El Tanque Mueller, un goleador sin par

Efemérides 3 de noviembre: cuando el mundo comenzaba a levantarse tras la Segunda Guerra Mundial, en 1945 nació uno de los goleadores más grandes de todos los tiempos. Símbolo de Alemania y del Bayern Munich en las décadas de los 70 y 80, sufrió por las adicciones y hubo una que nunca superó: el gol.

ColombiaMundial(2)Allá, en el área, era amo y señor: pocos, casi nadie, se desenvolvían con su propiedad en ese terreno. Era cuestión de darle el balón: no importaba si estaba de espaldas al arco, si había uno o más defensores marcándolo, si el portero se hallaba atento. De cualquier manera, con un arsenal de recursos técnicos que parecía inagotable, el Torpedo Mueller hacía su trabajo: destruía la resistencia defensiva del rival. “Era un segundo más rápido que los defensas”, explicó alguna vez. Fuera del área, sin embargo, era un hombre vulnerable, tal y como quedó demostrado tan pronto colgó los botines.

Gerhard Mueller nació en Noerdlingen en 1945, un año muy particular para Alemania: fue en el que se rindió a los Aliados, hecho que derivó en el final de la Segunda Guerra Mundial. Comenzó, entonces, la reconstrucción tras un sangriento conflicto bélico en el que ese país pagó muy caro las consecuencias de retar a sus vecinos. Una reconstrucción que también se dio en el terreno deportivo, una tarea en la que el fútbol, se sabe, jugó un papel fundamental. Con un equipo remendado, en el que ni sus mismos compatriotas creían, Alemania ganó el Mundial de Suiza-1954, venciendo en la final a la poderosa Hungría, en el episodio llamado ‘el milagro de Berna’.

Letal: así era el Tanque Mueller en el área rival. Implacable, recursivo, insaciable. Con la camiseta de Alemania marcó 88 tantos y celebró el título de la Copa Mundo de 1974, en la que su país fue anfitrión. Un grande.
Letal: así era el Tanque Mueller en el área rival. Implacable, recursivo, insaciable. Con la camiseta de Alemania marcó 88 tantos y celebró el título de la Copa Mundo de 1974, en la que su país fue anfitrión. Un grande.

Surgió así la gran potencia que hace unos meses obtuvo su carta corona orbital, en Brasil-2014, y que a lo largo de estas seis décadas nos regaló grandes futbolistas. El Torpedo Mueller, o el Bombardero de la Nación, como suelen llamarlo en Alemania, o el Tanque, fue uno de ellos. Su carrera se inició en el TSV 1861 Nordlingen, un club amateur de su ciudad natal, en el que pudo brillar aunque el entrenador no le brindaba confianza. Se burlaba de él porque era bajito (1,76 metros) para la posición de centro delantero, porque era robusto y tenía algunas dificultades para moverse con rapidez. Pero pudieron más sus goles (fueron 180 en dos temporadas) que aquel concepto técnico, al punto que en 1964 el Bayern Munich lo contrató con la intención de armar un equipo que le permitiera superar el nivel mediocre que acreditaba hasta entonces.

Allí se encontró con otros de la cantera que después, como él, serían ídolos en Baviera: Franz Beckenbauer, Sepp Maier, Paul Breitner y Uli Hoennes. Al cabo de la siguiente temporada, el Bayern Munich ascendió a la Bundes liga y, como por arte de magia, comenzaron los éxitos. Durante las 15 campañas que permaneció con los ‘diablos rojos’, Mueller disputó 453 partidos en los que anotó 398 goles. Pero no fue un camino fácil, porque su primer entrenador en esa escuadra también dudó de sus capacidades: “¿Qué voy a hacer con un levantador de pesas?”, expresó cuando le presentaron a su nuevo jugador. Y, sí, ciertamente Mueller tenía un cuerpo de halterofilista, con muslos de 65 centímetros de contorno, pero también con un corazón inmenso y una insaciable hambre de gol y de gloria.

El gol que lo inmortalizó: Ruud Krol (12) no alcanza a cerrar y la mediavuelta de Mueller va a terminar en el fondo de arco defendido por Jan Jongbloed. Fue el gol que le otorgó el título a Alemania sobre la poderosa Naranja Mecánica en 1974.
El gol que lo inmortalizó: Ruud Krol (12) no alcanza a cerrar y la media vuelta de Mueller terminará en el arco de Jan Jongbloed. Fue el gol que le otorgó el título a Alemania sobre la poderosa Naranja Mecánica en 1974.

Como suele ocurrir, sin embargo, el destino le dio una mano: una plaga le lesiones obligó a que lo utilizaran y en su primer partido fue figura con dos goles. Nunca más lo dejaron en el banco de suplentes. Con ese club fue cuatro veces campeón de la Bundesliga (1969, 1972, 1973, 1974), cuatro de la Copa de Alemania (1966, 1967, 1969, 1971), tres de la Copa de Campeones de Europa (hoy Champions League, 1974, 1975, 1975), una de la Recopa Europea (1967) y otra la Copa Intercontinental (1976). Además, fue goleador de su país en siete oportunidades y en 1970 recibió el Balón de Oro que lo distinguió como el mejor jugador del Viejo Continente (primera alemán que obtuvo el premio), del que también fue máximo anotador en 1970 y 1972. Con ese palmarés, su idolatría en Alemania estaba asegurada, pero también se las arregló, en la misma ley, la de los goles, para ganarse el cariño de los hinchas del fútbol en todo el planeta.

Eso fue con la camiseta de la Selección Alemania. El técnico Helmut Schoen (el que más partidos dirigió en la Copa Mundo), un viejo zorro, no lo despreció. Entendió que a pesar de su figura poco atlética, tenía un poder incomparable: el gol. En México-1970, torneo en el que su país terminó en el tercer lugar, marcó 10 tantos, incluidas dos tripletas (contra Bulgaria y Perú), un récord que solo el argentino Gabriel Omar Batistuta pudo emular décadas después. Su gesta, no obstante, estaba inconclusa. Fue pieza vital de la Alemania que, como local, obtuvo el título en 1974. En ese recorrido, el Torpedo anotó cuatro goles más para erigirse como el máximo anotador de todos los tiempos en la Copa Mundo, con 14. Le hizo uno a Australia (primera fase), uno a Yugoslavia (segunda), uno a Polonia (segunda) y, el más importante de todos, uno a Holanda en la final, el que le dio el título al elenco germano. Allí, dentro del área, le dejaron una bola rebotando, se dio vuelta y la clavó a un ángulo para enmudecer a la famosa ‘Naranja mecánica’ de Johan Cruyff, la favorita de todos.

En el Mundial de México-1970, Mueller fue uno de los pocos que consiguió arrebatarle protagonismo a Pelé: con 10 goles, fue el máximo anotador.
En el Mundial de México-1970, Mueller fue uno de los pocos que consiguió arrebatarle protagonismo a Pelé: con 10 goles, fue el máximo anotador. Marcó más de 400 goles en partidos oficiales, algo monstruoso.

Con Cruyff, irónicamente, fue protagonista de una de las anécdotas más increíbles de la historia del fútbol. Tras los 85 goles que marcó a lo largo de 1972, su mejor temporada, Mueller llamó la atención de FC Barcelona, que andaba en busca de un delantero de área. A pesar de que en un comienzo hubo diferencias en las cifras ofrecidas por el club y las solicitadas por el representante del jugador, se llegó a un acuerdo y el contrato se firmó el 10 de julio de 1973: Armand Carabén (gerente) y Josep Lluís Vilaseca, directivo azulgrana, cerraron el acuerdo con el director deportivo del Bayern Munich Robert Schwan. El club catalán iba a pagar 1,5 millones de marcos y se comprometía a disputar dos partidos amistosos contra los bávaros en el Camp Nou, por los cuales los alemanes cobrarían unos 75.000 marcos más. Al final, sin embargo, la transferencia no se produjo. Cuenta la historia que los alemanes, que se preparaban para recibir la Copa Mundo en 1974, se enteraron del eventual traspaso y movieron sus fichas para frustrarlo.

En Alemania resultaba inconcebible que su goleador se fuera para España, un fútbol por entonces de menor nivel. “Si la cuestión es de dinero, lo arreglamos con el Bayern”, dicen que dijo el ministro de Hacienda de la época, el gran responsable de la jugada. Entonces, Barcelona tuvo que desistir de la operación y enfilar sus baterías en el plan B: Cruyff. “Cruyff costó mucho más y no tenía sentido contar con dos delanteros centro; tampoco teníamos dinero para ello. El prestigio internacional de Cruyff mayor que el de Mueller, pero costó mucho más, 80 millones de pesetas”, relató Vilaseca. Y aclaró: “El juego de Müller no nos entusiasmaba, no se parecía en nada a Cruyff, pero metía goles. Müller era una máquina de marcar goles”. El resto de la historia todo el mundo lo conoce: el holandés marcó una época en Barcelona y sembró una semilla que se convirtió en el ADN futbolístico que la institución aún hoy disfruta.

El Torpedo Mueller fue siete veces máximo goleador de la Bundesliga, un récord vigente. Su poder ofensivo contribuyó a hacer del Bayern Munich uno de los grandes de Europa.
El Torpedo Mueller fue siete veces máximo goleador de la Bundesliga, un récord vigente. Su poder ofensivo contribuyó a hacer del Bayern Munich uno de los grandes de Europa.

Mueller se retiró a comienzos de los años 80, luego de una poco brillante etapa en el fútbol de los Estados Unidos. Pronto, sin embargo, se dio cuenta de que no estaba preparado para esa nueva etapa, sin el fútbol, y al estilo del gran George Best entró en depresión: se entregó a las drogas y al alcohol. “Me destrocé la vida”, afirmó sin miramientos en una entrevista. Pero, de la misma manera que él le había dado una mano a Alemania para constituirse en potencia, su país le retribuyó las proezas en el campo de juego. En 1992, cuando se hallaba en el fondo del hoyo, el Bayern Munich decidió que era hora recuperar a uno de sus más grandes ídolos y lo vinculó a las divisiones menores. “No hay nada mejor que estar en el Bayern”, aseguró Mueller poco después, cuando había logrado superar casi todas sus adicciones. Solo de una jamás pudo salir: la adicción al gol. A él que no le pidieran gambetas, ni veloces carreras eludiendo rivales ni saltos elásticos para anotar de cabeza; pero que no le dejaran un balón rebotando por ahí, en el área, porque la mandaba a guardar. Ese era Gerdhard (o Gerd) Mueller, el gran Torpedo alemán, un goleador de raza.

 

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