Esta Argentina es un regalo de los dioses del fútbol

Nadie que en verdad tenga pasión por el fútbol, que entienda un poquito del juego, que se divierta con el buen espectáculo y que posea una mínima dosis de honestidad puede desconocer que esta Argentina, la de la Copa América y especialmente la que apabulló a Paraguay, es un equipo fantástico.

Copa América 2015Apareció el equipo fantástico, aquel que todos sospechábamos que existía, pero del que con el paso de los días dudábamos que pudiéramos disfrutar. En una noche maravillosa, pletórica de contundencia y con ratos de virtuosismo y deleite para la visión y el corazón del hincha, Argentina apabulló 6-1 a Paraguay y se clasificó como finalista de la Copa América. Disputará el título con Chile, el dueño de casa, este sábado 4 de julio en el estadio Nacional de Santiago, en procura del récord de 15 coronas que ostenta Uruguay.

Había dudas, es cierto, y sus detractores, que no son pocos, se habían encargado de sembrar más incertidumbre. Sin embargo, en esa noche loca en Concepción el equipo de Gerardo ‘Tata’ Martino demostró que, más allá de los gustos que no generan disgustos, hoy por hoy es el mejor equipo del mundo. Subcampeón del Mundial de Brasil hace poco menos de un año frente a una alicaída Alemania que anda de tumbo en tumbo, la Albiceleste ahora es finalista del campeonato continental más antiguo del planeta fútbol. Hace cuatro años, como anfitrión, Argentina fue apeado en los cuartos de final por Uruguay, pero ahora tiene la oportunidad del desquite, nada más al otro lado de la cordillera de Los Andes.

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Javier Pastore (21) es el más importante ‘descubrimiento’ de la Copa América. El socio ideal que necesitaba Lio Messi y un plus que puso a Argentina en la final del torneo (Conmebol.com).

Cualquier aficionado que no haya tenido la oportunidad de observar el partido que se disputó en el estadio Municipal Ester Roa Rebolledo preguntará, por pura lógica, ¿cuántos goles convirtió Lio Messi? Y se sorprenderá, sin duda, al enterarse de que el mejor jugador del mundo no se hizo presente en el marcador, pese a que su selección anotó media docena. Ángel Di María, con doblete, y Javier Pastore, con una magistral conducción y un tanto, lograron arrebatarle parte del protagonismo a Messi, que en todo caso fue un sensacional director de la orquesta gaucha. Paraguay, que hasta entonces había dado muestras de su acostumbrada solidez defensiva y que venía de echar por la puerta de atrás al peor Brasil de la historia, se derrumbó ante la presencia de un gigante que no le brindó mayores opciones.

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Ángel Di María, letal. El zurdo argentino fue vital en la victoria 6-1 sobre Paraguay, en semifinales de Copa América. Fideo se mandó un doblete y fue una pesadilla para la zaga guaraní (Conmebol.com).

Que fueron ráfagas de contundencia, sí; que las dudas en el sector defensivo persisten, sí; que Paraguay no fue el mismo de partidos anteriores, sí; que Messi continúa con el arco cerrado, sí; que aún no sabemos si la versión real de Argentina es la que pasó por encima de Paraguay o la que frente al mismo rival en primera ronda sufrió lo indecible, sí. Usted podrá encontrarle mil y un defectos, usted podrá exponer mil y un interrogantes por el rendimiento, pero lo cierto es que la Selección Argentina brindó una lección de fútbol ofensivo y bien jugado que derrumba cualquier crítica. El propio Ramón Ángel Díaz, técnico guaraní, lo reconoció en la rueda de prensa posterior al juego: “Hoy nos superó un equipo que fue inmensamente superior”, afirmó el Pelado.

El fútbol puede ser analizado desde diversos ángulos, pero el más incierto, el que más riesgos nos ofrece para tomar el camino equivocado, el que a la postre se puede venir en nuestra contra, es el resultado. Y apegados a los resultados, los críticos le encontraban a Argentina más defectos que a una suegra intensa. Que contra Paraguay, en el debut (2-2), se cayó en el segundo tiempo tras ir arriba 2-0; que contra Uruguay (1-0) terminó arrinconado en su área, sufriendo el partido más que ganándolo; que a la débil Jamaica la venció con lo justo, sin acumular más méritos que los estrictamente necesarios; que a una disminuida Colombia solo la pudo superar en la definición con tiros desde el punto penalti, en fin. Todo es cierto, pero también todo es relativo.

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Aunque a veces luce torpe, aunque pasa largos ratos desconectado del partido, Sergio ‘Kun’ Agüero siempre aporta lo suyo: el gol. Otro que enloqueció a los paraguayos (Conmebol.com).

Pese a las cortas diferencias o a que no supo rematar los partidos y ganarlos, Argentina fue superior a todos los rivales que enfrentó en la Copa América. Faltó inteligencia para manejar los resultados, sí; faltó tranquilidad para enfriar las acciones, sí; faltó contundencia para terminar con la resistencia del contendor, sí; se pasaron sustos innecesarios en defensa que despertaron dudas, sí; se acumulaba una elevada deuda futbolística dada la calidad de sus futbolistas, sí. A pesar de ello, no obstante, Argentina fue superior a todos los rivales que enfrentó en la Copa América, hay que repetirlo. Un recorderis, nada más: a Colombia tuvo para anotarle al menos dos goles en los últimos cinco minutos (y antes David Ospina se había erigido como el figurón del partido con sus atajadas magistrales), pero solo pudo celebrar tras una tensa y electrizante serie con disparos desde el punto penalti.

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Lio Messi no necesita anotar golpes para confirmarse, muy lejos de los demás, como el mejor futbolista del mundo. En fantástico director de la afinada orquesta albiceleste de Gerardo ‘Tata’ Martino (Conmebol.com).

Y contra Paraguay, en la fría noche de Concepción, hubo un poco de eso. Aunque se demoró menos de un cuarto de hora en abrir el marcador, a Argentina le costó trabajo vencer la resistencia de Paraguay. El gol de Marcos Rojo indicaba lo que se observada en el campo, que la Albiceleste era mejor, pero no había demasiadas diferencias. Esas empezaron a observarse tras el tanto de Javier Pastore, a los 26 minutos, poco después de que la suerte, esa misma caprichosa que en los juegos previos le jugó malas pasadas, esta vez le dio una mano: Derlis González, el más peligroso atacante guaraní, salió del campo por lesión. Y menos de cinco minutos más tarde, por la misma razón, se fue el capitán Roque Santa Cruz. Aquella tenue llama de fuego interno que le quedaba a Paraguay se extinguió después de esos certeros y sucesivos golpes en contra.

Con todo y eso, antes de irse al descanso logró el descuento por intermedio de un jugador argentino: Lucas Barrios. El atacante, hijo de paraguayos, logró vencer a Sergio Romero y dio la impresión que el juego retomaba la tendencia del comienzo, es decir, el nivel parejo. Pero fue una ilusión vaga, efímera, porque a poco de la reanudación Di María extendió la cuenta y aplacó cualquier eventual reacción. Peor aún cuando el mismo Fideo elevó el cuarto tanto argentino a la pizarra antes de los diez minutos del complemento. Ahí, entonces, con resignación y con dignidad, el elenco del Pelado Díaz votó la toalla y empezó a rezar para que el reloj consumiera rápido los minutos y no tuviera que sufrir una humillación más dolorosa.

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La única alegría paraguaya en la fría noche de Concepción corrió por cuenta, irónicamente, de un argentino: Lucas Barrios anotó el gol del descuento, en el epílogo de la primera etapa (Conmebol.com).

Durante casi media hora, ese ruego fue escuchado por Argentina, que aplacó los ímpetus, bajó el ritmo y se mantuvo alejado del arco de Justo Villar. Empero, en la recta final volvió a mostrar su apetito voraz y propinó dos nuevos bofetones: primero con Kun Agüero y poco después con Pipita Higuaín, recién ingresado al campo. A esas alturas, parecía la desigual carrera de un Simca 1000 contra un poderoso Ferrari. Los jugadores paraguayos hicieron su mejor esfuerzo porque la caída no fuera estrepitosa, pero el afinado concierto ofensivo encabezado por Pastore y Messi (en ese orden) se los impidió. Fue un juego con marcadas similitudes al que Alemania le ganó a Brasil en las semifinales del Mundial, con el famoso 7-1. Aquella vez, la armada germana brilló por ráfagas y con una contundencia poco habitual les provocó a los pentacampeones orbitales la peor humillación de su historia, y frente a su hinchada, para colmo.

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El capitán Roque Santa Cruz se fue lesionado, en el primer tiempo pero ya vislumbraba la debacle. Poco antes, el equipo de Ramón Díaz había perdido al talentoso Derlis González (Conmebol.com).

Varias certezas quedaron al cabo de esos 90 minutos. Primero, que el destino de Argentina sigue siendo marcado por Lio Messi, sin que eso signifique que sea ‘Messidependiente’. La mayoría de balones que terminan en gol o al menos con peligro en el área rival, seguro pasó por la pierna zurda del astro del FC Barcelona. Que no ha podido marcar en esta Copa América en jugada en movimiento, pero que como lo hizo en el Mundial es el mejor socio de sus compañeros y, especialmente, un asistente genial. Sorprende y reconforta la humildad del rosarino para ponerse al servicio del equipo, a diferencia de otros jugadores connotados que prefieren encerrarse en la ciega soberbia de su ego. Messi juega y hace jugar, marca y se sacrifica, lucha y pega, intimidada y asiste, un amplio abanico de virtudes que lo convierten en un rival mucho más difícil de controlar que el simple goleador.

En segundo lugar, el técnico Martino encontró la fórmula ideal para quitarle todo el peso de la responsabilidad a Messi y dejarlo jugar tranquilo: Javier Pastore. El volante del PSG francés, al que muchos en su país aún resisten y cuestionan, en esta Copa América se confirmó como un jugador de nivel superlativo, en un socio ideal para Messi. Sutil con el balón en los pies, inteligente para habilitar a sus compañeros, letal cuando aparece en el área para rematar y con el lomo suficiente para soportar la presión y el peso del equipo, Pastore es, quizás, el mejor ‘descubrimiento’ de la Copa América. Descubrimiento, sí, pues es un jugador al que muchos todavía no tenían en su radar porque no es de los habituales en los titulares de la fletada prensa deportivo europea y porque no juega en Real Madrid o Barcelona. Entre comillas, claro, porque es un jugador talentoso que en repetidas ocasiones, inclusive en el pasado Mundial, puso de manifiesto su clase.

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Aunque sus jugadores cumplieron con dignidad, Paraguay terminó humillado, entregado. Muy poco le duraron los argumentos a la albirroja frente a una Argentina que se mostró como lo que es: el mejor equipo del mundo hoy por hoy (Conmebol.com).

Y está el Kun Agüero, que a veces parece torpe, pero que no perdona en el área; y también Gonzalo Higuaín, al que los minutos en la banca de suplentes no le hacen mella en su olfato goleador; y, por supuesto, Carlitos Tévez, un delantero que sería titular en cualquier otro equipo del mundo, incluidos Alemania, Brasil o Colombia (que se jacta de su cosecha de goleadores), pero que en Argentina tiene que hacer fila para jugar. Y más atrás viene Di María, el del fantástico cambio de ritmo, el de las diagonales endiabladas, el de los temibles remates de media distancia. Y junto a él, Javier Mascherano, el Jefecito, el líder, el que las pelea todas y el que da todas las peleas, el que encara al que sea, el que se juega el alma en cada pelota dividida. Y atrás la pareja de Ezequiel Garay (ausente contra Paraguay) y Nicolás Otamendi brindó la seguridad y la tranquilidad que hace rato se extrañaban, mientras los laterales Pablo Zabaleta y Marcos Rojo, y el volante Lucas Biglia, realizan un aporte vital. Y, para rematar, Chiquito Romero es prenda de garantía en el arco. Y se quedan sin mencionar Éver Banega, eficaz alternativa; Érik Lamela, un talentoso as bajo la manga, y Ezequiel Lavezzi, temible delantero.

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Argentina entera, no solo su Selección, está de fiesta. El equipo comandado por Lio Messi espera acabar una sequía de 22 años sin títulos el sábado 4 de julio, cuando enfrente a Chile en la final de la Copa América (Conmebol.com).

A uno puede gustarle o no Argentina, puede odiar a los argentinos, puede ser hincha de Brasil para llevarles la contraria a los argentinos, puede declararse enemigo público número uno de Argentina por Diego Armando Maradona y sus reprochables conductas. Pero nadie que en verdad tenga pasión por el fútbol, que entienda un poquito del juego, que se divierta con el buen espectáculo y que posea una mínima dosis de honestidad puede desconocer que esta Argentina, la de la Copa América y especialmente la que apabulló a Paraguay, es un regalo de los dioses del balón. Así como varias generaciones de hinchas se ufanaron por haber tenido el privilegio de observar en vivo y en directo al Brasil de México-1970, el de Pelé, Tostao, Jairzinho, Gerson y Rivelino, los aficionados del presente tendremos el placer de contarles a nuestros nietos que vimos y disfrutamos a la Argentina de Messi, Di María, Agüero, Tévez, Pastore e Higuaín. El equipo fantástico, aquel que todos sospechábamos que existía, por fin apareció. ¡Que viva el fútbol!

 

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Comunicador social y periodista. Apasionado por los deportes. Escritor de libros. Docente. Emprendedor y soñador, terco y persistente.

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