Colombia, a aprobar la asignatura pendiente

En lo que va corrido de la eliminatoria, la Tricolor no pudo sumar contra los tres grandes del continente (Argentina, Brasil y Uruguay). Un empate, entonces, no sería mal negocio.

Colombia Mundial En Contravía rumbo a Rusia-2018Un partido de su ‘otra eliminatoria’, la que juega contra los tres grandes de la región, es el que sostendrá Colombia contra Uruguay en Barranquilla. Es uno de esos duelos de doble filo, a sabiendas de que el resultado no será definitivo en la ruta al Mundial de Rusia-2018. En otras palabras: la Tricolor no clasificará en caso de una victoria, tampoco quedará eliminada si llegase a empatar o perder. La misión es aprobar la asignatura pendiente en las primeras nueve jornadas: arrebatarles puntos a los rivales de tradición, de historia, a los que dentro de la lógica deberían encabezar el contingente suramericano en la próxima edición de la Copa Mundo.

Colombia Mundial En Contravía rumbo a Rusia-2018Tras el agónico triunfo de la semana pasada en Asunción contra Paraguay (1-0), que muchos no tenían en sus cuentas pesimistas, ahora se exige un triunfo sobre Uruguay con el argumento, si se le puede llamar así, que es la forma de darles valor a los puntos que se conquistaron en el estadio Defensores del Chaco. Es un claro ejemplo de la confusión entre gimnasia y magnesia, esa vieja maña del periodismo deportivo de verle la cara negativa a todo, de buscarle cinco y seis patas al gato. Aunque al hincha común le cueste creerlo, o aceptarlo por meras cuestiones de ego, es posible clasificar al Mundial aún después de no conseguir puntos contra Argentina, Brasil y Uruguay. De hecho, a la mitad del camino Colombia es cuarta, a pesar de que perdió con aquellos tres.


Eliminatorias: empieza la rueda de las decisiones


Contra Uruguay se sufrió el tropiezo más duro del camino, hace exactamente un año, al caer 0-3 en Montevideo. Frente a Argentina se volvió a inclinar la cabeza en Barranquilla, en noviembre pasado (0-1) y más recientemente, hace un mes, se perdió 1-2 con Brasil en Manaos. Hay que reiterar, entonces, que Colombia es uno de los equipos que juega ‘dos eliminatorias’ simultáneas: una todos contra todos, otra frente a Ecuador, Chile y Paraguay en procura de dos cupos, el último directo y el de la repesca contra el mejor de Oceanía. ¿Por qué? Porque se da por descontado que, en condiciones normales, en una competencia de estas características, tal y como está planteada, Argentina, Brasil y Uruguay van a asegurar su tiquete para Rusia-2018.

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En el último minuto, cuando ya se festejaba el empate, Colombia sacó petróleo del Defensores del Chaco al vencer 1-0 a Paraguay, la semana pasada (FIFA.com).

Solo una vez, desde que se estableció el actual esquema de juego de todos contra todos (camino de Francia-1998), uno de esos tres grandes, de los equipos suramericanos que ostentan títulos orbitales, se quedó por fuera del Mundial: fue rumbo a Alemania-2006, cuando Uruguay perdió el cupo en la repesca contra Australia, en una dramática tanda con disparos desde el punto penalti en suelo de los canguros; cada uno ganó 1-0 en su patio y la definición arrojó un marcador de 4-2. En las otras ocasiones, la Celeste siempre fue a esa instancia adicional y siempre llegó a la Copa Mundo, de la misma manera que ya lo habían hecho Argentina y Brasil, a veces por caminos distintos. Entonces, pensar que uno de esos tres se va a quedar en casa viendo el torneo por televisión es poco menos que una utopía.


A mitad del camino, Colombia hace la tarea


¿Qué las distancias se han acortado? Sí. ¿Que los grandes ya no infunden miedo como antaño? Sí. ¿Que los chicos han evolucionado notoriamente y ahora son competitivos? Sí. Pero en un torneo largo, a 18 fechas, no basta con que las distancias se hayan acortado, con que ya no se gane con la camiseta, con que equipos como Colombia, Ecuador o Chile se puedan parar sin complejos y les planten cara a los más encopetados. A la postre, lo que pesa es la jerarquía, es la tradición, es ese plus intangible que a elencos como la Albiceleste, la Auriverde o la Celeste les permite ganar y sumar puntos aun sin llegar a jugar bien, navegando en un mar de dudas. Lo hacen posible porque cuentan con las individualidades desequilibrantes que les resuelven los problemas, astros de otra galaxia como Lionel Messi, Neymar o Luis Suárez, para mencionar solo a lo más reconocidos.

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El poderío ofensivo de Uruguay infunde miedo, lo mismo que su solidez defensiva. El líder de la eliminatoria visita Barranquilla (FIFA.com).

Entonces, Colombia, sin que pierda la ilusión de vencerlos, tiene que concentrarse en su otra eliminatoria: aquella en la que pueda sacar ventaja sobre Ecuador, Chile y Paraguay, eventualmente sobre Perú si los dirigidos por Ricardo ‘Tigre’ Gareca consiguen recuperar el terreno perdido. Ganarle a Uruguay significaría un plus, porque le permitiría igualar lo que hicieron Ecuador (ganó 2-1) y Argentina (ganó 1-0) y mejoraría lo de Brasil (empató 2-2). Además, sería sacarles lustro a esos tres puntos conquistados en Asunción, pero nada más. Otro resultado que no sea el triunfo no significa drama, tampoco desastre, mucho menos crisis o muerte de la ilusión, como suelen decir ahora los enterradores del periodismo deportivo en su patético y limitadísimo vocabulario.

Colombia, no hay que olvidarlo, es un equipo joven, prácticamente nuevo, que está en plan de reconstrucción después de que buena parte de su columna vertebral quedó al margen al cabo de la fantástica actuación en Brasil-2014. Mario Yepes, Pablo Armero, Juan Camilo Zúñiga, Radamel Falcao García, Cristian Zapata, Teófilo Gutiérrez, Freddy Guarín y Jackson Martínez, entre otros, no han hecho parte de este proceso o, en el mejor de los casos, lo han hecho con intermitencias y lejos del nivel que se les conoció en el pasado. Y los que el técnico José Néstor Pekerman escogió para suplirlos no han dado la talla esperada, o lo han hecho con sensibles altibajos. Entonces, no se puede esperar que este equipo ofrezca el mismo rendimiento de aquella maquinaria bien aceitada que tantas alegrías nos dio en la pasada eliminatoria y en la más reciente Copa Mundo.

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Carlos Bacca volverá a comandar el ataque colombiano con la ilusión de subir el nivel y reencontrarse con el gol (FIFA.com).

Es claro que Colombia mejoró su nivel después de la Copa América Centenario, en la que el tercer lugar sirvió para disimular una actuación irregular, poco convincente. Ese certamen, cabe recordarlo, sirvió para que el seleccionador colombiano probara alternativas, moviera sus fichas y ajustara las tuercas de cara a la segunda tanda de las eliminatorias, los seis duelos previstos a lo largo de este segundo semestre de 2016. Y el experimento funcionó, ciertamente, porque tras esa participación se acreditan dos triunfos, uno de ellos como visitante, y una derrota como visitante contra Brasil que estaba en las cuentas. No sobra olvidar, asimismo, que la Tricolor estaba fuera de los puestos directos de clasificación antes del duelo contra Venezuela, a comienzos de septiembre, lo que significa que el recaudo ha sido positivo.

Otro aspecto que incidirá es la ausencia de James Rodríguez: el zurdo cucuteño es el jugador diferente del equipo, el Messi, Neymar o Suárez de Colombia. Hay otros buenos futbolistas, por supuesto, pero el diferente, el que está en capacidad de desequilibrar individualmente como lo hacen en sus equipos los otros ases mencionados es James Rodríguez. El 10 no estuvo en Asunción se le extrañó mucho, a pesar de la victoria, porque Colombia fue un equipo plano, limitadísimo en ataque, sin variantes ofensivas, sin ese liderazgo propio del valor del Real Madrid. La ventaja era que se actuaba de visitante y había posibilidad de especular un poco, de agruparse en el medio a la espera de espacios, de cederle la iniciativa al dueño de casa que era el de la mayor obligación.

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La semana anterior, en Montevideo, Uruguay resolvió con acierto una dura papeleta contra Venezuela: ganó 3-0 (FIFA.com).

Contra Uruguay, sin embargo, la situación es distinta: la obligación entera es de Colombia, que ahora deberá asumir el protagonismo ofensivo, que tendrá que buscar una victoria que le permita acomodarse entre los cuatro mejores. Uruguay, en cambio, podrá aplicar la estrategia que mejor le queda, que más le agrada, que más disfruta: aguantar y contragolpear con esas flechas que son Luis Suárez y Édinson Cavani. Y lo que le pueda hacer falta adelante lo buscará en la pelota quieta, una de sus principales armas en virtud de la capacidad de sus hombres en el juego aéreo. Habrá que ver, entonces, cómo resuelve Colombia en el campo (no el técnico en el camerino) la falta de James Rodríguez. Juan Guillermo Cuadrado es una alternativa, pero se requiere que sea más colectivo, menos individualista de lo que se lo vio en Asunción. Y las otras alternativas son Edwin Cardona y Macnelly Torres, que no han sabido responder cuando aparecieron como titulares.

Colombia vs. Uruguay será un partido de esa ‘otra eliminatoria’ que Colombia juega contra los tres grandes de la región. Un duelo de doble filo, a sabiendas de que el resultado no será definitivo en la ruta al Mundial de Rusia-2018. La misión es aprobar la asignatura pendiente de arrebatarles puntos a los rivales de tradición, de historia, a los que dentro de la lógica deberían encabezar el contingente suramericano en la próxima edición de la Copa Mundo. Eso significa, palabras más, palabras menos, que un empate es buen negocio, porque sería el primer punto cosechado contra los tres gigantes suramericanos. Para ganar, para jugar bonito, para deleitar al hincha con filigranas ya habrá tiempo. Aunque al hincha común le cueste creerlo, o aceptarlo por meras cuestiones de ego, es posible clasificar al Mundial aún después de no conseguir puntos contra Argentina, Brasil y Uruguay. Y la eliminatoria se juega, se sabe, para clasificar al Mundial…

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Comunicador social y periodista. Apasionado por los deportes. Escritor de libros. Docente. Emprendedor y soñador, terco y persistente.

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