La Tricolor desafinó en el Centenario

La defensa tuvo una noche perversa y Uruguay, a pesar de no contar con Suárez y Cavani, castigó las equivocaciones. La imagen que se dejó en esta segunda salida es preocupante, en especial por lo que se viene en noviembre: Chile a domicilio y Argentina en casa.

Colombia Mundial en Contravía rumbo a Rusia-2018Los peores temores, aquellos que todos los hinchas de la Tricolor teníamos escondidos en lo más recóndito de nuestro corazón, se hicieron realidad: la Selección Colombia, en la que puede ser la peor presentación de la era Pékerman, cayó 0-3 con Uruguay en el estadio Centenario de Montevideo. La primera derrota en la difícil ruta hacia el Mundial de Rusia-2018 y un duro cachetazo para aquellos que todavía siguen en la nube de las pasadas eliminatorias y Brasil-2014.

Más allá de los nombres, la lección que nos dejan las dos primeras jornadas de la fase clasificatoria es clara: Colombia no es la misma de hace un año. De hecho, no es la misma que fue revelación y sensación en ese tránsito hacia la vigésima Copa Mundo. Se mantiene la base, se mantiene el cuerpo técnico, se mantiene la idea futbolística, se mantiene la identidad, pero la sinfónica no afina los acordes, porque los intérpretes han cambiado y los nuevos todavía no encajan en el engranaje. Lo cierto, en todo caso, es que la imagen que se dejó en esta segunda salida es preocupante, en especial por lo que le espera a la Tricolor en noviembre: Chile a domicilio y Argentina en casa.

Colombia Mundial en Contravía rumbo a Rusia-2018
Con una fórmula muy efectiva, aunque sin mayor brillantez, Uruguay goleó 3-0 a Colombia y obtuvo la segunda victoria camino de Rusia-2018.

El apretado 2-0 sobre Perú, la semana anterior, en el comienzo del camino, tapó un poco la realidad: Colombia está lejos de su mejor versión reciente. Los vendedores de humo festejaron como si se hubiera clasificado a la final del mundo, pero pronto el castillito de naipes se les desplomó. En Barranquilla, el elenco inca fue amo y señor del segundo tiempo y mereció el empate, que no consiguió por su ineficacia ofensiva. El onceno nacional, por su parte, se vio confundido, enredado, sin ideas, sin poder ofensivo y con gruesas fallas defensivas que no pudieron ser aprovechadas por los delanteros visitantes. Y se sabía que en Montevideo iba a ser otro cantar, aunque algunos necios insisten en cambiar la historia a punta de titulares eufóricos.

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Qué pesadilla fue Diego Godín en el juego aéreo. Aunque se sabía de su peligrosidad, no hubo cómo controlarlo. Marcó un gol y pudo celebrar alguno más.

Si se convino que el 2-0 sobre Perú fue un marcador largo, porque los dirigidos por Ricardo Gareca al menos merecieron un gol, el 0-3 en Montevideo es clara muestra de lo que ocurrió sobre el césped del legendario estadio Centenario. Sin ofrecer una versión futbolística destacada, pero cumpliendo bien la tarea, Uruguay fue claro ganador. El elenco del Maestro Óscar Washington Tabárez hizo poco, pero todo lo hizo bien; Colombia, en cambio, intentó mucho y nada le salió. Y gracias a los dioses del fútbol que no estaban los temibles Luis Suárez y Édinson Cavani, porque la historia podría haber sido de terror.

Los primeros 20 minutos fueron un espejismo. La Tricolor, con muy buena actitud, apretó al dueño de casa en todos los terrenos, y lo hizo equivocar. Infortunadamente, esas buenas intenciones no se tradujeron en opciones de gol, pues no hubo quién pusiera a los delanteros con opción dentro del área. Y de a pocos Uruguay le tomó la medida a Colombia y se montó en el partido. Ajustó sus líneas, se tranquilizó y empezó a hacer el fútbol que le convenía: pases largos en procura de un pivote que abra el espacio y aprovechamiento de las increíbles ventajas que el visitante concedió por los costados. Porque los laterales fueron, a lo largo de los 90 minutos, una irresistible invitación para los uruguayos.

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Carlos Bacca acaso si apareció, porque no hubo quién lo surtiera de balones en el área rival. Colombia fue penosamente inofensiva en Montevideo.

Y eso que la Celeste no cuenta con delanteros de raya, pero sus laterales y hasta sus volantes aparecieron repetidamente para convertirse en una pesadilla. Y a fuerza de ir e insistir, Uruguay impuso las condiciones: fabricó faltas en los costados y llenó de centros el área de David Ospina. Y fue, entonces, cuando aparecieron los fantasmas de un pasado que se creía enterrado y olvidado: la defensa tricolor tuvo una noche perversa y facilitó la victoria del dueño de casa. Un cobro de tiro de esquina, después de un error nuestro, terminó en el 1-0. Un gol previsible, pero que no pudo ser evitado: cobro de esquina y aparición sorpresiva de Diego Godín, ¡sin marca!, para anotar de cabeza. El primer tiempo concluyó con una justa ventaja para Uruguay y con una Colombia desdibujada.

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El poco conocido Diego Rolán le dio un paseo de salud a la defensa colombiana. Con su movilidad y fuerza, desbarajustó la endeble zaga de la Tricolor.

En el complemento, antes de que el visitante pudiera dibujar una reacción, Uruguay pegó de nuevo. Un grosero error de todo el sistema defensivo, volantes incluidos, terminó con el tanto de Diego Rolán. Dejaron filtrar el balón, que sorprendió a Cristian Zapata y a Santiago Arias, ridiculizados por el morocho celeste que no tuvo inconvenientes para vencer a Ospina. El 2-0 reflejaba claramente lo que ocurría en el campo de juego y representaba un castigo para las gruesas equivocaciones de una Colombia sin brújula. Ni siquiera el ingreso de Macnelly Torres y Fabián Castillo sirvió para cambiar el funcionamiento. Por el contrario, en esa última media hora de juego la Tricolor lució más dubitativa y descoordinada que nunca y el tercer gol solo se demoró porque Uruguay jamás apretó el acelerador.

El puntillazo, el que decoró la goleada, fue obra de Abel Hernández, que dejó regada la defensa colombiana con una pasmosa facilidad. Pasó de largo frente a Frank Fabra, arrolló a Zapata y luego definió en un ángulo increíble cuando Ospina intentó el achique. La pesadilla, sin embargo, no había terminado: en tiempo de reposición, Juan Guillermo Cuadrado, uno de los más desdibujados, agredió a Rolán y el árbitro brasileño Heber Lopes lo expulsó. Fijo no estará contra Chile y podría perderse también el duelo contra Argentina, pues fue roja directa y no sería raro que recibiera dos fechas de suspensión. No hubo tiempo para más, afortunadamente, y Colombia encajó la primera derrota de la eliminatoria en un partido para olvidar.

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Enredado, confundido e intrascendente estuvo Juan Guillermo Cuadrado, que para colmo fue expulsado y se perderá, como mínimo, el duelo contra Chile en Santiago.

Tras la victoria sobre Perú, a sabiendas de que el rendimiento no fue el esperado, el técnico José Pékerman llamó la atención de los seguidores de la Tricolor: “Este es un equipo en formación”, dijo. Pero la euforia de las pasadas eliminatorias, sumada a la del quinto puesto en el Mundial de Brasil-2014 y al quinto lugar en el mentiroso ranquin de la mafiosa FIFA, le jugó una mala pasada a aquellos que todavía no entienden que esta no es la misma Colombia de épocas recientes. La ausencia de James Rodríguez pesó demasiado (el equipo nunca tuvo volumen de juego ofensivo), los delanteros fueron los grandes sacrificados del esquema y los problemas defensivos cada vez son mayores. Para colmo, tal y como había quedado plasmado contra los peruanos, las alternativas no dan la talla y la consecuencia es un flojo rendimiento individual y colectivo.

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El ingreso de Falcao García, en el segundo tiempo, nada solucionó. Padeció los mismos problemas de los otros delanteros: no había un creativo que lo habilitara.

El principal problema es que Colombia no encuentra todavía una columna vertebral que soporte el funcionamiento. El liderazgo de Mario Yepes en defensa no lo exhiben Jeison Murillo ni Cristian Zapata, se extraña demasiado a Juan Camilo Zúñiga y Pablo Armero en las bandas, sin Abel Aguilar como compañero Carlos Sánchez no da abasto en el medio, no hay un verdadero reemplazo para James Rodríguez en la tarea de creación y los delanteros, víctimas de ese cúmulo de inconvenientes y limitaciones, prácticamente no tocan el balón. Y las sustituciones, sin importar los nombres o el pasado, poco o nada aportan para configurar un cuadro clínico preocupante.

Pero, más allá de ese notable bajón futbolístico, lo que más le duele al hincha es ver a su Selección tan desconcertada, tan desorientada, tan confundida, tan desarticulada, sin capacidad para reaccionar. En la eliminatoria pasada también se jugaron partidos malos, pero el equipo se aferró a un libreto, las individualidades aparecieron y se sortearon las dificultades. Inclusive, en la derrota contra Brasil, que significó la eliminación de la Copa Mundo, tampoco se jugó bien, pero con pundonor, amor propio y sacrificio alcanzó para poner en aprietos al dueño de casa, para despedirse con la frente en alto. Lo triste es que hoy el hincha no está convencido de que esas virtudes se reflejen en este grupo, al punto que contra Uruguay se terminó apelando a la bravuconada, al choque y al golpe, porque los otros argumentos no afloraron.

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Diego Godín, capitán de la Celeste, fue la gran figura del partido en el estadio Centenario. Efectivo en defensa y una pesadilla en el ataque. Incontrolable.

Fiel a su estilo, como si nada lo perturbara, pero sin poder ocultar la preocupación y la desazón, el técnico Pékerman puso la cara y pidió una dosis de cordura. “Tenemos una defensa con tres chicos jóvenes y estamos en un proceso de renovación. Hay que tener paciencia porque vamos a crecer con los partidos. El equipo está tratando de crecer y de superarse, y son experiencias nuevas para algunos”, afirmó el estratega argentino. Explicó que se pagaron caro los errores en la jugadas a balón parado, como el primer tanto uruguayo. “Perdimos mucho en el área. Nos preparamos para controlar los cabezazos, en los que Uruguay es fuerte, pero no pudimos contrarrestarlo”, reconoció. Se falló no solo en el control de los cabeceadores, sino también en la neutralización de los lanzadores, que contaron con absoluta libertad.

Sobre el resultado, Pékerman admitió que fue “justo, a pesar de que el primer tiempo fue equilibrado”. Según el DT colombiano, el hecho que desequilibró el partido fue el gol de Godín, pues ya no hubo reacción. En el segundo tiempo pensábamos que podíamos empatar, pero con el segundo tanto de ellos no fue posible. Nos descompone ese gol, porque no lo esperábamos tan pronto. Parecía que teníamos controlada esa pelota y no fue así; terminó en gol. Después se dieron muchas situaciones negativas y el juego se inclinó a favor de ellos”, agregó. Pékerman también reconoció que Colombia perdió los papeles cuando se vio en desventaja: le ofreció espacios al rival, cometió errores y permitió el tercer tanto del elenco oriental. Teníamos ganas de torcer la historia, porque a Colombia siempre le ha costado llevarse un resultado positivo de Montevideo, pero no se dio.

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Por los laterales, Colombia fue una coladera todo el partido. Ni Santiago Arias, ni Frank Fabra aportaron la seguridad que se requería, Por allí, Uruguay se paseó sin problemas.

La Tricolor regresa otra vez de Montevideo con la cara triste y las manos vacías. No es el acabose, en todo caso, porque quedan por delante otros 16 partidos. El problema es que no se vislumbra una reacción, porque tampoco puede pensarse que el regreso de James Rodríguez va a ser salvador. Y se viene Chile, el flamante campeón de América y el mejor en el comienzo de la eliminatoria, con temible poder ofensivo. Y luego Argentina, que ya nos amargó en Barranquilla, que ya podrá contar con Lio Messi y que sabe que una victoria contra la Tricolor le devolverá no solo el fervor del hincha, sino también a la buena senda. Los peores temores se hicieron realidad, pero hay mucha eliminatoria por delante y todos esperamos que Colombia vuelva a ser la que fue.

 

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Comunicador social y periodista. Apasionado por los deportes. Escritor de libros. Docente. Emprendedor y soñador, terco y persistente.

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