David Trezeguet: la pasión sigue intacta

Efemérides 15 de octubre: al cumplir 37 años, el goleador franco-argentino, campeón mundial con Francia en 1998, es una de las estrellas internacionales con la misión de hacer germinar la semilla del fútbol en India. Una carrera apasionante, aunque con altas y bajas, que vale la pena recordar.

ColombiaMundial(2)A los 22 años, cuando muchos ni siquiera han tenido la oportunidad de jugar en la primera división, él ya había ganado una Copa Mundo y una Eurocopa con Francia. Luego, a los 34, cuando la línea de meta de su prolífica carrera se vislumbraba en el horizonte, se reencauchó de la manera menos esperada: cumplió el sueño de jugar en River Plate, el club del que es hincha, y fue figura para conducirlo a flote. Y ahora, justo cuando celebra 37 años, David Trezeguet demuestra que no solo es un gran goleador, sino también alguien capaz de reinventarse.

Siempre y cuando haya un motivo que lo justifique, un sueño que alimente el corazón, Trezeguet es capaz de hacer un nuevo esfuerzo. No importa que ese nuevo reto sea en la exótica I-League, la nueva versión del campeonato profesional en India, donde vestirá los colores del Pune City FC, un club formado apenas el año pasado. Tras un año a préstamo en Newell’s Old Boys, su intención era regresar a su amado River, pero la mala relación con Fernando Cavenaghi lo impidió: el capitán habló con los directivos y el técnico Marcelo Gallardo y les dijo que no quería que el franco-argentino estuviera en el plantel. Y le hicieron caso, así que no hubo más remedio que buscar otro destino, porque aunque ya consiguió todo lo que podía pedirle al fútbol y a la vida, la pasión sigue intacta.

Ganar la Copa Mundo de 1998, de la que Francia fue anfitriona, fue el punto más alto de la brillante carrera de David Trezeguet. Fue la generación dorada de Zinedine Zidane y compañía.
Ganar la Copa Mundo de 1998, de la que Francia fue anfitriona, fue el punto más alto de la brillante carrera de David Trezeguet. Fue la generación dorada de Zinedine Zidane y compañía (FIFA.com).

Nació en Ruan (Francia) por pura casualidad, pues su padre Jorge jugaba allí, con el Al Rouen (Normandía). Sin embargo, siempre se sintió tan argentino como el dulce de leche, los alfajores o el bife de chorizo. Y ese detalle marca, justamente, una contradicción de su vida: en algún momento de la vida tuvo que escoger entre Francia y Argentina y se inclinó por el país europeo, y representándolo conformó la generación dorada que ganó la Copa Mundo de 1998 y la Eurocopa de 2000. “La decisión de jugar por Francia se dio de manera natural. Fue algo que tuve que hacer para poder quedarme en Europa. Hubiera sido muy lindo integrar la Selección Argentina, pero no se dio. Y yo siempre fue muy claro con Francia, que me adoptó, que me lo dio todo, que me formó y me permitió desarrollarme profesional, cultural y económicamente. Pero, que quede claro, mi sangre es argentina y soy argentino cien por cien”, afirmó en una entrevista con la revista El Gráfico.

Cuando papá Jorge pegó la vuelta del Viejo Continente, la familia se afincó en el mismo lugar del que había partido: Villa Martelli. Allí fue donde David vivió su infancia y, especialmente, donde aprendió a patear y a cabecear. Con solo 16 años, debutó en primera con la camiseta de Platense, el popular club calamar, y en esa campaña sumó cinco participaciones. Y cuando estaba listo para romper el cascarón y sacar a relucir su talento, su poder goleador, ocurrió lo inesperado: Rafael Santos, el mismo empresario que había llevado a Trezeguet padre a Francia, le consiguió una prueba en el encopetado Paris Saint-Germain. Allí no se quedó, porque Jorge exigió trabajo para él y vivienda para la familia, pero David dejó una buena impresión y se lo recomendaron al AS Mónaco.

En 2000, en la Eurocopa organizada por Holanda y Bélgica, contribuyó a que Francia alzara el trofeo tras una épica final contra Italia, al anotar un gol de oro.
En 2000, en la Eurocopa organizada por Holanda y Bélgica, contribuyó a que Francia alzara el trofeo tras una épica final contra Italia, al anotar un gol de oro (FIFA.com).

En Montecarlo, entre la realeza europea y los multimillonarios, se hizo grande, se hizo campeón, se hizo estrella, se hizo goleador. Ganó dos veces la Ligue 1 (1996-97 y 1999-00), con lo que pudo mostrarse en la gran vitrina de la Champions League y, lo mejor, llamar la atención de uno de los grandes del continente: Juventus de Turín. Además, fue convocado para jugar el Mundial-1998, en el que Francia fue campeón con un equipo de lujo encabezado por Zinedine Zidane. Con la Vecchia Signora vivió una época dorada, pues celebró cuatro scudettos y dos Supercopa de Italia, aunque también vivió una de las experiencias más duras de su vida: por el escándalo denominado Calciopoli (arreglo de partidos), Juventus perdió dos de esas coronas y fue descendido administrativamente a la Serie B. El club se desmanteló y Trezeguet fue uno de los pocos jugadores escogidos para llevar a cabo la misión de regresarlo al máximo nivel (con Gianluigi Buffon, Mauro Camoranesi, Alessandro Del Piero y Pavel Nevdev). Con el deber cumplido, y tras diez años en Turín, tomó nuevos rumbos.

Recaló en el débil Hércules de Alicante, en España, con el que pasó horas amargas: el club descendió. En una entrevista con El Gráfico, Christian Amodeo, amigo de David desde la infancia, relató lo ocurrido: “La angustia del delantero es especial. Si sos defensor y no te pasan la pelota, por lo menos participás, pero si estás allá arriba y no te llega, porque los de tu misma camiseta no dan dos pases seguidos, es terrible. Y eso fue lo que le sucedió a David”. Quedó libre y, aún con ganas y goles por cantar, emprendió una aventura que tampoco resultó agradable: se enroló en el Baniyas de Emiratos Árabes Unidos, en cuyas filas apenas jugó tres partidos, aquejado por frecuentes lesiones. Por su cabeza, entonces, comenzó a rondar la idea de que era hora de ponerle punto final a su andadura por los campos del mundo, así todavía sintiera prendido el fuego interno.

Fue gran protagonista del regreso de River Plate a primera división. Jugar en ese club, del cual es hincha, fue cumplir el sueño que había forjado de niño (ElGráfico.com)
Fue gran protagonista del regreso de River Plate a primera división. Jugar en ese club, del cual es hincha, fue cumplir el sueño que había forjado de niño (ElGráfico.com).

“Me encontré con un nivel más bajo del que esperaba. El último partido, por ejemplo, lo jugué con 100 personas en las tribunas. Perdí la alegría”, recordó. Hasta que, en unas minivacaciones de cinco días en las que se dio una escapadita hasta Argentina, el destino le hizo un guiño. Su tío Tomás González (Tomaso para la familia) lo notó deprimido y, para levantarle el ánimo, lo llevó a ver fútbol. Estuvo en la cancha de Vélez Sarsfield, adornada con 50.000 almas para ver un 0-0 con Boca Juniors, un escenario que reavivó la ilusión de David. Aunque los de Liniers le abrieron las puertas, a sabiendas del amor de su sobrino por el club de la banda cruzada Tomás se las ingenió contactar con algunos directivos y ofrecerles sus servicios. La gestión relámpago dio sus frutos, pues River Plate aceptó de inmediato.

Así, entonces, cuando parecía que el final estaba cerca, Trezeguet cumplió el sueño de pibe: jugar en el club del que era hincha. “Recuperó la sonrisa tan pronto estampó la firma. Está feliz y nos ha contagiado a todos los que lo queremos de verdad. El afecto que está recibiendo de la gente de River es impresionante”, relató Tomás luego de que su audaz jugada se consumara. Una alegría que el propio David reconoció a los periodistas: “Es un sueño realizado jugar en River. Mi objetivo era integrarme lo más rápido posible a una aventura completamente nueva para mí, en lo emotivo, en lo profesional, en lo futbolístico, en lo social, en todo. Se dio todo tan rápido, sin reflexionar, y aquí estoy jugando en River, un sueño que se corona. El fútbol, para mí, es pasión. Y acá yo recuperé la pasión. River me la devolvió”.

La llegada de Marcelo Gallardo a la dirección técnica de  River Plate, y el regreso del goleador Fernando Cavenaghi provocaron su salida de River Plate. Recaló en el Newell's Old Boys de Rosario (ElGráfico.com).
La llegada de Marcelo Gallardo a la dirección técnica de River Plate y el regreso del goleador Fernando Cavenaghi provocaron su salida de River Plate. Recaló en el Newell’s Old Boys de Rosario (ElGráfico.com).

Fueron, sin duda, los seis meses más felices de su vida, a pesar de que su esposa y sus dos hijos permanecieron en Montecarlo (Mónaco), para no interrumpir los estudios. Tuve un año muy malo en el Hércules y esos tres meses extraños en Emiratos. Ya había entrado en otra fase, la de pensar cosas distintas, la de centrarme en inversiones, razonar casi como exfutbolista, y cuando salió esta posibilidad era negro o blanco. Estoy feliz, me siento vivo, recuperé sensaciones perdidas”, aseguró en ese momento. Aunque papá Jorge es hincha de Boca Juniors y la mamá seguía a Platense, David se inclinó por River. “A mí me gustó River porque se caracterizó siempre por el buen fútbol. Yo jugué de delantero desde chico, todo lo contrario de lo que fue mi viejo, defensor, y el fútbol para mí es eso finalmente: la gente que hace el gol, el pase gol, y River reunió históricamente todas estas características de gran equipo. Y encima viví la época en que se ganaba todo”, explicó.

Lo mejor, sin embargo, estaba por venir. Aunque solo actuó seis meses, Trezguet fue clave en la campaña y protagonista del regreso de River a primera división. En el último partido, cuando los nervios estaban a flor de piel y las peores pesadillas rondaban por los pasillos del estadio Monumental, el goleador apareció en su máxima expresión y con un doblete no solo aseguró el triunfo frente al duro Almirante Brown, sino también el ascenso directo. Fue el gran héroe, y eso que erró un penalti. Fue tal su felicidad, que se atrevió a afirmar que “el primer gol tuvo más importancia que el que le marqué a Italia en la final de la Eurocopa de 2000”. Ese 23 de junio de 2012 sí lloró, pero de alegría, y borró de un tajo aquel mortificante recuerdo del 26 de junio de 2011, cuando camuflado entre los hinchas, en las tribunas del Monumental, fue testigo del histórico descenso.

El estadio Monumental de Buenos Aires siempre será su casa, gracias a la idolatría que le profesan los hinchas de River Plate. Trezeguet canta sus últimos goles en la exótica liga de India (ElGráfico.com).
El estadio Monumental de Buenos Aires siempre será su casa, gracias a la idolatría que le profesan los hinchas de River Plate. Trezeguet canta sus últimos goles en la exótica liga de India (ElGráfico.com).

A mediados de 2013, con la llegada del Muñeco Gallardo al banquillo técnico de River Plate, a Trezeguet le abrieron la puerta de salida y se fue a Rosario, para jugar con Newell’s Old Boys. En junio pasado, cuando regresó a Núñez con la idea de jugar su último año en el club de sus amores y retirarse, le dieron un portazo en la cara, por aquel insólito pedido de Cavenaghi. El retiro, una vez más, parecía la opción inmediata, pero apareció el reto de la India y lo aceptó. El pasado martes 14 de octubre debutó con el Pune City FC, dispuesto a seguir cantando goles y, especialmente, a convertirse en el ícono que permita que los hinchas de ese país, con escasa cultura futbolística, se enamoren de la caprichosa y sus emociones. Hay David Trezeguet para rato…

 

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