En defensa de Radamel Falcao García

A pesar de todo lo que el samario le ha dado al país, desde los medios de comunicación y en sectores de la afición se lo ataca con rudeza, como si fuera culpable de un delito detestable. Mientras Falcao se desvive en función de la Tricolor, la retribución no es la esperada: faltan respeto y compasión.

ColombiaMundial(2)El 22 de enero de 2014, Colombia entera sintió que el mundo se le venía encima: en una jugada aislada en el partido que AS Mónaco disputaba con Chasselay por la Copa de Francia, el defensor Soner Ertek le provocó a Radamel Falcao García una lesión en la rodilla izquierda. De inmediato se prendieron las alarmas y el paso de las horas confirmó la noticia más temida: sufrió el rompimiento del ligamento cruzado, se requería una intervención quirúrgica y su presencia en el Mundial de Brasil-2014 quedaba prácticamente descartada. Tras una larga espera de casi 16 años y una fantástica eliminatoria en la que el delantero samario había sido gran protagonista, la ilusión de cumplir una buena Copa Mundo quedó en vilo.

Es que por aquella época para la mayor parte de la afición nacional, y un amplio sector de la prensa deportivo, la Tricolor era “Falcao y diez más”. Se valoraban el trabajo del cuerpo técnico comandado por el argentino José Néstor Pékerman, la buena labor realizada por una generación joven con hambre de gloria y hasta la reconquista de la afición, que durante más de una década estuvo divorciada de su ícono más preciado. Pero a comienzos de 2012, cuando muchos colombianos disfrutaban las vacaciones, desembarcó en el muelle internacional del aeropuerto Eldorado el DT sureño y, como por arte de magia, Colombia se convirtió en protagonista de la eliminatoria. Y el 11 de octubre, en cumplimiento de la penúltima fecha de la programación, un frenético empate a 3 con Chile, en Barranquilla, selló el tiquete a la fiesta orbital. Esa tarde, Falcao fue el héroe al anotar un doblete, con sendos cobros desde el tiro penalti.

Desde hace años, varias de las más grandes alegrías del colombiano común y corriente tuvieron nombre propio: Radamel Falcao García. Hoy, sin embargo, el samario está en sus horas más bajas.
Desde hace años, varias de las más grandes alegrías del colombiano común y corriente tuvieron nombre propio: Radamel Falcao García. Hoy, sin embargo, el samario está en sus horas más bajas.

Ni siquiera en la época de Francisco Maturana la afición nacional había profesado tal idolatría por un jugador. Por aquel entonces, el Pibe Valderrama, Freddy Rincón, Faustino Asprilla o el Tren Valencia eran queridos, pero también había notorios sectores de la afición que tenía sus reservas sobre cada uno. Todos generaban alguna resistencia porque jugaban en tal o cual equipo, porque habían protagonizado algún desplante bochornoso, porque sus declaraciones a la prensa eran tildadas de soberbias, porque no se entregaban a los hinchas como estos querían, en fin, por mil y una razones. Hasta que apareció Radamel Falcao García con la camiseta del Porto portugués y se convirtió en ídolo nacional: a lo largo y ancho de la geografía futbolística colombiana sus gestas eran reconocidas y admiradas. Una tendencia que se mantuvo cuando fue traspasado al club monegasco y que se fortaleció, se dijo, por su peso específico a lo largo de la eliminatoria.

Sin embargo, la noche de aquel miércoles de enero, luego de abrir el marcador al filo de la media hora de juego, el sonido del crac no solo estremeció la rodilla izquierda de Falcao, sino también los cimientos de la ilusión mundialista de Colombia. ¿Se podrá realizar un buen Mundial sin Falcao, sin el goleador, sin el ídolo? Esas fueron las preguntas que atormentaron a los hinchas, que no concebían una Selección Colombia sin su mejor jugador, sin su más representativo valor. Nos quisieron vender humo diciendo que al cabo de cuatro meses estaría de nuevo en los campos, pero cualquiera que entienda lo básico del tema, que sepa cómo es la recuperación de una lesión tan grave y que, especialmente, no tenga intereses económicos de por medio, es capaz de comprender que acudir a Brasil-2014 era imposible. Y la noticia se confirmó finalmente el 2 de junio, en una rueda de prensa en la que el propio Falcao, acompañado por el técnico Pékerman y Luis Amaranto Perea, le comunicó al planeta fútbol la noticia que nadie quería escuchar.

La jugada maldita: sin querer queriendo, el defensor Soner Ertek le provocó a Radamel Falcao García una seria lesión en la rodilla izquierda, que lo dejó por fuera del Mundial de Brasil. El comienzo de las penurias en este aciago 2014.
La jugada maldita: sin querer queriendo, el defensor Soner Ertek le provocó a Radamel Falcao García una seria lesión en la rodilla izquierda, que lo dejó por fuera del Mundial de Brasil. El comienzo de las penurias en este aciago 2014.

Lo que ocurrió después todo el mundo lo conoce: sin su temible goleador, Pékerman presentó un conjunto muy competitivo que se convirtió en la grata revelación de la Copa Mundo y marcó historia: por primera vez clasificó a los cuartos de final, instancia en la que vendió cara su derrota frente a un muy desteñido dueño de casa que necesitó la ayuda del árbitro para continuar en carrera, y consagró a James Rodríguez como goleador. La cruda verdad es que Colombia no extrañó al Tigre, y menos cuando el zurdo cucuteño asumió, con lujo de detalles, el rol protagónico que el DT le encomendó. En cuestión de meses y por cuenta de una inesperada serie de circunstancias, el candente romance entre el samario y la afición se enfrió. De ser considerado estrictamente indispensable e infaltable, Falcao pasó a ser uno más; importante, sí, pero los hechos le demostraron al hincha que aquella percepción de que la Selección era “el goleador y diez más” estaba errada, porque Pékerman había construido un verdadero equipo.

El 2 de junio, en una lacónica rueda de prensa, el técnico José Néstor Pékerman y Falcao anunciaron que el atacante samario no iba a estar en el Mundial. Pero los vendedores de humo ya habían hecho su trabajo, su daño.
El 2 de junio, en una lacónica rueda de prensa, el técnico José Néstor Pékerman y Falcao anunciaron que el atacante samario no iba a estar en el Mundial. Pero los vendedores de humo ya habían hecho su trabajo, su daño.

Finalmente, Falcao volvió a jugar el 2 de agosto, con ocasión del partido entre AS Mónaco y Valencia, el primero de la programación de la Emirates Cup en Londres (Inglaterra). El atacante colombiano actuó los últimos 20 minutos del partido y, por supuesto, esa fue la noticia destacada de la jornada, aunque no tuvo la repercusión que uno pudiera imaginar, porque en la mente del hincha aún daban vueltas las imágenes del Mundial. Pero, además, empezó a percibirse cierta frialdad de los aficionados hacia el ídolo, que a esa altura de la historia ya había sido remplazado en el escalafón por James Rodríguez. Ni siquiera el traspaso al histórico Manchester United inglés, al borde del cierre del mercado de pases europeo, les movió la aguja a los colombianos, obnubilados por la estratosférica transferencia de James Rodríguez al Real Madrid días antes. Una vez más, el cucuteño se cruzó en el camino del samario, que vivía sus horas más amargas en esa relación con la afición.

El siguiente capítulo de la historia tampoco estaba previsto: Falcao jugó poco, y no lo hizo bien, con la camiseta de los diablos rojos ingleses. Y, para colmo, sufrió una nueva lesión que despertó suspicacias y la acostumbrada mala leche de un amplio sector de la prensa deportiva colombiana. Se tejieron mil y una versiones, todas mentiras, producto de rumores que nadie se dio a la tarea de confirmar. Que sufrió una recaída en la rodilla, que tenía la articulación inflamada y debía aplicarse hielo, que nunca más volverá a jugar en el nivel de años anteriores, en fin: se inventó mucho y nadie comprobó nada. Hasta que el propio jugador salió, por la vía de las cloacas sociales (algunos las llaman redes), a ponerles tatequieto. Aclaró que su rodilla está bien, que la nueva lesión fue en la pantorrilla y que trabajaba pacientemente para recuperarse pronto y volver a las canchas. Y volvió, este 29 de noviembre, en el juego que ManUtd le ganó 3-0 al débil Hull City.

Al borde del cierre del mercado de pases de Europa, Falcao llegó al histórico Manchester United inglés. Hasta ahora no pudo rendir, porque las lesiones continuaron atormentándolo. ¿Volverán las alegrías en 2015?
Al borde del cierre del mercado de pases de Europa, Falcao llegó al histórico Manchester United inglés. Hasta ahora no pudo rendir, porque las lesiones continuaron atormentándolo. ¿Volverán las alegrías en 2015?

Ojalá ese sea el final de este tortuoso camino por el que debió transitar Falcao en 2014. Ojalá vengan épocas felices como las del pasado, cuando sus goles nos hacían vibrar cada semana, cuando sus triunfos nos alborotaban el orgullo tricolor, cuando los medios del planeta fútbol eran prolíficos en titulares y comentarios sobre sus hazañas. Es dolorosamente triste esto que ha ocurrido, y no específicamente las lesiones, que son algo inherente al deporte de alta competencia, sino esta horda de buitres al acecho de la víctima para sumar clics en sus páginas web y likes en las cloacas sociales. Porque el hincha es como es, y siempre ha sido así: del amor al odio hay solo un paso, un gol errado, una desilusión. Radamel Falcao García le ha dado a Colombia todo cuanto ha podido a través de su talento y su esfuerzo; ahora, no obstante, cuando abundan las dificultades, no se le retribuye con el cariño y, sobre todo, con el respeto que merece.

Es, justamente, cuando se necesita que aparezca otra vez esa mano mágica del técnico José Néstor Pékerman para arropar al jugador, para blindarle la confianza, para darle un lugar importante en el grupo, para rescatarlo como uno de los mejores delanteros del fútbol actual. Y es la hora, también, de que Radamel Falcao García deje de pensar en los caprichos metálicos de su perverso manejador, el portugués Jorge Mendes, eche raíces en algún lugar (Manchester es ideal para aquellos que quieren vivir experiencias de larga duración, de lo que pueden dar fe sir Alex Ferguson y Ryan Giggs) y se concentre en ser el mismo de antes. Su fortaleza es admirable, lo mismo que su capacidad para recuperarse tras haber caído, pero el mundo del fútbol (y todo lo que lo rodean, especialmente medios de comunicación e hinchas) es una aplanadora implacable que no perdona errores y que está dispuesta a pasar por encima del que sea, sin importar su brillante pasado.

Con la camiseta del FC Porto portuués, Falcao nos enseñó lo que era triunfar en Europa al más alto nivel. El samario marcó historia con los dragones y llegó a arañarles gloria a Lionel Messi y Cristiano Ronaldo.
Con la camiseta del FC Porto portuués, Falcao nos enseñó lo que era triunfar en Europa al más alto nivel. El samario marcó historia con los dragones y llegó a arañarles gloria a Lionel Messi y Cristiano Ronaldo.

Colombia es un país de corta memoria, que olvida rápido y que vive el día a día. Además, la afición está cansada de sentirse decepcionada de sus ídolos y, por eso, actúa con excesiva dureza cuando alguno cae en desgracia (así sea por cuestiones ajenas a su voluntad, como en el caso de Falcao, sin que medie algún pecado). Por otro lado, aquí se quiere, se respeta y se recuerda más a aquellos ‘ídolos’ perversos que le hacen daño a su entorno, al propio país: Pablo Escobar y Diomedes Díaz son dos ejemplos, pero todos sabemos que la lista podría ser larga, muy larga, e incluir nombres de diversos ámbitos de la realidad nacional. En cambio, al bueno, al bondadoso, al trabajador, al humilde que le gana la batalla a la pobreza y se establece como un ciudadano ejemplar se lo castiga con rigor, como si fuera culpable de más detestable delito. Es la razón por la cual hoy algunos levantan el dedo acusador contra Falcao, como si haberse ausentado del Mundial hubiese sido una elección personal, un gusto. Como si en Colombia ser exitoso de manera honesta fuera una falta grave.

Ahora que la Selección Colombia vive los momentos más felices de su historia, que toca el cielo con las manos y vuela tan alto como nunca antes lo había hecho, hay quienes creen que somos una potencia, que aquí los jugadores de talla mundial como Radamel Falcao García brotan de manera silvestre, que cualquiera que se ponga la camiseta número 9 lo hará tan bien o mejor de lo que él lo ha hecho. ¡Cuán equivocados están! En 2015, un año lleno de retos como la Copa América de Chile y el comienzo de las eliminatorias a Rusia-2018, la Selección Colombia necesita todas sus armas, especialmente las mejores, y Radamel Falcao García es una de ellas. Pero no solo porque queramos celebrar sus goles, vibrar con victorias o verlo alzar trofeos, sino porque para el bien de todos en este apesadumbrado país es necesario que, de vez en cuando, los buenos, los trabajadores, los que han sufrido, los que se han superado sin pisotear a los demás salgan favorecidos, sean los ganadores. Y Falcao, lo sabemos, es un ganador en el fútbol y en la vida…

Esta es la imagen que muchos colombianos queremos que se repita el año próximo: la de un Radamel Falcao García pletórico, exitoso, goleador. El jugador y el país de bien lo necesitan.
Esta es la imagen que muchos colombianos queremos que se repita el año próximo: la de un Radamel Falcao García pletórico, exitoso, goleador. El jugador y el país de bien lo necesitan.

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Comunicador social y periodista. Apasionado por los deportes. Escritor de libros. Docente. Emprendedor y soñador, terco y persistente.

3 comentarios en «En defensa de Radamel Falcao García»

  1. Hay una razón simple y sencilla, que no es mundanal sino absolutamente espiritual: Radamel Falcao García es cristiano evangélico, no católico, y profesa su fe sin aspavientos pero sin concesiones. Eso, en lo espiritual es combatido fuertemente por lo que los cristianos evangélicos llamamos el príncipe de este mundo, quien no actúa de frente sino a través de otros. La lucha de Radamel Falcao, no es solo futbolística, es espiritual y ahí hay muchos involucrados aunque no lo sepan.

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