Miami se estremeció con la fiesta tricolor

El amistoso Colombia-Brasil poco dejó en lo deportivo, más allá del esperado regreso de Radamel Falcao García con el equipo. Fue un partido chato, un clásico juego de pretemporada, en el que Brasil volvió a aprovechar un error colombiano.

ColombiaMundial(2)Lo mejor de la noche sucedió al margen del partido: el público que llenó el estadio y alentó a la Tricolor con alma, corazón y vida; el detalle de juego limpio de Neymar y Camilo Zúñiga, a los que amplios sectores de la retorcida prensa deportiva quiso hacer ver como enemigos; el arranque de un nuevo ciclo de la Selección al mando de José Néstor Pékerman; la fiesta que, como ocurrió a lo largo del Mundial de Brasil-2014, se vivió en cada rincón del planeta fútbol donde había un hincha colombiano. ¿El resto? Para anotar en los libros de estadísticas y olvidar rápidamente.

Un típico encuentro amistoso de pretemporada, eso fue el duelo Colombia-Brasil en el SunLife Stadium de Miami, colmado por 73.479 aficionados, la gran mayoría de ellos con el tricolor estampado en el corazón. Porque los jugadores lucieron ‘duros’, síntoma inequívoco de que aún les pesan los rigores del trabajo físico para ponerse a tono de cara a la temporada que acaba de comenzar. Porque el desarrollo del partido nos dejó al descubierto que la premisa fundamental para los protagonistas era no cargar con la derrota. Porque seis modificaciones por equipo, en el segundo tiempo, como es habitual, desvirtuaron la competencia.

Uno de los hechos destacados de la participación de Colombia en la reciente Copa Mundo había sido el fervor despertado en el hincha, la renovada pasión tricolor, la sintonía que el grupo de jugadores había establecido con la afición, la identificación del ciudadano de a pie con este inconfundible símbolo nacional. Y, tras lo visto en suelo estadounidense, 65 días después del juego que significó la eliminación del Mundial nada ha cambiado: las calles volvieron a ser inundadas por la fiebre amarilla (con notorios parches rojos, el otro color de la pasión); la alegría brotó por los poros de la gente, incontenible, orgullosamente; la ansiedad fue la sensación que se apoderó de todos durante el día.


También le puede interesar: Rueda el balón rumbo a Rusia-2018


Aunque solo pasaron un poco más de dos meses de aquel recordado partido por los cuartos de final, en el estadio Castelao de Fortaleza, el juego fue muy distinto. La formación de Colombia era casi la misma de ese viernes 4 de julio, pero el funcionamiento distó mucho. Apenas hubo chispazos, las sociedades estuvieron divorciadas y faltó peso en el ataque. Brasil, que registró el reestreno de Dunga en el banquillo técnico, maquilló un poquito, solo un poquito, la desastrosa imagen que dejó en la Copa Mundo de la que fue anfitrión. No había tantos ‘picapiedras’ en la Verdeamarelha, pero una vez más fue notoria la ausencia del talento que históricamente caracterizó al futbolista brasileño. Y nada de jogo bonito.

Camilo Zúñiga y Neymar volvieron a ser protagonistas, pero esta vez por su juego limpio, en contra de tanta cizaña que destilaba desde los medios de comunicación y las redes sociales (FIFA.com).
Camilo Zúñiga y Neymar volvieron a ser protagonistas, pero esta vez por su juego limpio, en contra de tanta cizaña que destilaba desde los medios de comunicación y las redes sociales (FIFA.com).

Se luchó más de lo que se jugó; se pegó más de lo que se jugó; se enredó más de lo que se jugó. Las acciones se concentraron en una parcela del centro del campo, lejos de las zonas de las emociones, y los arqueros durante largos ratos fueron unos espectadores más. Este fue un 0-0 feo, de esos que mortifican la paciencia del aficionado, distinto a algunos de los que vimos, cargados de intensidad y alternativas ofensivas, en el pasado Mundial. El clásico que algunos habían vendido a través de los medios de comunicación nunca se dio y mucho menos en el segundo tiempo, que los entrenadores asumieron casi como un entrenamiento con público: cada equipo realizó seis modificaciones y, entonces, el partido como tal se desdibujó.

El empate parecía clavado, dado que ninguno de los dos ofrecía argumentos sólidos como para pensar en el desequilibrio. Menos Colombia, que desde los primeros minutos del período complementario se quedó sin Juan Guillermo Cuadrado, su mejor valor durante la primera etapa: fue expulsado por doble amonestación. En ese ambiente, entonces, solo una genialidad individual podía cambiar el rumbo de la historia y dado que James Rodríguez estuvo opaco, el turno fue para Neymar: de tiro libre, ¡una vez más con la complicidad de una barrera mal armada y desparramada!, puso el 1-0.

Los casi ochenta mil aficionados que acudieron al SunLife continuaron la fiesta, como si nada, y fueron los verdaderos ganadores: fueron testigos privilegiados del arranque del nuevo ciclo de la Selección de José Néstor Pékerman, uno de los cinco mejores equipos del mundo, según el escalafón de la FIFA. Además, se emocionaron a rabiar con otro momento que marcó un punto alto: el regreso del Tigre Radamel Falcao García con la Tricolor. Tras su ausencia del Mundial por cuenta de una lesión, el samario volvió a jugar con el elenco de sus amores y aunque fue solo un cuarto de hora renovó el romance con los hinchas. Eso, sin duda, fue lo más destacado para Colombia en el juego de este 5 de septiembre en Miami.

El retorno de Radamel Falcao García con la Tricolor, lo más importante para Colombia en el aspecto depotivo. El Tigre jugó el último cuarto de hora (FIFA.com).
El retorno de Radamel Falcao García con la Tricolor, lo más importante para Colombia en el aspecto depotivo. El Tigre jugó el último cuarto de hora (FIFA.com).

¿El funcionamiento del equipo? Discreto, apenas discreto. Un poquitico mejor en el primer tiempo. En el segundo, tras la expulsión de Cuadrado, Colombia intentó aguantar el partido, pero volvió a equivocarse en la jugada del gol (como ya lo había hecho en el Mundial en la que valió el tanto de David Luiz). Un ejercicio interesante, en todo caso, porque quedar en desventaja numérica es algo que puede ocurrir en una competencia oficial y es bueno saber cómo puede reaccionar el grupo, qué hace el DT para reacomodar sus fichas. Ese, realmente, es el único y verdadero sentido de estos amistosos. Y nada más: empaquen las maletas y regresen a casa, los jugadores a sus clubes de origen y el cuerpo técnico a Bogotá para continuar con la preparación, con la planeación, con la observación de alternativas, con el análisis.

Algunos técnicos argumentan que prefieren perder todos los amistosos y ganar los juegos oficiales, una verdad de Perogrullo. No sobra olvidar que el objetivo de la Selección Colombia no es derrotar al peor Brasil de la historia, sino sentar unas bases sólidas para que el camino al Mundial de Rusia-2018 vuelva a estar condimentado por las alegrías que vivimos rumbo a Brasil-2014. Y también para que las escalas en las ediciones de la Copa América de 2015, en Chile, y de 2016, en Estados Unidos, sirvan para el crecimiento del grupo, para el fortalecimiento de la idea futbolística, para la consolidación de la identidad, inclusive para estrechar el romance con la hinchada. El duelo Colombia-Brasil en Miami era un punto de partida, una oportunidad para que los jugadores volvieran a convivir, cambiaran el chip de Brasil-2014 y pusieran a funcionar el de Rusia-2018. Todo lo demás era verso, una anécdota y, por el trámite del juego, un episodio que se olvidará rápidamente…

El verdadero clásico se vivió en las tribunas del SunLife de Miami, en las que los aficionados colombianos renovaron su romance con el grupo de José Néstor Pékerman (FIFA.com)
El verdadero clásico se vivió en las tribunas del SunLife de Miami, en las que los aficionados colombianos renovaron su romance con el grupo de José Néstor Pékerman (FIFA.com)

Publicado por

Admin

Comunicador social y periodista. Apasionado por los deportes. Escritor de libros. Docente. Emprendedor y soñador, terco y persistente.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *