Johan Cruyff, un rebelde con causa

Un tipo único dentro y fuera de la cancha. Por su talento, por su clase, por sus convicciones, por sus códigos. Porque siempre fue honesto y transparente, fiel a ese espíritu libre que lo caracterizó.

Colombia Mundial en Contravía rumbo a la Copa América CentenarioHoy, 24 de marzo de 2016, una parte de nosotros los hinchas del fútbol ha muerto. Un cáncer de pulmón producto de su incontrolable adicción al cigarrillo (al que no dejaba ni siquiera en el camerino) logró lo que en los campos de juego parecía imposible: detener a Johan Cruyff. El astro holandés, este sí uno de los mejores futbolistas de la historia, falleció a los 69 años en Barcelona, la ciudad que lo adoptó y en la que se convirtió en un inmortal, primero jugador y luego como entrenador. Paz en su tumba.

Uno de los grandes privilegios que tiene el periodista deportivo es que está allí, justo donde cualquier hincha daría lo que fuera por estar. Algunos, si de eso dependiera, venderían hasta su más preciado bien con tal de estar al lado de sus ídolos, con tal de verlos de cerca, con tal de platicar con ellos, con tal de tomarse un café y entablar una conversación privada con ellos. Esta, en cambio, es una de las situaciones a las que un periodista deportivo jamás se quiere enfrentar: escribir de la muerte de un ídolo, de alguien que como Cruyff marcó una era y, más allá de si se lo pudo disfrutar en vivo y en directo, es un referente para varias generaciones de hinchas del planeta fútbol.

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Johan Cruyff fue un irreverente, un revolucionario, un genio sin límites. El mundo del fútbol no lo olvidará (AS.com).

Un tipo único, Johan Cruyff, dentro y fuera de la cancha. Por su talento, por su clase, por sus convicciones, por sus códigos. Porque nunca traicionó sus dichos, porque nunca olvidó su origen, porque nunca se calló lo que pensaba, porque nunca fue políticamente correcto en sus declaraciones. Porque siempre fue honesto y transparente, porque siempre defendió sus ideas contra viento y marea, porque siempre que sintió que incomodaba dio un paso al costado y evitó contaminarse, porque siempre fue fiel a ese espíritu libre que lo caracterizó, precisamente, el sello que le permitió marcar profunda huella. Un tipo único, Johan Cruyff, auténtico como pocos y maestro en cada tarea que desempeñó en la vida, así nunca se hubiera preparado académicamente para alguna de ellas.


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“Yo el único diploma que tengo es el de natación”, dijo algún día en una entrevista al diario El País, de España, en la que argumentó que todo lo que sabía lo había aprendido en la calle; un autodidacta de la vida, podría decirse, y pese a ello fue exitoso en cada emprendimiento. Sabía escuchar a quienes lo rodeaban, sabía también cuándo consultarlos porque él no tenía la respuesta adecuada y sabía qué hacer en cada situación determinada; en el campo de juego y en la vida. Por eso, precisamente, fue un ganador nato, sin límites. Y un luchador sin tregua: “Yo soy creyente. No sé si se llama Dios, pero creo mucho. Hay algo superior a nosotros. No sé cómo, ni por qué, pero lo hay. Y creo también que tú puedes tener calidad, pero tienes que ser un batallador, invertir todo de ti mismo para recoger el ciento por ciento de tus posibilidades; si no lo haces, no lo tendrás”, argumentaba.

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Con el peruano Hugo ‘Cholo’ Sotil y su compatriota Johan Neeskens marcó una época de gloria en el FC Barcelona, en los años 70 (FIFA.com).

Había nacido el 25 de abril de 1947 en un barrio de la periferia de Ámsterdam, un lugar que, como casi toda Europa, intentaba recuperarse de los estragos de la Segunda Guerra Mundial. Un lugar que, vaya guiño del destino, estaba a escasa distancia del Ajax, el club de sus amores. El mismo en el que, tras el repentino y prematuro fallecimiento de su padre (cuando él tenía solo 12 años), su madre trabajó limpiando los camerinos, gracias a lo cual el joven Johan tenía las puertas abiertas. Y las que estaban cerradas las abrió con su inigualable talento, el que los maravilló a todos desde un comienzo, cuando se metía en los picados con los profesionales, que se deleitaban con su juego. Pero fue su irrupción en el elenco profesional, a mediados de los 60, el hecho que cambió el rumbo de la historia, el que instaló a los Países Bajos en el mapamundi futbolístico.


Video: Johan Cruyff, the legend


Porque si bien este pequeño país europeo había participado en la Copa Mundo de 1938, en Italia, era prácticamente invisible en el firmamento futbolístico. Hasta que apareció ese inolvidable Ajax que reinó en Europa y que, sobre todo, le regaló al planeta fútbol uno de los mayores genios de todos los tiempos. Fue una obra que se construyó poco a poco, que moldearon pacientemente tres entrenadores y que estalló gracias al talento inconmensurable de Cruyff. El pionero fue un tal Jack Reynolds, inglés él, en la primera mitad del siglo XX. Entre 1915 y 1947, en tres etapas diferentes, este exdelantero del Manchester City sentó las bases de lo que mucho después se conocería como fútbol total: armó las inferiores del Ajax bajo la premisa de que todas las categorías debían trabajar los mismos conceptos, desplegar el mismo patrón de juego, ofrecer el mismo estilo.

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Con ese número 14 hizo historia en el Mundial de Alemania-1974. El título se le negó, pero marcó un estilo que lo hizo inmortal (FIFA.com).

El DT británico se había inspirado en la Austria de los años 40 y 50 y la gran Hungría de los 50, dos maravillosos equipos a los que el fútbol les quedó debiendo una gloria que bien se merecían. Su teoría se basaba en cuatro conceptos que hoy son pan de cada día, pero que para su época eran revolucionarios: técnica, inteligencia, personalidad y velocidad (cualquier parecido con el Dream Team del Barcelona no es coincidencia). Su legado lo tomó Rinus Michels en 1965, poco después de que una terca lesión en la espalda obligó a este fino delantero a colgar los botines y buscar un lugar en la historia sentado en el banquillo técnico. Y fue Michels, precisamente, el que se encargó de terminar de pulir a ese talento llamado Johan Cruyff, que desde solo dos meses antes formaba parte de la plantilla profesional (tenía 17 años).


Video: Leyenda del fútbol y del FC Barcelona


Eran tiempos difíciles para el Ajax, que rozaba posiciones de descenso, lejos del protagonismo del que gozaría años más tarde. Cruyff, por su parte, era un flaquito y aparentemente debilucho jugador al que no era fácil encontrarle una posición definida en el campo. Y eso, en aquella época, era insólito. Eran años en los que cada jugador sabía su rol dentro del terreno: arquero, defensa, mediocampista o delantero. Unos tenían la tarea de defender; otros, la de crear y atacar. Simple, más allá de los diferentes modelos tácticos que se empleaban: unos defendían, solo defendían, y otros atacaban, solo atacaban. Era como si cada jugador fuera dueño de una parcela exclusiva en el campo, y nadie la podía invadir; de la misma manera, él tampoco podía salir de allí y adentrarse en territorios ajenos.

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Con el Ajax de Ámsterdam llegó a la cima de Europa. El equipo estaba al borde del descenso hasta que apareció Cruyff (AS.com).

Ese Ajax de Michels y Cruyff, sin embargo, derribó esos viejos conceptos, echó por tierra las barreras y transformó el fútbol. Junto con jugadores de notabilísima calidad técnica, superlativa inteligencia y envidiable preparación técnica como Ruud Krol, Johan Neeskens, Johnny Rep o Arie Haan, entre otros, Cruyff instaló un nuevo modo de jugar: todos atacan, todos defienden. Se acabaron las parcelas y el campo entero fue apto para cualquiera de los intérpretes. Fue, entonces, cuando los delanteros se convirtieron en los primeros defensores, cuando los defensores empezaron a superar la línea central para acompañar, cuando los volantes se hicieron de ida y vuelta, cuando el propio arquero podía ser generador de jugadas ofensivas. Un juego de presión que desarmaba, desanimaba y descontrolaba a sus rivales, incapaces de neutralizarlos.

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En 1992, bajo su conducción, Barcelona ganó por primera vez la Copa de Europa. El comienzo de una era (AS.com).

Con ese estilo, Ajax llegó a la final de la Copa de Europa (hoy Champions League) de 1969, que perdió 1-4 con el Inter de Milán. Perdió, pero ganó el reconocimiento generalizado del Viejo Continente, maravillado por esa nueva forma de jugar al fútbol. La premisa de salir a ganar había sido revalidada por otra: hay que ganar, pero primero hay que divertirse y divertir a los aficionados. Lo uno conduce a lo otro. Nunca más, entonces, el fin justificó los medios, no al menos para Cruyff y aquellos que comulgaban con su prédica. Era posible perder, se aceptaba perder, siempre y cuando no se renunciara a los principios, no se traicionara la filosofía. Y en un mundo hipócrita y pesetero como el fútbol, no era algo fácil ser fiel a esa premisa, de ahí el valor que con el paso de los años adquirió la obra de Cruyff.

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En el campo era un líder que sabía dirigir a sus compañeros. Desde temprana edad, Cruyff mostró liderazgo y capacidad técnica (FIFA.com).

Ajax reinó en Europa en 1971, 1972 y 1973 y luego fue base de la formidable Selección Holanda que disputó la final de Alemania-1974. Los ecos de las gestas del elenco de Ámsterdam, que por estos lares llegaban tarde e incompletos, quedaron a la vista de todo el mundo en aquella Copa Mundo. El planeta fútbol, entero, se rindió a la magia de la Naranja Mecánica, se deleitó con su juego, se maravilló con sus ases y lloró su derrota contra Alemania (1-2). Cuatro años más tarde, en Argentina-1978, el desenlace fue muy parecido (1-3 contra el dueño de casa), aunque en esa oportunidad no estuvo Cruyff. La prensa deportiva regó la versión de que el astro holandés se había negado a cruzar el Atlántico por convicciones políticas (Argentina, se recuerda, era gobernada por una junta militar), pero esa no es la verdad.

No hace mucho, en una entrevista concedida a la revista El Gráfico, de Argentina, reconoció que, por supuesto, le causaba malestar ir a un país donde las libertades fundamentales no se respetaban. Sin embargo, la verdadera razón por la cual se ausentó de la Copa Mundo fue porque meses antes, en Barcelona, él y su familia habían sido víctimas de un intento de secuestro. Una noche, mientras descansaban, delincuentes ingresaron en la casa, los ataron y los amenazaron; afortunadamente, Johan pudo desatarse y frustró sus intenciones. “Mis hijos iban al colegio custodiados por la policía, que durmió en nuestra casa durante tres o cuatro meses. Yo iba a los partidos con un guardaespaldas. Son situaciones que te obligan a replantear tus puntos de vista, a entender que hay momentos en la vida en los que hay otros valores, otras prioridades. Así, claro, no podía jugar un Mundial”, explicó.

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En en banco, impuso su estilo, su temperamento y su conocimiento. Un adelantado que cambió el fútbol para siempre (AS.com).

Después llegó su era dorada como técnico, al mando de un FC Barcelona al que transformó en grande. Cuando Cruyff llegó a la ciudad Condal en 1973, el club blaugrana era uno más en la liga española, con más de una década sin títulos. El holandés, sin embargo, lideró una mutación que lo llevó a la cima, un lugar del que todavía no se baja. Comenzó su obra en Ajax y la terminó en Barcelona: atesoró dos Copa de Holanda (1985-86 y 1986-87) y una Recopa de Europa (1986-87) con club neerlandés; cuatro ligas (1990-91, 1991-92, 1992-93 y 1993-94), una Copa de Europa (1992), una Recopa de Europa (1988-89), una Supercopa de Europa, una Copa del Rey (1989-90) y tres Supercopa de España (1991, 1992, 1994) con el elenco culé. A mediados de 1996 fue destituido, a pesar de sus sonoros éxitos, por una discusión con Joan Gaspart, a la sazón el vicepresidente de la institución.

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Johan Cruyff hizo de Barcelona su segunda casa, pero la verdad es que era un ídolo universal del planeta fútbol (AS.com).

Así como nunca dejó de ser un orgulloso holandés, tampoco dejó de ser un mítico culé. Y fiel a sus principios, aferrado a sus convicciones, nunca dejó de ser crítico, aunque tampoco fue tacaño a la hora de los elogios, especialmente después de la aparición de Lio Messi y la nueva versión del Equipo de Ensueño a cargo de su discípulo dilecto Pep Guardiola. Ofició como un juicioso y analítico hincha, como un espectador con voz autorizada, como un dios del fútbol. Sin embargo, desde 1991 enfrentaba a un rival que lo venció: su adicción al cigarrillo le provocó afecciones cardíacas por las que requirió un doble baipás (desde entonces, cambió el cigarro por un chupetín de caramelo) y el pasado 22 de octubre anunció que luchaba con un cáncer de pulmón: “Voy ganando 2-0”, dijo con humor. La enfermedad, sin embargo, remontó y finalmente ganó el partido. Se llevó al hombre, pero nos queda la leyenda viva, que jamás morirá, que por siempre existirá en los corazones de los hinchas, un legado que nunca se borrará. Desde hoy, el cielo alumbra más que nunca, porque a la constelación llegó una estrella con un brillo insuperable…

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Comunicador social y periodista. Apasionado por los deportes. Escritor de libros. Docente. Emprendedor y soñador, terco y persistente.

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