Pelé, una leyenda que no envejece

Efemérides 23 de octubre: esta fecha podría ser denominada ‘el Día del gol’, ‘el Día del jogo bonito’ o ‘el Día del fútbol’ en homenaje al que muchos consideran el mejor futbolista de todos los tiempos, el que transformó a Brasil en un insaciable campeón. ¡Felices 74, su majestad!

ColombiaMundial(2)Hubo una época, lejana y borrosa en los recuerdos, en Brasil era un equipo más en el planeta fútbol. La verdad, uno del montón, tanto en el concierto suramericano como mundial. Todo cambió el 29 de junio de 1958, cuando de la mano del entonces jovencito Pelé se alzó con la Copa Jules Rimet. A partir de entonces, el Scratch se convirtió en un gigante, en un devorador de títulos, en un rival temible. Pelé, mientras tanto, es una leyenda viviente del balón, un mito, un inmortal que traspasó todas las fronteras, que abrió todas las puertas, que se alojó en todos los corazones.

Con frecuencia, uno escucha frases como “Brasil siempre fue número uno”, pero no es cierto; como “Brasil siempre tuvo los mejores jugadores”, pero no es cierto. De hecho, y a pesar de haber disputado el título del Mundial de Brasil-1950, como local, la historia de este país en la Copa Mundo es poco menos que desteñida hasta ese torneo de Suecia-1958, en el que cambió la historia. Y remitiéndonos al ámbito suramericano, en las primeras tres décadas de historia de la Copa América Brasil solo ganó tres coronas, contra nueve de Argentina y ocho de Uruguay. Peor aún, entre su tercera y cuarta consagraciones pasaron 50 años: de 1949 a 1989.

Aquellos que cuentan menos de 50 años difícilmente lo vieron jugar o no lo recuerdan. Sin embargo, no existe aficionado alguno que no sepa quién es Pelé (ESPN.com).
Aquellos que cuentan menos de 50 años difícilmente lo vieron jugar o no lo recuerdan. Sin embargo, no existe aficionado alguno en el planeta fútbol que no sepa quién es Pelé (ESPN.com).

En las primeras décadas del siglo XX, los futbolistas brasileños más destacados fueron Arthur Freidenreich, nacido en Sao Paulo a mediados de 1892 y, según algunos cronistas que lamentablemente no pueden soportar sus dichos con documentos, el jugador que más goles anotó en la historia del fútbol. Hijo de un alemán y una brasileña, deslumbró a los europeos durante una gira realizada en 1925, que incluyó nueve encuentros. En su esplendor, no acudió al Mundial de Uruguay-1930, el primero de la historia, por las diferencias entre las ligas de Río de Janeiro y Sao Paulo. El siguiente fue Leónidas da Silva, goleador de los mundiales de Italia-1934 y Francia-1938 en los que comenzó a mostrarle al planeta fútbol las características que décadas más tarde harían famoso al balompié brasileño.

Hasta que llegó Pelé, el famoso Edson Arantes do Nascimento, orgullo de Tres Corazones, el hijo de Joao Ramos do Nascimento (Dondinho) y Celeste, el que fue bautizado en la iglesia de la Sagrada Familia de Jesús, María y José. El técnico Vicente Feola lo incluyó en la nómina que viajó al otro lado del Atlántico, pero lo mantuvo en el banco de suplentes (en esa época no había sustituciones) en los dos primeros partidos (victoria 3-0 sobre Austria y empate sin goles con Inglaterra, el primero de la historia en los mundiales). Dado que el equipo no ofrecía el rendimiento esperado y que había una gran presión por parte de la prensa, la afición y hasta sus propios compañeros, el DT decidió incluirlo para enfrentar a Unión Soviética el 15 de junio (2-0): cambió la historia del fútbol. El tridente Garrincha-Pelé-Vavá resultó letal, pero el artista principal siempre fue Pelé.

Pelé era casi un niño cuando irrumpió en el firmamento mundial y lo trastocó. Tras su aparición, el fútbol uno distinto al de antes y, especialmente, Brasil se transformó.
Pelé era casi un niño cuando irrumpió en el firmamento mundial y lo trastocó. Tras su aparición, el fútbol uno distinto al de antes y, especialmente, Brasil se transformó.

Consagrado campeón mundial, Brasil dejó de ser uno más, uno del montón, y se incluyó en un Olimpo que, años más tarde, convertiría en su reino. La conquista del bicampeonato orbital, en Chile-1962, la observó desde la tribuna, lesionado. Luego, Inglaterra-1966 supuso el lunar de su trayectoria en la Copa Mundo, al sufrir una prematura eliminación en primera ronda, a manos de Hungría y la sorprendente Portugal de Eusebio. Al borde de los 30 años, en la que muchos consideraban su última oportunidad, Pelé logró en México-1970 lo que hasta ahora, casi medio siglo después, ningún otro jugador ha igualado: ganó el Mundial por tercera ocasión. Allí mismo, sobre el césped del estadio Azteca de Ciudad de México, en andas de los aficionados, fue ungido como rey del fútbol, como el más grande jugador que haya visto la humanidad.

“Era un jugador de enorme talento, con un gran control del balón y una fantástica visión de juego, leía el partido y las posiciones. Tenía arrogancia, pero no en el sentido negativo. Era un jugador genial, ¿por qué no iba a presumir un poco?”, dijo el inglés Bobby Charlton, que lo sufrió en Chile-1962 y México-1970. “Cuando llegó el turno de jugar el Mundial tuve que buscarme una nueva posición. ¡Pero era lógico! El puesto de número diez estaba guardado para el mejor deportista del planeta: Pelé. Y como no soy Pelé, me moví a la izquierda. Él era completo: pateaba con los dos pies, manejaba bien el balón y era frío frente al arco enemigo”, afirmó Mario Zagallo, que lo disfrutó como compañero y luego lo dirigió.

El de Pelé y la copa Jules Rimet fue un amor a primera vista. Es el único jugador de la historia que ganó tres veces la Copa Mundo.
El de Pelé y la copa Jules Rimet fue un amor a primera vista. Es el único jugador de la historia que ganó tres veces la Copa Mundo.

“Podía disparar con la izquierda, con la derecha, y tenía tal visión de juego que en cuanto se hacía con el balón ya sabía lo que iba a hacer con él. Era extraordinario”, expresó Paulo Amaral, el preparador físico del Scratch en aquel fantástico Mundial de Suecia-1958. “Cuando Pelé marcó el quinto gol en aquella final, debo ser sincero y admitir que me dieron ganas de ponerme a aplaudir”, admitió el sueco Sigvard Parling, una de sus víctimas en esa final de Solna. “Pelé ha sido el mejor jugador del planeta. Estuvo en la cima durante 20 años. Los otros están abajo: Diego Maradona, Johan Cruyff, Michel Platini. Ninguno se le compara”, sentenció el alemán Franz Beckenbauer, otro grande de los años 60. “Antes del partido, me decía ‘Pelé es de carne y hueso, como yo’. Luego comprendí que estaba equivocado”, reconoció el italiano Tarcisio Burgnich, autor del único tanto de la Azzurra en la final de México-1970.

Di Stéfano, que siempre rehuyó esas elecciones que tanto agradan al hincha, fue claro: “¿El mejor jugador de la historia? Pelé. Messi y Ronaldo son jugadores con cualidades específicas, pero Pelé fue mejor”. Zico, al que muchos en su país le dijeron Pelé blanco, el heredero de la camiseta número 10 de la Selección Brasil en los años 70 (tras los retiros de Pelé y Rivelino), aseguró que “Es absurda la pregunta sobre el mejor jugador del siglo. Sólo existe una respuesta: Pelé, que es el más grande y los demás se encuentran a mucha distancia de él”. El holandés Johan Cruyff, considerado uno de los cinco mejores de todos los tiempos, también se rindió a la magia de la perla negra: “Pele fue el único jugador que sobrepaso los límites de la lógica”, dijo. “Nunca tuve ídolos. Pero como no podía ser diferente y soy brasileño, y como buenos brasileños, Pelé es nuestro dios, al menos es el mío. En lugar de llamarse fútbol el juego debería llamarse Pelé”, aseveró, tan contundente como en el área rival, Romario.

La mayor tarde de gloria de Pelé, el éxtasis del 'jogo bonito', un recuerdo imborrable: el día que Brasil ganó el Mundial de México-1970.
La mayor tarde de gloria de Pelé, el éxtasis del ‘jogo bonito’, un recuerdo imborrable: el día que Brasil ganó el Mundial de México-1970. Cuatro décadas más tarde, ningún otro jugador pudo repetir su gesta.

La discusión puede terminar, en todo caso, si uno tiene en cuenta el concepto del técnico argentino César Luis Menotti, campeón mundial en Argentina-1978 y uno de los máximos referentes del fútbol espectáculo, eso que muchos consideran una propiedad brasileña y una invención de O Rei: “El mejor de todos fue Pelé, que era una mezcla de Messi, Cruyff, Maradona y Di Stéfano”. El mejor del mundo, el mejor de todos los tiempos, el mejor de la historia de la Copa Mundo, eso no importa. Aquí, a la final, la premisa más acertada resulta ser aquella de “Entre gustos, no hay disgustos”. Lo cierto, lo indiscutible, es que Pelé marcó una época, un antes y un después, especialmente en la historia del fútbol brasileño. Nunca antes y nunca después un futbolista tuvo tal trascendencia, tal influencia sobre una nación, sobre un deporte, sobre unas generaciones.

Hoy, casi 40 años después de su retiro definitivo, en 1977 vistiendo la camiseta del Cosmos de Nueva York, la leyenda de Pelé está más viva que nunca. Es el punto de referencia obligado, porque el mito es inmortal y a Pelé, el dios del fútbol, siempre se le perdonó todo, se lo eximió de culpas, se lo exoneró de responsabilidades. Ni siquiera los avatares de sus divorcios, las repetidas quiebras de sus negocios particulares y, especialmente, las deudas de su hijo Edinho con la sociedad (está preso por estar vinculado a una banda de narcotraficantes) consiguieron mancharlo (porque, valga decirlo, Pelé también tiene un lado bien oscuro). Un protegido de la FIFA, un consentido de los amantes del jogo bonito, una de esas rarezas de la naturaleza que solo se dan una vez en la vida. “Nunca habrá otro Pelé, mi madre y mi padre cerraron la fábrica y rompieron el molde. Soy único e irrepetible”. Palabra de dios…

Casi cuarenta años después de su retiro definitivo, la leyenda de Pelé está más viva que nunca. Las generaciones actuales, que no lo vieron, también lo veneran.
Casi cuarenta años después de su retiro definitivo, la leyenda de Pelé está más viva que nunca. Las generaciones actuales, que no lo vieron, también lo veneran.

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Comunicador social y periodista. Apasionado por los deportes. Escritor de libros. Docente. Emprendedor y soñador, terco y persistente.

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