Gigi Riva: solo el infortunio pudo detenerlo

Efemérides 7 de noviembre: el máximo goleador de la historia de la Selección Italia fue el principal artífice del primer y hasta ahora único título de Cagliari Calcio. Fue en la campaña 1969-70, la primera vez que un chico les arrebató los honores a los grandes de ese país. Las lesiones, único rival que no pudo vencer.

El fútbol italianoColombiaMundial(2) casi nunca se distinguió por ofrecerle al planeta fútbol grandes goleadores, un privilegio que parecía reservado a países como Brasil, Argentina o Alemania. Además, desde que se instauró el siempre cuestionado Catenaccio, la famosa creación del austríaco Karl Rappan que Italia adoptó, mejoró y disfrutó desde los años 60, al balompié de ese país siempre se lo etiquetó como defensivo y, por ende, sus figuras más reconocidas fueron zagueros (Paolo Maldini es la mejor muestra). Sin embargo, el arte, la potencia ofensiva y el gol, la esencia del juego, nos ofreció algún talento sobresaliente.

Luigi ‘Gigi’ Riva es uno de ellos, quizás el más importante. Se necesita contar más de 40 años para haber escuchado el nombre de este fantástico atacante nacido el 7 de noviembre de 1944 en Leggiuno, una pequeña población de la provincia de Varese, norte de Italia, que curiosamente fue cuna de varios ciclistas importantes (Alfredo Binda, Ivan Basso y Stefano Garzelli, entre otros). Porque su carrera fue efímera y, además, se desarrolló enteramente con la camiseta del Cagliari Calcio, uno de los chicos de ese país. Fueron apenas 14 años los que jugó en primera división, suficientes para dejar una huella que hoy, a casi cuatro décadas de su retiro, permanece vigente.

Riva es el máximo goleador de la historia de la Selección Italia: convirtió 35 goles en los 42 partidos que disputó con la Azzurra, para un fantástico promedio de 0,83 tantos por juego que lo pone por encima de grandes figuras del orbe futbolístico que marcaron muchos goles más y que tuvieron una prolongada trayectoria. Aún hoy, aquellos que lo vieron jugar se preguntan hasta dónde hubiera llegado Gigi Riva si las lesiones no hubieran mermado su capacidad y truncado su desarrollo. Porque desde que arrancó su carrera en el modesto Legnano de la Serie C, en 1962, mostró unas condiciones superlativas para el gol. De hecho, en ese club duró solo un año, porque el Cagliari se fijó en él y, con ello, comenzó un romance que no tiene fin.

La imagen del día que Gigi Riva se inmortalizó: cuando Cagliari fue campeón, por primera y única vez en el Calcio, de la mano del temible goleador.
La imagen del día que Gigi Riva se inmortalizó: cuando Cagliari fue campeón, por primera y única vez en el Calcio, de la mano del delantero temible. Las lesiones le impidieron enriquecer su leyenda goleadora.

Aunque varios de los grandes del Calcio pusieron su mirada en ese promisorio jovencito, fue Enrico Rocca, máximo dirigente del Cagliari el que lo convenció. Introvertido y taciturno en su vida privada, Luigi no pudo resistir los encantos de la isla de Cerdeña, cuya calidad de vida y belleza natural se convirtieron en el escenario propicio para que fuera feliz. Las toneladas de liras que los ricos clubes del norte, especialmente de Juventus, estaban acostumbrados a ofrecer por cualquier talento que asomara en otras latitudes futbolísticas, de nada sirvieron para hacer que Riva cambiara de parecer, y de destino. Se quedó en Cerdeña y allí, a lo largo de 13 temporadas, completó 315 partidos en los que celebró 164 goles (promedio de 0,52 por juego).

“Fue uno de los mejores delanteros, si no el mejor, que haya conocido”, afirmó convencido su excompañero Sandro Mazzola. Fue un puntero izquierdo de esos que hace años no se ven: rápido, potente, habilidoso, de gambeta corta y variada, con un temible juego aéreo y una gran intuición para moverse en el área. Y goleador, claro, porque el gol siempre fue su sello característico. Mide 1,80m y pesaba 80 kilos, contextura que sumada a sus condiciones lo convertía en un delantero muy difícil de marcar, porque esa combinación de fuerza y técnica, potencia y regate, constituye una pesadilla para cualquier defensor, al punto que el periodista Gianni Brera lo apodó Sonido del trueno (Rombo di tuono). Gigi Riva hacía gala de un variado arsenal de recursos escaso en el fútbol de hoy y poco habitual en el Calcio italiano.

Tras su retiro prematuro, Gigi Riva permaneció cerca del Cagliari, en el rol de asesor. También incursionó en la política, pero el amor de los tifosi de Cerdeña lo hizo regresar a casa.
Tras su retiro prematuro, Gigi Riva permaneció cerca del Cagliari, en el rol de asesor. También incursionó en la política, pero el amor de los tifosi de Cerdeña lo hizo regresar a casa.

El primer tropiezo de su vida deportiva ocurrió cuando estaba listo para mostrarle al mundo su grandeza: el Mundial de Inglatera-1966. Sin que alguien pudiera darle explicación, y cuando la afición lo tenía como número puesto en la Azzurra, el técnico Edmondo Fabbri no lo convocó. “Prefiero no saber qué razones tuvo. Me entregaba a fondo en los partidos de entrenamiento entre titulares y suplentes, la única manera que tenía de desahogarme. Y marcaba un gol tras otro, estaba en plena forma y furioso”, se quejó tiempo después en una entrevista. Un enfado que se incrementó cuando Italia sufrió la más penosa caída de su historia en la Copa Mundo, al caer 1-0 a manos de la inédita Corea del Norte. Para colmo, el gol fue anotado por Pak Doo Ik, que lucía el número 11. “¡Mi número, además!”, se quejó Riva.

Fue una especie de premonición, porque tras esa decepción comenzaron las verdaderas dificultades. El 27 de marzo de 1967, cuando ya nadie discutía su categoría, en un partido contra Portugal, la revelación de la reciente Copa Mundo, sufrió la fractura de tibia y peroné de la pierna izquierda. Se recuperó y, lo mejor, vivió los más felices años de su trayectoria: hasta 1970, fue campeón de la Eurocopa de Naciones con Italia, segundo de la liga italiana en 1969 y campeón en 1970 y disputó la final del Mundial de México-1970, contra el Brasil de Pelé. Además, en 1969 fue segundo en la elección del mejor jugador europeo, que le entregó el Balón de Oro a su compatriota Gianni Rivera, y un año después fue tercero (superado por Gerd Mueller y Bobby Moore). Tocaba el cielo con las manos y su ascenso parecía incontenible.

El balón va rumbo al arco de Sepp Maier, en el llamado 'partido del siglo': la semifinal de México-1970 contra Alemania. Italia ganó 4-3 y Riva fue uno de los protagonistas.
El balón va rumbo al arco de Sepp Maier, en el llamado ‘partido del siglo’: la semifinal de México-1970 contra Alemania. Italia ganó 4-3 y Riva fue uno de los protagonistas.

Sin embargo, el infortunio se volvió a cruzar en su camino. El 31 de octubre de 1970, en Viena (Austria), el defensor Norbert Hof le provocó una nueva fractura de tibia y peroné, esta vez en la pierna derecha. Pero, una vez más, Riva sorteó el obstáculo y regresó como si nada hubiera ocurrido, con su olfato goleador intacto. Esas lesiones, sin embargo, de a poco minaron su potencia y le restaron vida a su trayectoria. La última vez que vistió la casaca de Italia fue el 23 de junio de 1974, día en que la Azzurra fue eliminada en primera ronda del Mundial de Alemania, tras caer 1-2 con la sorprendente Polonia de Grzegorz Lato. Tenía solo 29 años y había dejado su marca indeleble en la historia del equipo nacional. El punto final de su traumática carrera se escribió en febrero de 1976, cuando una grave lesión en el tendón de la pierna derecha (en un juego contra Milán) le indicó que era hora de decir adiós.

Fue el triste final para una historia que, pese a las dificultades, le permitió ganarse un lugar de privilegio en la historia. Y fue gracias a lo que conquistó con Cagliari, un chico que, por un tiempo, se las ingenió para poner en aprietos a los grandes del Calcio y robarles protagonismo, además de un título. “Éramos una familia en el Cagliari, no habría sido lo mismo en un equipo grande”, espetó a quienes siempre le criticaron no haber jugado con alguno de los poderosos. El club de Cerdeña lo contrató justo cuando se estrenaba en la máxima categoría, en la que nunca había jugado: un empate en Udine, a mediados de junio de 1964, sentenció el ascenso a la Serie A. Desde que se inició la era profesional del Calcio, en la temporada 1929-30, ningún chico había sido campeón, un privilegio que le correspondió al Cagliari de la mano de Gigi Riva. En el primer intento, en la campaña 1968-69, se quedó corto, pero luego no hubo obstáculo que se interpusiera en su camino hacia la gloria.

Potente, fuerte, rápido, habilidoso y recursivo, Luigi Riva era una verdadera pesadilla para los defensores rivales. El más grande futbolista de la historia del Cagliari Calcio.
Potente, fuerte, rápido, habilidoso y recursivo, Luigi Riva era una verdadera pesadilla para los defensores rivales. El más grande futbolista de la historia del Cagliari Calcio.

Líder al cabo de la primera vuelta, Cagliari sufrió un inesperado bajón en la recta final de la campaña y eso lo privó del título, que quedó en poder de la Fiorentina de Amarildo y Mario Maraschi. A dos fechas del final, una inoportuna caída en casa del Nápoles (1-2) frustró a los de Cerdeña, que concluyeron en la segunda casilla, por delante de Milán, Inter, Juventus y Torino, en ese orden. Como consuelo, Riva fue goleador, con 21 tantos. La revancha se dio doce meses más tarde. Tras un intenso mano a mano con Juventus, a mediados de marzo de 1970 el Calcio se empezó a decantar a favor de los sorprendentes chicos. Un empate 2-2 en el estadio Comunale de Turín, con doblete de Riva, le demostró a la Vecchia Signora quién era el mejor de aquella temporada. Aquel día, Cagliari jugó a lo grande, como un grande, y cimentó la conquista que, finalmente, se concretó el 12 de abril, con ocasión de la jornada 28 (de 30 programadas). Mientras los de Cerdeña vencían en casa 2-0 a Bari, con tantos de Riva y Sergio Gori, Juventus cayó 0-2 con Lazio, en Roma: por primera y hasta ahora única vez en la historia, Cagliari fue campeón, de la mano de Riva (otra vez goleador), Gori, Enrico Albertosi, Angelo Domenghini y Communardo Niccolai.

Esa, curiosamente, fue la última campaña de Cagliari en el estadio Amsicore, pues desde el verano de ese año el club se instaló en el conocido Sant’Elia, una de las sedes de la Copa Mundo de 1990. Desde entonces, Cagliari nunca volvió a figurar en los puestos de privilegio y hasta deambuló por la Serie C (1989) antes de subir a la B, desde la que saltó de nuevo a la Serie A en la campaña 2003-04. Y nunca más, está claro, conjuntó una generación como aquella de 1969-70 y nunca más tuvo en sus filas a un jugador como Luigi ‘Gigi’ Riva, el de la poderosa zurda que supo codearse de tú a tú con grandes como Pelé, Gerd Mueller o Ferenc Puskas. Fuera de los campos, Riva incursionó en la política (llegó a ser senador) y se mantuvo vinculado al club de sus amores, cuya afición añora aquellos años de gloria y alegrías producto del Rombo di tuono.

El equipo de Italia que jugó la final de la Copa Mundo de México-1970 contra el Brasil de Pelé: Gigi Riva (arriba a la derecha) fue uno de los jugadores más destacados de ese conjunto.
El equipo de Italia que jugó la final de la Copa Mundo de México-1970 contra el Brasil de Pelé: Gigi Riva (arriba a la derecha) fue uno de los jugadores más destacados de ese conjunto.

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Comunicador social y periodista. Apasionado por los deportes. Escritor de libros. Docente. Emprendedor y soñador, terco y persistente.

2 comentarios en «Gigi Riva: solo el infortunio pudo detenerlo»

  1. Muy buen artículo, pero hay una falta: el leyendario Gigi Riva nunca incursionó en la política ni llegó a ser senador. ¡Os habéis confundido con el milanista Gianni Rivera!

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