Colombia se levantó y sonrió frente a Brasil

En un partido redondo, aunque sin brillantez, la Tricolor venció 1-0 a un penoso pentacampeón mundial para confirmar sus credenciales como candidata en la Copa América Chile-2015. Ahora se viene Perú, en el cierre de la primera ronda.

imageLos sepultureros de los medios de comunicación y las cloacas sociales, que hace solo 72 horas habían asesinado a Colombia luego de caer 0-1 con Venezuela en el debut en la Copa América Chile-2015, ahora tuvieron que resucitarla por obra y gracia de un Espíritu Santo llamado Jeisson Murillo. El defensor central fue el gran héroe de una noche épica, en la que el combinado de José Pékerman venció a Brasil, por la mínima diferencia, y se encarriló de nuevo en el torneo continental.

Hasta con el balde, como se dice popularmente, le dieron a la Tricolor cuando perdió el partido que nadie creía que se podía perder. Que los jugadores se aburguesaron, que perdieron el hambre, que había demasiadas estrellas en el campo, en fin, fueron variadas las barbaridades que se alcanzaron a decir, a escribir y a publicar. Cuestionamientos que encontraron respuesta, sin embargo, en el único terreno en el que podían darse: sobre el césped del estadio Monumental, de Santiago, en el duelo contra el elenco de Dunga. Y las plañideras de hace tres días se convirtieron, como por arte de magia, en los primeros en celebrar una victoria que, ahora sí, tiene muchos padres (¡Yo ya lo había dicho!, se oye con frecuencia).

Copa América 2015
El defensor central Jeisson Murillo aprovechó un borbollón en el área de Brasil y marcó el único tanto del partido en Santiago. Uno de los nuevos en el grupo, Murillo mostró gran categoría (AS.com).

Paciencia, precisión y contundencia, se sabía, eran las claves para superar ese duro escollo que suponía la pentacampeona mundial. Sin los afanes que quedaron en evidencia contra Venezuela, sin esas erráticas entregas que tantos dolores de cabeza provocaron y con la eficacia que frente a los patriotas se echó de menos, Colombia logró una victoria histórica. Histórica, porque es apenas la segunda contra la Auriverde en enfrentamientos oficiales en la categoría absoluta, porque es la primera en casi un cuarto de siglo y porque permite volver a soñar con ocupar el primer puesto en el grupo C y asegurar sin afanes ni sustos el cupo a los octavos de final. Además, porque significó la recuperación de la identidad, del estilo de juego marcado en las pasadas eliminatorias y durante el Mundial, y refrendó el romance con esa porción de la afición que apoya siempre, que no se acomoda al calor del resultado.


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Distinta, muy distinta, fue la Colombia de esta noche del 17 de junio en comparación con la de aquella aciaga tarde del domingo 14. A pesar de los duros cuestionamientos que llovieron como si fuera el diluvio universal, el técnico Pékerman, fiel a sus principios, solo realizó una modificación en relación con el onceno que arrancó frente a Venezuela: Teófilo Gutiérrez sustituyó a Carlos Bacca como acompañante de Radamel Falcao García en la delantera. Los restantes diez jugadores fueron los mismos, aunque mostraron una cara diferente: se parecieron mucho a los que nos hicieron inflar el alma con la dicha de un Mundial-2014 inolvidable y, de paso, dejaron atrás el trago amargo que significó la caída con los de Noel Sanvicente. Una dosis de coherencia que sirvió, por decirlo de alguna manera, para que los futbolistas cambiaran el chip.

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La pelota se cuela al arco de Jefferson, que nada puede hacer por evitar la caída. Fue el gol que significó la victoria de Colombia sobre un desteñido Brasil (AS.com).

Había que ser inteligente, y Colombia lo fue. Le impuso sus condiciones a Brasil, que nunca terminó de acomodarse en el terreno de juego. Marcó los ritmos del partido y aceleró cuando lo consideró necesario, al tiempo que ensució el trámite, sin excesos, cuando fue conveniente. Controló eficazmente a un Neymar que volvió a ser una sombra, al que esta vez ni siquiera sus acostumbradas payasadas le sirvieron para evitar la derrota. Aprovechó un error de la zaga auriverde para cobrar por ventanilla y tuvo los argumentos para conservar la ventaja, aunque al final hubo algo de drama porque faltaron pausa y manejo. Y, claro, lo más importante, se quedó con una victoria que demuestra que esta Colombia sí tiene pasta de candidata, que sí tiene legítimas credenciales para aspirar a la corona, que lo del domingo fue apenas un accidente del que ya se repuso.


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No abundó la brillantez, es cierto, pero no hizo falta. Esta vez, Colombia entera se puso el overol y trabajó: marcó, presionó, obstruyó, la reventó, atacó… Esa humildad que algunos despistados dijeron le había faltado a la Tricolor contra Venezuela, esta vez fue su mayor y más destacada cualidad. Los 13 jugadores de campo se brindaron enteros, corrieron a lo largo y ancho del terreno, apelaron al orgullo y a la garra y fabricaron un triunfo que jamás se olvidará. Y para rematar, el técnico Pékerman volvió a ser el conductor genial de siempre, primero al respaldar a su cuestionado conjunto y luego al aplicar los correctivos precisos cuando Brasil más apretaba en el segundo tiempo. Partido redondo, sin duda, para dejar claro que en estos torneos, en los que permanentemente se camina sobre el filo de la navaja, pesan más la jerarquía, la inteligencia y la efectividad que los lujos y la tradición.

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El mejor y el peor del patido: el colombaino Carlos Sánchez y el brasileño Neymar, en ese orden. Ahí radicó una de las claves del resultado, sin duda (AS.com).

Colombia está viva, como titularon algunos medios, pero no porque le haya ganado a Brasil, sino porque jamás estuvo muerta. Muerto está aquel que ya no tiene más posibilidades y las de Colombia dependían de sí misma, y ya aprovechó la primera, la más importante. Ahora hay que capotear la euforia y prepararse para cerrar esta primera fase contra un Perú que vendió muy cara su derrota contra Brasil. Un empate seguramente bastará para inscribirse entre los ocho que siguen en carrera, pero ya sabemos que la actual Tricolor no se conforma con premios de consolación. Los jugadores, que nunca se escondieron tras el tropiezo del comienzo, les pusieron el pecho a las dificultades y sortearon el escollo más duro de la primera fase.


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Brasil, que últimamente nos tiene acostumbrados a ser Neymar y diez más, esta vez ni siquiera fue Neymar. El 10 auriverde demostró que es distinto jugar al lado de Messi, Iniesta, Xavi, Suárez y compañía en el FC Barcelona y hacerlo con Firmino, Willian, Fred, Dani Alves y el resto de jugadores que, tristemente para ellos, conforman la generación que quedará marcada como el peor Brasil de la historia. Acertadamente controlado por la defensa colombiana, Neymar pasó casi inédito, a no ser por sus rabietas. El técnico Dunga, fiel a su estilo amarrete, tacaño y perverso, privilegió una vez más (como lo hizo su antecesor Luiz Felipe Scolari) los grandotes torpes en vez de los talentosos y lo pagó caro. Y cuando reaccionó, ya Colombia tenía el partido bajo su control.

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La afición que le es fiel a la Selección, tanto en Santiago como en el país, apoyó sin cesar todo el partido. Ese respaldo fue vital para recuperarse (AS.com).

Durante décadas, el fútbol colombiano, el país deportivo, vivió del recuerdo del 5-0 sobre Argentina en la eliminatoria al Mundial de Estados Unidos-1994. Un triunfo fantástico que, por obra y gracia de la idiosincrasia Colombia, se transformó en tragedia. Afortunadamente, surgió esta genial generación y por descarte el DT José Pékerman llegó al banquillo tricolor para que regresaran las alegrías. Desde el pasado 4 de julio, sin embargo, el dolor de una injusta eliminación en el Mundial acompañaba los corazones de los hinchas nacionales, que no habían podido superar aquel desenlace penoso y estaban enredados en un espiral de frustración. Esta oportuna victoria sirve para disipar las dudas, para calmar los nervios, para volver a confiar.

Por fortuna, el destino de la Selección Colombia depende del cuerpo técnico encabezado por José Pékerman y el grupo de jugadores que lideran el capitán Falcao García y James Rodríguez, y no la sarta de ‘especialistas’ ególatras que pululan en los medios de comunicación y las cloacas sociales. Sin brillo, hay que repetirlo, pero con madurez y con mucha vergüenza deportiva, la Tricolor calló a sus detractores, a los oportunistas de siempre, a los que han hecho del prójimo el plato típico de la gastronomía nacional, y confirmó que está para algo grande en esta Copa América Chile-2015. Las dudas surgidas por la derrota con Venezuela son algo del pasado y, producto de este triunfo sobre Brasil, Colombia renovó su romance con la afición que le es fiel. Así es el fútbol, así es la vida: a veces se gana, a veces se pierde, pero solo sale airoso aquel que puede levantarse tras caer: y Colombia se levantó.

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Todo bien, don José: Colombia volvió por sus fueros y obtuvo una histórica victoria que la confirma con candidata a la corona de la Copa América. El DT volvió a ser un conductor genial (AS.com).

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