Garrincha, la alegría del pueblo

Efemérides 28 de octubre: en esta fecha, pero en el año de 1933, nació en Pau Grande, estado de Río de Janeiro, Manoel Francisco Dos Santos. Fue uno de los mejores jugadores de la historia, fantasía pura, pero también un hombre que encarnó, para bien y para mal, aquella premisa del ídolo con pies de barro.

ColombiaMundial(2)Brasil había vencido 3-0 a Austria y había empatado sin goles con Inglaterra (el primer 0-0 de la historia de la Copa Mundo), pero ni siquiera sus jugadores estaban convencidos. Mejor: estaban convencidos de que ese no era el camino y, entonces, pusieron contra la pared al técnico Vicente Feola. “Si no entran ellos, no jugamos nosotros”. El DT, sin otra opción, aceptó e hizo una salvedad: “Voy hacer lo que ustedes piden, porque si ganamos o perdemos ustedes van a quedar como responsables”. Pelé y Garrincha, motivos de la discordia, fueron titulares en el siguiente juego y el planeta fútbol conoció a dos de los mejores jugadores de todos los tiempos.

El rumbo del Mundial de Suecia-1958 estuvo marcado por esta insólita rebelión de los jugadores del Scratch, encabezados por Nilton Santos, el fantástico lateral izquierdo. Los propios futbolistas eran conscientes de que con ese plantel envejecido, con jugadores mayores, no había futuro. Y menos cuando en el banco de suplentes estaban sentados dos diamantes capaces de cambiarle la cara al equipo, al juego, al fútbol. En el último juego de la primera fase, contra la temida Unión Soviética (que dos años más tarde sería campeona europea), la auriverde ganó 2-0 y Pelé y Garrincha nunca volvieron a ser suplentes. Comenzó una leyenda que, aún hoy, hace las delicias de los aficionados, en especial de aquellos que gozan con la fantasía, con lo impensable.

Rivales en el fútbol brasileño con las camisetas de Botafogo y Santos, Garrincha y Pelé fueron los socios ideales en la Selección Brasil. Fueron los artífices del título en Suecia-1958.
Rivales en el fútbol brasileño con las camisetas de Botafogo y Santos, Garrincha y Pelé fueron los socios ideales en la Selección Brasil. Fueron los artífices del título en Suecia-1958.

Brasil aún sufría el dolor provocado por la derrota como local en 1950, el famoso Maracanazo de Uruguay, que le arrebató la corona frente a más de 200.000 torcedores en el estadio más grande del mundo, convertido ese día en el cementerio más grande del mundo. En Suiza-1954, el Scratch a duras penas pasó la primera fase y se despidió, con pena y sin gloria, tras caer 2-4 con la poderosa Hungría en los cuartos de final. Y para evitar un nuevo colapso, los jugadores ‘grandes’ se dieron la pela y recurrieron a los pelados como salvavidas. El resto de la historia es conocido: Brasil ganó el torneo, con lujo de detalles, y comenzó una historia de éxitos, títulos y alegrías que aún no termina. Y Garrincha fue uno de los héroes, a pesar de que no siempre fue así.

En las calles de las ‘favelas’ de Pau Grande, a 200 kilómetros de Río de Janeiro, Garrincha conoció no solo el fútbol, sino también los vicios: el cigarrillo (que comenzó a consumir a los 10 años) y el licor (que fue su perdición). Lo tuvo todo para triunfar en los campos, y triunfó: fue dos veces campeón mundial con Brasil (Suecia-1958 y Chile-1962) y una vez goleador (honor compartido) y mejor jugador. Lo tuvo todo fuera de campos, y todo lo perdió: murió en la miseria, abandonado a su suerte, olvidado como si hubiera sido un delincuente y no un héroe deportivo. La suya fue la crónica de una muerte anunciada. Mario Jorge Lobo Zagallo, que integró con él los elencos campeones, dijo alguna vez que siempre supo que Garrincha iba a terminar así, de manera trágica.

Habilidoso, encarador, definidor, goleador... Garrincha poseía todas las condiciones a las que puede aspirar un buen delantero. Fue un fuera de serie.
Habilidoso, encarador, definidor, goleador… Garrincha poseía todas las condiciones a las que puede aspirar un buen delantero. Fue un fuera de serie.

Como sus regates, sus gambetas y sus goles, los actos bochornosos, las borracheras, se sucedían uno tras otro. Y también se sucedían los ingresos a los hospitales para tratar de desintoxicarlo. De hecho, según el dictamen médico, había consumido su última botella de licor en la noche anterior a su muerte. No había remedio: sus órganos estaban destruidos y su cuerpo ya no soportó más y se apagó lentamente. Atrás había quedado la increíble historia de superación de un ser al que la naturaleza nada le regaló. Había nacido con las piernas torcidas hacia el mismo lado, una más corta (exactamente, 6 centímetros) y con la columna vertebral desviada. Para rematar, en su infancia sufrió poliomielitis, por lo que los médicos le dijeron que sería imposible cumplir su sueño de jugar al fútbol: su cuerpo no lo resistiría.

Sin embargo, después de que varios clubes lo descartaron por esos evidentes problemas, en el popular Botafogo encontró su lugar en el mundo. Curiosamente, el que lo llevó allí fue Nilton Santos, al que le había roto la cintura con sus regates durante un partido de prueba y el mismo que lo pidió a gritos durante aquella rebelión en suelo escandinavo. Fue, entonces, cuando empezó su ascenso y llegó a la Selección, a pesar de la recomendación del sicólogo Joao de Carvalahaes, que lo diagnosticó “no apto para desenvolverse en un juego colectivo, por su debilidad mental. No hay ningún atisbo de inteligencia en él, la situación es irremediable”. El técnico Feola, en todo caso, hizo caso omiso de esa observación y lo mandó al campo. Ese fue otro rival que Garrincha dribló y dejó tendido en el suelo.

Una imagen vista mil y una veces: el regate de Garrincha y el defensor que queda desparamado en el suelo, desconcertado por la magia del atacante brasileño. Murió hace más de 20 años, en la miseria.
Una imagen vista mil y una veces: el regate de Garrincha y el defensor que queda desparamado en el suelo, desconcertado por la magia del atacante brasileño. Murió hace más de 20 años, en la miseria.

En Suecia brilló con intensidad, pero no tanto como Pelé, la gran estrella, y Vavá, el temible goleador. Su turno llegó en Chile-1962, certamen al que llegó consolidado y dueño del puesto y en el que el destino, por una vez, le tendió la mano: fue la figura descollante luego de que Pelé abandonó el certamen, lesionado como consecuencia de juego violento de los jugadores de Checoslovaquia. El goleador que corría por las venas de Garrincha apareció en el juego de cuartos de final, en el que Brasil se midió a Inglaterra: marcó doblete y su país ganó 3-1. En semifinales, contra Chile, repitió la doble celebración y encaminó el triunfo 4-2, aunque fue expulsado a 7 minutos del final cuando reaccionó cansado de tantas agresiones y provocaciones. Después del juego, ofreció disculpas al público chileno y, gracias a una oportuna y eficaz labor diplomática de los dirigentes de su país, fue habilitado para la final. En ese partido, con los checos de nuevo como rivales, no anotó, pero sí dio la vuelta olímpica con sus compañeros y se bañó de gloria.

También estuvo en Inglaterra-1966, certamen en el que Brasil cumplió una pobre campaña: fue eliminado en primera fase, la última vez que el Scratch se despidió tempraneramente. En el ocaso de su carrera, vistió las camisetas de Corinthians, Junior de Barranquilla (en el único partido que jugó, el Romelio Martínez se llenó hasta las banderas, pero Santa Fe le dañó la fiesta al ganar 3-2 con un Alfonso Cañón convertido en héroe inesperado: hizo dos goles), Flamengo, Red Stars de París y el modesto Olaria de su país, con el que se retiró en 1972. Fuera de la cancha, en la vida real, no pudo eludir las zancadillas que le puso el destino. Cayó una y otra vez, y otra, y otra. Hasta que su cuerpo frágil ya no pudo más y el 20 de enero de 1983 escuchó el pitazo final.

En honor del legendario goleador, en Brasilia se construyó el Estadio Nacional Mané Garrincha, una de las sedes de la reciente Copa Mundo de Brasil-2014.
En honor del legendario goleador, en Brasilia se construyó el Estadio Nacional Mané Garrincha, una de las sedes de la reciente Copa Mundo de Brasil-2014.

Falleció, de acuerdo con los médicos que realizaron la autopsia, producto de una congestión pulmonar, pancreatitis y pericarditis, males derivados de su adicción al alcohol y al tabaco. Antes de ser enterrado en Río de Janeiro, el cuerpo de Garrincha fue velado en pleno Maracaná, el templo del fútbol brasileño y el escenario de tantas y tantas de sus travesuras con la camiseta del Botafogo, el club de sus amores. Cuentan que el majestuoso estadio se llenó de aficionados que pasaron a brindarle un último adiós y que hubo tanta tristeza, tantas lágrimas, como la tarde del 16 de julio de 1950, cuando Brasil perdió el título orbital a manos de Uruguay, en el episodio conocido como Maracanazo. El pueblo estaba triste porque Garrincha, al fin y al cabo, había sido la alegría del pueblo. Nunca antes, quizás, alguien encarnó, para bien y para mal, aquella premisa del ídolo con pies de barro.

 

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Comunicador social y periodista. Apasionado por los deportes. Escritor de libros. Docente. Emprendedor y soñador, terco y persistente.

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