La eliminatoria comenzó con una sonrisa

La victoria 2-0 sobre Perú no puede obnubilar a nadie, ni alcanza para tapar los errores que fueron evidente y, especialmente, las limitaciones que, por fortuna, el rival no supo (o no pudo) aprovechar. Se viene Uruguay en Montevideo.

Colombia Mundial en Contravía rumbo a Rusia-2018El pasaboca, que en la eliminatoria pasada se pudo degustar a placer, esta vez casi se atraganta. Sin lucimiento alguno, con muy poco brillo, con más dudas que certezas, con un déficit futbolístico que no deja de causar preocupación, pero con la efectividad que brindan la continuidad del trabajo y el oficio de algunos de los jugadores, Colombia empezó con pie derecho el camino hacia Rusia-2018. La victoria 2-0 sobre Perú, en ese hervidero que es el estadio Metropolitano de Barranquilla, les arrancó las primeras sonrisas a los aficionados.

Sonrisas que, valga decirlo, fueron nerviosas, tímidas, contenidas. Porque el sueño de ir al Mundial se inició de una manera bien distinta a la esperada: hubo una altísima cuota de sufrimiento, de sacrificio, de esfuerzo para conseguir los tres primeros puntos en este largo y, muy seguramente, tortuoso camino hacia la vigesimoprimera edición de la Copa Mundo. Se cumplió la premisa de ganar en casa, que será vital para conseguir uno de los cuatro cupos directos disponibles, pero la victoria no puede obnubilar a nadie, ni alcanza para tapar los errores que fueron evidentes y, especialmente, las limitaciones que, por fortuna, el rival no supo (o no pudo) aprovechar.

Colombia Mundial en Contravía rumbo a Rusia-2018
El primer gol que alimenta la ilusión de asegurar el cupo a Rusia-2018: la vieja fórmula del maestro Oswaldo Zubeldía, la del doble cabezazo en el área, dio resultado. A boca de jarro, Teófilo Gutiérrez abrió el marcador.

“Es lógico que para ganar hay que jugar bien. Tenemos la expectativa de hacerlo mejor. Nuestro equipo está en construcción. Hay que hacer los análisis sobre la base de los nombres. Hay que volver a construir un equipo importante y estamos trabajando para eso. Tengo esa confianza de que vamos a crecer y retomar el buen juego”, fue el análisis que realizó el técnico José Pékerman al final de compromiso y del cual se desprenden algunas certezas: Colombia no jugó bien, con otros jugadores es posible jugar mejor, lo importante fue que se ganó y, quizás lo más importante, el cuerpo técnico está concentrado en la tarea de reconstruir el equipo. Eso significa, en pocas palabras, que el DT y sus asesores saben que aunque la mayoría de los nombres se mantiene, este no es el mismo equipo de la eliminatoria pasada y del Mundial de Brasil-2014.

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El técnico José Pékerman vivió el partido de la misma forma que los aficionados colombianos: sufriéndolo. El gol de Cardona, en la agonía, fue un desahogo.

Y, al mirar el once inicial, queda claro que no lo es: la defensa fue completamente nueva, con Santiago Arias, Cristian Zapata (suplentes a lo largo del proceso), Jeison Murillo y Frank Fabra (nuevas apuestas del cuerpo técnico). En el medio, Freddy Guarín, Carlos Sánchez y Juan Guillermo Cuadrado le dieron el toque de identidad al grupo, secundados por Edwin Cardona. Y adelante Teófilo Gutiérrez y Carlos Bacca asumieron la responsabilidad de revalidar el temible poder ofensivo de épocas recientes. Sin Radamel Falcao García como factor de desequilibrio, sin James Rodríguez (ausente por lesión) y con un evidente miedo escénico, Colombia sufrió de lo lindo para vencer a un Perú que le propuso un reto bien complicado y que, como lo dijo su técnico Ricardo Gareca, mereció mejor suerte.

“Pienso que el fútbol es así. Prácticamente un gol más se produce en una última situación del partido, quizá en otro contraataque pudimos ampliar el resultado, pero ellos también pudieron empatar. El fútbol en unas oportunidades no es medible por la cantidad de los goles que se hacen. En definitiva, los tantos hay que meterlos. Así como perdimos algunas chances, en el final manejamos bien el ataque con Cardona, Falcao y Cuadrado”, fue la reflexión del técnico Pékerman. Es cierto: el 2-0 es demasiado largo, no refleja lo que ocurrió a lo largo de los 95 minutos disputados, no hubo tanta diferencia entre uno y otro equipo, Perú mereció al menos un gol. Por eso, y en vistas de que lo primordial era sumar, hay que decir que el objetivo se cumplió. Así suene conformista, así el apartado espectáculo sea una asignatura pendiente, así seamos conscientes de que es necesario mejorar para enfrentar a rivales de mayor peso futbolístico.

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Un muy buen marco de público, como es habitual en el estadio Metropolitano de Barranquilla, acogió a las dos selecciones en el arranque de las eliminatorias. Ganar en casa será vital para mantener viva la ilusión.

“El partido fue parejo. Son dos equipos que tienen buenas intenciones. Intentamos jugar, pero nos costó un poco a los dos en algunas situaciones. Cuando se da un contexto de un partido así, lo importante es mantener la serenidad. En ataque hubo movimientos interesantes. Nos faltó que el balón pudiera rodar mejor. La zona del mediocampo estaba muy congestionada. Creo que nos costó un poco a nosotros que teníamos más la obligación porque éramos locales. Cuando Perú se abrió en el segundo tiempo, para buscar el resultado, tuvimos jugadas con mucha agilidad”, expresó el técnico tricolor. Como había ocurrido en la reciente Copa América de Chile, como fue habitual en los últimos tiempos, Perú supuso un duro escollo y con un aplicado esquema defensivo, sin renunciar al ataque, incomodó, asustó y dejó claro que el camino no será un tapete de pétalos, sino uno adornado por rosas con muchas espinas.

“Enfrentamos a una selección de primerísimo nivel. A Colombia le tengo un gran respeto por su entrenador, por lo que viene haciendo hace un tiempo. Yo creo que Colombia es una realidad de un proceso de años, entonces enfrentarla supone para nosotros un reto mayor”, dijo, por su parte, el técnico Gareca. Y no miente: la escasa diferencia que se evidenció en el terreno de juego (no en el marcador), fue precisamente la que surge de la convicción, de la continuidad de una idea futbolística, de una identidad consolidada a través del trabajo y de los logros alcanzados. Perú, en cambio, es un tubo de ensayo, una apuesta que nadie sabe si va a convertirse en una realidad. Con todo y eso, tal y como lo dijo el Tigre, el elenco inca “lo dio todo”.

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Teófilo Gutiérrez, ídolo se la casa, se sintió cómodo y comandó el ataque de la Tricolor. Anotó el primero y realizó un generoso despligue físico antes de ser sustituido.

“Me gustó, terminó bien futbolística y físicamente en un escenario bien complicado”, agregó Gareca. Y ese es, precisamente, uno de los aspectos que debe tener preocupados a Pékerman y sus asesores: a pesar de la alta temperatura, de la temida humedad, Perú terminó mejor. Y no fue una ilusión óptica, sino una realidad. Como lo dijo don José, el segundo gol se salió del contexto del partido, fue fruto de una jugada aislada en la que el visitante estaba mal acomodado y no tuvo una respuesta adecuada; un gol de otro partido, como se dice popularmente. Gareca, en todo caso, reconoció virtudes en su rival: “En el primer tiempo, Colombia hizo una gran presión en el medio y no nos permitió crecer. Luego se encontró con un gol en la pelota parada y cambió el partido”.

El segundo tiempo, en todo caso, fue una historia diferente. “Perú encontró los caminos como para poder empatar el partido, aunque Colombia también pudo aumentar el marcador. Fue un partido muy entretenido en el que tuvimos las opciones como para igualarlo”, agregó. Colombia cedió la presión, Perú creció y el juego se equilibró. Sin James Rodríguez en el campo, con un Cuadrado deslucido y con un Cardona que no puede ser considerado el reemplazo del zurdo cucuteño así ocupe la misma posición, a la Tricolor el dulce se le puso a mordiscos. Faltó tranquilidad para manejar el balón, faltó claridad para armar un contragolpe que liquidara el partido, faltó seguridad en la defensa y de pronto los predios de David Ospina se vieron invadidos por los peruanos. Entonces, en ausencia de verdaderos argumentos futbolísticos, como los del pasado, hubo que exponer otras virtudes: sacrificio, tesón, ganas, corazón, convicción, amor propio.

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Sin haber podido redondear una buena actuación, Juan Guillermo Cuadrado fue vital para asegurar la victoria: fue el gestor del contragolpe que significó el segundo gol.

Y con eso bastó, eso bastó esta vez. Pero no puede ser una fórmula recurrente, un recurso que haya que utilizar todos los partidos, contra todos los rivales, porque aquellos que ofrezcan más efectividad con seguridad van a provocar zozobra y, quizás, hasta consigan irse con un resultado favorable. “Nosotros sabíamos que Perú maneja el balón y que tiene jugadores de experiencia. Además, que tiene buenos laterales para combinar con sus volantes. Colombia le anuló esa posibilidad y a su vez estuvieron siempre preocupados del trabajo de Cuadrado. Adelante, tanto Bacca Gutiérrez estuvieron siempre en acción, con mucha entrega y buscando ayudar, porque sabíamos que el juego en la mitad iba a ser trabado”, analizó Pékerman.

Es claro que el DT valora el triunfo, pero también es consciente de que es mucho lo que se debe mejorar para estar a la altura de equipos de historia y tradición como Brasil, Argentina y Uruguay, o de muy buen presente como Chile, aunque también de otros como Ecuador y Paraguay que son rivales directos en procura del cupo a Rusia-2018. La ilusión es que Colombia vuelva a ser la misma de los últimos tiempos cuando James Rodríguez se reintegre, cuando Abel Aguilar recupere su forma futbolística, cuando Radamel Falcao García se reconcilie con el gol, cuando Juan Camilo Zúñiga y Pablo Armero vuelvan a brindar seguridad en la zona defensiva. Hay que repetirlo: aunque la mayoría de los nombres es la misma de aquel fantástico elenco que tantas alegrías nos brindó, aunque se mantiene el cuerpo técnico, aunque la idea futbolística es la misma, esta Selección Colombia es un nuevo proyecto en construcción.

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Trabado en el mediocampo, como estaba previsto, resultó el partido. Esa zona registró superpoblación y, por eso, la ocasiones claras en el área no abundaron. Se luchó más de lo que se jugó porque ambos equipos carecieron de alternativas en la creación.

El hincha, que suele quedarse atrapado en el pasado de los recuerdos felices, tenía la esperanza de ver de nuevo al gran equipo del Mundial-2014. Eso, claramente, no ocurrió, de ahí que la victoria, si bien se celebró, fue con mesura y con la conciencia de que esta no es la Selección Colombia que todos queremos, la que sabemos que podremos observar cuando los pilares del equipo retomen su mejor forma futbolística y el cuerpo técnico acabe su tarea de reconstrucción. Estaba dicho que este es un camino distinto, que el pasado, pisado y que la historia que comenzó a escribirse este 8 de octubre en el estadio Metropolitano de Barranquilla nada tiene que ver con las pasadas eliminatorias o con la Copa Mundo de Brasil. Hay que asumirlo como lo que es: un apasionante, una oportunidad para vivir nuevas y fantásticas experiencias.

La primera de ellas, contra Perú, se salió del libreto esperado. No fue bueno el espectáculo, no hubo superioridad manifiesta, se sufrió mucho más de lo previsto, el rival hizo méritos para el empate y, al final, solo al final, llegó la tranquilidad. Por eso, el grito que siguió al gol de Edwin Cardona, el que selló el triunfo, más que una celebración fue un desahogo. Un grito que se combinó con un profundo suspiro sinónimo de alivio, de ilusión, de esperanza, de fe. El primer paso fue en firme y ahora hay que pensar en un Uruguay que nos recibirá en el templo del Centenario envalentonado por su histórica victoria en la altura de La Paz. Un feudo en el que, como para variar, Colombia ha sufrido más de lo que ha gozado. Y en el que, muy seguramente, habrá que echar mano otra vez de esos condimentos que tanto sabor le dan a una victoria: sufrimiento, sacrificio, esfuerzo.

Colombia Mundijal en Contravía rumbo a Rusia-2018
Perú no se arrimó mucho al arco defendido por David Ospina, pero a ratos lo hizo con peligro. En la recta final del encuentro, inclusive, estrelló un remate contra el vertical, que pudo significar el empate.

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Comunicador social y periodista. Apasionado por los deportes. Escritor de libros. Docente. Emprendedor y soñador, terco y persistente.

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