Gracias a Dios existe un Carlos Tévez

Ese es el jugador que uno siempre quiere en su equipo: el que tiene las pelotas no solo para ir a pelear cada balón con el alma, sino especialmente el que las tiene bien puestas para poner la cara y decir la verdad. Un crac como pocos.

Colombia Mundial en Contravía rumbo a la Copa América CentenarioA muchos futbolistas les va mejor si se quedan callados. Cuando abren la boca, como mínimo hacen el ridículo. Un mal que, increíblemente, se repite día a día y que se propaga a la incontenible velocidad de las redes sociales, de la inmediatez que nos brinda la tecnología, provocando que aquel que abrió la boca en mal momento, o no pensó bien lo que iba a decir, sea el hazmerreír del día, en el payasito de turno de los memes. Y, por supuesto, nos permite descubrir de qué material está hecho cada uno, especialmente aquellos que son ídolos, referentes ante los hinchas.

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Espectacular resultó el diálogo de Carlos Tévez con el panel de periodistas de Fox Sports Radio. Desnudó su pensamiento y ofreció ideas profundas.

Hasta la semana pasada, cuando Atlético de Madrid le pintó la cara al Real Madrid en el clásico de la capital española, se pensaba que la resistencia de Cristiano Ronaldo a dialogar con la prensa obedecía a su ya característica petulancia y soberbia. Sin embargo, nos desveló una faceta inesperada: ¡ni siquiera sabe expresarse! Infalible como se cree, abrió la bocota para ofrecer unas declaraciones penosas que nos confirman no solo que se cree un ser superior al resto de la humanidad, sino que no respeta los códigos del fútbol: la ropa sucia se lava en casa. Si algo le molesta, dígalo, pero en el seno del grupo, en el camerino a puertas cerradas, en la intimidad del entrenamiento.

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Cristiano Ronaldo no solo jugó mal contra Atlético de Madrid, sino que después salió a echarles el agua sucia a sus compañeros. No tiene códigos.

Si todos estuvieran a mi nivel, iríamos primeros, dijo. Claritico, sin dudas, sin que se lo haya malinterpretado, y así lo comprueban los videos en la red. Es natural que un jugador se incomode si a la hora de los malos resultados los dedos acusadores le apunten a él, pero esa es una regla hecha, inmodificable. Le ocurre a Lio Messi (especialmente con la Selección Argentina), también a Wayne Rooney en Manchester United, a Zlatan Ibrahimovic en el Paris Saint-Germain, les sucedía a Diego Maradona y a Carlos ‘Pibe’ Valderrama. Aquellos que son referentes, que son ídolos, deben cargar con esa pesada lápida, y más cuando, como el propio portugués, se autoproclamó ‘el segundo parto de la Virgen María’.

El libreto de víctima lo ejecutó a la perfección: “Jugamos mejor que el Atlético, pero desafortunadamente no hemos tenido suerte. El Atlético ha tenido una oportunidad en el segundo tiempo y ha marcado un gol. Tuvimos más oportunidades que ellos y merecimos ganar. La Liga estaba complicada y se va a volver todavía más difícil. Todavía tenemos la Champions y si estamos fuertes en Liga estaremos fuertes en Champions”. Obviamente, el partido que él observo dentro del campo fue muy distinto al que millones de espectadores vimos a través de la televisión, pero no es algo que deba extrañarnos: desde hace rato quedó claro que no sabe perder, que es pésimo perdedor.

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En términos golfísticos, el referente de Millonarios Rafael Robayo pegó un vulgar ‘shank’: escurrió el bulto en la derrota, habló de más en la victoria.

“Todos dicen que Cris está mal”, como si al único que se criticara fuera a él. “Pero veo la temporada de los que dicen que son los mejores y me veo cerca de ellos. En la Champions, no veo a nadie cerca de mí. Me molesta porque esto parece una persecución contra mí. Dicen que como yo he bajado mi nivel, baja el nivel del Madrid. ¡Si todos estuviesen en mi nivel a lo mejor estaríamos primeros en la clasificación! La prensa es injusta conmigo. Siempre. Aquí en España se discute mi valor. ¡Parece que soy una mierda! Pero la verdad es que las estadísticas no engañan. ¡Miren las estadísticas!”, espetó con su característica arrogancia. Y las estadísticas dicen que Real Madrid (no Cristiano Ronaldo) suma 60 puntos tras 28 jornadas (rendimiento del 71 por ciento), 12 menos que Barcelona (85 por ciento) y a 4 del Atlético (76 por ciento). Y esos números, para ese equipo, son malos.

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Tras sus desatinadas declaraciones, a Cristiano Ronaldo le dieron hasta con el balde en las redes sociales. Otra vez, el hazmerreír.

Obviamente, ese patético discurso ególatra fue replicado de inmediato, inclusive por los medios que beben de la mano del Real Madrid. Y por supuesto que esas palabras cayeron muy mal en el camerino, al punto que el propio jugador llamó a los medios y matizó. No me creo mejor que nadie. Me refería a la parte física y a las lesiones. No quise ofender a mis compañeros, dijo. Pero nadie le creyó, porque no es la primera vez que desacredita a sus compañeros, no es la primera vez que asume el rol de víctima, no es la primera vez que exhibe sin vergüenza sus complejos de inferioridad y de persecución. Ocho días después de anotó cuatro goles al Celta, un equipo común y corriente, y mandó a callar a los hinchas, como si no tuvieran derecho a expresarse, así lo hagan de la manera equivocada, así estén rabiosamente equivocados. Más petulancia, más soberbia, más grosería.

Está claro que el hincha común, en todo el planeta fútbol, es poco o nada lo que sabe sobre el deporte, sobre el juego mismo. Muchos creen que les basta con recitar de memoria alineaciones de décadas anteriores, de siglos pasados; con repetir en medio de fabulaciones los relatos que escuchó de sus padres o abuelos; con argumentar que siempre van al estadio y, por eso, tienen derecho y argumentos. No es cierto, por supuesto, porque todos los hinchas del mundo están parados en arena movediza: sus conceptos son sesgados, porque piensa con el corazón, no con la razón. Pero tiene todo el derecho a opinar, a expresarse a través del medio que prefiera, pues el de la expresión es un derecho fundamental que asiste al ser humano. Que tenga razón o no, esa es harina de otro costal.

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Tévez reconoció que River Plate fue superior, pero anotó que ni siquiera así los pudieron vencer. Se ilusionan con levantar el nivel.

Otro que perdió la oportunidad de quedarse callado fue Rafael Robayo, capitán e insignia de Millonarios. En pocos días pasó de héroe a villano, pero a él le dio lo mismo. Es más: él, como muchos otros futbolistas colombianos, y también de otras latitudes, encontró una salida fácil para eludir las responsabilidades, para no ponerle la cara al hincha que exige explicaciones. Es aquella frasesita de Hay que dar vuelta a la página”, como si nada hubiera ocurrido, como si diera lo mismo ganar que perder, como si mandar la basura debajo de la alfombra fuera la solución. Escurrir el bulto no le queda bien a ningún futbolista, pero el único que en un equipo puede escurrirlo es el capitán, el referente, el ídolo, y Robayo lo es en Millonarios.

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Otro de los memes que se burlaron de Cristiano Ronaldo después del clásico contra Atlético de Madrid y que fueron virales en las redes.

Tres días antes, cuando en tiempo de reposición anotó un gol que le salvó una floja noche a su equipo frente al Tolima (2-1), Robayo fue el héroe. El jugador, por supuesto, no desaprovechó la oportunidad para subirse al bus de la victoria y cobrar: “El equipo merecía este resultado. La actitud, la posesión, la idea futbolística fue clara. Ellos se fueron arriba en el marcador más por un error nuestro que por virtud de ellos”, dijo, siguiendo el libreto ya tradicional: desconocer al rival, menospreciarlo. Y siguió: “Fuimos superiores en la parte física al Tolima y lo demostramos con el resultado. El que sabe de fútbol se ha dado cuenta de que el equipo viene con una idea ya clara. A pesar de los cambios que pueda hacer el cuerpo técnico por rotación, todos los que entran tienen una idea clara de lo que se está jugando”, expresó embriagado de triunfo. Y que quede claro: el que piense distinto, el que haya visto algo diferente, no sabe de fútbol. Palabra de Robayo.

Pero como el fútbol y la vida no se quedan con nada, 72 horas después le cobraron al volante bogotano su arranque de soberbia. Millonarios cayó 0-2 con Fortaleza, una derrota que hasta al técnico Rubén Israel exasperó. Hay malas noches, pero Millonarios tuvo una pésima. Si yo viera a Millonarios por primera vez, parecía que jugara por el asado, tiró con honradez. Él sin embargo, no pisó la misma cascarita de Ronaldo y Robayo y reconoció los méritos del rival: “Fortaleza jugó un excelente partido, tuvo una actitud superior y nos ganaron corriendo”. Robayo, en cambio, vio otro partido: “La presentación frente a Fortaleza no fue buena. El equipo empezó bien, pero no pudimos controlar la pelota como queríamos”, dijo. Y soltó su perla: “Así como cuando se gana y se pasa la hoja, ahora hay que pasar la página para seguir trabajando fuerte. Lo del domingo no fue lo que queríamos, pero fue la voluntad de Dios y hay que aceptarlo. Entonces, cuando Millonarios gana, Robayo es dios; si pierde, fue voluntad de Dios. Bacano así…

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‘No soy un cagón: doy la cara e la derrota, como la di en la victoria’, dijo Carlos Tévez. Un gran jugador que sabe qué significa ser ídolo y referente en su club.

Afortunadamente para el fútbol, no todos los protagonistas son mercenarios; hay algunos a los que sí les duele la derrota, inclusive no ofrecer lo que el hincha pretende. Y, mejor aún, que no se esconden, que no buscan frases de cajón para echarle tierrita al asunto y seguir tan campantes, como si nada. Afortunadamente para el fútbol hay un Carlos Tévez, capitán, ídolo, referente, hincha y doliente de Boca Juniors, que una vez más dio muestras de su grandeza como persona y, a calzón quitao, habló del clásico contra River Plate, que concluyó sin goles. Un partido por el que su equipo fue duramente criticado, pues fue ampliamente superado por su rival, al que no consigue derrotar desde 2014.

“El desgaste contra River fue más por el partido que jugamos el jueves (contra Racing, por Copa Libertadores). Se sintió por la manera de jugar de Guille (Barrios Schelotto, el nuevo DT) que es todo el tiempo presionar, y no estábamos acostumbrados. En el primer tiempo lo hicimos bien y en el segundo, nos costó. Y también es correrlos y no dejarlos jugar tranquilos. Poder se puede hacer, pero nos tenemos que acostumbrar, afirmó. Un análisis honesto, completo, descarnado, hecho por una estrella consagrada, un jugador multicampeón en Europa, con cotización elevadísima, pero también con vergüenza, con amor propio, con conciencia de que el hincha no es bruto, que también ve y merece una explicación.

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Desde el ángulo que se le mire, al Real Madrid la derrota en el clásico le salió costosa. La ilusión de la liga se extinguió.

Sobre el flojo nivel del equipo, dijo: “Estoy preocupado por el tema del rendimiento, que no es bueno. Pero a la vez lo que se dio el domingo es que no nos pudieron ganar. Si estamos para 2 puntos, cuando juguemos para 5 les podemos ganar. Yo creo que River jugó mejor que Boca, pero no nos pudo ganar. El problema nuestro es físico y mental. Creo que estamos pasando un mal momento físico y eso lleva a que estemos tan bajo. Fíjate que en el primer tiempo toqué cinco o seis pelotas y perdí tres. Y en el segundo jugué un poco, tuve más contacto, pero sin crear ni lastimar. Creo que ese fue mi partido del domingo, no fue bueno. A uno, como hincha, estas son palabras que lo reconfortan, que le hacen entender que todavía queda algún resquicio de honestidad en el fútbol, que aún hay jugadores que de verdad quieren la camiseta.

Y continuó, crítico: “No le creamos situaciones a nadie. Lo dije en el verano y todos pensaron que abría el paraguas. Me mata que no tengamos un 9. Cuando jugaba (Agustín) Calleri, él les rompía las pelotas a los defensores. Hoy me pegan y me duele, porque voy contra los grandotes. Calleri hacía el trabajo sucio y yo me reía”. Y desnudó su corazón: “Sé que es difícil que el público de Boca me putee por lo que transmito. No soy un cagón que en la primera que va mal, me rajo. Represento a Boca, estamos pasando un mal momento y, por eso, salgo a hablar. Para mí sería muy fácil parar, porque me duele una rodilla, pero aunque no pueda pegarle a la pelota, voy a estar en la cancha. Voy a estar para que se me critique como a mis compañeros. Uno pone la cara siempre; la puse cuando ganamos, también es bueno ponerla ahora.

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‘En el primer tiempo, toqué cinco pelotas y perdí tres’, dijo con honestidad Carlos Tévez. Aunque está lesionado, no se bajará del bus ahora.

El futbolista se debe al hincha, y a su equipo, por supuesto, pero sobre todo al hincha. Sin este misterioso personaje, el fútbol no tendría razón de ser. Y, por supuesto, el hincha de verdad es lo más lindo del fútbol, lo más puro, a pesar de que a veces sus reacciones no son las adecuadas, se salen del contexto lógico y cuerdo. Pero más lindo aún, reconfortante, esperanzador, es que no todos los jugadores son Cristiano Ronaldo ni Rafael Robayo; hay un Carlitos Tévez, varios más como él, para los que hay algo más que egos y dinero. Ese es el jugador que uno siempre quiere en su equipo: el que tiene las pelotas no solo para ir a pelear cada balón con el alma, sino especialmente el que las tiene bien puestas para poner la cara y decir la verdad. Un crac como pocos, dentro y fuera del campo.

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Por injusta, descabellada o equivocada que sea su crítica, el hincha tiene derecho a pedirles explicaciones a sus ídolos. A ellos se deben los futbolistas.

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Comunicador social y periodista. Apasionado por los deportes. Escritor de libros. Docente. Emprendedor y soñador, terco y persistente.

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