El clásico es la esencia del fútbol, un partido universal

El duelo entre Boca Juniors y River Plate, en Argentina, encierra, más que ningún otro duelo de su estilo, lo que significa el clásico para el hincha. Un partido que se palpita desde antes, se vive al máximo mientras se desarrolla y se disfruta o se sufre por un tiempo después.

ColombiaMundial(2)Clásico, derbi, superclásico…, llámelo como quiera. Es el partido más esperado por los futbolistas, por los hinchas, por los medios de comunicación, por los patrocinadores, por una razón de peso: es la esencia del fútbol. ¿Los títulos? Bienvenidos, claro está, pero el clásico es una historia aparte. Porque el escenario perfecto para el aficionado común es ganar títulos, pero ojalá arrebatándoselos al rival clásico; esa es la moñona perfecta. Un partido que encierra historia y tradición, que enriquece al anecdotario y cuyo resultado marca el destino de sus protagonistas. Clásico, la esencia del fútbol.

Boca-River, Real-Barcelona, Juventus-Milán, Benfica-Porto, América-Guadalajara, Barcelona-Emelec, Alianza-Universitario, Nacional-Peñarol, Olimpia-Cerro Porteño, Flamengo-Fluminense, Corinthians-Palmeiras… La lista puede ser tan larga como se quiera, aunque los mencionados son varios de los más representativos del planeta fútbol. Cualquier país que se respete tiene un gran clásico, un partido de esos que concitan la atención inclusive de aquellos que depositaron los afectos de su corazón en otros colores. Porque, y esa es otra característica fundamental, el clásico es un fenómeno universal, que trasciende las épocas, los títulos, la ubicación en la tabla de posiciones.

La rivalidad de Boca Juniors y River Plate surgió en las entrañas mismas de cada institución, a comienzos del siglo pasado, cuando estaban separados apenas por cuarto cuadras en el barrio de La Boca.
La rivalidad de Boca Juniors y River Plate surgió en las entrañas mismas de cada institución, a comienzos del siglo pasado, cuando estaban separados apenas por cuarto cuadras en el barrio de La Boca.

Hay clásicos de clásicos, porque no todos son iguales, está claro. La primero que se debe establecer es que no todo partido contra un rival de patio es clásico: en Italia, Juventus juega en Turín y Milán, en la ciudad del mismo nombre, por lo que la rivalidad está entre norte y sur del país. Lo mismo ocurre en España, entre Real Madrid y Barcelona, duelo en el que el principal condimento es el centralismo de los blancos y la autonomía de los catalanes. En Escocia, son los católicos del Celtic contra los protestantes del Rangers, en una rara unión de las dos ‘religiones’ que dominan el corazón del ser humano. En Uruguay, la rivalidad surgió entre la élite inglesa dueña de los ferrocarriles (Peñarol) y los criollos universitarios inspirados en el prócer José Artigas (Nacional).

Porque es justo entender, por ejemplo, que no todos los duelos entre equipos de la misma ciudad adquieren la verdadera dimensión de un clásico. Si uno le pregunta a un hincha del FC Barcelona, el clásico es contra Real Madrid, no contra Espanyol; y para los blancos el partido contra Atlético Madrid es de segundo nivel. En México, las Águilas del América tienen ‘piquiña’ con los Pumas de la UNAM y Cruz Azul, afincados también en el DF, pero su rival clásico son las Chivas de Guadalajara. Y hay clásicos que se transforman, como en el caso de Chile: el original fue entre Universidad Católica y Universidad de Chile, pero con el paso del tiempo el enfrentamiento más importante de ese país fue entre la U. de Chile y Colo-Colo.

Diego Armando Maradona, el más grande de todos los tiempos, escribió capítulos inolvidables en los enfrentamientos contra River Plate. De hecho, tras un clásico, en 1997, se retiró.
Diego Armando Maradona, el más grande de todos los tiempos, escribió capítulos inolvidables en los enfrentamientos contra River Plate. De hecho, tras un clásico, en 1997, se retiró.

Más allá de otras consideraciones, y de gustos personales, el partido que mejor representa lo que es el clásico, el de verdad, es Boca Juniors-River Plate. El duelo de los más grandes del fútbol argentino cumple con todos los requisitos exigidos y pone la vara muy alta para otros enfrentamientos de este tipo. La esencia del clásico es la rivalidad, y la que existe entre ‘gallinas’ y ‘bosteros’ es muy distinta a las otras. ¿Por qué? Porque ambos clubes surgieron de las mismas entrañas, el barrio de La Boca. Apenas unas cortas calles separaban, a comienzos del siglo pasado, a unos de otros. La cancha de Boca estaba en el cruce de las calles Juan Manuel Blanes, Caboto, Benito Pérez Galdós y Ministro Brin, mientras que la de River, a solo cuatro cuadras, entre Aristóbulo del Valle, Pinzón, Caboto y la avenida Don Pedro de Mendoza.

River Plate fue fundado el 25 de mayo de 1901 en La Boca, como fusión de La Rosales (de clase media baja) y Santa Rosa (de mayor alcurnia), dos equipos que se disputaban la supremacía de La Darsena Sur, un sector del barrio. Boca Juniors surgió el 3 de abril de 1905, es decir, casi cuatro años más tarde, producto del interés de un grupo de inmigrantes (principalmente italianos, de Génova) de tener un club propio. Fue, entonces, que comenzó la rivalidad deportiva, primero en el amateurismo y luego en el profesionalismo. Una rivalidad que se consolidó, además, cuando River Plate abandonó sus dominios originales y, después de deambular por varios destinos, se afincó en el barrio de Núñez. Así, en consecuencia, la rivalidad adquirió otro matiz: lo popular (Boca) contra lo aristocrático (River).

Ariel 'el Burrito' Ortega y Daniel Alberto Passarella (como jugador, técnico y dirigente) fueron dos protagonistas de primer orden en el clásico duelo. Ambos le aportaron una cuota importante al folclor del clásico.
Ariel ‘el Burrito’ Ortega y Daniel Alberto Passarella (como jugador, técnico y dirigente) fueron dos protagonistas de primer orden en el clásico duelo. Ambos le aportaron una cuota importante al folclor del clásico.

Las dos primeras décadas del siglo XX sirvieron para ahondar las diferencias entre uno y otro, tanto en lo deportivo como en lo económico y hasta en lo social. De acuerdo con los registros históricos, el primer clásico oficial se disputó el 24 de agosto de 1913, en la cancha de Racing. Fue victoria 2-1 para los de la banda roja, con tantos de Cándido García y Antonio Ameral y descuento de Marcos Maier. Un juego que, valga decirlo, quedó marcado para la historia no solo por ser el comienzo de una nueva era, sino porque terminó en medio de disturbios, polémicas y anécdotas. El juego, previsto para las 2:30 de la tarde, arrancó 40 minutos después porque el árbitro Patricio MacCarthy llegó tarde.

Poco antes del final del encuentro, los jugadores se enzarzaron en una gresca que terminó pronto se trasladó a las tribunas. Allí, adeptos de River quemaron una bandera de boca, para sellar por siempre el antagonismo entre unos y otros. Aquel día, Boca Juniors formó con Juan Virtú Bidone; Juan Garibaldi y Horacio Lamelas; Miguel Valentini, Marcelino Vergara y Miguel Elena; Pedro Calomino, Angel Romano, Marcos Mayer, Donato Abbatángelo y Fancisco Taggino. River Plate lo hizo con Carlos Isola; Arturo Chiappe y Pedro Calneggia; Heriberto Simmons, Candido García y Atilio Peruzzi; Luis Galeano, Antonio Ameral Pereyra, Alberto Penney, Fernando Roldán y Roberto Graga Patrao.

Martín Palermo, el optimista del gol, es uno de los jugadores que más hizo sufrir a los hinchas de River Plate en las últimas décadas. El Loco los tenía de hijos a los de la banda roja, a los que marcó goles de todas las facturas y calidades.
Martín Palermo, el optimista del gol, es uno de los jugadores que más hizo sufrir a los hinchas de River Plate recientemente. El Loco los tenía de hijos a los de la banda roja, a los que marcó goles de todas las facturas y calidades.

De manera conflictiva, así mismo, terminó el primer duelo de la era profesional, disputado el 20 de septiembre de 1931. River se puso en ventaja gracias al mundialista Carlos Peucelle y sobre el minuto 27 del primer tiempo el árbitro Escola dio un penalti a favor de Boca. Francisco ‘Pancho’ Varallo, uno de los históricos de Boca, fue el encargado de la ejecución, que desató los desórdenes: su disparo lo detuvo el golero Iribarren, pero luego de una refriega en el piso el tercer remate del atacante terminó en la red. Los jugadores de River protestaron por una supuesta falta sobre el arquero, que Varallo reconoció después, pero el árbitro concedió el gol. Cuando se calmaron las protestas, tres jugadores de River habían sido expulsados y el partido, suspendido. Días después, el tribunal de penas de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) le dio la victoria Boca, por marcador de 1-0.

Desde entonces, cientos de jugadores, los más importantes del fútbol argentino entre ellos, se inmortalizaron y enriquecieron la historia de un duelo que se vive desde días antes y que tiene un ingrediente inconfundible: las burlas, o cargadas, como dicen en Argentina. Más que la eventual derrota, lo que duele es ser presa de las bromas de su rival, muestra inequívoca de que no es un partido más, uno común y corriente: se palpita desde antes, se vive al máximo mientras se desarrolla y se disfruta o se sufre por un tiempo después. De ello pueden dar fe algunos de los protagonistas más reconocidos:

Con su característica picardía, Ramón Ángel Díaz fue uno de los protagonistas más pintorescos de los clásicos Boca-River en las últimas décadas. Gozó de lo lindo, pero también se lo gozaron...
Con su característica picardía, Ramón Ángel Díaz fue uno de los protagonistas más pintorescos de los clásicos Boca-River en las últimas décadas. Gozó de lo lindo, pero también se lo gozaron…

“Yo jugué Barcelona-Real Madrid, que es muy importante porque tiene dos grandes ciudades detrás, pero Boca-River es distinto. ¡Es como dormir con Julia Roberts!”, definió con su particular desparpajo Diego Armando Maradona. El D10S, de hecho, se retiró del fútbol profesional (su primer intento) en un superclásico, el 25 de octubre de 1997. “Un Boca-River no se asemeja a nada. No hay nada igual. Ni un Real Madrid-Barcelona, ni un Milán-Inter, ni un Betis-Sevilla que me tocó vivir cuando estuve allí y es de los más fuertes de España. No hay nada en trascendencia, popularidad y sentimiento que se compare con todo lo que genera un superclásico como espectáculo en sí. Lo sentía más jugando en La Boca y disfrutaba ver sufrir al rival cuando marcaba un gol”, afirmó Martín Palermo, recurrente pesadilla para los de la banda roja.

“Para mí, la alegría más grande que hay es ganarle a Boca y gritar los goles en la Bombonera”, dijo Ángel Labruna, una de las grandes glorias de River Plate y, por supuesto, con historia propia en el superclásico. Labruna inmortalizó otra frase que los hinchas millonarios aún disfrutan: “¿Cómo no voy a querer a Boca, si me dio de comer toda la vida?”. Por su parte, Óscar Alfredo Ruggeri, el Cabezón, que disputó el clásico con ambas camisetas, un día soltó esta perla: “Cuando llegué a River, Hugo Santilli (el presidente) me dijo: ‘por fin vas a jugar en un club en serio’. Y tenía razón”. Otro gran protagonista de la historia reciente, primero como jugador y luego como DT, fue Ramón Ángel Díaz, que expresó con su particular picardía: “Boca gana partidos y River, campeonatos”.

Nacieron hermanos, pero el fútbol los convirtió en rivales. Boca Juniors y River Plate son protagonistas de un clásico que trasciende las fronteras: es un partido universal.
Nacieron hermanos, pero el fútbol los convirtió en rivales. Boca Juniors y River Plate son protagonistas de un clásico que trasciende las fronteras: es un partido universal.

Millonarios vs. Xeneizes, Gallinas vs. Bosteros, River vs. Boca, no importa el rótulo. Es un antagonismo único, surgido desde las mismas entrañas de los protagonistas, un partido que rompe todos los moldes y que supera a sus hinchas. De hecho, este juego es esperado y seguido con atención por aficionados al fútbol a lo largo y ancho del planeta fútbol, porque contiene unos ingredientes únicos, porque encierra un folclor que ningún otro duelo puede aportar. La mejor demostración es lo ocurrido en la temporada 2011/12, en la que el partido más importante del fútbol argentino no se pudo realizar porque uno de sus protagonistas estaba en la B. Fue, entonces, cuando River y Boca entendieron que no puede convivir el uno sin el otro, que está hecho el uno para el otro, que la esencia de su existencia está en esta clásica rivalidad. ¿Hay algo más perfecto que esto?

 

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Comunicador social y periodista. Apasionado por los deportes. Escritor de libros. Docente. Emprendedor y soñador, terco y persistente.

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