Colombia 1 – Fedefútbol 0

José Pékerman quería quedarse al frente de la Selección Colombia, los jugadores lo reclamaban, el público lo aclamaba y hasta el Presidente de la República lo respaldaba. Aun así, a la dirigencia casi le queda grande la tarea de renovarle el contrato. Esta vez, ganamos los buenos.

ColombiaMundial(2)Por primera vez, ganó el país. Por primera vez, perdieron los intereses particulares de los directivos y sus amigos los empresarios/mercaderes. Por primera vez, la voz del pueblo fue la voz de Dios. Por primera vez, aquellos que se creen dueños del fútbol colombiano y de la Selección Nacional, entendieron que ambos son propiedad absoluta de la única razón de ser de esa pasión: el hincha. El gol más importante de los últimos tiempos fue obra de José Néstor Pékerman.

La anunciada continuidad del técnico argentino al frente de la Tricolor, en la ruta hacia el Mundial de Rusia-2018, es la primera reelección que no encuentra resistencia entre los ciudadanos. A diferencia de lo que ocurrió en los campos de la política, en los que el segundo tiempo del mandatario de turno solo sirvió para ahondar las diferencias y profundizar las polarizaciones, en el fútbol por primera vez casi había unanimidad. Casi, porque siempre hay algunos que van contra la corriente, en procura de sus beneficios personales y particulares, una minoría que durante décadas impuso su parecer, y así nos fue.

Así como a lo largo de estos dos años y medio que acumula al frente del combinado nacional, durante el período de negociaciones en procura de la renovación Pékerman dejó claro que es un estratega como pocos; un astuto ajedrecista. Lo querían poner como el malo de la película, pero al final se salió con la suya con la misma inteligencia, sagacidad y pericia que le permitieron elevar a Colombia hasta el quinto puesto en el Mundial de Brasil-2014. Movió sus fichas en el momento justo, y al lugar indicado, se defendió con seguridad y atacó con profundidad. Y alcanzó el triunfo, que no es solo suyo, sino de todos los hinchas colombianos, del país, de quienes estamos en el bando de los buenos.

La alegría de José Pékerman es la alegría del pueblo colombiano. El DT argentino continuará al frente de la Tricolor, con la mira puesta en el Mundial de Rusia-2018.
La alegría de José Pékerman es la alegría del pueblo colombiano. El DT argentino continuará al frente de la Tricolor, con la mira puesta en el Mundial de Rusia-2018.

Desde que el pasado 4 de julio, día en que Colombia fue eliminada de la Copa Mundo tras caer con Brasil en los cuartos de final, el clamor era uno solo: que Pékerman se quedara. El clamor de los aficionados, del país, de los futbolistas, porque el de los directivos, más allá del discurso oficial de claro tinte diplomático, era distinto. Como lo hizo saber el propio presidente de la Federación Colombiana de Fútbol Luis Bedoya Giraldo el día que, en uno de los habituales arranques de soberbia de quienes se creen dueños de lo que no es suyo, dijo que el presidente de la República no tenía velas en ese entierro. Porque, se recuerda, Juan Manuel Santos pidió públicamente, en tono de sugerencia, que se hiciera todo lo que fuera necesario para garantizar la permanencia del estratega argentino y su cuerpo de asesores.

No hay que olvidar que fue el mismo Bedoya que, a pesar del rechazo del país entero, hizo esfuerzos (ingentes, por cierto) por retener en el cargo de seleccionador nacional a Hernán Darío Gómez después de que se desató el escándalo por la agresión que, en estado de ebriedad, le propinó a una amiga con derechos. Y el mismo que en repetidas ocasiones ha aclarado que las opiniones externas le valen nada, porque “la Fedefútbol es una entidad privada”. Lamentablemente, sí: la Fedefútbol es un latifundio en el que algunos pocos hacen y deshacen. Pero en este caso no se trataba de la entidad rectora, sino de la Selección Colombia, que es un activo intangible del pueblo colombiano, así su manejo administrativo y deportivo le corresponda a aquella.

Por decirlo de una forma gráfica, la liebre estaba amarrada, pero aun así casi se les escapa a estos directivos: Pékerman quería quedarse, su cuerpo de asesores le había dicho al DT que estaban dispuestos a seguir, los jugadores rogaban por que el argentino renovara, los hinchas elevaban sus pláticas para que no se revivieran las pesadillas del pasado y no tocara soportar a otro entrenador de bolsillo, los medios de comunicación y, como se dijo, hasta el Presidente de la República se unieron a la cruzada. Pero a estos directivos casi les queda grande la tarea. Estaban muy preocupados por montar un escenario que les permitiera librarse de culpas en caso de que no se diera el acuerdo y, por eso, casi se meten un autogol.

Los hinchas colombianos estamos de plácemes: la continuidad de José Pékerman pone fin a la improvisación que tanto les gusta a los directivos. Hay material humano y hambre de gloria.
Los hinchas colombianos estamos de plácemes: la continuidad de José Pékerman pone fin a la improvisación que tanto les gusta a los directivos. Hay material humano y hambre de gloria.

Felizmente, esta vez, más allá de los hipócritas discursos diplomáticos (“Pékerman era nuestro plan A, B y C”), les tocó tragarse el sapo. Y a la hora del anuncio, Bedoya fue muy incisivo en un tema en el que a la dirigencia, particularmente, le interesaba llamar la atención: “El acuerdo de firmó con una sustancial mejoría económica”. En caso de que Pékerman hubiera dicho no, de inmediato se recurría al tema económico y el argentino quedaba como el malo de la película, como un ‘mercenario’. Pero todos sabemos, con claridad, que los de esa clase, en el deporte colombiano (no solo en el fútbol), están detrás de los escritorios. Querían montar un espectáculo, autoproclamarse como los héroes de la gesta, pero les salió el tiro por la culata.

No cabe duda de que la presión pública se hizo sentir. Mejor dicho: a Bedoya y su corte de áulicos les hubiera tocado exiliarse en Siria si las negociaciones con Pékerman no hubieran llegado a puerto seguro. Sería imperdonable. Y la verdad es que el argentino siempre tuvo la intención de seguir, pero no es un tipo común y corriente: decidió esperar que pasara la euforia del Mundial, pensar con cabeza fría, poner las cosas en perspectiva, consultar en privado con sus asesores y, algo muy importante, escuchar la opinión de su familia. No hay que olvidar que es un señor de 62 años, con la vida ya resuelta, que ha hecho sacrificios muy grandes que a su edad no son fáciles de sobrellevar. Para rematar, surgió la enfermedad de doña Raquel, su madre, que lo puso a pensar de más. Sin embargo, en su entorno solo recibió respaldo y, por eso, no dudó en dar el sí.

La sustancial mejora de su remuneración es algo más que justo: llevó a Colombia a un Mundial, después de 16 años de fracasos de la mano de Bedoya y sus antecesores, y la encumbró en un inédito quinto lugar, como el equipo espectáculo del torneo, ganador del premio al Juego Limpio (el sello característico de sus elencos) y, para rematar, con James Rodríguez como máximo goleador. Y, más allá de eso, no hay plata en el mundo capaz de recompensarle todas las alegrías que nos brindó, el orgullo que nos hizo sentir, la paz espiritual que nos regaló. Cualquier cifra que le paguen es poca, especialmente ahora que las arcas de la Fedefútbol (ojalá solo las de la entidad) están repletas de dólares producto de la actuación en Brasil-2014.

Desde que la Selección Colombia quedó eliminada del Mundial de brasil-2014, el país entero reclamó la continuidad de José Pékerman y su grupo de asesores al mando de la Tricolor. Todos quería, pero a los directivos casi les queda grande la tarea.
Desde que la Colombia quedó eliminada del Mundial-2014, el país entero reclamó la continuidad de José Pékerman y su grupo de asesores al mando de la Tricolor. Todos quería, pero a los directivos casi les queda grande la tarea.

Pékerman hizo exigencias, sí, pero no exactamente las que se ventilaron en los medios de comunicación. Le interesa garantizar un relevo generacional, que ciertamente no se ve a corto plazo, porque de eso depende el éxito de su gestión y por eso puso el tema de las selecciones menores sobre la mesa. También pidió mejores condiciones para el trabajo, en la preparación, porque la única forma de mantenerse en la élite es estar a la altura de los más grandes; y para eso, se sabe, se requiere invertir. Es cierto que esta Selección Colombia recibió recursos jamás vistos en el país, pero para intentar avanzar hay que redoblar no solo esfuerzos, sino también mejorar condiciones y eso significa sacar el billete de los bancos y darle el uso que le corresponde. En otras palabras: si Brasil o Argentina invierten 5 pesos, Colombia tiene que igualar la apuesta, porque si solo pone 3, ya estamos rezagados.

Con la renovación de Pékerman, el primer partido ya se ganó: el de la continuidad. No tocará, como ya se había hecho costumbre fruto de la torpeza de los directivos, arrancar otra vez de cero. Ahora, a diferencia de lo ocurrido con los técnicos de bolsillo de la dirigencia, hay una base armada y un sólido trabajo que se puede proyectar con confianza. Ya Colombia no es el hazmerreír del fútbol suramericano, sino un rival respetado y admirado, inclusive temido. La vara está alta y los retos son difíciles de alcanzar, pero ese ya no es un problema: con Pékerman también fue posible dejar atrás esa mentalidad de mediocres conformistas. Hay buen material humano y hambre de gloria, factores que sumados al aliento del hincha brindan tranquilidad.

Para bien de fútbol colombiano, ganó el país. Por primera vez, perdieron los intereses particulares de los directivos y sus amigos los empresarios/mercaderes (los amistosos seguirán siendo serios, no las recochas de antes). Por primera vez, la voz del pueblo fue la voz de Dios, y fue escuchada. Por primera vez, aquellos que se creen dueños del fútbol colombiano y de la Selección Nacional, entendieron que ambos son propiedad absoluta de la única razón de ser de esa pasión: el hincha. No fue un gol tan lindo como el de James Rodríguez a Uruguay, pero sí fue el gol más importante de los últimos tiempos, y fue obra de José Néstor Pékerman. ¡Gracias por todo, don José, gracias por quedarse!

Los bailes de la Selección Colombia, que se pusieron de moda en el Mundial de Brasil-2014, continuarán bajo la égida de José Néstor Pékerman. La llama de la ilusión de todo un país se mantiene viva.
Los bailes de la Selección Colombia, que se pusieron de moda en el Mundial de Brasil-2014, continuarán bajo la égida de José Néstor Pékerman. La llama de la ilusión de todo un país se mantiene viva.

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Comunicador social y periodista. Apasionado por los deportes. Escritor de libros. Docente. Emprendedor y soñador, terco y persistente.

Un comentario en «Colombia 1 – Fedefútbol 0»

  1. SIEMPRE HABRÁ DE PREOCUPARNOS, COMO HINCHAS INTEGRALES DE NUESTRA SELECCIÓN, QUE IMPERE LA UNIDAD Y LA CONCORDIA ENTRE DIRECTIVOS Y CUERPO TÉCNICO. AFIRMACIONES TAN FUERTES CONTRA UNA DE LAS PARTES, PUEDEN OCASIONAR TURBULENCIAS INNECESARIAS CON REPERCUSIONES IMPREVISTAS, QUE LEJOS DE SER POSITIVAS PRODUCEN RESULTADOS QUE PODEMOS LAMENTAR. POR EL MOMENTO,BIENVENIDO NUEVAMENTE A COLOMBIA PROFESOR NÉSTOR JOSÉ PEKERMAN;TIENE POR DELANTE UN DESAFÍO GIGANTESCO, COMO ES EL DE SUPERAR LO YA REALIZADO. CUENTA CON EL APOYO DE TODOS LOS COLOMBIANOS, QUIENES HEMOS SIDO AFORTUNADOS TESTIGOS DE SU GRAN CAPACIDAD DE LÍDER Y ESTRATEGA. EN USTED CONFIAMOS!!!

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