Jorge Valdano, el premio nobel del balón

Efemérides 4 de octubre: en Jorge Alberto Valdano, el mundo del fútbol encontró un personaje singular, un ícono global. Campeón mundial con Argentina en México-1986, es sinónimo de éxito en todas las facetas que desempeñó en su vida. Feliz cumpleaños.

ColombiaMundial(2)Futbolista, campeón del mundo, director técnico, empresario, comentarista deportivo, columnista, conferencista, escritor. Es imposible encasillarlo, rotularlo, a pesar de que en el comienzo de su trayectoria deportiva, por su elevada estatura, su delgadez y su rara habilidad (que a veces se trastocaba en torpeza) lo etiquetaron como ‘tronco’ y lo desecharon. Lo cierto es que, al menos en el mundo del fútbol, Jorge Alberto Valdano Castellano es un personaje raro, único. Un ícono del éxito, un modelo difícil de imitar.

Las nuevas generaciones lo identifican como el exitoso empresario tras la transformación del Real Madrid en la primera etapa de Florentino Pérez, también como el conferencista que recorre el mundo maravillando a multimillonarios y emprendedores que esperan aprender algo de su pócima mágica, y seguirle los pasos. Sin embargo, Valdano es una enciclopedia capaz de brindar valiosas enseñanzas desde que debutó, con tan solo 18 años, con la camiseta de Newell’s Old Boys de Rosario. Porque su trayectoria entera, con altas y bajas, con lo que la gente del común llama éxitos y fracasos, es una lección de vida.

Una hepatitis B acabó con su carrera como futbolista, cuando aún tenía mucho por dar. Sin embago, Jorge Valdano convirtió ese percance en una oportunidad de éxito.
Una hepatitis B acabó con su carrera como futbolista, cuando aún tenía mucho por dar. Sin embago, Jorge Valdano convirtió ese percance en una oportunidad de éxito fuera de las canchas.

“No me recuerdo sin un balón cerca. Desde los 4 años, jamás tuve duda alguna de que iba a ser profesional del fútbol. Luego, fue más difícil de lo que me imaginaba, pero esos sueños fueron un motor de mi vida profesional”, confesó en una entrevista. Era un delantero atípico, al menos para Suramérica, especialmente en una época en la que los atacantes eran sinónimo de picardía, de gambeta endiablada, de regate, algo prácticamente imposible para alguien con 1,88m de estatura. El delantero nacido en Las Parejas, provincia de Santa Fe, era alto, pero también ágil y veloz, una rara mezcla que no pasó inadvertida para los ojeadores europeos.

Con apenas 19 años, cruzó el Atlántico y recaló en el desconocido Deportivo Alavés, de la segunda división de España, un destino que, literalmente, le cambió la vida. Lo habían visto en 1975, cuando brilló con la Selección Argentina que, bajo la conducción del Flaco César Luis Menotti, se consagró en el Torneo Esperanzas de Toulón (Francia). En aquella versión, la tercera de la historia, por primera vez un equipo suramericano se quedó con el trofeo, después de vencer 1-0 a Francia en la final. El gol fue obra de Valdano. En el club de Vitoria permaneció cuatro años, tiempo suficiente para crecer como deportista y, sobre todo, para descubrir su pasión por la lectura, por la escritura, por la cultura.

Valdano (abajo a la derecha) fue el socio ideal de Diego Armando Maradona en la Selección Argentina que, bajo el mando de Carlos Salvador Bilardo, ganó el Mundial de México-1986.
Valdano (abajo a la derecha) fue el socio ideal de Diego Armando Maradona en la Selección Argentina que, bajo el mando de Carlos Salvador Bilardo, ganó el Mundial de México-1986.

“En Vitoria vivía solo. Los días eran muy largos en una ciudad con un clima bastante duro. En algo tenía que hallar el remedio para calmar la frustración de no jugar, porque vivía lesionado en esa época. El tiempo libre y la soledad de un joven que estaba ante algo nuevo conformaron el menú del que salió un poco lo que soy”, relató. Se dedicó a leer y, sobre todo, a escribir para adquirir un halo intelectual que con el tiempo provocó que empezaran a llamarlo ‘el filósofo del fútbol’. “He sido un vehículo entre el mundo del fútbol y el de la cultura. Varios llegaron del mundo de la cultura al del fútbol, como Mario Benedetti, Mario Vargas Llosa, Ernesto Sábato y Osvaldo Soriano. Pero hubo muy pocos futbolistas que se interesaron por el mundo de la cultura. Entonces, el periodismo que necesita diferenciar el zoológico del fútbol, me asignó a mí el apodo de filósofo”. Se esfuerza por recalcar, sin embargo, que “no soy más que un vaso comunicante entre fútbol y cultura, y no tengo más aspiración que esa”.

Tras cuatro años en Alavés, saltó a la primera división con Zaragoza. Como siguió en el radar de Menotti, fue llamado a la Selección que disputó el Mundial de España-1982, un torneo que pintaba para consagrarlo, pero que terminó por frustrarlo. Había jugado unos minutos en la derrota contra Bélgica, en el debut, y en el segundo partido, contra Hungría, a los 5 minutos le propinaron una patada que le provocó una grave lesión. “Estuve grogui unos minutos en la cancha, sin creer lo que me pasaba: por jugar en el Zaragoza, pensaba que no iba a tener otra oportunidad en la Selección; estábamos en España (en mi ambiente) y nunca me había sentido ni volví a sentirme tan bien física y mentalmente”, confesó.

Más que los títulos que le brindó al club, Valdano dice que su aporte como DT del Real Madrid fue brindarles la oportunidad a jugadores como Raúl González y José María Gutiérrez Guti.
Más que los títulos que le brindó al club, Valdano dice que su aporte como DT del Real Madrid fue brindarles la oportunidad a jugadores como Raúl González y José María Gutiérrez Guti.

Pero esa era solo una dura prueba que le puso la vida y que superó con creces, aunque no sin dolor. Y quizás como recompensa del destino, en 1984, con 29 años, tocó el cielo con las manos: lo contrató el Real Madrid. Allí vivió su última etapa como futbolista y la primera como entrenador, primero, y dirigente, después. Por eso, hoy es un inconfundible ícono de la casa blanca. En cuatro temporadas, obtuvo dos ligas (1985/86 y 1986/87) y dos copas de la UEFA (1984/85 y 1985/86), como logros más significativos. La historia lo recordará, sin embargo, como el socio ideal de la Quinta del Buitre: Emilio Butragueño, José Miguel González Míchel, Martín Vázquez, Manolo Sanchís y Miguel Pardeza. “Era una generación que surgía en el Real Madrid de los años 80 y yo fui uno de los veteranos que los recibió”, dijo orgulloso.

Su conquista más importante, sin embargo, la obtuvo con otra camiseta: la de la Selección Argentina. Fue con ocasión del Mundial del México-86, en el que el equipo de Carlos Salvador Bilardo encontró en Diego Armando Maradona al genio sin par y en Valdano, al complemento perfecto. “Ganar el Mundial siempre te da la idea de culminación. Aquel recuerdo lo guardo muy nítido porque es algo grande que dio sentido al esfuerzo de muchos años”, expresó alguna vez. Un recuerdo que, además, está adornado por cuatro goles, uno en la final contra Alemania. “Lo primero que se me cruzó por la cabeza es que no era cierto. Unos segundos más tarde, cuando comprendí que era gol, que era yo, que era la final, pensé: ‘Es mentira, ahora viene mi vieja, me despierta para ir al colegio y yo la mato’. Cuando siguió el partido por unos cuantos minutos, me sentí campeón. Por eso, cuando nos empataron, pensé que se trataba de un castigo divino por festejar antes de tiempo”, contó en una entrevista.

Jorge Valdano es uno de los autores más exitosos en el campo del liderazgo. 'Los 11 podedes del líder' es su más reciente publicación, un libro que se ha convertido en la biblia para empresarios, multimillonarios y emprendedores. También ha sido columnista de prensa y comentarista de radio y tv.
Jorge Valdano es uno de los autores más exitosos en el campo del liderazgo. ‘Los 11 podedes del líder’ es su más reciente publicación, un libro que se ha convertido en la biblia para empresarios, multimillonarios y emprendedores. También ha sido columnista de prensa y comentarista de radio y tv.

A comienzos de 1987, en la cresta de la ola, le diagnosticaron hepatitis B, enfermedad que lo forzó a colgar los botines. Al toque, no obstante, encontró un nuevo camino para desplegar su talento: fue columnista del diario El País, comentarista de radio y televisión y le dio rienda suelta a su pasión por la escritura. En la fase de preparación de cara al Mundial de Italia-90, el técnico Bilardo lo animó a que intentara regresar a la actividad. Hizo un gran esfuerzo, pero poco antes de dar la lista definitiva el Narigón le bajó el pulgar: “Cuando faltaba una semana, me dijo que no me veía. Lo entendí como que a veces uno desafía los límites y estos te ganan. Es una muy buena lección para un futbolista, porque tenemos una especie de mentalidad de superhéroes y convienen esos aterrizajes”.

Comenzó, entonces, otra carrera tan o más apasionante, tan o más exitosa que la de futbolista: la de director técnico, la de mánager, la de empresario, la de escritor, la de ícono de la sociedad. En 1992, con el cartón de entrenador bajo el brazo, sustituyó en el banquillo del Tenerife a su compatriota Jorge Solari, con singulares resultados: salvó al equipo del descenso y, en la temporada siguiente, lo condujo a la Copa UEFA. En esas dos campañas, además, puso dos manchas en el palmarés del Real Madrid: lo venció dos veces en la última jornada y el alirón lo dio el Barcelona. Irónicamente, su siguiente escala fue la casa blanca, a la que llegó en 1994 para frenar la hegemonía del equipo de ensueño de Johan Cruyff. “Logré que el Real Madrid ganara un nuevo campeonato jugando muy bien al fútbol. Lo considero un gran logro, pero todavía valoro más el hecho de haber llevado al primer equipo a jugadores como Raúl y Guti que marcaron los siguientes años del club”, dijo con la convicción que lo caracteriza.

Nacido en Argentina, pero hijo adoptivo del fútbol español y especialmente del Real Madrid, Jorge Valdano es un modelo global del fútbol moderno. Un hombre de éxito en cada una de las tareas que desempeñó.
Nacido en Argentina, pero hijo adoptivo del fútbol español y especialmente del Real Madrid, Jorge Valdano es un modelo global del fútbol moderno. Un hombre de éxito en cada una de las tareas que desempeñó.

Los resultados, implacables tiranos que reinan en el deporte, lo sacaron del banquillo y lo mandaron a las oficinas, donde continuó su secuencia de logros. “Fui futbolista en Suramérica y Europa, en primera y segunda divisiones, jugador de Selección y entrenador en equipos modestos como Tenerife y grandes como el Real Madrid. También asumí tareas ejecutivas como director deportivo. Toda esta experiencia vital me ha dado una perspectiva muy global del fútbol”, reflexionó a manera de resumen de su paso por el fútbol. El rol que más satisfacción de reportó, en todo caso, fue el de DT: “Sobre todo, porque juega un poco en todos los puestos. Tiene que ser un poco técnico y un poco directivo, y no pensar solo en los intereses deportivos, sino también en los estratégicos de futuro”, apuntó. Y eligió su lugar ideal: “El vestuario. Envidio a los músicos, a los escritores y a los actores, por sencilla razón que no tienen fecha de caducidad”.

Futbolista, campeón del mundo, director técnico, empresario, comentarista deportivo, columnista, conferencista, escritor. Es imposible encasillarlo, rotularlo. “Me siento argentino en lo futbolístico y español en el sistema de vida. Me encanta tomar un café en la Argentina y escuchar una conversación, es algo que me alimenta. El desarraigo es así: uno renuncia a muchas cosas y se enriquece con otras”. Un hombre de mundo, un personaje global, en todo el sentido de la palabra, es Jorge Alberto Valdano Castellano, un personaje raro, único. Un ícono del éxito, un modelo difícil de imitar.

 

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Comunicador social y periodista. Apasionado por los deportes. Escritor de libros. Docente. Emprendedor y soñador, terco y persistente.

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