La tarde que Maradona brilló más que el sol

Efemérides 20 de octubre: en una soleada tarde de miércoles, hace 38 años Diego Armando Maradona les dio a los argentinos la única alegría que vivieron en un aciago 1976. Ese día, con apenas 15 años, debutó en primera división con la camiseta 16 de Argentinos Juniors.

ColombiaMundial(2)Era primavera, y brotó un genio. La tarde era soleada y, como hecho increíble, aquella vez brillaron dos astros: el sol que calentó el ambiente y un pichón de crac que encandiló a los aficionados que, ansiosos por ser testigos del gran acontecimiento, se apostaron en las tribunas del viejo estadio de Argentinos Juniors, en Boyacá y Juan Agustín García. El dueño de casa recibió la visita de Talleres de Córdoba, que se llevó los puntos (1-0), pero los honores, los titulares y la historia fueron para un chiquitín de 15 años: Diego Armando Maradona.

El miércoles 20 de octubre de 1976, el mejor futbolista argentino de todos los tiempos, para algunos también el mejor jugador de todos los tiempos, saltó al campo para disputar el segundo tiempo, cuando su equipo ya estaba atrás en el marcador, y comenzó a escribir su historia. La suya, la del fútbol argentino, la del fútbol mundial. Parecía, debería haber sido, un partido común, uno más de los que se programaron por el grupo D en aquella octava fecha del Torneo Nacional. Argentinos, que arrancó con tres victorias al hilo, se había frenado con igual número de derrotas y un empate, así que no podía darse más lujos; necesitaba reaccionar y el revulsivo el técnico Juan Carlos Montes lo encontró en las divisiones menores, entre los reconocidos Cebollitas.

Cabellera abundante, rizos enredados y un talento desbordante fueron el sello que dejó Diego Armando Maradona en los 45 minutos que jugó el día de su debut en primera división. Un jugador distinto que rompió todos los moldes.
Cabellera abundante, rizos enredados y un talento desbordante fueron el sello que dejó Diego Armando Maradona en los 45 minutos que jugó el día de su debut en primera división. Un jugador distinto que rompió todos los moldes.

Habían pasado poco más de seis meses de la revuelta cívico-militar que depuso a la presidenta María Estela Martínez de Perón (popularmente conocida como Isabelita), el 24 de marzo, y que dio paso a una junta militar comandada por el general Jorge Rafael Videla, que asumió como presidente de facto. En las calles, en las casas, en las aulas, en los lugares de trabajo, reinaba el temor porque la junta militar se había propuesto un objetivo: acabar con la izquierda argentina. Acabar, literalmente, a cualquier precio, por cualquier método, de manera legal o ilegal. Por eso, tal y como lo registró la revista El Gráfico, aquel 20 de octubre fue el único día en el que el pueblo argentino tuvo algo para festejar en ese aciago 1976. En lo que se volvió una costumbre durante las dos décadas siguientes, las sonrisas de los argentinos tuvieron nombre propio: Diego Armando Maradona.

Desde comienzos de la semana, el cotarro futbolístico se había alborotado por la noticia del eventual debut de Maradona, que la rompía con los Cebollitas, con sus escasos 15 años. La verdad, era un estreno que se había aplazado, porque la idea del DT era haberlo puesto desde la primera fecha, el 12 de septiembre. Sin embargo, no pudo hacerlo porque Maradona estaba sancionado. La historia había comenzado cuando Goyo Carrizo, amigo de la infancia de Diego, lo llevó a una prueba en las divisiones inferiores de Argentinos. “Conozco un pibe que será un fenómeno”, le dijo al técnico Francisco Cornejo, que no dudó en aceptarlo y después de disfrutarlo se lo sirvió en bandeja a Montes, que aquella tarde, quizá sin proponérselo, cambió el rumbo de la historia del fútbol.

En aquel tormentoso 1976, Argentinos Juniors vivía horas aciagas: trataba de escaparle al descenso. El aporte de Maradona, a pesar de ser un adolescente, fue vital para cumplir el objetivo.
En aquel tormentoso 1976, Argentinos Juniors vivía horas aciagas: trataba de escaparle al descenso. El aporte de Maradona, a pesar de ser un adolescente, fue vital para cumplir el objetivo.

“Por la mañana, cuando salí, mi vieja me acompañó a la puerta. ‘Voy a rezar por vos, hijo’, me dijo. Encima, mi viejo pidió permiso para salir antes del laburo para ir a verme. No recuerdo la hora exacta del partido, si fue a las 3 o a las 4, pero lo que sí recuerdo bien es que antes de salir a la cancha me avisaron que mi viejo había llegado a tiempo”, recordó Maradona. Los 7736 aficionados que veían el partido (la taquilla fue de 1.273.100 pesos de la época), la mayoría de ellos hinchas de la T, estaban ansiosos, pero solo debieron esperar una hora (los primeros 45 minutos de juego más los 15 del descanso) para obtener la recompensa por la cual habían pagado la boleta: ver al niño genio. “Vaya pibe. Juegue como usted sabe y, si puede, tire un caño”, le dijo Montes a su pichón de crac en el intermedio del juego. Rubén Giacobetti, al que no le gustó quedarse en el camerino, quedó registrado en la historia como el jugador que le dio su lugar a Maradona.

Aunque no pudo cambiar el rumbo del partido (Talleres ganó con el gol de Luis ‘Hacha’ Ludueña), el atrevido jovencito fue la sensación del encuentro. “A partir de su ingreso, todo cambió. Diego se puso el equipo al hombro y nos fueron arrinconando en nuestra portería. Terminamos defendiéndonos. No podíamos creer lo que hacía ese chico”, relató Luis Galván, defensor de la T. El marasmo en el que vivía aquel Argentinos Juniors quedó en el pasado y desde ese día todos se iluminaron con el resplandor de la joven estrella. “La historia nuestra cambió por completo. Jugaba él por todos nosotros. En las canchas veíamos más gente, nuestros ingresos también subirían y además Argentinos comenzó a recibir ofertas para ir a jugar al interior o exterior. Dentro de la cancha, lo mejor que le vi fue un partido en Colombia contra América de Cali. Ese día hizo estragos ante 50 mil personas que lo aplaudieron de pie. América lo quería comprar por un millón de dólares”, rememoró Carlos Munutti, arquero de los bichos rojos.

Los jugadores de Talleres de Córdoba, dirigido por Rubén Bravo y uno de los buenos equipos del fútbol argentino en ese entonces, fuern los primeros en sufrir las travesuras del atrevido Diego Armando Maradona.
Los jugadores de Talleres de Córdoba, dirigido por Rubén Bravo y uno de los buenos equipos del fútbol argentino en ese entonces, fuern los primeros en sufrir las travesuras del atrevido Diego Armando Maradona.

Para la historia, la síntesis del juego fue la siguiente:

Estadio: Argentinos Juniors
Árbitro: Roberto Maino
Argentinos (0): Carlos Munutti; Alfonso Roma, Ricardo Pellerano, Miguel Gette y Humberto Minutti; Carlos Fren, Rubén Giacobetti y Mateo Di Donato; Jorge López, Carlos Alvarez y Sebastián Ovelar.
Cambios: Diego Maradona por Giacobetti (1 ST) y Ibrahim Hallar por Ovelar (26 ST).
Suplentes: Óscar Quintabani, Ricardo Fusani y Carlos Carrizo.
DT: Juan Carlos Montes.
Talleres (1): Óscar Quiroga; Victorio Ocaño, Luis Galván, Miguel Oviedo y José Avellaneda; Juan D. Cabrera, Luis Ludueña y José D. Valencia; Ángel Bocanelli, Humberto Bravo y Ricardo Cherini.
Cambios: Víctor Binello por Bravo (1 ST).
Suplentes: Osvaldo Salas, Eduardo Astudillo, Daniel Willington y Carlos Ramallo.
DT: Rubén Bravo.
Gol: Ludueña (27 PT).

Gette, defensa central de ese Argentinos, recordó años después las sensaciones de aquella tarde primaveral: “Todo el mundo se acercó al vestuario para felicitarlo, especialmente la gente de las inferiores. Para ellos era un triunfo que uno de los pibes debutara a esa edad. Diego puso una cara de felicidad que no olvidaré. Le dijimos que la derrota no importaba, pero él se la tomó muy en serio”. Maradona se aferró a la histórica camiseta marcada con el número 16, la empacó en la bolsita en la que guardaba sus pertenencias (como sin nunca fuera a utilizar otra más) y se la llevó. Es que tenía un destino preciado: se la regaló a doña Tota, su mamá, que seguía pegada a sus santos.

Con una notable técnica y una habilidad pocas veces vista, Diego Armando Maradona irrumpió con fuerza en el firmamento futbolístico. Una década después era campeón del mundo y el mejor jugador del planeta fútbol.
Con una notable técnica y una habilidad pocas veces vista, Diego Armando Maradona irrumpió con fuerza en el firmamento futbolístico. Una década después era campeón del mundo y el mejor jugador del planeta fútbol.

Al igual que el runrún del posible debut del pibe de oro, la noticia de la irrupción de Diego Armando Maradona se regó como pólvora. Claro, esto fue posible gracias a la repercusión mediática de su estreno, que llenó páginas enteras en los diarios argentinos. Aunque cada vez que Argentinos Juniors saltó al campo de juego los hinchas (los propios y los ajenos) pidieron a gritos la presencia del niño genio, Maradona solo fue titular indiscutido a partir de la fecha 15, disputada el primero de diciembre, en la que su equipo igualó sin goles con Colón en Santa Fe. El Bicho, que vivía horas aciagas con la sombra del descenso a cuestas, que tenía que recurrir a premios extras para incentivar a sus jugadores y que ahorraba los gastos de la concentración reuniéndose para almorzar los días que había partido en una parrilla del barrio, finalmente se salvó.

El 22 de diciembre, con las luces de la Navidad en todo su esplendor, el Boca Juniors de Hugo Gatti, Pancho Sa, Tarantini, Mouzo, Mastrangelo y Ribolzi, entre otros, bajo la dirección de Juan Carlos ‘Toto’ Lorenzo, logró el bicampeonato tras vencer 1-0 al River Plate de Ubaldo Fillol, Passarella, Luque, Perfumo, J.J. López y Pinino Mas, con tanto de Rubén Suñé. Un capricho del destino, porque se sabe que años después aquel cebollita genial y el club más popular de ese país unieron sus caminos para dar una vuelta olímpica más (la de 1981). Pero esa es harina de otro costal…

Al final de aquel Torneo Nacional, Boca Juniors venció a su archirrival River Plate y logró el bicampeonato. La noticia del año, sin embargo, fue la aparición del jugador que cambió el rumbo de la historia del fútbol: Maradona.
Al final de aquel Torneo Nacional, Boca Juniors venció a su archirrival River Plate y logró el bicampeonato. La noticia del año, sin embargo, fue la aparición del jugador que cambió el rumbo de la historia del fútbol: Maradona.

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Comunicador social y periodista. Apasionado por los deportes. Escritor de libros. Docente. Emprendedor y soñador, terco y persistente.

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