Pibe Valderrama, un ícono sin edad

Efemérides 2 de septiembre: al cumplir 53 años, el astro colombiano de finales del siglo XX sigue más vigente que nunca, porque su clase y jerarquía, su devoción por la Tricolor, aún son un referente, el modelo que muchos quieren imitar. Happy birthday…

ColombiaMundial(2)Allí, en medio de astros mundiales como Diego Armando Maradona y un Roberto Baggio con la cabeza poblada de canas, entre otros, los rizos dorados de Carlos ‘el Pibe’ Valderrama volvieron a brillar. En el Partido por la Paz, organizado por Javier ‘Pupi’ Zanetti por encargo directo del papa Francisco I, el genio samario volvió a dar pinceladas de su clase y nos hizo recordar aquellos épicos momentos de alegría de los años 80 y 90, en los que el mundo del fútbol lo conoció como uno de los mejores de todos los tiempos.

Si fue o no el mejor futbolista de la historia de Colombia es algo que se puede discutir sin cesar, y más en estos tiempos mediáticos en los que James Rodríguez y Radamel Falcao García, entre otros, ocupan titulares y espacios en las páginas deportivas de los principales medios del mundo, en sus versiones impresa y digital. Lo cierto es que a medida que pasa el tiempo y las nuevas generación alcanzan logros inéditos como el quinto puesto en el Mundial de Brasil y el Botín de Oro de James como máximo goleador de la Copa Mundo se corre el riesgo de olvidar que en el pasado también hubo excelentes jugadores que igualmente marcaron historia. Y uno de ellos fue, sin duda, Valderrama.

Lo que está perfectamente claro es que nuestro balompié fue uno antes y otro después de la irrupción de Carlos Alberto Valderrama Palacio, el famoso Pibe. El de los rizos dorados, el del “todo bien, todo bien”, el que nunca se calló, el que siempre fue de frente, el que jamás se escondió, el que tantas y tantas alegrías le brindó al pueblo colombiano, el que tanta admiración y respeto recibió en el exterior, al punto que hoy todavía es número puesto en estos partidos benéficos como el que se realizó recientemente en el estadio Olímpico, de Roma. Único como su estilo de juego, Valderrama dejó una huella profunda en los Mundiales: es el jugador con más presencias y más minutos disputados con la tricolor.

En el Partido por la Paz, en Roma (Italia), Diego Armando Maradona y el Pibe Valderrama, como en sus mejores años, fueron sinónimo de espectáculo. Leyendas vivientes del balompié (FIFA.com).
En el Partido por la Paz, en Roma (Italia), Diego Armando Maradona y el Pibe Valderrama, como en sus mejores años, fueron sinónimo de espectáculo. Leyendas vivientes del balompié (FIFA.com).

Si hay algo que distinga al Pibe Valderrama, aún hoy cuando goza del retiro, es que jamás pasó inadvertido. Llamaba la atención en 1981, cuando debutó en el Unión Magdalena, el club de sus amores, y cuando Eduardo Julián Retat lo llamó a integrar la selección juvenil de su departamento. También lo hizo en 1984, cuando se vino a ‘la nevera’, como llaman los costeños a la capital de la República, para vincularse a Millonarios. Allí, sin embargo, encontró el obstáculo más importante de su trayectoria: el técnico Jorge Luis Pinto, que tercamente lo mantuvo como suplente, a pesar del clamor de los hinchas y los medios de comunicación para que lo alineara entre los titulares.

Pero eso quedó como una mera anécdota desagradable cuando en 1985 fue comprado por el Deportivo Cali, que le pagó al conjunto bogotano 10 millones de pesos, exactamente la misma cifra por la que había sido transferido desde su amado UM. Allí, el técnico yugoslavo Vladimir Popovic le brindó el apoyo que le había hecho falta en Bogotá y junto con Bernardo Redín formó una genial sociedad que deleitó no solo a los hinchas ‘azucareros’, sino a todo aquel que apreciara el fútbol bien jugado. Con su larga y rebelde cabellera suelta, con la camiseta por fuera, con las medias caídas, con su desparpajo y atrevimiento clásicos, Valderrama marcó una época en el conjunto caleño, a pesar de que no consiguió títulos.

Su irrupción internacional no fue menos llamativa: en la Copa América de 1987, disputada en Argentina, el centro de atención de todos era un tal Diego Armando Maradona. El astro, que ya era un ídolo en el AS Napoli italiano y que un año antes había sido la máxima estrella del Mundial de México-1986, terminó eclipsado y rendido a la magia del Pibe Valderrama, con el que se encontró cara a cara en el partido por el tercer lugar, el 11 de julio en el estadio Monumental de Buenos Aires. Como tantas otras veces, aquella tarde Valderrama fue el director de una afinada orquesta que brindó un concierto inolvidable. Con tantos de Gabriel Jaime ‘Barrabás’ Gómez y Juan Jairo Galeano, el elenco dirigido por Francisco Maturana venció 2-1 al dueño de casa, que descontó por intermedio de Claudio Paul Caniggia, y se instaló en la retina de todos los aficionados al fútbol.

Personalidad, el principal rasgo de Carlos Valderrama en el campo de juego, por supuesto después de su inagotable e inimitable talento. Un grande de la historia (FIFA.com).
Personalidad, el principal rasgo de Carlos Valderrama en el campo de juego, por supuesto después de su inagotable e inimitable talento. Un grande de la historia (FIFA.com).

El samario fue, por supuesto, uno de los artífices de la clasificación al Mundial de Italia-1990, cita en la que brilló con luz propia. En el debut, el 9 de junio en el estadio Renato Dall Ara de Bolonia, hasta se dio el lujo de asegurar la victoria sobre Emiratos Árabes Unidos, uno de sus pocos goles con la Tricolor. En el arranque del período complementario, su socio Redín, de golpe de cabeza, había puesto en ventaja a Colombia y, a 5 minutos del final, El Pibe se puso el traje de delantero y, tras recibir una justa habilitación de Freddy Rincón, enfrentó a dos defensores asiáticos, se acomodó y, antes de entrar al área, sacó un remate furibundo que se coló en el ángulo inferior izquierdo del arco defendido por Muhsin Musabah. Un golazo.

En ese mismo certamen, maravilló al mundo con sus precisos pases, trazados como si fuera un cirujano (no en vano, antes de ser futbolista pensó en estudiar medicina). El más recordado fue el que le entregó a Rincón en el minuto 47 del segundo tiempo del partido contra Alemania, que el morocho de Buenaventura convirtió en el gol del empate, el que valió la clasificación a la segunda ronda. Fue una jugada sublime, con su sello característico, una magia que desplegó por doquier hasta que el 12 de abril de 2003 anunció su retiro del fútbol profesional. Atrás quedaba una brillante trayectoria deportiva con Unión Magdalena, Millonarios, Cali (dos etapas), Montpellier (Francia), Real Valladolid (España), Independiente Medellín, Junior, Miami Fusion (Estados Unidos), Tampa Bay Mutiny (Estados Unidos) y Colorado Rapids (Estados Unidos).

Intentó ser técnico, pero el temperamento lo traicionó y, tan inteligente como siempre, entendió que lo suyo no era eso. Sigue vinculado al fútbol, a veces regalando la magia de su juego como lo hizo en el Partido por la Paz en Roma, a veces como comentarista, a veces como asesor. A pesar del paso del tiempo, de la aparición de nuevas figuras; a pesar de que el fútbol colombiano subió bien alto el listón de sus logros, el Pibe Valderrama sigue ahí, como el número uno de la historia, como el referente para grandes y chicos (así muchos no hayan tenido la suerte de verlo jugar), como el modelo que muchos quieren imitar. Porque así como hoy la Tricolor juega al estilo Pékerman, hubo una época en la que lo hizo al estilo Pibe Valderrama, un jugador distinto, incomparable.

Valderrama es un ícono, un ídolo para grandes y chicos, y la FIFA no pierde la oportunidad de aprovechar su carisma. En repetidas ocasiones le han rendido merecidos homenajes (FIFA.com).
Valderrama es un ícono, un ídolo para grandes y chicos, y la FIFA no pierde la oportunidad de aprovechar su carisma. En repetidas ocasiones le han rendido merecidos homenajes (FIFA.com).

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Comunicador social y periodista. Apasionado por los deportes. Escritor de libros. Docente. Emprendedor y soñador, terco y persistente.

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