Que Colombia vuelva a ser como la de antes

Hay que empezar a pensar en la repesca como una opción válida y valiosa para llegar a Rusia-2018 (como lo fue camino de Italia-1990) y tener paciencia mientras la Selección se reinventa, a ver si el producto final es igual.

Colombia Mundial en Contravía rumbo a Rusia-2018Caer con Argentina el 15 de noviembre de 2011, en Barranquilla, significó un antes y un después en los anales de la Selección Colombia. Fue el punto final del efímero ciclo de Leonel Álvarez al mando de la Tricolor y la llegada del argentino José Néstor Pékerman, que condujo al elenco nacional al punto más alto de su historia: el quinto puesto en el Mundial de Brasil-2014, el tercer lugar del ranquin de la FIFA y elevar la cotización de sus ases, convertidos en figuras codiciadas en las más famosas ligas. Hoy, cuatro años más tarde, la afición nacional espera que ese punto de quiebre se repita con ocasión de la quinta fecha de las eliminatorias a Rusia-2018 y la visita a Bolivia en La Paz.

Colombia Mundial en Contravía rumbo a Rusia-2018
El futuo de la Selección Colombia en las eliminatorias a Rusia-2018 pasa por La Paz: Bolivia será el termómetro para medir la capacidad de reacción (FIFA.com).

Las circunstancias son distintas, claramente, y si bien a veces la vida nos ofrece episodios que parecen calcados de algunos que ya vivimos en el pasado, es menester entender que en el fútbol cada vez que suena el pito y rueda el balón se empieza a escribir una nueva historia, un capítulo diferente. Aquella vez, tras la caída por cuenta de los goles de Lionel Messi y Kun Agüero, Colombia se reencauchó el 3 de junio de 2012 tras vencer a Perú en Lima con anotación de James Rodríguez. De ahí en adelante, fueron solo alegrías las que vivieron la Selección y los hinchas, un camino que terminó el 4 de julio de 2014 cuando perdió 1-2 con Brasil, en partido válido por los cuartos de final de la Copa Mundo.


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El pasado 17 de noviembre, como un capricho del destino, Argentina encontró un tanque de oxígeno en Barranquilla. En un ambiente inhóspito, la Albiceleste sonrió gracias a un solitario gol de Lucas Biglia para darse un respiro y ponerles tranca a las recias críticas. En 2012, irónicamente, ese triunfo en la Arenosa fue el trampolín que lanzó al elenco dirigido entonces por Alejandro Sabella a lo más alto de la tabla de posiciones, un ascenso que solo se detuvo cuando aseguró un cupo al Mundial-2014. Hoy, tanto argentinos como colombianos ansían que el libreto se repita con exactitud, no solo para aplacar las voces disidentes, sino especialmente para que este largo y culebrero camino hacia Rusia-2018 les ofrezca más pétalos y menos espinas.

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El técnico José Pékerman se dio la pela y cambió la nómina de convocados, a ver si encuentra el revulsivo que cambie el rumbo de esta eliminatoria.

La única doble jornada del primer semestre de 2016 representa un riesgo: jugar en la altura de La Paz, a más de 3000 metros sobre el nivel del mar, siempre será complicado; además, la próxima semana recibe la visita de Ecuador, la sensación del comienzo de la eliminatoria, que este Jueves Santo es local de Paraguay en Quito. Y Ecuador, se sabe, siempre resultó un hueso duro de roer para la Tricolor, una situación que no tendría que ser distinta ahora cuando el equipo del vecino país vive horas de inusitada alegría. Argentina, mientras, visita a Chile en Santiago y luego será anfitriona de Bolivia en Córdoba, siempre con la mira puesta en 6 puntos que les permitan asumir los retos de la Copa América Centenario y los Juegos Olímpicos con un panorama más favorable.


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La caída con Argentina provocó que volvieran a soplar los vientos de crisis, una experiencia que se creía olvidada. Los detractores de oficio y aquellos a los que les resulta rentable que la Selección sea protagonista prendieron las alarmas, alzaron la voz y alborotaron el avispero. Inclusive, hubo algunos que se atrevieron a pedir la cabeza de Pékerman, como si lo realizado bajo su conducción a lo largo de estos cuatro años pudiera tirarse al bote de la basura así no más. Es claro que el origen de las críticas está justificado por el mal rendimiento del equipo, por los resultados negativos, pero eso no significa que lo que se ha hecho esté mal, que haya que hacer un borrón y cuenta nueva para volver a comenzar a mitad del camino.

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Una derrota (con Uruguay) y una victoria (sobre Venezuela) contabiliza Bolivia en casa durante la presente eliminatoria (FIFA.com).

Lo positivo es que el propio Pékerman sabe que se transita por un camino distinto al esperado, que son muchos los errores que se deben corregir; que el pasado, pisado y que se requieren cambios para que Rusia-2018 no sea una ilusión frustrada. Por eso, el DT se dio la pela y, contrario al estilo marcado a lo largo de su trayectoria, le dio un revolcón a la nómina de los convocados para esta doble jornada. Tradicionalmente, tanto con las selecciones juveniles de Argentina como con el combinado mayor de su país, y por supuesto con Colombia, Pékerman fue consistente con el grupo escogido y solo cambió cuando se lo exigían las circunstancias (por lesiones o eventuales suspensiones). Así, entonces, no era necesario esperar la fecha del anuncio para saber quiénes eran los convocados, porque la lista se podía recitar de memoria.

Esta vez, sin embargo, fue diferente. Más que los incluidos, llamaron la atención los nombres excluidos: Radamel Falcao García, Teófilo Gutiérrez, Jackson Martínez, Fredy Guarín, Carlos Sánchez y Alexánder Mejía, que eran habituales. Lesiones, en algunos casos; bajo rendimiento, en el resto, fueron las razones. En cambio, aparecieron Abel Aguilar, marginado largo tiempo por dolencias físicas; Stefan Medina, que goza de la confianza del DT, a pesar de la resistencia que genera entre aficionados y periodistas; Óscar Murillo, una alternativa hasta ahora no considerada; y Dayro Moreno y Luis Manuel Quiñones, los que mayor revuelo causaron. El delantero de los Xolos de Tijuana vuelve a tener una oportunidad en la Selección, respaldado por su presente goleador, mientras que el atacante de los Pumas de la UNAM fue el palo de la convocatoria.

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Juan Guillermo Cuadrado, que subió su nivel con Juventus en Italia, tiene una nueva oportunidad para volver a ser jugador clave en la Selección.

Es claro que Pékerman no es ciego, y ve que la Selección está lejos del nivel de hace cuatro años y requiere un revulsivo que le permita volver a ser la que fue. Es claro que Pékerman no es sordo, y puede escuchar no solo a sus asesores de confianza, sino también el clamor de hinchas y periodistas, que a veces, muy pocas veces, atinan a decir algo inteligente, algo que le aporte al proceso. Es claro que Pékerman no es tonto, y sabe que es el momento de replantear, de echar mano de su bagaje y experiencia y darle nuevos aires al grupo. Es claro que Pékerman es no es bruto, y entiende que no se puede casar con unos pocos nombres, así en la intimidad continúe respaldándolos, y busca alternativas que puedan ofrecer los resultados requeridos. Es claro que Pékerman no es terco, y se da cuenta de que la situación de Colombia en la tabla de posiciones es incómoda y que hay que buscar opciones para llegar al lugar deseado.

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En Bolivia, jugadores, cuerpo técnico y aficionados saben que la ilusión del Mundial-2018 depende, en gran medida, de los puntos que conquisten en la altura de La Paz.

Y es aquí, justamente, donde vale la pena hacer un pequeño alto en el camino y, con la mano en el pecho con ánimo de contrición en plena Semana Santa, reconocer lo que para algunos es una herejía: tal y como está la eliminatoria, hoy, antes del partido contra Bolivia, Colombia debería enfocarse en el quinto puesto, el que brinda la posibilidad de la repesca contra un representante de Oceanía. Que caigan rayos y centellas, que truene la ira de los furibundos fanáticos, que se estremezcan las fibras de los hinchas que se acostumbraron a los éxitos y al protagonismo en los primeros planos; esa, sin embargo, es una alternativa que no se puede echar en saco roto y que, por el contrario, hay que empezar a considerar. Así como en algunas oportunidades se dijo que en la eliminatoria da lo mismo ser primero que cuarto, también es cierto que clasificar al Mundial vía repechaje es válido. O, si no, que le pregunten a Uruguay.

Así como las derrotas son escandalosas y mentirosas como la sangre (a veces, se trata solo de una pequeña herida que se cura con primeros auxilios), también es cierto que las victorias y los logros pueden distorsionar la realidad o provocar, como en este caso, que el aficionado común se monte videos equivocados. Colombia fue quinta en el Mundial-2014, su mejor figuración en la Copa Mundo, pero eso no significa que sea miembro de ese selecto club de grandes que conforman la élite del planeta fútbol. Colombia está en el Top-10 del ranquin de la FIFA, pero ya todos sabemos que esa es otra de las tantas mentiras fabricadas por la multinacional de la corrupción en su interés por obtener réditos económicos. Hay futbolistas colombianos en varios de los principales equipos del mundo, o protagonistas de alegrías en diversas ligas, pero eso de ninguna manera significa que todos los jugadores nacidos en este país tengan la misma capacidad o idéntica jerarquía.

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El aficionado colombiano no se regisna a regresar a ese pasado incierto y doloroso en el que se conseguía la clasificación solo para sufrir durante el Mundial.

Acostumbrado durante décadas a convivir con la derrota, al hincha colombiano le costó mucho aprender a digerir las eventuales victorias o conquistas. Tras una eliminación, luego de sufrir una goleada, el país futbolístico continuaba como si nada, porque al fin y al cabo era lo lógico. En cambio, cuando nos enfrentábamos al éxito, se perdía el norte y ofrecíamos la peor de nuestras versiones autodestructivas: los desmanes ocurridos en la noche del famoso 5-0 sobre Argentina en Buenos Aires, el 5 de septiembre de 1993, confirman esa tesis. Criadas en un ambiente de muerte fácil en el que la vida no vale nada, varias generaciones de colombianos utilizaron los resultados de la Selección Colombia para cumplir sus fines dañinos y desahogaron su resentimiento social escudadas en una clasificación o en una nueva eliminación.

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No importa quiénes sean los protagonistas: el hincha quiere que la Selección recupere su mejor versión y vuelva a ser protagonista.

El gran éxito de la Selección Colombia de José Pékerman no fue el quinto puesto de la Copa Mundo-2014, sino haber derribado temporalmente los odios que nos mantienen polarizados, los rencores que nos alejan de quienes nos rodean. Por un corto período, por los triunfos, no fuimos uribistas contra santistas, paisas contra bogotanos, petristas contra peñalosistas, costeños contra vallecaucanos, ricos contra pobres, sino colombianos ataviados todos con una misma camiseta. Y más allá de las diferencias gozamos los triunfos, celebramos los logros, disfrutamos ese inédito Mundial, ahora sí con justificada razón nos sentimos orgullosos de haber nacido en esta tierra y, sin que mediara alguna estúpida encuesta virtual, nos declaramos los seres más felices del planeta fútbol.

El cuento de hadas, sin embargo, llegó a su final y, de nuevo, nos vimos enfrentados a la realidad: y regresaron los odios, el rencor, las venganzas, los intereses mezquinos, las críticas dañinas, las pasiones desenfrenadas. Y así llegamos a La Paz, para enfrentar a una Bolivia que también está herida, que tiene mayores urgencias, que no quiere ser otra vez el trompo de poner. Y más allá del resultado que se dé al final de los 90 y pico minutos de juego, hay dos puntos que el país no debe olvidar: hay que empezar a pensar en la repesca como una opción válida y valiosa para llegar a Rusia-2018 (como lo fue camino de Italia-1990), y hay que tener paciencia mientras la Selección se reinventa, mientras el técnico Pékerman termina de armar este nuevo y complicado rompecabezas, a ver si el producto final es el mismo de antes: la felicidad por los éxitos.

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El estadio Hernando Siles seguramente se colmará para alentar a los locales. El público será otro rival de Colombia en la altura de La Paz.

Ganar o perder en La Paz será solo un accidente deportivo, lo mismo que el resultado del juego contra Ecuador en Barranquilla, la próxima semana. Lo único importante, lo verdaderamente valioso es que la Selección (Pékerman, sus colaboradores, el grupo de jugadores, la dirigencia, la afición y sus voceros de los medios de comunicación y distorsión) vuelva a ser como la de antes (que no es lo igual que la misma de antes), es decir, que sea un equipo homogéneo capaz de vencer los egos, de dejar atrás los intereses particulares, que pueda construir un presente feliz que le permita disfrutar un futuro halagüeño. Si eso no ocurre, entonces, nos veremos obligados a regresar al pasado, a vivir viejas y dolorosas épocas en las cuales la clasificación al Mundial solo era una efímera alegría y la garantía de posteriores tristezas y decepciones.

 

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Comunicador social y periodista. Apasionado por los deportes. Escritor de libros. Docente. Emprendedor y soñador, terco y persistente.

Un comentario en «Que Colombia vuelva a ser como la de antes»

  1. Por supuesto que el quinto puesto al final de la eliminatoria para poder ir al repechaje contra uno de Oceanía es una opción válida, pero tiene dos aspectos negativos: 1. es volverle a apuntar a la mediocridad y creer que siendo mediocres se alcanzan éxitos, al ya pasado estilo Maturana, y, 2. ¿Quién nos garantiza que le ganemos al de Oceanía? Sí, Australia ya no juega en esa zona, pero nadie nos asegura que de pronto Nueva Zelanda o el que logre ese cupo va a ser presa fácil. A lo que hay que apuntarle es al primer lugar para que no haya temores si solo se alcanza el cuarto puesto.

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