El último héroe norteamericano

En el pasado, los chiquillos estadounidenses querían ser estrellas del hockey, del baloncesto, del fútbol americano o del béisbol, pero ahora sueñan con seguir los pasos del último héroe norteamericano: Landon Donovan.

ColombiaMundial(2)Estados Unidos es una fábrica de ídolos, muchos de los cuales con el tiempo nos mostraron sus pies de barro: Lance Armstrong, Michael Phelps, Marion Jones, Barry Bonds, Mike Tyson, Tiger Woods, O.J. Simpson y Michael Vick, entre los más relevantes, conforman una lista que puede ser muy muy larga. Landon Donovan, el último héroe norteamericano, sin embargo, parece estar lejos de ellos y tras despedirse de la Selección de su país empezó una nueva vida para la que, sin duda, estaba destinado: la de leyenda.

Con solo 32 años y mucho talento por regalar aún, Donovan dio el puntapié final de su hollywoodesca historia con la Selección Nacional de Estados Unidos. No fue, que quede claro, el final que una estrella de su brillo se merecía, porque el libreto se salió del molde. Pero sirvió para comprobar que los aficionados, sus compañeros en el equipo y el fútbol estadounidense le estarán eternamente agradecidos por todo lo que les brindó. “Jamás habrá alguien como Donovan”, afirmó Jozy Altidore, que lo acompañó en muchas de esas batallas que le permitieron ganarse el corazón de los hinchas. “El suyo un legado increíble. Tengo dificultades al pensar en otro jugador estadounidense que haya logrado tanto como Landon”, agregó el técnico Bruce Arena, que lo dirigió en la Selección y aún lo disfruta en el LA Galaxy.

Al término del partido del viernes pasado contr a Ecuador, Sunil Gulati, presidente de la U.S. Soccer, le entregó este regalo a Landon Donovan. Con apenas 32 años, el futbolista le puso punto final a su brillante trayectoria con el equipo de las 50 estrellas.
Antes del partido contra Ecuador, Sunil Gulati, presidente de la U.S. Soccer, le entregó este regalo a Landon Donovan. Con apenas 32 años, el futbolista le puso punto final a su brillante trayectoria con el equipo de las 50 estrellas.

El ambiente en el Rentschler Field, de Hartford (Connecticut), estaba tenso, y no solo por la desazón de la fanaticada, reacia a darle el adiós al último de sus ídolos. Estaba tenso, especialmente, porque la relación de Donovan y el técnico alemán Juergen Klinsmann se rompió desde que el DT, en mayo pasado, anunció la lista de los 23 futbolistas convocados para disputar el Mundial de Brasil-2014 y el astro californiano no estaba en ella. Por eso, cuando a los 41 minutos del partido amistoso contra Ecuador se anunció la sustitución de Donavan, los eufóricos 34.000 aficionados que acudieron a la cita no podían dar crédito a lo que sus ojos veían: el jugador estrechó la mano de su seleccionador y se fundió con él en un abrazo fugaz. La nobleza también es parte de su grandeza.

“Nunca estuve de acuerdo con la decisión y aún creo que debería haber ido a Brasil, pero ese suceso también me sirvió para entender que no siempre las cosas se dan como a uno le gusta”, afirmó Donovan en la víspera del encuentro de despedida. El exjugador de Bayer Leverkusen (1999-01 y 2004-05), Bayern Munich (2009) y Everton (2010 y 2012), entre otros, se quedó al margen de la fiesta ecuménica luego de que el técnico le pasó una costosa factura por una decisión personal. El año pasado, cansado del trajín y agobiado por una rebelde depresión, se tomó cuatro meses sabáticos. “Es fácil juzgar las decisiones de otros, pero solo busqué mi felicidad”, explicó el deportista, que siempre privilegió su vida personal a la deportiva.

Los fanáticos estadounidenses idolatran a Landon Donovan, que les enseñó a cantrar goles y alcanzar sueños que sus antecesores forjaron sin éxito durante décadas.
Los fanáticos estadounidenses idolatran a Landon Donovan, que les enseñó a cantar goles y alcanzar sueños que sus antecesores forjaron sin éxito durante décadas.

El DT alemán, estricto por sus genes, nunca entendió tal situación y, a pesar de haberlo dirigido en el Bayern Munich y conocerlo a fondo, le bajó el pulgar. “El fútbol es sobre lo que se hace hoy y lo que se espera hacer mañana”, justificó Klinsmann aquel 22 de mayo, al tiempo que recordó que el suyo es un proyecto a largo plazo en el que, quedó demostrado, no hay intocables. El hielo que había congelado la relación se rompió el pasado viernes 11 de octubre, cuando se zanjaron las diferencias. “Le dije que esta puerta siempre está abierta para él. Este es su equipo, él construyó este equipo. Ha hecho muchas cosas para el fútbol en Estados Unidos”, afirmó el Klinsmann en un claro tono conciliador.

El romance de Donovan con la Selección Estados Unidos comenzó el 25 de octubre de 2000, cuando con solo 18 años le marcó un gol a México en la victoria 2-0. A partir de ahí, allende su trayectoria en la Major League Soccer (MLS), de la que también es una leyenda (cinco títulos, goleador histórico con 134 tantos, seis veces miembro del Once ideal, Botín de Oro en 2008 y Jugador Más Valioso en 2009), escribió una historia singular en el equipo de las 50 estrellas. En 157 partidos, marcó 57 goles, cinco de ellos durante los 12 encuentros que disputó en las tres ediciones de la Copa Mundo que jugó: Corea del Sur y Japón-2002, Alemania-2006 y Suráfrica-2010 (algo jamás conseguido por otro futbolista estadounidense).

Al retirarse del campo, a los 41 minutos del primer tiempo, Donovan le dio la mano al DT Juergen Klinsmann, con el que no se hablaba desde que lo dejó por fuera del equipo que fue a Brasil-2014.
Al retirarse del campo, a los 41 minutos del primer tiempo, Donovan le dio la mano al DT Juergen Klinsmann, con el que no se hablaba desde que lo dejó por fuera del equipo que fue a Brasil-2014.

De esa cita en el continente negro, precisamente, quedó uno de los recuerdos más gratos, de esos que lo convirtieron en el gran ídolo norteamericano. En tiempo de reposición y con el marcador sin estrenarse, el 23 de junio en Pretoria, Donovan marcó el gol que significó la sufrida victoria 1-0 sobre la aguerrida Argelia. Por primera vez en 80 años, Estados Unidos quedó como líder del grupo e invicto, credenciales de lujo para instalarse en los octavos de final. El héroe, claro, no podía ser otro. “Jugar con la selección de Estados Unidos ha sido una parte muy grande de mi carrera y estoy muy feliz de tener haber sido protagonista de esta historia”, dijo Donovan en un comunicado de prensa cuando anunció que este partido contra Ecuador sería el último con el equipo.

La Copa Mundo, el torneo que le permitió mostrarle al planeta fútbol su talento y amor por el juego, lo marcó desde que era niño. “A la mayoría de los norteamericanos de mi generación le enseñó lo que era el fútbol. Cuando era adolescente, había cuatro cadenas de televisión y ninguna de ellas puso un partido de fútbol; literalmente nunca. Por tanto, jamás vi fútbol por televisión mientras crecía y nunca tuve la oportunidad real de seguir a jugadores de talla mundial. No veía la Liga de Campeones, ni la Premier League ni la liga española; no tenía ni idea de lo que eran. Entonces, la única posibilidad que teníamos de ver fútbol era el Mundial, de modo que se convirtió en mi sueño”, explicó algún día. Y como no podía ser de otra manera, Donovan escribió su particular historia en este certamen.

En la MLS, con el equipo LA Galaxy y al lado de estrellas como el inglés David Beckham, Donovan también forjó una leyenda. Es el mejor jugador de la historia del certamen.
En la MLS, con el equipo LA Galaxy y al lado de estrellas como el inglés David Beckham, Donovan también forjó una leyenda. Es el mejor jugador de la historia del certamen.

Con el paso del tiempo, y el transcurrir de sus hazañas, el público estadounidense comenzó a llamarlo Clutch. Se trata del término con el que se define a aquel jugador que es capaz de responder con acierto a las expectativas en el momento justo, cuando más presión hay. Antes se lo habían adjudicado a Joe Montana (fútbol americano), a Michael Jordan (baloncesto) y a Tom Brady (fútbol americano), un olimpo al que Donovan logró acceder. Los aficionados al soccer lo llaman Capitán América, un apelativo que en ese país solo se concede a los verdaderos héroes, a los que son distintos, a los que son únicos. Y como Landon Donovan, está claro, nunca hubo otro en la historia del fútbol estadounidense.

A este delantero, nacido en Ontario (California), pero descendiente de canadienses (su padre Tim fue jugador semiprofesional de hockey sobre hielo y su madre Donna era maestra de educación especial), el destino le tenía encomendada una tarea que él bien supo cumplir: hacer germinar la semilla del balompié en el árido suelo estadounidense. Había sido sembrada, luego de varios intentos fallidos, con la realización de la Copa Mundo de 1994, pero a Donovan y su generación les corresponde el honor de haberla hecho crecer y reproducirse a lo largo y ancho de la Unión. El fútbol pasó a ser una pasión estadounidense, hoy a la par con deportes de inmensa tradición como el béisbol y no tan lejos del hockey y el baloncesto. Los logros conquistados de la mano de Donovan, y especialmente el amor que siempre profesó por la camiseta y el orgullo con que la vistió, generaron una sólida conexión con la afición. En esa labor, además, influyó de manera decisiva la rivalidad con México, autoproclamado como gigante de la Concacaf, al que Donovan adoptó como su hijo. Ese duelo, picante como el ají azteca, encontró un ingrediente adicional en Landon Donovan, que para los mexicanos se convirtió en el villano más amado (porque hasta sus víctimas aprendieron a idolatrarlo).

Sus padres nacieron en Canadá y querían que fuera jugador de hockey sobre hielo, pero él se crió en el calor del sur de California y se hizo una leyenda en el fútbol.
Sus padres nacieron en Canadá y querían que fuera jugador de hockey sobre hielo, pero él se crió en el calor del sur de California y se hizo una leyenda en el fútbol.

Las dos últimas generaciones de estadounidenses, que vibran al máximo con el fútbol como antes lo hicieron sus antepasados con el béisbol, el hockey sobre hielo, el baloncesto y el automovilismo, se contagiaron viendo las proezas de Landon Donovan y sus compañeros. Por eso, no es raro que ahora, en cualquier calle de una gran ciudad estadounidense, y no solo en aquellas con presencia latina, uno se cruce con algún puñado de muchachitos que lucen orgullosos la camiseta número 10, la que Landon Donovan ostentó con orgullo en la Selección Nacional y la misma que reemplazó en las preferencias de los precoces compradores a la 24 de Kobe Bryant (Lakers de Los Ángeles), a la 11 de Derek Jeter (Yanquis de Nueva York) y a la 18 de Peyton Manning (Broncos de Denver). En el pasado, los chiquillos querían ser estrellas del hockey, del baloncesto, del fútbol americano o del béisbol, pero ahora sueñan con seguir los pasos del último héroe norteamericano: Landon Donovan.

 

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