Copa América: Colombia se juega la permanencia

El futuro, pero solo en el torneo que se disputa en Chile, se juega el equipo de José Pékerman. El futuro, el que vendrá, está asegurado con esta camada de jugadores que esperan darle al país futbolístico una nueva alegría.

imageCuando uno ha caído, solo hay dos opciones: seguir revolcándose en el suelo o levantarse y proseguir la marcha. Ese es un dilema que la afición colombiana dilucidará en la noche de este miércoles, cuando la Tricolor se enfrente a Brasil en la segunda salida en la fase de grupos en la Copa América Chile-2015. Tras el inesperado revés con Venezuela, el combinado nacional se juega la permanencia en un torneo en el que partió como aspirante a la corona.

De algo podemos estar seguros: peor que contra Venezuela no va a jugar Colombia. Ese día se sumaron todos los males y se provocó una de las derrotas más dolorosas de la era Pékerman. Porque la más dolorosa, aquella que sigue rondando la mente de los hinchas durante las noches, en forma de pesadilla, es la que se sufrió frente a Brasil en los cuartos de final del Mundial-2014. Pero, que quede claro, este juego que se disputará en el estadio Monumental de Santiago no es una revancha de lo ocurrido el pasado 4 de julio en Fortaleza. Aquel duelo quedó enterrado en el pasado, el Mundial ya terminó y así Colombia gane 20-0 no jugará las semifinales de la Copa Mundo.

Copa América 2015
David Luiz, con un gol de tiro libre, fue el verdugo de Colombia en el Mundial. El zaguero volverá a estar en el once titular.

Además, pensar en revanchas es quedarse en el pasado, vivir de recuerdos, ‘patinar’ en hechos que ya no se pueden cambiar. Ese es el recurso de los que no tienen argumentos, de los que son limitados de imaginación, para los que como la mayoría de medios de comunicación del país están convencidos de que el hincha es idiota y no entiende. Esta es una nueva historia y, por consiguiente, hay que trabajar para que el desenlace sea distinto. Eso, sin duda, lo tienen claro el DT José Pékerman y el grupo de jugadores, que llegaron a Chile ilusionados con brindarle otra alegría a la afición y son conscientes de que una derrota con la Auriverde significa salir del torneo por la puerta de atrás.

Copa América 2015
El llanto de James Rodríguez, luego de consumarse la eliminación de Colombia, es un recuerdo imborrable. ¿Ahora podrá sonreír?

¿Se le puede ganar a Brasil? Esa es la pregunta que, desde el atardecer del domingo, atormenta a los hinchas colombianos. Una situación curiosa, por decirlo de alguna manera: antes de jugar contra Venezuela, prácticamente nadie dudaba de un seguro triunfo, algunos por una cómoda ventaja. En términos coloquiales, se ensilló la bestia antes de haberla cogido. Ahora, en cambio, son muchos los que dan por hecha la derrota frente a los pentacampeones del mundo, una selección que, se sabe, por estos días nos ofrece la peor versión de su historia. Y, ¡claro!, a este Brasil de Dunga se le puede ganar.

Basta rebobinar la memoria solo unos días y revivir las imágenes del duelo de los brasileños contra Perú, que se definió como un parto de mula: con dolor y a última hora. Los incas desnudaron las ya reconocidas carencias y limitaciones de un Brasil que aún infunde respeto por su historia, pero que ya no mete miedo. Un equipo que, en contravía de su tradición, es dependiente de su estrella Neymar. Un equipo plano, predecible, a ratos arcaico, con más músculos que sesos. Un equipo que, aunque sus integrantes lo quieran negar, carga con el pesado lastre de su rotundo e inolvidable fracaso en el Mundial-2014, en el que como local sufrió dos goleadas (algo nunca visto).

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Aquel go de James Rodríguez, a diez minutos del final del partido en Fortaleza, no bastó. Ese día, Colombia se despidió del Mundial.

¿Cuál es la clave del partido o, dicho de otra manera, cómo puede ganar Colombia? Que la Tricolor recupere la memoria, que vuelva a ser la de las eliminatorias y el pasado Mundial, que deje en el pasado el resultado del debut. En el Mundial, antes de la debacle Auriverde y con la nefasta ayuda del árbitro español Carlos Velasco Carballo, hábil alfil de la mafiosa FIFA, Colombia no fue mucho menos que Brasil, y eso que no estuvo en su mejor día. Y este Brasil, el de la Copa América, se antoja alumnos escalones por debajo de aquel que fue anfitrión de la Copa Mundo, porque es un elenco en formación, porque tiene menos jugadores de experiencia y, especialmente, porque desaprovechó la histórica oportunidad que se le presentó para enterrar el fútbol cavernícola y regresar al jogo bonito.

Copa América 2015
Juan Guillermo Cuadrado es uno de los jugadores que pueden marcar diferencia para Colombia. ¿Subirá de nuevo su nivel?

Es claro que Colombia tampoco es la misma, así la nómina sea prácticamente igual a la de hace once meses. La falta de ritmo de alta competencia, un factor que en estos torneos suele marcar diferencia, pasó una costosa factura contra Venezuela. Por eso, habrá que hacer un esfuerzo adicional este miércoles en Santiago, sin que eso signifique priorizar alma, corazón y garra a cambio de inteligencia, sagacidad y efectividad. Paciencia, precisión y contundencia son las virtudes que debe exhibir la Tricolor si quiere enderezar el camino y conseguir una victoria que deje en el recuerdo aquella de la Copa América de 1991, también en suelo austral (2-0 a favor de los del Chiqui García). No hay espacio para las dudas, tampoco para las equivocaciones, porque la reiteración de unas y otras redundará en una prematura despedida, en alistar las maletas y regresar a casa con el rabo entre las piernas.

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Neymar es el único jugador diferente de este discreto Brasil. Hay que mantenerlo a raya, so pena de padecerlo. Neutralizarlo es la cuota inicial de un buen resultado.

¿Se le olvidó jugar a la Selección Colombia?, ¿los ases del Mundial hoy son unos troncos sin remedio como muchos nos quieren hacer creer en los medios de comunicación y las cloacas sociales? Por supuesto que no, ni lo uno ni lo otro. Lo que ocurre es que el fútbol es como la vida, cambiante, impredecible, con altos y bajos, muchas veces injusto. Y los goles que ayer entraron como si el arco contrario fuera un inmenso portón, hoy salen desviados por centímetros; los errores que antes quedaron como meras anécdotas, hoy son culpables de dolorosas derrotas; las decisiones del técnico que ayer fueron precisas y oportunas, esta vez poco o nada aportaron.

Pero, cabe resaltarlo así suene a frase hecha, así es el fútbol. Lo que más duele no es que Colombia pierda, porque eso hace parte del juego; o que pierda con Venezuela, porque es un rival que tiene sus argumentos. Lo que duele es que pierda mostrando esta versión tan poco habitual: confundida, errática, limitada, ansiosa, desangelada. Eso lo sabe bien Pékerman, lo saben los jugadores, también algún mínimo sector de la prensa y de la afición. Por fortuna, este grupo nos ha demostrado madurez, grandeza, amor por la camiseta y por la gente y, sobre todo, hambre de triunfo. Y eso no ha cambiado, no va a cambiar.

Perú, que. O mienta un proceso al mando de Ricardo ‘Tigre’ Gareca, hizo sudar petróleo a Brasil, que ganó en el epílogo del juego.
Perú, que comienza un proceso al mando de Ricardo ‘Tigre’ Gareca, hizo sudar petróleo a Brasil, que ganó en el epílogo del juego.

Lo que es necesario tener presente es que el empate sirve, y mucho. Claro, todos esperamos ganarle a Brasil, en especial por aquel episodio de Fortaleza, porque sería un revulsivo anímico. Pero el empate ayuda para seguir en carrera, porque fortifica el espíritu de cara al duelo contra Perú, el más débil de los rivales en esta primera fase. Paciencia, precisión y contundencia serán las claves del resultado, entendiendo que es necesario el equilibrio con seguridad en defensa, volumen de juego en el medio y acierto en ataque. Puede sonar a frase de cajón, pero Colombia debe jugar un partido perfecto para vencer a Brasil. Y no porque la Auriverde sea demasiado, sino porque, ya lo sabemos, suele contar con la ayuda de la mano negra.

Este Brasil, no sobra recordarlo, es Neymar y diez más. Y no los mismos diez del pasado, genios igual, pero de otro nivel, sino futbolistas comunes y corrientes, como tantos otros que hay por los campos del mundo. Neymar es el distinto, pero no es Messi, que es único. El 10 de Brasil porta ese número, pero difiere mucho de algunos cracs que en el pasado lucieron esa camiseta. Y tiene días buenos , pero también otros muy malos; y es llorón, tímido cuando siente la marca recia y pegajosa; y a ratos se esconde para eludir la responsabilidad cuando queman las papas. Claro, sigue siendo Brasil y por eso hay que respetarlo, aunque no debe haber temor al enfrentarlo.

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El técnico José Pékerman se enfrenta al que, sin duda, es el momento crítico desde que asumió las riendas de la Selección Colombia. Es una prueba complicada.

Hace poco menos de una semana, cuando desembarcó en el aeropuerto de Santiago, Colombia cargaba el rótulo de favorita. Hoy, tras una inesperada derrota, corre el riesgo de revivir viejos fantasmas del pasado que parecían estar enterrados, pero que en una sucia jugarreta del destino vuelven a aparecer en el firmamento. Lo bueno es que hoy por hoy el destino de la Selección depende única y exclusivamente de la Selección. Ganarle a Brasil, o cuando menos no perder, es el camino para que el sueño siga vigente. De lo contrario, habrá que dar vuelta a la página y enfilar baterías hacia la eliminatoria a Rusia-2018, el reto más importante. El equipo se juega la permanencia en la Copa América, pero la vida va a continuar pase lo que pase…

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Comunicador social y periodista. Apasionado por los deportes. Escritor de libros. Docente. Emprendedor y soñador, terco y persistente.

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