El empate con Uruguay, un buen negocio

Sin jugar bien, a ratos jugando mal, con serias limitaciones ofensivas y gruesos errores defensivos, en esta doble jornada Colombia sumó cuatro puntos. ¡Nada despreciable!

Colombia Mundial En Contravía rumbo a Rusia-2018En otro partido discreto, Colombia sumó un punto que vale oro. Quizás hoy el hincha no lo entienda así, mortificado por el irregular juego del equipo de José Néstor Pekerman, pero a la larga entenderá que fue un botín muy valioso. De hecho, fue el primer resultado positivo de la Tricolor frente a uno de los tres grandes del continente, pues en la primera ronda de las eliminatorias suramericanas al Mundial de Rusia-2018 había sido derrotada por Uruguay (0-3), Argentina (0-1) y Brasil (1-2). Con ese resultado (2-2), se mantuvo en la cuarta casilla, en puestos de clasificación directa, por delante de Argentina, que continúa en el puesto que otorga el derecho a la repesca contra el mejor de Oceanía.

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Porque fue impasable en defensa y porque marcó el gol del empate, Yerri Mina fue el mejor de Colombia frente a Uruguay (FIFA.com).

Como es habitual en el estadio Metropolitano de Barranquilla, la afición preparó su fiesta. Había un exagerado optimismo en el ambiente sustentado en el resultado favorable del pasado jueves, cuando en tiempo de reposición Colombia sacó petróleo del estadio Defensores del Chaco, de Asunción, al vencer 1-0 a Paraguay. Esta vez, sin embargo, la fuerte lluvia que soportaron los jugadores y los aficionados desde la mitad del primero tiempo y la jerarquía de un Uruguay muy serio, a pesar de sus notorias limitaciones, aguaron la celebración. De hecho, la Celeste, que en la eliminatoria anterior había caído por un estruendoso 0-4, estuvo cerca de llevarse los 3 puntos. Sin merecerlo, quizás, pero con el oficio que se le conoce, que es lo que más cuenta en esta clase de competencias.


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No fue bueno el partido de Colombia, y en eso hay que ser claros. Otra vez, como había sucedido en Asunción, se notó demasiado la ausencia de James Rodríguez, el conductor, el líder y, especialmente, el único jugador diferente de la Tricolor. Contra Paraguay se logró paliar esa situación porque la obligación era del dueño de casa, pero ahora las carencias quedaron al desnudo: aunque Juan Guillermo Cuadrado estuvo en mejor nivel que en ocasiones anteriores y fue menos individualista, eso no alcanzó para surtir a los delanteros, que volvieron a naufragar en su soledad. Y, peor aún, Macnelly Torres volvió a confirmar (una vez más, ¿y cuántas van?) que no es jugador de Selección, que la camiseta amarilla le pesa toneladas, que su habitual frialdad es un cáncer que amenaza con extenderse.

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La imagen que refleja perfectamente el partido: Uruguay celebra y Colombia no puede ocultar su frustración. El empate, en todo caso, fue un buen negocio (FIFA.com).

Al final del encuentro, al tiempo que reconoció que su equipo no jugó bien, que cometió gruesos y costosos errores en defensa, el técnico Pekerman resaltó la actitud. Es cierto, hubo disposición, pero eso se da por descontado: si un deportista no se motiva cuando defiende los colores de su patria, si no es capaz de hacer un esfuerzo adicional, si no tiene cómo corresponder a la confianza del hincha, mejor que se quede en la casa. La actitud, se sabe, no es negociable. Entonces, no puede apelarse a ella y exhibirla como una virtud, cuando más bien es una exigencia. Pero, démosle la derecha al entrenador y reconozcamos que la actitud sirvió para reponerse en la adversidad, manifiesta de varias maneras: la incapacidad de generar buen fútbol y peligro sobre el arco rival, la categoría del rival y el marcador en contra en buena parte del segundo período.

La defensa, que había dejado una buena impresión en suelo guaraní, hizo agua, y no solo por el aguacero. De no haber sido por Yerri Mina, de sensacional partido, Uruguay estaría celebrando una victoria. Y no solo porque fue el autor del empate 2-2, sino porque se convirtió en la muralla que contuvo los ímpetus de los cotizados Luis Suárez y Édinson Cavani y, sobre todo, el filtro que tapó los terribles errores de Óscar Murillo. Y los laterales, demasiado preocupados en atacar, poco defendieron, poco ayudaron. La Celeste poco atacó, pocas veces llegó con claridad y marcó dos goles, síntoma inequívoco de la debilidad defensiva del local. En Asunción, obviamente, ese factor había quedado en segundo plano porque Paraguay no tuvo ataque, porque prácticamente no puso en riesgo el arco de David Ospina.

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Luis Suárez, que no lució mucho, cobró por ventanilla, y en efectivo, un grueso error defensivo de Colombia y puso el 2-1 provisional (FIFA.com).

Y con la necesidad de llevar el peso del partido, Colombia volvió a verse como un equipo partido, sin filtro en el medio, permeable atrás, desconectado arriba. Puede convenirse que la lluvia perjudicó más al local que al visitante, pero esa no es una disculpa válida. Sin James Rodríguez (y a veces también con él), esta versión de la Selección es la de un equipo plano, previsible, sin sorpresa. La muestra es que los dos goles llegaron de la manera más inesperada: en el juego aéreo, el primero tras un tiro de esquina y el segundo  luego de un centro de costado de Cuadrado. Pero desbordando por los costados, con jugadas de conjunto o al menos con disparos de media distancia, Colombia fue poco o nada lo que pudo generar. Y contra Venezuela se perdona, contra el Paraguay del presente se perdona, pero contra Uruguay, su jerarquía y el buen trabajo del técnico Óscar Washington Tabárez esas falencias salen a relucir.

El partido y el nivel de juego, entonces, son algo que el hincha debe olvidar con rapidez para no atormentarse innecesariamente. Lo que hay que rescatar es el punto. Y que quede claro: no fue que Colombia perdió dos puntos, sino que consiguió rescatar uno frente al equipo que había llegado a Barranquilla como líder de la eliminatoria, con el segundo ataque más eficaz y la defensa más sólida del torneo. Fue, además, el primer punto que se le ganó en la competencia a alguno de los grandes, lo cual no es poco. Y dado que Ecuador no ganó en La Paz (donde sí lo hizo Colombia) y que Argentina tropezó otra vez de local, el panorama continuó idéntico a como estaba. Lo dijo el Maestro Tabárez en la previa del juego y no hay que olvidarlo: “En las eliminatorias lo que vale es ganar, no jugar bonito”.

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Abel Aguilar, que abrió la cuenta, y Juan Guillermo Cuadrado fueron otros destacados de Colombia en un pálido partido (FIFA.com).

Pero, si no se puede ganar, bienvenido es sumar. No hay que olvidar, por otro lado, que este Uruguay también le había amargado la vida a Brasil, el pasado mes de marzo en Recife (2-2). El partido que hay que ganar sí o sí es el próximo, previsto para el jueves 10 de noviembre, contra Chile en Barranquilla. El bicampeón de América es un rival directo en esa otra eliminatoria que Colombia disputa también con Ecuador y Paraguay en procura de un cupo directo o, en su defecto, el derecho a disputar la repesca. Tres puntos separan a la Tricolor de la Roja, por lo que una victoria la extendería a seis. Ojalá para ese día sí se pueda disponer de James Rodríguez, y de Radamel Falcao García, y de Jackson Martínez o cualquier jugador capaz de cambiarle la cara a esta insípida Colombia. Tras ese duelo, Colombia se medirá a Argentina en San Juan, en la última fecha de las eliminatorias este año, para completar dos tercios del recorrido.

Lo más fácil sería seguirles la corriente a los hinchas que se esconden en los medios de comunicación y distorsión, pero hay que ser inteligentes: sin jugar bien, a ratos jugando mal, con serias limitaciones ofensivas y gruesos errores defensivos, en esta doble jornada Colombia sumó cuatro puntos. ¡Nada despreciable! El drama y la preocupación hay que dejárselos a Argentina, que con Messi no gana y sin Messi, pierde y va camino de una incómoda y riesgosa repesca; a Paraguay, que aunque se reencauchó con el triunfo en Buenos Aires no termina de convencer; y a Chile, que con sus rutilantes estrellas bicampeonas continentales hoy está por fuera del Mundial y, lo peor, dependiendo no solo de su capacidad, sino también de lo que hagan los demás. Colombia sigue siendo la dueña de su suerte, y a estas alturas eso es algo por lo que rivales pagarían el oro y el moro…

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El próximo partido, contra Chile en Barranquilla, hay que ganarlo sí o sí para abonar el camino al Mundial de Rusia-2018. Pero hay que mejorar (FIFA.com).

 

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Comunicador social y periodista. Apasionado por los deportes. Escritor de libros. Docente. Emprendedor y soñador, terco y persistente.

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