¿Cuál es el papel de un técnico de fútbol?

Ocurre con mujeres y hombres: algunos tienen más belleza física que otros, algunos poseen mayor inteligencia, algunos son más cariñosos y detallistas, algunos suman esas y otras virtudes, pero lo único que cuenta es que correspondan el amor que se les brinda.

Colombia Mundial en Contravía rumbo a la Copa América Centenario“Mi trabajo de entrenador es como el de un sastre. El sastre hace un traje con la tela que le dan. Nunca cose algo que no admita la tela. Como seleccionador, sucede algo parecido”. La frase se la dijo el seleccionador italiano Antonio Conte, tres veces campeón con Juventus en el Calcio, a la revista mensual de la FIFA. Y sirve para reflexionar acerca de un tema que poco a poco se ha tornado turbio, más enredado que una madeja de anzuelos, producto de los mensajes confusos que emiten aquellos que deberían saber para orientar, pero no saben ni orientan.

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Apretando puños y dientes, Diego Simeone le dio una nueva identidad al Atlético de Madrid y lo convirtió en protagonista de la liga española y de Europa.

Una frase que, además, sirve para revisar las declaraciones que el técnico argentino Diego Simeone le dio esta semana al periódico deportivo Récord, de México, con ocasión de sus diez años sentado en los banquillos técnicos. La pregunta es sencilla: ¿Cuál es el papel de un entrenador? De acuerdo con lo expuesto por Conte, del que se dice apenas finalice la Eurocopa-2016 se irá al Chelsea inglés, el rol del director técnico es valerse del material humano que fue puesto a su disposición y tratar de sacar el mejor partido de él. Lo fundamental es que DT sepa cómo obtener los mejores resultados, el más alto rendimiento, para alcanzar los objetivos colectivos propuestos. Quizás no se trate de un camino exclusivo, sino de un camino con varias aristas, con senderos alternos.

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Ganar se volvió una sana costumbre para el Atlético de Madrid desde que el Cholo Simeone asumió la conducción técnica.

Siendo así, entonces, ¿dónde queda el estilo? Porque en las páginas deportivas de los medios de comunicación y distorsión se publica con frecuencia que tal técnico es de un estilo lírico, que el otro es resultadista, que el de más allá es defensivo, en fin, el calificativo se cambia de acuerdo con los resultados que ese equipo obtenga y también según el estado de ánimo de los hinchas. Simeone, sin embargo, piensa distinto. Requerido acerca de cuál es más válido o mejor, si el estilo de César Luis Menotti o Carlos Salvador Bilardo (¡Es increíble que algunos todavía den esa discusión!), el de Pep Guardiola o el de José Mourinho, el Cholo respondió: Las dos versiones son fantásticas; cada uno tiene su visión. Ninguna es mejor que la otra. Mi estilo trata de potenciar al futbolista que te toca. No soy de los que lleva una idea futbolística”.

Si las palabras de Simeone son ciertas, y hay que darles crédito porque los logros lo avalan, entonces la mayoría de lo que se publica en los medios, de lo que discuten los que allí trabajan (periodistas o exfutbolistas) es mero verso o, por decirlo en otras palabras, pura mentira. Y las conquistas de cada uno de ellos le dan la razón: con el fútbol lírico de Menotti, Argentina fue campeón mundial en 1978, pero también alzó la copa en 1986 bajo el mando del resultadista Bilardo. Y lo mismo ocurre con el español y el portugués, más allá de las diferencias que pueda haber en la cantidad y calidad de los títulos obtenidos. ¿Por qué? Porque, como dice Simeone, en el fútbol solo hay una idea válida: La idea es ganar, no conozco otra. Y que se busque en el campo las mejores características de cada jugador para llegar al objetivo de este juego, que es ganar.

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La afición del Atlético de Madrid ahora vive de fiesta, porque ya no es un ocasional tercero en discordia, sino un legítimo candidato.

El año pasado, cuando Independiente Santa Fe levantó el trofeo de la Copa Sudamericana, el primero internacional de su palmarés, algunos osaron cuestionar el ‘estilo de juego’ del técnico uruguayo Gerardo Pelusso. Esto, principalmente porque los últimos cuatro partidos, los correspondientes a la semifinal contra Sportivo Luqueño y los de la final con Huracán, fueron sendos empates; y, peor aún, porque en los tres últimos no consiguió anotar goles. Una discusión sin sustento, originada solo por la malsana envidia que, evidentemente, el logro albirrojo despertó en sus detractores y en los hinchas (llámense periodistas o fanáticos) de los otros equipos del país. Sin sustento, porque esa era una opción que otorga el reglamento, empatar y avanzar a través de la serie con tiros desde el punto penalti. Y si no se puede ganar, mejor que perder es empatar.

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El sentido de pertenencia, lo que otros llaman amor por la camiseta, es una de las claves del éxito de Simeone en el Atlético de Madrid.

Así ganó Brasil la Copa Mundo de 1994, y nadie se quejó. Así también Italia fue campeón mundial en 2006, y a nadie incomodó. Tal y como lo expresó Simeone, cada uno juega con las armas de las que dispone: como decían las abuelas, para preparar una limonada se necesitan limones, de lo contrario será otra bebida. Y esos equipos tuvieron algo característico de los limones: un sabor agrio, que a veces resulta difícil de tragar, que nos genera una reacción de rechazo; pero, también, un componente dulce, que nos llenó de satisfacción, que nos provocó agrado: ganar. Los golfistas tienen un dicho que, en otras palabras, confirma la premisa: “No importa el cómo, sino las cuántas”, refiriéndose a que lo que vale es acumular menos golpes que los rivales, no poseer un swing artístico o una talega de palos de última tecnología.

Y, obviamente, al hincha lo que menos le interesan son las formas. Ningún hincha de Santa Fe dejó de celebrar la histórica conquista “porque el equipo no jugó bonito”, como tampoco a los seguidores del FC Barcelona en la época de Pep Guardiola les incomodaba el criticado tiki-taca que los llevó a ganar tres veces la Liga, tres veces la Copa del Rey, tres veces la Supercopa de España, dos veces la Champions League, dos veces la Supercopa de Europa y dos veces el Mundial de Clubes. Lo irónico fue que después de que el buen Pep se retiró del club y dejó su legado en manos de Tito Vilanova, las críticas y las rechiflas aparecieron cuando los resultados no se dieron. Y era el mismo tiki-taca, eran los mismos jugadores, era el mismo Barcelona. Parodiando a los golfistas, “No importa el cómo se jugó, sino las cuántas copas que se celebraron.

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Sin lucimiento, pero con gran efectividad, Santa Fe ganó el título de la Copa Sudamericana. Cumplió la premisa: el que gana es el mejor.

A Simeone, sin embargo, le preguntaron sobre su estilo, el que los medios españoles se han dado en llamar ‘Cholismo’: “Soy un trabajador”, afirmó negando ser dueño de un estilo en particular. “Tengo un cuerpo técnico importante, más allá de los buenos futbolistas. Soy transparente, somos claros, lo que me gusta se nota pronto. Trato de explicar que el fútbol va más allá de jugar bien o no a la pelota, transmito sentimiento, competencia, sentido de pertenencia. El talento lo tienen, pero no alcanza solo con jugar a la pelota. No hay jugadores malos, a este nivel todos son buenos. Está el que sabe elegir mejor y lo que viene con uno dentro“. Es lo mismo con las mujeres y los hombres: algunos tienen más belleza física que otros, algunos poseen mayor inteligencia, algunos son más cariñosos y detallistas, algunos suman esas y otras virtudes, pero al final lo único que cuenta es que correspondan el amor que se les brinda. Así de fácil.

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A Carlos Salvador Bilardo lo criticaban por resultadista, pero de la mano de Diego Maradona logró un título mundial. Nada que discutir.

En esa respuesta, Simeone tocó un punto álgido, de esos que causan roncha en el ambiente, pero que cada vez está más cerca de ser una especie en vías de extinción: el sentido de pertenencia. “Es cierto que hoy es más difícil porque los futbolistas pasan menos tiempo en sus equipos, pero cuando se da empieza a reflejarse en el rendimiento, en los resultados. Yo creo que se puede ayudar porque con futbolistas del lugar se empieza a contagiar el sentido de pertenencia. También se refleja en la gente que viene. Un buen ejemplo sucedió en mi época de Juventus. En aquel momento, se iban los buenos, pero los regulares o los que soportaban la estructura del equipo siempre eran los mismos y esos fueron los que sembraron el sentido de pertenencia, no los cracs. Los mejores iban, salían, entraban, pero los que sostenían el sentido de pertenencia eran otros: si son los mejores, excelente”, explicó.

Si bien Simeone admite que cada técnico defiende una idea futbolística que le parece la más adecuada para alcanzar las metas propuestas, reconoce también que esa tarea es más fácil de llevar a cabo para un seleccionador nacional que para el técnico de un club de liga. El estilo de juego uno puede imponerlo en una selección, porque puedes elegir a los jugadores para exponer el futbol que vos querés. En los equipos es más difícil porque ya hay futbolistas contratados, o que no fueron elegidos por vos. Con el tiempo, ese jugador se puede ir adaptando lo que vos querés. Pero hoy un entrenador de un equipo debe ir detrás de los jugadores que tiene y no siempre son todos los que quiere. Está claro que si tienes a los jugadores del Barcelona, no vas a jugar como lo harías con los del Inter. Voy más atrás de los jugadores que del sistema cuando se trata de equipo”, aseguró.

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César Luis Menotti le enseñó al fútbol argentino otro camino para ganar, más bonito, más estético. Pero esa no es la única vía.

En las últimas décadas, tradicionalmente la liga española fue la conversación de dos actores: Barcelona y Real Madrid. Más allá de la rivalidad deportiva, los medios se han encargado de ahondar en diferencias que se salen de los campos de juego y llegan a otros escenarios como la política y exacerban los ánimos, cultivan los odios. Cuando el Atlético de Madrid dirigido por Simeone se convirtió en el tercero en discordia, cuando con su estilo futbolístico incomodó especialmente al Real Madrid y demostró que en la capital española los corazones futbolísticos tienen dos amores para escoger, entonces la prensa que es servil a la institución blanca sembró la cizaña. Que sus jugadores pegan mucho, que juegan poco, que corren demasiado, que lucen poco, en fin. La discusión se terminó, sin embargo, cuando el Aleti ganó títulos, cuando mostró jerarquía, cuando en la continuidad de los torneos y las temporadas dejó de ser el tercero y pasó a ser otro candidato, con sobrados méritos, con todos los argumentos.

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A Pep Guardiola lo critican por su tiki-taca, pero la cantidad y la calidad de los éxitos conquistados con Barcelona y Bayern Munich lo avalan.

Algunos dirán que esta es una discusión bizantina, y quizás tengan razón. Es prácticamente imposible llegar a un acuerdo, más cuando está de por medio el sentimiento del hincha, tanto del que está en las tribunas como del que se encuentra parapetado en los medios. Cuando el equipo de sus amores gana, cuando es campeón, el aficionado solo ve virtudes, termina enamorado del estilo de juego así ocurra que, como en el caso de Santa Fe en la Sudamericana, no los convenza a todos, no logre unanimidad, no conforme a las retinas más exigentes, a los paladares más gourmet. Pero esa discusión hay que darla, siempre y cuando sea con argumentos, con la mente abierta, sin más pretensiones que las de compartir la pasión por el fútbol. Porque, al fin y al cabo, en ese redondo universo cada uno tiene la razón, no hay verdades absolutas y, como bien lo dijo el Cholo Simeone, “la única idea válida es la que sirve para ganar”.

 

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Comunicador social y periodista. Apasionado por los deportes. Escritor de libros. Docente. Emprendedor y soñador, terco y persistente.

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