Hace medio siglo surgió el Rey de Copas

Efemérides 12 de agosto: en 1964, contra Nacional de Montevideo y después de dejar en el camino al Santos de Brasil, Independiente de Avellaneda ganó por primera vez la Copa Libertadores. Fue la primera de sus siete conquistas, un récord que acumula tres décadas.

ColombiaMundial(2)En 1962, Peñarol, que había ganado las dos primeras ediciones de la Copa de Campeones de América, le apuntó al tricampeonato, pero el Santos de Brasil, de la mano de un genial Pelé, se lo impidió. Dos años más tarde, cuando el conjunto blanco era el que le apostaba a una tercera corona continental, en su camino se cruzó un tal Independiente de Avellaneda. El 12 de agosto de 1964, hace 50 años, el club rojo logró su primer título y comenzó la leyenda: la del rey de copas de Suramérica.

En las primeras cuatro ediciones del certamen, Argentina estuvo a la sobra de uruguayos y brasileños. El mejor resultado que había obtenido era el subtítulo de Boca Juniors, que perdió la final de 1963 contra Santos. En esa quinta edición, por primera vez todos los países del Cono Sur estuvieron representados, pues Deportivo Italia, campeón de Venezuela, aceptó el reto de unirse al resto de vencedores del continente. Aurora (Bolivia), Bahía (Brasil), Colo-Colo (Chile), Millonarios (Colombia), Barcelona (Ecuador), Cerro Porteño (Paraguay), Alianza Lima (Perú) y Nacional (Uruguay) fueron los otros participantes, junto con Santos, campeón defensor.

La gran novedad, además de que el rompecabezas de países se completó, fue la ausencia de Peñarol y Olimpia, grandes de Uruguay y Paraguay, respectivamente, que habían sido protagonistas de las primeras cuatro ediciones. De hecho, fueron los finalistas de la primera ocasión, en la que el club mirasol alzó el trofeo. Sus lugares fueron ocupados, vaya ironía, por sus rivales históricos: Nacional y Cerro Porteño. Esa de 1964 fue la última vez que el torneo se denominó Copa de Campeones de América, pues a partir de 1965 se le conoció con el nombre que hoy conserva: Copa Libertadores de América. Deportivo Italia, que debutaba, y Bahía, segundo representante brasileño, jugaron una eliminatoria que ganó el elenco venezolano, y el resto de países se dividió en tres grupos; Santos, como rey continental, quedó sembrado directamente en semifinales.

A Independiente, que era dirigido por Manuel Giúdice, le correspondió el grupo 2, junto con Alianza Lima y Millonarios. El desarrollo de esa zona estuvo salpicado por una serie de inconvenientes. El mismo día que los peruanos caían 0-4 con Independiente en Buenos Aires, su estadio en Lima era escenario de una tragedia que cobró la vida de 368 aficionados. En un juego decisivo para determinar los clasificados por Suramérica a los Juegos Olímpicos de Tokio (Japón), se generaron desórdenes luego de que el visitante marcó un gol a 5 minutos del final. Varios aficionados saltaron al campo de juego con la intención de agredir al árbitro y la reacción de la policía, con exceso de violencia, provocó una estampida que acabó de la peor manera cuando el tumulto se atascó en una de las salidas.

Decir Copa Libertadores de América y decir Independiente de Avellaneda es decir lo mismo. El club argentino levantó el trofeo en siete ocasiones, más que ninguno otro.
Decir Copa Libertadores de América y decir Independiente de Avellaneda es decir lo mismo. El club argentino levantó el trofeo en siete ocasiones, más que ninguno otro.

Así, entonces, Alianza Lima debió jugar todos sus partidos en condición de visitante, pues debido a los incidentes su estadio fue clausurado. Para rematar, el último juego, que debían disputar Independiente y Millonarios en Bogotá (en la ida, en Buenos Aires, había sido victoria 5-1 para los argentinos), el conjunto colombiano no se presentó. En esos días, el fútbol colombiano estaba en rebeldía con la Conmebol y, por eso, se tomó tan drástica medida. La entidad continental le otorgó la victoria al elenco de Avellaneda, que obtuvo el cupo para medir, ni más ni menos, que al temible Santos de Pelé. La otra llave de las semifinales la disputaron Colo-Colo y Nacional.

En el juego de ida, en Río de Janeiro, se dio la gran sorpresa del certamen. Sin Pelé, lesionado, y con un potencial disminuido, el campeón vigente cayó por 2-3, a pesar de que alcanzó a celebrar una ventaja parcial de 2-0 con tantos de Toninho y Pepe. Luego, Mario Rodríguez, Raúl Bernao y Luis Alberto Suárez le abrieron al conjunto argentino la puerta de los sueños. En la vuelta, con anotaciones de Miguel Ángel Mori y Rodríguez, Independiente le repitió al dosis a Santos, que descontó por intermedio de Toninho y cedió la corona sin pena ni gloria. Fue una serie dura, jugada con dureza, a veces con violencia, en la que el rojo de Avellaneda sacó chapa de grande y empezó a cimentar lo que durante décadas se conoció como ‘la mística copera de Independiente’.

Nacional de Montevideo, que quería alzar el trofeo para no ser inferior a Peñarol, derrotó por 4-2, tanto en Santiago como en el estadio Centenario, a Colo-Colo y se convirtió en el rival de Independiente. El juego de ida, disputado el 6 de agosto en la capital uruguaya, concluyó sin goles y con el descubrimiento de una figura clave, un jugador que luego marcaría época en las toldas de Avellaneda: el arquero Miguel Ángel Santoro. Hasta entonces suplente de Osvaldo Rubén Toriani. A pesar de contar solo 22 años, el técnico Giúdice se la jugó con él en ese crucial partido y el golero no lo defraudó: fue la figura, el responsable de que Nacional no pudiera celebrar la victoria ante sus hinchas.

Este fue el equipo de la primera celebración, en 1964, el que acuñó la legendaria mística copera de los rojos de Avellaneda. Héroes inmortales.
Este fue el equipo de la primera celebración, en 1964, el que acuñó la legendaria mística copera de los rojos de Avellaneda. Héroes inmortales.

En la vuelta, el miércoles 12 de agosto de 1964, a la Doble Visera, también conocida como ‘la caldera del diablo’, no le cabía un alma. Confiados en el buen rendimiento del equipo a lo largo del torneo e ilusionados con el resultado en la ida, los hinchas de Independiente jugaron un papel determinante. El juego, como varios de los anteriores, no fue bueno, aunque sí emocionante. Se definió con un solitario gol de Mario Rodríguez, a los 35 minutos del primer tiempo. En la hora restante, el dueño de casa resistió los embates del visitante y esperó que el árbitro paraguayo Dimas Larrosa sonara su silbato indicando el final del partido. Tan pronto esto ocurrió, los 80.000 asistentes estallaron en júbilo y celebraron a rabiar la codiciada conquista.

Aquella noche, los equipos presentaron las siguientes formaciones: Independiente, Miguel Ángel Santoro, Juan Guzmán, Tomás Rolan, Roberto Ferreiro, David Acevedo, José Maldonado, Raúl Bernao, Pedro Prospitti, Luis Suárez, Mario Rodríguez, Raúl Savoy. Nacional, con Roberto Sosa; Mario Méndez, Luis Ramos, Emilio Álvarez, Édgar Baeza; Vladas Douksas, Eliseo Álvarez, Domingo Pérez; Jorge Oyarbide, Henrique de Sousa Mattos ‘Jaburú’ y José Urruzmendi. El director técnico de los uruguayos era Algredo Moreira Júnior. Giúdice quedó inscrito en la historia del fútbol argentino como uno de los grandes maestros de la dirección técnica y, en especial, como un innovador táctico. Conformó un elenco muy sólido, compacto en sus líneas, con una adecuada mezcla de juventud y experiencia. Terminó invicto y no dejó dudas acerca de su superioridad.

Independiente volvió a ganar la Copa Libertadores en 1965, tras una reñida final con Peñarol que se definió en un tercer partido. Luego, en la década de los años 70, logró algo inédito: cuatro celebraciones consecutivas. Arrancó en 1972, contra Universitario de Perú; siguió en 1973, contra Colo-Colo de Chile (tres partidos); en 1974 obtuvo el pentacampeonato al derrotar al Sao Paulo de Brasil en tres duelos y en 1975, también con partido extra, se impuso a Unión Española de Chile. La última consagración de los rojos, la hasta ahora no emulada séptima celebración, se dio en 1984, cuando enfrentó a Gremio de Brasil. Han pasado 30 años e Independiente nunca más volvió a jugar la final de la Copa Libertadores, pero tampoco algún otro elenco del continente pudo igualar sus coronas. Una historia de gloria que se inició hace medio siglo.

La prensa deportiva argentina, siempre prolífica, celebró la gesta. En la quinta edición del torneo continental, por primera vez un equipo de ese país quebró la hegemonía de uruguayos y brasileños.
La prensa deportiva argentina, siempre prolífica, celebró la gesta. En la quinta edición del torneo continental, por primera vez un equipo de ese país quebró la hegemonía de uruguayos y brasileños.

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Comunicador social y periodista. Apasionado por los deportes. Escritor de libros. Docente. Emprendedor y soñador, terco y persistente.

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