Perú se reconcilia con su brillante pasado

El equipo de Ricardo Gareca, tercero en la Copa América Chile-2015, parece haber encontrado el camino para retomar las alegrías del pasado. La calidad de su ADN futbolístico se mantiene intacta y los gruesos errores del pasado parecen corregidos. Un grande está de regreso.

Copa América 2015¿Se terminó la siesta del fútbol peruano? Dueño del tercer peldaño del podio de la Copa América por segunda ocasión consecutiva, la Selección Perú despierta las ilusiones de varias generaciones de hinchas que sueñan con revivir las grandes alegrías que sus padres y abuelos, les cuentan, ellos disfrutaron en los lejanos años 70 y 80. El elenco dirigido por Ricardo ‘el Tigre’ Gareca venció 2-0 a Paraguay y ahora le apunta a regresar a la Copa Mundo, un privilegio que no alcanza desde España-1982.

Cuesta trabajo que los peruanos de menos de 45 años entiendan que hubo una época en la que Perú fue uno de los grandes de América. Es más: fue una espectacular generación que, inclusive, logró que la equipararan con el mejor equipo del momento, y quizás uno de los mejores de todos los tiempos: el Brasil de México-1970. De hecho, no son pocos los nostálgicos que aún afirman que en caso que los incas no se hubieran cruzado con Pelé y su corte en los cuartos de final del torneo azteca, podrían haber peleado la corona orbital. Brasil tenía a Pelé, Tostao, Jairzinho, Gerson, Rivelino, Carlos Alberto y Clodoaldo, entre otros, pero Perú contaba con Teófilo Cubillas, Oswaldo ‘Cachito’ Ramírez, Hugo ‘Cholo’ Sotil y José Velásquez. Dos bandolas de respeto.

Copa América 2015
Cuestionado desde que asumió el cargo, el argentino Ricardo Gareca logró vencer la resistencia y ahora podrá trabajar con más tranquilidad de cara a las eliminatorias al Mundial de Rusia-2018 (Conmebol.com).

Aquella vez, el 14 de junio en el estadio Jalisco de Guadalajara, Brasil se impuso 4-2 en un partidazo inolvidable y logró el cupo a las semifinales. Rivelino y Tostao marcaron el rumbo, pero Alberto Gallardo acortó las distancias; en el segundo tiempo, Tostao repitió y el Nene Cubillas prendió la llama de la ilusión, pero Jairzinho sentenció el juego a poco menos de un cuarto de hora del final. El último gran recuerdo del fútbol peruano de antes camino de un Mundial fue cuando puso a sufrir a la Argentina de Diego Armando Maradona rumbo a México-1986. Fue el 30 de junio de 1985, en el estadio Monumental de Buenos Aires, cuando la Albiceleste solo pudo celebrar el paso al Mundial después de mucho sufrimiento, pues Perú forzó un empate 2-2 que por momentos rozó con la épica victoria.

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Paolo Guerrero, con cuatro anotaciones, fue uno de los goleadores de la Copa América y, también, uno de los más destacados de Perú, merecido tercer lugar (Conmebol.com).

En medio de dudas, soportando el peso de las críticas, la Argentina de Carlos Salvador Bilardo se inscribió en una Copa Mundo cuyo trofeo alzaría 12 meses más tarde, con Maradona encumbrado como el más grande del planeta fútbol. Perú, en cambio, fue eliminado por Chile en el repechaje, tras caer 2-4 en Santiago y 0-1 en Lima. A partir de ahí, todo ha sido noche para el fútbol peruano, reconocido antaño internacionalmente por la exquisita calidad técnica de sus jugadores, por su estilo ofensivo, por sus delanteros goleadores y porque se podía medir de tú a tú con cualquiera y plantarle cara. Se cumplieron 40 años de aquellos recuerdos, Perú todavía no jugó otro Mundial y, peor aún, pasó de ser considerado uno de los grandes del continente a engrosar el vagón de los chicos.

Por eso, justamente por eso, es que a algunos que desconocen la historia, o se empeñan en restarle crédito, se sorprenden cuando Perú alcanza una buena figuración, como este tercer lugar de la Copa América. Y las eliminatorias a la Copa Mundo marcaron un camino lleno de fracasos, de sinsabores, de tristezas, un sentimiento contrario al feliz ADN que siempre expuso el fútbol peruano. Rumbo a Italia-1990, fue último de su grupo, con cuatro derrotas en igual número de partidos; hacia Estados Unidos-1994, repitió en la cola, con un triunfo en seis presentaciones (cinco derrotas); el camino hacia Francia-1998 pareció un despertar, pues perdió el cuarto cupo directo (entonces no había repesca) con Chile, por gol diferencia; lejos, en cambio, quedó en la ruta de Corea del Sur y Japón-2020, octavo por delante de Venezuela y Chile; y más bajo cayó, al penúltimo lugar, en las eliminatorias a Alemania-2006, superando solo a Bolivia; su caída libre continuó con el farolillo rojo en la fase previa a Suráfrica-2010, mientras que en procura de Brasil-2014 de nuevo fue octavo.

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Carlos Lobatón fue uno de los más destacados de Perú en Chile-2015. Un volante moderno, de ida y vuelta, con gran capacidad de sacrificio.

A lo largo de ese terrorífico periplo de derrotas y frustraciones, el balompié peruano dejó de identificarse por la calidad técnica de sus jugadores, por la fantasía de su juego, y se etiquetó por una característica francamente penosa: la indisciplina. Una enciclopedia completa podría escribirse acerca de los episodios de noches sin fin, fiestas marcadas por excesos de diversa índole e ídolos con pies de barro que cayeron en desgracia por sus actitudes dentro y fuera del campo después de haber alcanzado fama, dinero y prestigio. Grandes jugadores quedaron marcados en la historia como perdedores, porque con la banda cruzada de su Selección casi nunca pudieron sonreír. Y entrenadores como Jose Macia, Miguel Company, Vladimir Popovic, Juan Carlos Oblitas, Francisco Maturana, Julio César Uribe, Pablo Autuori, Franco Navarro, José Guillermo del Solar, Sergio Markarián, Roberto Mosquera y Pablo Bengoechea tropezaron con la misma piedra, sin poder corregir el curso de la historia.

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Ricardo Gareca, con Perú, y Ramón Díaz, con Paraguay, dos técnicos novatos en el tema de selecciones nacionales, cumplieron un destacado papel, por encima de las expectativas (Conmebol.com).

Con Markarián, al que en Perú un sector de la afición y de medios llamó ‘Farsarián’, comenzaron a verse progresos. Si no futbolísticos, sí al menos en lo relacionado con la disciplina, tanto dentro como fuera del campo de juego. El uruguayo se dio la pela y apretó las clavijas, generando un desgaste que, sumado a la ausencia de buenos resultados, le costó el puesto. Pero su paso dejó claro que Perú no ha perdido jamás su ADN, que la calidad sigue brotando silvestre, pero hay que adaptarla a las exigencias del fútbol moderno, el de los atletas superprofesionales. El uruguayo Bengoechea avanzó otro paso, pero corrió igual suerte. Hasta que los dirigentes incas, grandes responsables del descalabro, escogieron a Gareca para tratar de cambiar el rumbo. Pese a la resistencia por parte de hinchas y periodistas, Perú llegó a Chile a disputar el ‘grupo de la muerte’, junto con Brasil, siempre favorito, y Colombia, la selección que ocupó su lugar en la élite suramericana.

Tras vender cara su derrota con Brasil en el debut (1-2), venció a Venezuela (1-0) y empató con Colombia (0-0) para instalarse en los cuartos de final. En esa instancia se deshizo sin atenuantes de Bolivia (3-1), pero no pudo superar a Chile en semifinales (1-2), con polémica arbitral incluida. En el duelo del honor, sin embargo, volvió a sonreír, luego de derrotar a Paraguay (2-0) y subirse al podio. Con una combinación de juventud y experiencia, el DT logró conformar un elenco competitivo que si bien no posee el estilo y las filigranas de décadas anteriores, con una aceptable capacidad técnica, mucho sacrificio y, vaya novedad, disciplina, logró colarse en la élite. Ahora, entonces, en Suramérica se habla de Pedro Gallese, Carlos Zambrano, Carlos Lobatón, André Carrillo, Jéfferson Farfán, Paolo Guerrero y Claudio Pizarro con antaño se mencionaban los nombres de César Cueto, Guillermo La Rosa, Juan Carlos Oblitas, Gerónimo Barbadillo, Percy Rojas y Luis Reyna, alguno de los que disputaron el Mundial de España-1982, un recuerdo difuso en la memoria.

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Probablemente, Claudio Pizarro cerró su ciclo con la selección de mayores y lo hizo de la mejor manera. Un referente en lo deportivo y en lo personal, un ídolo que marcó a una generación que despertó de nuevo la ilusión del hincha (Conmebol.com).

Perú conforma, junto con Hungría y la extinta Checoslovaquia (hoy República Checa), el grupo de países que supieron encantar al mundo del fútbol con su juego, pero perdieron el rumbo y entraron en un espiral sin retorno. La última aventura mundialista de Perú fue en España-1982, eliminado en primera fase; igual suerte corrió Hungría en México-1986, mientras que República Checa acudió a España-1982 y Alemania-2006 sin superar la fase de grupos, aunque en Italia-1990 alcanzó los cuartos de final (la sacó Alemania, a la postre la campeona). Lo visto en las eliminatorias a Brasil-2014 y ahora en la Copa América Chile-2015 da para pensar, con razonables probabilidades de acierto, que Perú, el gigante del pasado, el que se codeaba con los más grandes de Suramérica y del mundo, el que enamoraba a los hinchas del planeta fútbol, el que cosechaba elogios por doquier, está de vuelta.

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Después de muchos años, los hinchas de Perú tienen verdaderos motivos para sonreír. La selección inca volvió a ocupar el tercer lugar en la Copa América, como ya lo había hecho en Argentina-2011 (Conmebol.com).

Es cierto: resulta prematuro afirmar que esta generación, en la que hay varios jugadores de salida, podrá marcar huella como la hicieron las de los años 70 y 80, pero hay características afines. Varias camadas de grandes futbolistas peruanos se acostumbraron a perder, y hasta puede decirse que le encontraron un gustito especial a la derrota. Les daba lo mismo ganar o perder con su Selección, porque el futuro económico y la gloria deportiva la habían conseguido en sus clubes o en el exterior. Esta que está bajo la égida de Ricardo Gareca, en cambio, se ve que tiene el mismo hambre de antes, ese deseo por representar dignamente al pueblo peruano, esas ganas de que la banda cruzada vuelva a despertar respeto y admiración, inclusive, temor.

Para quienes tuvimos el privilegio de vivir y disfrutar esa gran época del fútbol peruano, ojalá sea así. En medio de fútbol ultramoderno en el que el músculo le ganó el partido al cerebro y las dosis se fantasía se dan a cuentagotas, el resurgir del ADN del balompié inca es una excelente noticia. Que no se diga equivocadamente que Perú resucitó, porque jamás estuvo muerto; solo dormido, hibernando en un larguísimo invierno que quizás está llegando a su fin. La calidad se mantuvo, las filigranas siempre estuvieron presentes, pero como el fútbol es fiel reflejo de la sociedad y este país estuvo inmenso en un profundo hoyo social y político, el rumbo se perdió y no fue fácil retomarlo. Es mucho el camino que queda por recorrer, porque hay que fortalecer la base, consolidar el proceso y salvaguardar el comportamiento profesional indispensable hoy en día para brillar en el más alto nivel.

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Misión cumplida: Perú volvió a quedar en la élite de la Copa América y mira con optimismo el camino hacia el Mundial de Rusia-2018 (Conmebol.com).

Ironías del fútbol y de la vida, Perú es el único equipo que repitió en el podio en las dos últimas ediciones de la Copa América. Y ese, sin duda, no es un mérito menor. Si Gareca logra el recambio necesario, especialmente en ataque, y si consigue consolidar el proceso y evitar que haya recaídas en el tema de la indisciplina, podrá obrar el ‘milagro’. A Chile-2015 llegó en medio de la incredulidad, en medio de vaticinios derrotistas que, para su fortuna, no se cumplieron. Ahora que salió por la puerta grande, esos sectores de la afición y los medios de comunicación, como era de esperarse, fueron los primeros en subirse al bus de la victoria. Pero no está mal, porque ellos son, precisamente, los que tienen que empujar el carro hacia un nuevo destino, de la misma manera que en Colombia los hinchas fueron vitales en el resurgir de la Tricolor tras la llegada de José Pékerman. ¿Se terminó la siesta del fútbol peruano?

 

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Comunicador social y periodista. Apasionado por los deportes. Escritor de libros. Docente. Emprendedor y soñador, terco y persistente.

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