Final de Champions League: el partido de ensueño

Más que gloria, honor y millones de euros se juegan Real Madrid y Atlético de Madrid en la final continental. También es la rivalidad de dos estilos en el campo, de dos formas de ver y vivir la vida.

Colombia Mundial en Contravía rumbo a la Copa América CentenarioPara muchos aficionados a lo largo y ancho del planeta fútbol, es el partido más esperado del año: la final de la Champions League, una suerte de juego de las estrellas, el enfrentamiento soñado para aquellos futbolistas que militan en los clubes más importantes del Viejo Continente. En la noche milanesa, un escenario de ensueño, en el césped del mítico Giuseppe Meazza, Real Madrid y Atlético de Madrid luchan por la gloria deportiva, por el honor y por los millones de euros que estarán en juego. Un duelo que va más allá de lo futbolístico y que nos permite disfrutar de dos visiones del juego, pero también de la vida misma.

Son los mismos protagonistas que hace dos años, en Lisboa (Portugal), nos ofrecieron una final aburrida a lo largo de los 90 y pico minutos de juego regular, pero que nos deleitaron con sorpresas y emociones en la prórroga. Real Madrid, para muchos el mejor equipo del mundo, opta por una corona continental más, por la undécima, mientras que Atlético de Madrid espera que la tercera sea la vencida y, por primera vez en su historia, pueda llevar la codiciada Orejona a sus vitrinas del Vicente Calderón. Dos elencos españoles que, vaya ironías, no representan el ADN del fútbol español en lo que va corrido del siglo XXI y que nos ofrecen, cada uno a su manera y con sus argumentos particulares, un modelo de fútbol moderno distinto.

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En 2014, en Lisboa (Portugal), los dos clubes madrileños se vieron las caras: la Orejona fue para Real Madrid, que se impuso en la prórroga (4-1 – UEFA.com).

Real Madrid tuvo que cambiar de director técnico en plena temporada porque el español Rafael Benítez resultó demasiado defensivo para el gusto de los merengues, y los resultados no lo acompañaron, y su lugar fue tomado por una vieja gloria blanca, el francés Zinedine Zidane. En su primera experiencia como técnico en propiedad (estaba en el Real Madrid Castilla, la filial), Zizou está a punto de tocar el cielo con las manos o, en el extremo contrario, quemarse con el fuego del infierno. El de Chamartín es un club en el que no hay términos medios: se gana, es un éxito; se pierde, es un fracaso. Y más para una temporada como esta, en la que fue excluido de la Copa del Rey por un vergonzoso error administrativo (emplear a un jugador que estaba suspendido) y perdió la Liga a manos de su más enconado rival: el FC Barcelona.


La Champions Legaue: ¿una final a la española


Tanto con Benítez como con Zidane, en todo caso, y más allá de las formas, Real Madrid ha demostrado ser un puñado de estrellas individuales que ocasionalmente se junta y puede hacer estragos. Ocurrió, por ejemplo, el día que visitó el Camp Nou, neutralizó al Barcelona y consiguió una victoria que le permitió reencaucharse en la Liga. Pero también nos ofreció no pocos testimonios de la sumatoria de frialdad, displicencia y egos que con frecuencia se adueña de sus rutilantes estrellas, a veces incapaces de formar una constelación. Y sus mejores demostraciones, allende aquella en suelo catalán, fueron contra equipos de poca monta, del montón entre el montón del planeta fútbol. De hecho, su recorrido en la Champions League fue un tapete de pétalos de rosas, con muy pocos rivales de verdadero peso específico en lo futbolístico, precisamente el factor que más dudas despierta para el partido de este sábado 28 de mayo en Milán.

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El Atlético de Madrid de Diego Simeone dejó en el camino a Barcelona, campeón defensor, y Bayern Munich, gran candidato (UEFA.com).

En la fase de grupos, el único que pudo arrebatarle puntos fue el encopetado Paris Saint-Germain (PSG) en la ciudad de la Luz (0-0), y eso que era uno de los aspirantes a la corona. Los parisinos demostraron ser de otra galaxia en cuanto a poder económico, pero muy terrenales en lo futbolístico. El Shakhtar Donetsk ucraniano y el Malmoe sueco, en cambio, ni siquiera opusieron resistencia: fueron literales convidados de piedra. En octavos de final, el sorteo de deparó a la Roma italiana, protagonista en el Calcio, pero uno más del montón en Europa: cayó con harto de pena y nada de gloria. Después apareció el Wolfsburgo alemán, de muy irregular campaña en la Bundesliga, que estuvo a punto de eliminarlo: lo salvó la mentalidad de equipo chico de los teutones en el duelo de vuelta, cuando entraron al campo resignados a la derrota, conformes y orgullosos de haber llegado hasta allí. Y en semifinales tocó un Manchester City que hacía historia al meterse por primera vez entre los cuatro mejores del continente, un rótulo que en el terreno de juego no fue capaz de rubricar: ¡qué pobreza futbolística la de los pupilos de Manuel Pellegrini!


Final de Champions League: ¿el que gana es el mejor?


Real Madrid, en otro campo, es el club de la realeza española, de las altas esferas sociales, de las clases más ricas, de las influencias a través de los medios de comunicación. Sus detractores acusan al club y a sus hinchas de no saber perder, a veces de no saber ganar, de verse favorecidos por decisiones o sorteos que despiertan sospechas. Más que un club o un equipo de fútbol, RM es una empresa moderna destinada a facturar, y sabe sacar provecho de sus activos. De hecho, sus contrataciones tienen que combinar un valor futbolístico, que es importante, con otro de mercadeo, que es imprescindible. Las declaraciones de sus directivos, jugadores, entrenadores e hinchas suelen ser prepotentes, cargadas de soberbia, y eso le ha generado tanta resistencia y animadversión como los títulos le han servido para conquistar hinchas.

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El francés Zinedine Zidane asumió las riendas del Real Madrid a mitad del camino, luego de que el español Rafael Benítez fue despedido (UEFA.com).

Atlético de Madrid es un canto a lo colectivo, al juego de equipo, a ese sueño muchas veces inalcanzable del ‘todos para uno y uno para todos’. Perdido durante años en esa maraña de clubes sin alma que compiten en ligas y torneos continentales europeos, atendió su cita con la grandeza a partir de diciembre de 2011, cuando el técnico argentino Diego Pablo Simeone, el Cholo, se sentó en su banquillo. Entonces, se convirtió no solo en el tercero en discordia en la mal llamada Liga de las estrellas, sino que también se puso el traje de protagonista en el Viejo Continente. Ganó Europa League 2010/2011, la Supercopa de Europa 2012, la Copa del Rey 2012/2013, la Supercopa de España 2014 y perdió la final de la Champions League 2013/14. Y, lo más importante, abrió una discusión tan apasionante como innecesaria en torno a su estilo de fútbol.

Atlético de Madrid no juega bonito, eso lo sabe cualquiera; pero a veces, a ratos, ¡qué bien juega! Con un presupuesto muy inferior al de Real Madrid, Barcelona, Manchester City, PSG, Bayern Munich o Juventus, por ejemplo, en lo deportivo se puso a la par de ellos, inclusive por encima de algunos. Como si estuviera inspirado en Forrest Gump, Atlético corre, corre y corre. Y cuando está cansado, corre y corre. Más que un director técnico, Simeone parece el líder de una congregación, de una secta, que transmite con pasión y convicción un mensaje que es copiado, interpretado y vivido por sus fieles con gran pasión. Un mensaje que, valga decirlo, caló rápido, pero se demoró algo más en cuajar: en lo defensivo se manifestó rápido, pero en la producción ofensiva hubo que trabajar bastante más.

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El esloveno Jan Oblak es prenda de garantía en el arco de Atlético de Madrid y el primero de un sólido y eficaz bloque defensivo (UEFA.com).

En este equipo no importan los nombres, sino la consecución de los objetivos. Un ejemplo: cuando se fue Radamel Falcao García y los hinchas se ponían histéricos, el DT incorporó al hispano-brasileño Diego Costa e hizo olvidar al samario. Cuando se fue el Lagarto, echó mano de croata Mario Mandzukic y luego llenó su lugar con el francés Antoine Griezmann: todos rindieron, todos fueron figuras, todos son ídolos. Y eso que el ataque ha sido la asignatura más difícil de aprobar, la que más críticas le granjeó al sistema Simeone, calificado por muchos como defensivo. La verdad, sin embargo, es que el Cholo ha sabido adaptarse al material humano del que dispone y es sabido que en el fútbol moderno es más fácil y más barato conseguir defensores y volantes que talentosos y delanteros.

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Las opciones del Real Madrid dependen, en gran medida, del nivel de Cristiano Ronaldo. Dicen que está al ciento por ciento (UEFA.com).

Aquella vieja premisa del médico Gabriel Ochoa Uribe, según la cual un equipo ganador se comienza a construir con un buen portero, no solo se mantiene vigente, sino que en el caso del Atlético de Madrid del Cholo Simeone se enriqueció con un plus: no solo tiene un muy buen portero, el esloveno Jan Oblak, sino con un sólido, recursivo y muy eficiente sistema defensivo en el que participan todos los jugadores. Es una suerte de variación de ese revolucionario modelo que en los años 70 impuso el Ajax de Ámsterdam de la mano de Johan Cruyff: el fútbol total. Aquel se basaba en la filosofía del todos atacan, todos defienden, mientras que el modelo Simeone privilegia las tareas destructivas, sin que eso signifique olvidarse de las creativas, de las ofensivas.

Desde hace algunos años, es normal que los técnicos les pidan a sus atacantes, a los jugadores de avanzada, que colaboren con la marca, que al menos les hagan sombra a los defensores rivales. El Real Madrid es fiel testigo de ello, aunque la presión ejercida por jugadores como Cristiano Ronaldo, Karim Benzema y Gareth Bale muchas veces es una mentirita piadosa. En Atlético de Madrid, en cambio, tanto Griezmann como Fernando Torres o Saúl Ñíguez son verdaderas fieras al acecho de aquellos a los que les encomendaron la tarea de marcarlos, y son incontables las ocasiones en las que recuperan el balón y dejan mal parado al contendor. Y el resto, lo hemos visto, son vigorosos, incansables obreros capaces de cumplir una función mixta: defender, como prioridad, y apoyar en ataque, si las circunstancias lo permiten.

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El francés Antoine Griezmann es la baza ofensiva del Atlético de Madrid, un jugador que encarna un gran peligro (UEFA.com).

La gran virtud de este Atlético de Madrid es que cualquier carencia que pueda existir en lo futbolístico se equilibra con generoso despliegue físico, con una inclaudicable vocación de sacrificio, con un insuperable amor propio y con una convicción solo emulable a la de los guerreros de siglos pasados, capaces de entregar su vida por la causa en la que creían. Y los soldados creen en la causa que el general Simeone les ha vendido. Así lo constataron el campeón defensor y máximo aspirante Barcelona, su víctima en cuartos de final, y también el poderoso Bayern Munich de Pep Guardiola, irónicamente el heredero del fútbol total de Johan Cruyff, en semifinales. Sufrieron lo indecible, se vieron extremadamente incómodos, a ratos perdieron su identidad futbolística y, lo peor, se fueron eliminados sin poder sortear este indescifrable obstáculo.

Históricamente, el Atlético de Madrid fue el equipo del pueblo, de los ciudadanos del común en la capital española, el que identificaba sus deseos de superación y los hacía sentirse orgullosos al reflejar su espíritu, sus ansias de superación, su pasión, su rechazo a los valores que encarna Real Madrid. Si bien su estilo futbolístico no es del agrado de todos, especialmente de los que dicen tener paladar exquisito, muy pocos pueden dudar de su efectividad o de su legitimidad. Es tal la intensidad de su juego, especialmente en la fase defensiva, que despierta los más cálidos elogios por parte de los ingleses, gestores de esa virtud. Si aún estuviera vivo, sin duda el inglés Robert Owen, al que la historia señala como el padre del cooperativismo, sería hincha del Atlético de Madrid, una especie de cooperativa futbolística muy exitosa. Una fórmula tan vieja como difícil de implementar que al cuadro colchonero le ha brindado grandes réditos.

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El colombiano James Rodríguez aspira reinar en la Champions League por primera vez en su carrera, tras una irregular temporada (UEFA.com).

No es una revancha de lo ocurrido hace dos años en Lisboa, porque ese es un pasado que ya no se puede modificar; es, como lo dijo Simeone, una oportunidad para escribir una historia diferente. Ya no hubo sorteos y el destino le escogió al Real Madrid el que, sin duda, es el rival más incómodo en la final de la Champions League: Atlético de Madrid. Si ganan los colchoneros, habrán escrito una historia inédita, un antes y un después en los anales de un club que hasta hace poco se conformaba con ser uno más; de paso, le propinará a su vecino de patio una dolorosa derrota que redondeará un estruendoso fracaso. Si ganan los merengues, enriquecerán su leyenda y alimentarán su rica tradición europea, pero sobre todo salvarán una temporada llena de irregularidades en la que su nivel de juego a nadie convenció, una carencia que solo se puede tapar con un título grande. Para muchos, para Real Madrid y Atlético de Madrid, es el partido más esperado del año, en algunos casos también el soñado toda la vida…Colombia Mundial En Contravía rumbo a la Copa América Centenario

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Comunicador social y periodista. Apasionado por los deportes. Escritor de libros. Docente. Emprendedor y soñador, terco y persistente.

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