J7, el mago de la gambeta endiablada

Efemérides 25 de diciembre: hace 70 años, en Río de Janeiro, nació Jair Ventura Filho, el inolvidable Jairzinho, célebre extremo derecho del Brasil campeón mundial en México-1970 y leyenda viviente de Botafogo. Un crac de los de antes, de los que ya no hay.

ColombiaMundial(2)En el camino de preparación hacia México-1970, el Mundial en el que Brasil esperaba completar el ansiado tricampeonato para adueñarse definitivamente de la Copa Jules Rimet, y de paso borrar las amargas experiencias de Inglaterra-1966, el 0-0 en un amistoso contra Bulgaria, disputado en Río de Janeiro, fue la gota que rebosó la copa. Desde la cúpula militar que mandaba en el país, la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF) recibió la tajante orden que cambió el rumbo de la historia. Sin poder resistir la presión, Joao Havelange, presidente de la entidad, sacó a Joao Saldanha y puso en su lugar a Mario Jorge ‘Lobo’ Zagallo, el DT que conformó el quinteto ofensivo más célebre de la historia del fútbol.

La afición y la prensa aún no digerían la amargura del certamen realizado en suelo inglés y, convencidos de que el Scratch poseía las herramientas para jugar mejor y brindar un bonito espectáculo, se hicieron sentir. Lo que nadie esperaba era que Zagallo, campeón mundial en Suecia-1958 y Chile-1962, juntara a los cinco creativos más populares del fútbol brasileño: Pelé (Santos), Jairzinho (Botafogo), Tostao (Cruzeiro), Rivelino (Corinthians) y Gerson (Sao Paulo). La primera vez que estuvieron reunidos fue en la habitación que el astro del Santos ocupaba en el hotel Das Palmeiras, de Río de Janeiro. Allí, el DT les habló de su revolucionaria idea, que obviamente desató un torrente de críticas, y a cada uno le asignó un rol: Rivelino, el de la zurda poderosa, como extremo izquierdo; Gerson, el cerebro multifacético, por el costado derecho; Tostao, sagaz para colarse entre los defensores, por el centro; Jairzinho, con su endiablada gambeta, como extremo derecho; y ¿Pelé? Bueno, Pelé por doquier, por donde él quisiera jugar.

Aunque disputó tres ediciones de la Copa Mundo, Jairzinho solo pudo alzar el trofeo en una: México-1970. Ese certamen lo encumbró como uno de los más geniales delanteros de todos los tiempos y, claro, reforzó su bien ganada fama de goleador.
Aunque disputó tres ediciones de la Copa Mundo, Jairzinho solo ganó una: México-1970. Ese certamen lo encumbró como uno de los más geniales delanteros de todos los tiempos y, claro, reforzó su bien ganada fama de goleador.

El resultado de tan insólito experimento pasó a la historia como una de las creaciones más fantásticas de todos los tiempos en el fútbol: ese Brasil de 1970 se convirtió en el que hoy todavía muchos (inclusive algunos que no lo vieron) consideran el mejor equipo de la historia. Un poderío ofensivo increíble, incontrolable, que pasó por encima de los seis rivales que enfrentó en suelo azteca y cumplió con el objetivo: el domingo 21 de junio, en un estadio Azteca a reventar, goleó 4-1 a Italia y alcanzó la ansiada tercera corona orbital. Han pasado más de 44 años y los aficionados al fútbol siguen hablando de ese equipo y, por su puesto, de ese quinteto de creativos que a todos nos maravilló y que nos demostró que en este deporte no hay fórmula más efectiva que el talento puro. Una dosis es suficiente para marcar diferencias, pero cinco, ¡cinco dosis de talento puro ya eran un abuso!

Los ingleses temían el poderío ofensivo de Brasil, en 1970, pero nunca llegaron a imaginar la pesadilla que les iba a hacer vivir el gran Jairzinho. Fue el autor del tanto de la victoria.
Los ingleses temían el poderío ofensivo de Brasil, en 1970, pero nunca llegaron a imaginar la pesadilla que les iba a hacer vivir el gran Jairzinho. Fue el autor del tanto de la victoria.

De los cinco, Zagallo escogió a Pelé como su creador, y por eso le dio la camiseta 10. Los demás tuvieron que hacer un esfuerzo, un pequeño sacrificio, para acomodarse a las nuevas circunstancias, a las novedosas posiciones en el campo de juego. Al que más fácil le resultó la tarea fue a Jairzinho, que pegado a la raya lateral encontró los espacios necesarios para llevar a cabo sus diabluras. Y aunque Pelé fue la máxima estrella de la consagración, se conviene que sin el concurso del fantástico atacante de la camiseta 7 a ese Brasil el camino no le hubiera resultado tan cómodo. “Es interesante, porque en Botafogo comencé de extremo izquierda, luego jugué de delantero centro, después de extremo derecho y por fin me fijé en la mediapunta, el número 10. Pero, como todos en ese Brasil del 70, mi formación antes de ser juvenil y profesional fue en los campos de tierra, en los descampados, en plazas, en la calle. Todos esos pasos de la infancia sirvieron para mejorar el rendimiento técnico, la habilidad que te prepara para intentar llegar al máximo nivel”, recordó al astro carioca en una entrevista.

Para el genio de la casaca 7, aquel insólito experimento de Zagallo hoy no sería posible. “Primero, ya casi ya existen números 10. Zagallo tuvo mucha suerte de contar cinco en el mismo equipo y en la misma época. Hoy, el fútbol es diferente, más táctico, más defensivo que ofensivo. La táctica moderna prácticamente elimina la participación del hombre más inteligente, del jugador que tiene la lectura más amplia del juego… Hoy, siempre buscas un número 10, pero casi nunca lo encuentras. Es mucho más difícil que en los años 60. Nuestro Brasil del 70 tenía dos o tres creadores más en el banquillo (Paulo César Caju, Éder, Dirceu Lopes)… Zagallo tuvo esa suerte, pero también la visión necesaria para poner solo jugadores ofensivos, inteligentes y creativos en campo. No cualquier entrenador que hace esto. Desde entonces, nadie tuvo esa audacia”, remarcó.

Al lado de la estatua del gran Garrincha, el Botafogo elevó una de Jairzinho, de 2,5 metros de altura. Es uno de los símbolos eternos del club de Río de Janeiro.
Al lado de la estatua del gran Garrincha, el Botafogo elevó una de Jairzinho, de 2,5 metros de altura. Es uno de los símbolos eternos del club de Río de Janeiro.

Y con el mismo estilo incisivo de sus regates, Jairzinho profundizó sus críticas: “En Brasil, cualquiera usa el número 10. Antes, en el fútbol de mi generación, en los años 60 o 70, llevar el número 10 era de gran significado. El jugador que lo llevaba era el que marcaba la diferencia, el que hacía el juego más alegre, el que participaba más de la inteligencia de juego, una palabra ya olvidada. Antes, la camiseta 10 era reservada y preservada. Hoy, hay muchos jugadores sin cualidades técnicas, que la llevan; yo creo que es una agresión”, afirmó. Pero no solo la de los números 10 es una especie prácticamente extinguida, porque, es claro, jugadores como él ya no hay. Esa, sin duda, es una de las razones por las cuales la leyenda de Jair Ventura Filho, crece día a día.

El técnico Lobo Zagallo fue el que lo mandó a jugar al costado derecho, pegado a la raya, donde pudo sacar provecho de sus inmensas condiciones técnicas. La del extremo derecho es una especie que ya no existe, de la que Jairzinho es una nostálgica referencia.
El técnico Lobo Zagallo fue el que lo mandó a jugar al costado derecho, pegado a la raya, donde mostró todo su talento. La del extremo derecho es una especie que ya no existe, de la que Jairzinho es una nostálgica referencia.

Es lo más parecido que ha existido al gran Garrincha, el bicampeón orbital en Suecia-1958 y Chile-1962, certámenes en los que fue el gran socio de Pelé, por lo que puede decirse que, a su manera, él también fue una alegría para el pueblo. Y no solo para el brasileño, sino para cualquiera cuyas fibras más íntimas se estremecen al observar la magia de sus regates, la velocidad de sus piques, la improvisación de sus amagues y, por supuesto, sus goles. Porque goles son amores. En 1965, con 21 años, en su tercera temporada con el Botafogo de Río de Janeiro, Jairzinho heredó la camiseta 7 que, durante años y con lujo de detalles, vistió Garrincha. Mané estaba en decadencia y la fanaticada del ‘Fogao’ quería renovar su delantera, a sabiendas de que en las entrañas del club estaba el sustituto ideal. A pesar de ese apoyo, no pocos pensaron que a Jairzinho le iba a quedar grande el reto, pero a fuerza de goles y gambetas increíbles el joven nacido el día de Navidad en 1944 no solo se ganó el puesto en la titular del equipo albinegro, sino muy especialmente en el corazón de los hinchas. Y, claro, ese fue el trampolín para llegar pronto a la Selección que, en ese momento, era considerada la mejor del mundo.

El técnico Vicente Feola lo llamó para integrar el equipo que disputó el Mundial de Inglaterra-1966 en procura del tricampeonato en línea. Fue titular en los tres encuentros, pero ese camino supuso una decepción: Brasil fue eliminada en primera fase después de caer sucesivamente con Hungría y Portugal, en ambos casos por 1-3. La mixtura de los veteranos de la doble consagración y jóvenes promesas no dio los resultados esperados y, entonces, Jairzinho debió prepararse para una nueva oportunidad. Esa, para fortuna de su trayectoria y, claro, para el fútbol, se dio en México-1970. Pudo haber sido un fracaso rotundo, pero terminó convertido en el que muchos señalan como el mejor equipo de todos los tiempos.

El Brasil de la final del Mundial de México-1970, el equipo soñado. La unión de cinco números 10, un invento revolucionario, marcó el camino exitoso del que muchos consideran el mejor equipo de la historia.
El Brasil de la final del Mundial de México-1970, el equipo soñado. La unión de cinco números 10, un invento revolucionario, marcó el camino exitoso del que muchos consideran el mejor equipo de la historia.

En el país azteca, Jairzinho anotó al menos un gol en cada uno de los seis partidos que disputó y, en consecuencia, en todas las rondas disputadas en el certamen (primera, cuartos, semifinal y final), algo jamás emulado. Arrancó con un doblete para sellar la goleada 4-1 sobre Checoslovaquia. Luego, marcó el único tanto en la victoria sobre Inglaterra y cerró esa primera tanda con una celebración más en el partido que Brasil le ganó 3-2 a Rumania. Contra Perú, que cayó 4-2, se reportó con el cuarto y más tarde desequilibró el marcador frente a Uruguay (3-1), camino de la final. Por último, el gran día, el de la consagración, en el único encuentro que no se disputó sobre el césped del estadio Jalisco, de Guadalajara, sino en el del estadio Azteca, de Ciudad de México, puso el tercero en la goleada 4-1 sobre Italia.

El único jugador que había anotado en todos los juegos que disputó en un Mundial había sido el uruguayo Alcides Ghiggia, en Brasil-1950, pero en ese certamen la selección celeste solo disputó dos rondas: primera (un partido, contra Bolivia) y liguilla (contra España, Brasil y Suecia). Jairzinho volvió a formar parte del Scratch en Alemania-1974, de nuevo bajo el mando de Zagallo, pero ese Brasil fue más parecido al de 1966 que al de 1970 y debió conformarse con el tercer lugar. Tras abandonar Botafogo, en 1973, el astro brasileño jugó en Olympique de Marsella (Francia), Cruzeiro, Portuguesa (Venezuela), Noroeste EC, Nacional Fast Clube, Wilsterman (Bolivia) y Nueve de Octubre (Ecuador), con el que cerró su brillante trayectoria en 1982. Muchos le criticaron por haber militado en varios clubes sin tradición, pero él siempre se defendió con un argumento irrefutable: su alegría era jugar al fútbol, sin importa dónde y con quién lo hiciera. Al fin y al cabo, era el sucesor de Garrincha, la alegría del pueblo, la alegría del fútbol…

Durante muchos años, Jairzinho trabajó como formador en las divisiones menores. De hecho, fue el descubridor de otro atacante inolvidable: Ronaldo, el Fenómeno.
Durante muchos años, Jairzinho trabajó como formador en las divisiones menores. De hecho, fue el descubridor de otro atacante inolvidable: Ronaldo, el Fenómeno.

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Comunicador social y periodista. Apasionado por los deportes. Escritor de libros. Docente. Emprendedor y soñador, terco y persistente.

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