepcional que le permitió a Argentina superar escollos que el colectivo no había podido sortear. Se echó el equipo al hombro, se iluminó y aportó ese plus que cambió el rumbo de una historia que parecía destinada al fracaso.

El portugués Cristiano Ronaldo y la alemana Nadine Kessler recibieron el Balón de Oro masculino y femenino, respectivamente, durante la gala de la FIFA en Zúrich (As.com).
El portugués Cristiano Ronaldo y la alemana Nadine Kessler recibieron el Balón de Oro masculino y femenino, respectivamente, durante la gala de la FIFA en Zúrich (As.com).

Ronaldo, el Fenónemo, en Corea del Sur y Japón-2002 es otro caso: en un Brasil desteñido, con mínimas dosis de talento, él puso lo que hacía falta para alzarse con la corona, aprovechando el excesivo respeto, o el temor, que la auriverde infundía en sus rivales. En estos casos, y muchos más que se pueden mencionar, hubo una individualidad que marcó la diferencia incuestionable. Sin embargo, el logro, léase el título, fue adjudicado al colectivo: la historia dice que el campeón de México-1970 fue Brasil, no Pelé; que en México1-986 se coronó Argentina, no Maradona; y que en suelo asiático reinó de nuevo el Scratch, no el Fenómeno. A pesar de ello, las cualidades de esos buenos jugadores siempre fueron fáciles de identificar: además del innato talento, poseían fuerza, potencia, habilidad, destreza en velocidad, capacidad para inventar sobre la jugada (lo que algunos llaman ‘repentización’, un término que no existe), para definir a pesar de la pegajosa marca, para elegir la jugada menos pensada. Y buena técnica, y una preparación física a prueba de todo, y resistencia, y sacrificio, y sentido colectivo para asociarse con sus compañeros, e inteligencia, en fin, un arsenal variado, ilimitado. Un todo conformado por la suma de sus partes, todas necesarias, todas importantes.


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Ferenc Puskas, Johan Cruyff, Mario Kempes, Zico, Gary Lineker, Raúl González, Franco Baresi, Paolo Maldini, Thierry Henry, Xavi Hernández, Andrés Iniesta o Franck Ribéry son jugadores de diversas épocas que encajan a la perfección en ese perfil del jugador ideal, en el libreto del mejor jugador del mundo. Solo que, a diferencia de Ronaldo, nunca ganaron el Balón de Oro. Pelé y Maradona tampoco, pero no lo necesitaron para enriquecer su leyenda. Los suyos son casos aparte: su palmarés es perfecto tal y como está, mientras que al palmarés del Balón de Oro, sin duda, le faltan nombres como el de ‘O Rei’ y D10S. Pelé fue tricampeón mundial con Brasil (el único de la historia) y campeón intercontinental con Santos; Maradona fue campeón con Argentina y cambió la historia de Nápoles, un pequeño club de provincia, para convertirlo en protagonista del Calcio italiano y de Europa. Además, por su personalidad arrolladora y su carisma, trascendieron sus épocas y son verdaderas leyendas vivientes.

El alemán Joachim Loew, que condujo a la selección de su país al título en Brasil-2014, el cuarto de la historia, fue elegido como técnico del año (As.com).
El alemán Joachim Loew, que condujo a la selección de su país al título en Brasil-2014, el cuarto de la historia, fue elegido como técnico del año (As.com).

Cuando el fútbol divide y genera odios
Pero, los tiempos cambian, la vida cambia, la sociedad cambia, el hombre cambia. Todo cambia, incluido el fútbol. Y ya esas cualidades de Ronaldo (ganador del galardón en 1997 y 2002), como las de Pelé, Maradona, Puskas, Cruyff o los otros geniales futbolistas que nunca ganaron el Balón de Oro, son algo del pasado. Hoy, por obra y gracia de la FIFA, el concurso es una farsa, una penosa pantomima mediática que ha distorsionado su esencia, que ha enterrado su credibilidad y, lo más grave, que le causa daño al deporte. Porque el deporte, por definición, es para unir, más allá de las rivalidades que le dan sabor y emociones. Y cada vez más, como ocurrió este año, el Balón de Oro es utilizado por los sucios mercaderes de la FIFA y sus secuaces, encabezados por los empresarios y dirigentes que solo buscan su beneficio particular, enriquecerse por cuenta de los dones y el trabajo de otros. Y divide, y genera odios y burlas, y va en contra del espíritu del juego limpio.

Por segundo año consecutivo y tercera ocasión en la historia, el Balón de Oro fue a manos de Cristiano Ronaldo. Lo del año anterior fue lamentable, porque se premió a un jugador que ¡no ganó título alguno! En cambio, el francés Franck Ribery había alzado todos los trofeos que disputó con Bayern Munich, pero fue marginado porque más allá de los campos su comportamiento deja qué desear (está acusado de promover la prostitución de menores). Este año, al menos, el Real Madrid lo llevó en coche (porque no fue él el que jaló al conjunto) para que celebrara en la Champions League, en la Copa del Rey, en ese esperpento que es el Mundial de Clubes y en la Supercopa de Europa. Como al portugués le encanta imponer récords, con esta designación acaba de establecer uno inolvidable: es la primera vez, desde que se creó el premio en 1956, que en el año en que se jugó la Copa Mundo el ganador provino de una selección ¡eliminada en primera ronda! El inglés Kevin Keegan, en 1978, y el soviético Igor Belanov, en 1986, al menos avanzaron a segunda fase y octavos de final, respectivamente.

Los aficionados colombianos nos quedamos con las ganas de ver a James Rodríguez en el Once Ideal del año. Los europeos dominaron una vez más (As.com).
Los aficionados colombianos nos quedamos con las ganas de ver a James Rodríguez en el Once Ideal del año. Los europeos dominaron una vez más (As.com).

Otros más grandes no lo ganaron
Esa, justamente, es una de las premisas que cambió con el tiempo: ningún jugador podía optar al Balón de Oro si a los éxitos cosechados con su club no les sumaba títulos a nivel de selección. Esa fue la razón por la cual, en su momento, Puskas, Cruyff, Zico, Lineker, Raúl González, Baresi o Maldini se quedaron al margen. Algunos de ellos, como el húngaro y el holandés, fueron mucho mejores jugadores que Cristiano Ronaldo: genios que marcaron época, que lideraron combinados que cambiaron para bien el fútbol mundial y, especialmente, eran completos: no solo anotaban goles. Y los demás, a pesar de jugar en distintas posiciones, nada tienen que envidiarle al lusitano, más allá de la detestable maquinaria mediática que lo secunda, lo protege y lo catapulta a los primeros planos, a pesar de las evidentes limitaciones que exhibe reiteradamente en el campo de juego. Y a esa lista se pueden agregar Xavi Hernández, Andrés Iniesta, Frank Lampard, Thierry Henry, Davor Suker, Predrag Mijativoc, Juergen Klinsmann, Dennis Bergkamp o Emilio Butragueño, para no ir más atrás en el tiempo, sensacionales jugadores, varios de ellos mejores delanteros que el portugués, que nunca ganaron el trofeo.

Andrés Iniesta, uno de los más grandes jugadores de la última década, nunca ganó el Balón de Oro. Una de las injusticias producto del sistema por el que se realiza la elección (As.com).
Andrés Iniesta, uno de los más grandes jugadores de la última década, nunca ganó el Balón de Oro. Una de las injusticias producto del sistema por el que se realiza la elección (As.com).

Una de las más aberrantes consecuencias de la designación de Cristiano Ronaldo es que en el palmarés del Balón de Oro, ¡y solo en el palmarés del Balón de Oro!, quedó por encima de Franz Beckenbauer, Alfredo Di Stéfano o Ronaldo. ¡Inconcebible! También de Kevin Keegan y Karl Heinz Rummenigge, pero alguno podrá argumentar que el lusitano le gusta más (le gusta más, no que es mejor). Y con tres réplicas del Balón de Oro, ¡y solo en el palmarés del Balón de Oro!, está a la par de Michel Platini y Johann Cruyff, además de Marco van Basten. ¡Qué estupidez! A las generaciones de jóvenes que se desviven por Cristiano Ronaldo en las cloacas sociales (algunos les llaman redes) habrá que recomendarles que en Youtube consulten videos del francés y del holandés: ¡talento puro, exquisito, genialidad desbordante, fantasía inigualable! Futbolísticamente hablando, es una herejía nombrar el mismo día y en la misma conversación a Platini y Cruyff y al delantero de Madeira. Es como intentar preparar una cena combinando caviar, langostinos y morcilla.

Al final de cuentas, la discusión se resume en algo muy particular: el gusto individual de cada hincha. Algunos dirán que Cristiano Ronaldo es el mejor jugador no solo de la temporada, sino de la historia; y habrá que respetarles la opinión. La diversidad, se dijo, es una característica que le aporta encanto y pasión al fútbol. El mejor ejemplo es la lista de las votaciones, que se pueden consultar en el siguiente enlace: algunos eligieron a Neymar, a Philipp Lahm, a Thibaut Courtois, a Arjen Robben, a James Rodríguez, a Andrés Iniesta, a Thomas Mueller, a Bastian Schweinsteiger, y la lista es larga. Y cada uno, dentro de su lógica y sus argumentos, tiene la razón. Nunca habrá acuerdo, unanimidad, y eso está bien. Cada quien escoge lo que le gusta, lo que más disfruta. Y cada uno vive su vida a su manera, buscando la felicidad (que es el gol de la vida) como mejor le parezca. Por eso, al cabo de la gala de este 12 de enero, las declaraciones de Cristiano Ronaldo y de Lionel Messi nos confirmaron qué diferentes son. “El año que viene quiero alcanzar a Messi”, dijo el portugués con el egoísmo y la pedantería que lo caracterizan; “Yo solo intento conseguir títulos con Barcelona y con la Selección”, expresó Messi con la sencillez que algunos le critican. Otra vez, el Balón de Oro fue el balón de ego…

Distendido lució el argentino Lionel Messi a lo largo de la jornada. Manifestó que su intención es ganar títulos con Barcelona y la Selección Argentina (As.com).
Distendido lució el argentino Lionel Messi a lo largo de la jornada. Manifestó que su intención es ganar títulos con Barcelona y la Selección Argentina (As.com).

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Comunicador social y periodista. Apasionado por los deportes. Escritor de libros. Docente. Emprendedor y soñador, terco y persistente.

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