El balón de ego

Con todo lo que ha ocurrido, especialmente la nefasta intervención de la multinacional de la corrupción, el premio debería cambiar su nombre y llamarse el Balón de Ego. Así, entonces, todos los años, sin reparo alguno, podrán entregárselo a Cristiano Ronaldo. En eso sí es el mejor del mundo…

ColombiaMundial(2)Johan Cruyff, considerado uno de los mejores jugadores de la historia y premiado con el Balón de Oro en tres ocasiones (1971 con Ajax y 1973 y 74, con Barcelona), lo dijo claro y contundente, según su estilo: “El Balón de Oro es un montaje de los periodistas; cada uno tira para su lado. A menudo me pregunto para qué sirve tal galardón”. Las declaraciones fueron concedidas al programa ‘Versió Rac 1’, de la capital catalana, con ocasión de la nominación de los tres finalistas de 2014 para el premio que otorgan en conjunto la revista francesa France Football y la FIFA, la reconocida multinacional de la corrupción.

El argentino Lionel Messi (FC Barcelona), el portugués Cristiano Ronaldo (Real Madrid) y el alemán Manuel Neuer (Bayern Munich) fueron los finalistas anunciados esta semana y uno de ellos recibirá el trofeo a mediados de enero, en la gala especialmente diseñada para darle colorido a la pantomima. Messi y Ronaldo fueron finalistas el año pasado, junto con el francés Franck Ribéry, y entre ellos se turnaron el trofeo desde 2008: el portugués lo recibió en 2008 y 2013, mientras que el argentino se adueñó del galardón en 2009, 2010, 2011 y 2012. El último jugador distinto a ellos que lo ganó fue el brasileño Kaká, en 2007, que curiosamente aventajó a los aspirantes (segundo fue Cristiano y tercero, Messi).

El argentino Lionel Messi ganó el Balón de Oro más que ningún otro jugador en la historia, y con justificados méritos. El valor de su trayectoria no está ligado al premio, sino al legado que le dejará al juego.
El argentino Lionel Messi ganó el Balón de Oro más que ningún otro jugador en la historia, y con justificados méritos. El valor de su trayectoria no está ligado al premio, sino al legado que le dejará al juego.

Si bien prácticamente nadie puede discutir que Messi y Ronaldo son los mejores de la actualidad (el único que seguramente no está de acuerdo es Zlatan Ibrahimovic, autoproclamado mejor futbolista de la galaxia), la elección despertó más críticas que elogios. El alemán Thomas Mueller, que apareció en la lista inicial de 23 aspirantes, no tuvo pelos en la lengua: “La idea de que Cristiano Ronaldo gane el título por segundo año consecutivo sería casi aburrida. Y en el caso de Messi, podría estar otro en su lugar. Arjen Robben jugó, por ejemplo, de forma excepcional. También hay otros jugadores de la selección alemana que habrían merecido estar”. Respecto a su compañero Neuer, el tercer candidato, afirmó que “Manuel tiene a su favor haber ganado el Mundial y otras grandes actuaciones”. ¿Traducción? No está convencido con la elección.


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Como no lo están tampoco los aficionados al fútbol, en general, a lo largo y ancho del planeta. Y la inconformidad está originada en los criterios que se aplican para elegir a los finalistas, que aunque en teoría son claros, en la práctica se antojan amañados y teledirigidos. Además, es cada vez más notorio el hedor que produce la clara interferencia de los medios de comunicación, en especial los españoles, en especial los madridistas y del riñón del Real Madrid (AS y Marca), que han convertido la elección en casi una Tercer Guerra Mundial. Hace unos días, antes de que se conocieran los nombres de los tres finalistas, el portugués Pepe lo anunció con claridad: “Sería una vergüenza que Cristiano no ganara el Balón de Oro”. ¿Argumentos? “Batió un récord al marcar 17 goles en la última Liga de Campeones”. Y así como cuando persigue a un delantero rival con saña y violencia a lo largo del campo, no se detuvo ahí: “Creo que cualquier jugador que recibiera el Balón de Oro de este año solo podría sentir vergüenza con todo lo que Cristiano ha estado haciendo, superando un récord tras otro”.

En el Mundial, la competencia más importante del año, el portugués Cristiano Ronaldo rayó con el ridículo: jugó muy mal y su equipo se despidió en primera fase. Inobjetable.
En el Mundial, la competencia más importante del año, el portugués Cristiano Ronaldo rayó con el ridículo: jugó muy mal y su equipo se despidió en primera fase. Inobjetable.

Esa es la tendencia marcada: se vota por Cristiano Ronaldo o hay que sentir vergüenza. Al mejor estilo de la política colombiana, ‘está conmigo o contra mí’. Una perversa estrategia, cargada del peor ejemplo de juego limpio que tanto pregona la FIFA, que por supuesto está respaldada por toda la comunidad del Real Madrid. Porque un día habla Pepe, al siguiente lo hace Sergio Ramos, más tarde es el turno del técnico Carlo Ancelotti, después surge Marcelo y así, sucesivamente, todos los payasitos del circo hacen su trabajo. Como si les pagaran por eso y no por jugar al fútbol, se prestan para ser títeres de este juego del que solo resulta un perdedor: el juego mismo, el fútbol. Y, claro, AS y Marca, y todas sus cajitas de resonancia en el mundo de habla hispana (con Colombia en los primeros lugares), hacen eco de tan desentonadas declaraciones, que solo contribuyen a alimentar el juego sucio, a restarle brillo a lo que durante muchos años fue un concurso libre y decente. Lo fue, claro, hasta que la FIFA metió la mano y, fiel a su estilo corrupto, convirtió esto en otra de sus telebobelas mediáticas.

Según lo publicado por algunos medios, la mecánica de la elección es la siguiente: primero, France Football y la FIFA escogen 50 precandidatos; segundo, los integrantes de las comisiones de Fútbol y de Técnica y Desarrollo de la FIFA se reúnen con los expertos designado por France Football y reducen el listado a 23; tercero, entran en acción los técnicos y capitanes de las selecciones nacionales, más un grupo de 96 periodistas milimétricamente escogido para que no transite por una vereda distinta a la de los intereses de la FIFA, que hacen su votación (5 puntos al primero, 3 al segundo y 2 al tercero). Las dudas empiezan cuando se habla de los criterios para otorgar el premio, y Cruyff puso el dedo en la llaga: “¿Qué valores son? ¿El mejor jugador del mundo o el mejor de la temporada? Todo el mundo tira para casa y hay en algunos momentos en los que te planteas para qué sirve el Balón de Oro. Que hagan lo que les dé la gana”, espetó. Y, literalmente, le hacen caso: hacen lo que les da la gana.

Manuel Neuer fue designado mejor portero del Mundial de Brasil-2014, en el que Alemania se alzó con el título por cuarta vez en la historia. También ganó la Bundesliga con Bayern Munich.
Manuel Neuer fue designado mejor portero del Mundial de Brasil-2014, en el que Alemania se alzó con el título por cuarta vez en la historia. También ganó la Bundesliga con Bayern Munich.

Supuestamente, porque nadie lo puede asegurar, los criterios son los siguientes: primero, los resultados durante el año, tanto a nivel individual como colectivo; segundo, la clase del jugador, entendida como la sumatoria de su talento y el juego limpio; tercero, el carisma del jugador; cuarto, el conjunto de su carrera. Adicionalmente, y aunque no se trata de una regla escrita, en los años que se jugó el Mundial el Balón de Oro se otorgó casi sin excepción a un representante del equipo campeón. Bobby Charlton (Inglaterra) en 1966; Paolo Rossi (Italia), en 1982; Lothar Matthaeus (Alemania), en 1990; Zinedine Zidane (Francia), en 1998; Ronaldo (Brasil), en 2002, y Fabio Cannavaro (Italia) en 2006, son testimonio de ello. Las excepciones fueron el alemán Gerd Mueller, en 1970, y Cruyff (vaya ironía), en 1974. Pero, está claro, Neuer, el único alemán de la terna de finalistas en 2014, no lo ganará: está allí para no despertar la ira germana, pero sus logros son insuficientes dentro de la estrategia mediática de la FIFA y, como lo dijo el propio jugador, “Yo no soy modelo, ni poso en calzoncillos”.

El año pasado, cuando Real Madrid nada ganó, el trofeo fue a manos de Cristiano Ronaldo, después de una de sus tradicionales berrinches, en el que públicamente amenazó con entrar en rebeldía si no le concedían el trofeo. El Balón de Oro debería habérsele otorgado a Ribéry, que lo ganó todo con Bayern Munich (Bundesliga, Copa de Alemania y Champions League) y contribuyó a que Francia se instalara en el Mundial de Brasil-2014. Sin embargo, Ribéry es feo, tiene una horripilante cicatriz en la cara, su nombre ha estado ligado a escándalos de prostitución con menores de edad, al parecer su vida familiar está lejos de lo ejemplar y, para colmo, carece de carisma. Está claro, entonces, que contrario a lo que se afirma en voz alta esta no es una cuestión de méritos, sino una elección política y, sobre todo, económica. Lo que la FIFA busca es causar un gran impacto mediático en los medios que, a su vez, movilicen la maquinaria del mercadeo para que los involucrados puedan cobrar sus réditos.

El holandés Johan Cruyff, tres veces ganador del premio, dice con razón que ahora es un montaje de los periodistas. No entiende los criterios bajo los cuales se escoge al ganador.
El holandés Johan Cruyff, tres veces ganador del premio, dice con razón que ahora es un montaje de los periodistas. No entiende los criterios bajo los cuales se escoge al ganador.

Cristiano Ronaldo fue campeón de la Champions League con Real Madrid, y ese es su mejor argumento, pese a que el jugador decisivo para obtener el título frente al Atlético de Madrid fue el argentino Ángel Di María. Marcó récord de anotaciones en una edición del torneo, con 17 dianas. Y fue vital para que Portugal clasificara al Mundial de Brasil-2014 en el repechaje contra Suecia. De ahí en adelante, todo lo demás es una cortina de humo: sus otros ‘récords’ son parroquiales, marcas que no deben traspasar los muros de Valdebebas, por son cifras internas del club blanco. En el campo, dos características lo marcaron este año: un efectivo cobrador de tiros penaltis y un sinigual oportunismo que lo destaca como el mejor palomero de la historia (aquel delantero que espera a que el balón le llegue, así sea de rebote, para mandarlo al arco contrario).

Egoísta, malcriado, mal compañero (se la pasa regañándolos y echándolos a la guerra por no pasarle el balón), es un abanderado del juego sucio: la mayoría de los penaltis que convierte los fabricó él mismo con piscinazos que ya son clásicos, al mejor estilo de la campeona olímpica española Mireia Belmonte. A su favor juega toda la mezquina maquinaria del Real Madrid, a la que se suma la mano negra de su representante Jorge Mendes, hábil manipulador de los hilos que mueven a las marionetas del madridismo. Antipático y soberbio, se muestra más como un producto de mercadotecnia que como ese ‘mejor jugador de la historia’ que se autoproclamó (y del cual, por supuesto, está lejos, lejísimos, a años luz). Su Mundial fue perverso, rayando con lo ridículo, y sus marcas goleadoras tienen un lunar inocultable: la mayoría los anotó a equipos de media petaca para abajo. Es mal perdedor y responsable directo de esta odiosa polarización en la que cayó el premio.

Antaño, el premio era respetado y apreciado. Ahora, por cuenta de la intromisión de la FIFA, multinacional de la corrupción, y la injerencia de los medios de comunicación, el concurso perdió la decencia y la representatividad. El concepto de 'mejor jugador' está en entredicho.
Antaño, el premio era respetado y apreciado. Ahora, por cuenta de la intromisión de la FIFA, multinacional de la corrupción, y la injerencia de los medios de comunicación, el concurso perdió la decencia y la representatividad. El concepto de ‘mejor jugador’ está en entredicho.

Lionel Messi, a diferencia de los últimos años, en 2014 se fue en blanco. Barcelona fue segundo en la Liga, pero sin brillo. Al argentino lo aquejaron repetidamente las lesiones y eso, obviamente, le restó ritmo y posibilidades (aunque eso, claro, es parte del juego). Con Argentina, en el Mundial, llegó a la final en la que Alemania se quedó con el trofeo y en medio de polémicas fue elegido como mejor jugador del torneo. No brilló como muchos esperaban, pero ofreció una faceta bien interesante: se puso al servicio del colectivo, cediendo protagonismo y apareciendo como lanzador, como asistidor, como generador de juego. Un rol que también ha sabido desempeñar en el club catalán bajo el mando del técnico Luis Enrique Martínez, aunque allí con el poder goleador intacto. Esta, sin duda, es una versión mejorada del Messi individualista de años atrás, porque se muestra como un jugador más completo.

¿Sus argumentos? Los récords históricos en Liga y Champions: máximo anotador del torneo español, dejando atrás al recordado Telmo Zarra, y del campeonato continental, quebrando la marca de Raúl González Blanco. En ambos casos, la cuenta continúa. Callado, introvertido y ajeno a las figuraciones faranduleras (especialmente aquellas que nada tienen que ver con fútbol), pierde terreno cuando a la hora de elegir se abandonan los campos de juego y se entra en las áreas de mercadeo. Si bien cuenta con el apoyo de su club y de Cataluña, no hay una premeditada campaña mediática a su favor. Sus compañeros lo adoran y él los valora y retribuye, asumiendo responsabilidades en las buenas y en las malas (sobre todo, en estas). Públicamente ha dicho que puede vivir sin el Balón de Oro, lo cual puede considerarse ‘políticamente incorrecto’ y, por ende, perjudicial a la hora de la elección.

El último jugador que ganó el Balón de Oro, distinto a Lionel Messi y Cristiano Ronaldo, fue el brasileño Kaká. Ocurrió en 2007, cuando militaba en el AC Milán. El portugués fue segundo y el argentino, tercero.
El último jugador que ganó el Balón de Oro, distinto a Lionel Messi y Cristiano Ronaldo, fue el brasileño Kaká. Ocurrió en 2007, cuando militaba en el AC Milán. El portugués fue segundo y el argentino, tercero.

El Balón de Oro ya no es lo que era. Ya no elige al mejor jugador de Europa, como en un comienzo. Y tampoco elige al mejor jugador de la temporada, como quedó establecido el año pasado. De nada valen los títulos obtenidos en el campo, según lo ocurrido con Franck Ribéry, porque lo único que cuentan son los titulares en la prensa. Para ganarlo, además, hay que ser afecto a la FIFA y a su corte de áulicos, y ser útil para la perversa empresa de mercadeo que se esconde detrás de lo que, en el pasado, fue un concurso interesante y valioso, decente. Hoy, sin embargo, con todo lo que ha ocurrido, especialmente la nefasta intervención de la multinacional de la corrupción, el premio debería cambiar su nombre y llamarse el Balón de Ego. Así, entonces, todos los años, sin reparo alguno, podrán entregárselo a Cristiano Ronaldo. En eso sí es el mejor del mundo…

 

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