Champions League: Real Madrid contó hasta 11

Tras igualar 1-1 al cabo de 120 minutos, el club merengue no falló en la serie desde el punto penalti y se adjudicó el trofeo continental por undécima vez. Atlético hizo casi todo bien, pero no pudo ganar.

Colombia Mundial en Contravía rumbo a la Copa América CentenarioHizo casi todo lo necesario para perder, pero al final celebró. Jugó uno de los peores partidos de la temporada, pero la historia dirá que fue el ganador de la Champions League de 2015/16. Arrancó mejor y marcó una diferencia, pero fue claramente superado por su rival en lo físico, lo anímico y lo futbolístico. A la postre, en una muestra de que en el fútbol las finales no se juegan, solo se ganan, Real Madrid aventajó 5-3 al Atlético de Madrid en la definición con tiros desde el punto penalti y se adjudicó por undécima ocasión el título continental europeo.

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Fue blanca la veraniega noche de Milán: Real Madrid ganó 5-3 la tanda desde el punto penalti y por undécima ocasión en su historia levantó la mítica Orejona (UEFA.com).

Sonó el silbato del tenebroso árbitro inglés Mark Clattenburg y el libreto que tanto tiempo les había tomado elaborar a los adivinadores de los medios de comunicación y distorsión se fue al cesto de la basura. No fue el partido que muchos habían imaginado, porque no hubo las temidas amarras defensivas y porque, inesperadamente, ambos equipos se dedicaron a jugar con la natural diferencia de sus argumentos. Empezó mejor Real Madrid, que en los primeros 5 minutos bien pudo abrir el marcador, pero se estrelló contra esa muralla que es el portero esloveno Jan Oblak. Encontró premio a su iniciativa al filo del cuarto de hora, con un gol de Sergio Ramos, que una vez más se ensañó con el rival de patio.


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No era el partido que quería el técnico Diego Simeone, porque tenía que adelantar las líneas y buscar un protagonismo ofensivo al que su equipo no está acostumbrado, para el que no está diseñado. Era el partido que en teoría les servía a los dirigidos por Zinedine Zidane, que podían gozar de espacios para desplegar la velocidad y la potencia de sus atacantes. Sin embargo, como el fútbol es impredecible y la única verdad es la que se escribe en la cancha (no la que se pronostica en medios y cloacas sociales), la historia que se vivió a partir de ese momento resultó bien distinta a la prevista: tan pronto se sacudió de los efectos del gol en contra, el elenco colchonero asumió las riendas del encuentro, impuso sus condiciones y reunió los méritos para quedarse con el trofeo.

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El yerro que marcó el rumbo de la historia: el disparo de Juanfrán se estrelló contra el vertical derecho y le abrió la puerta de la victoria al Real Madrid (UEFA.com).

Se demoró en acomodarse el Atlético de Madrid y lo pagó caro: con el gol de Ramos, producto de una falta innecesaria que le brindó al Real Madrid la oportunidad de esgrimir una de sus mejores armas ofensivas. Nerviosos e imprecisos lucieron los pupilos del Cholo Simeone, especialmente en defensa. Oblak salvó una vez, los atacantes merengues perdonaron en otra, pero la tercera fue la vencida. Como el boxeador que sale a disputar el primer asalto en plan de estudio y se encuentra con un contendor dispuesto a buscar un nocaut rápido, el Atlético de Madrid besó la lona y tuvo que espabilar. Cuando lo hizo, en todo caso, exhibió sus mejores argumentos, esas cualidades que algunos todavía discuten, pero que le permitieron hacerse un lugar de privilegio tanto en la Liga española como en el concierto continental europeo.

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El inmerecido premio del destino a Cristiano Ronaldo, uno de los peores del partido: anotó el disparo decisivo, el que los hinchas no olvidarán (UEFA.com).

Es claro que el fútbol ofensivo de Real Madrid depende de sus individualidades, que este sábado 28 de mayo en Milán (Italia) estuvieron particularmente apagadas. Cristiano Ronaldo fue un fantasma, en demostración de que, contrario a lo afirmado en la previa, no estaba a tope en lo físico; Gareth Bale empezó con alegría, pero después del gol se apagó inexplicablemente; el francés Karim Benzema, el que mejor se desempeñaba entre los de adelante, quedó solo, a merced de los zagueros rojiblancos y luego fue sustituido. Por eso, los que mejor se vieron fueron el alemán Toni Kroos, siempre criterioso y práctico para quitar el balón y entregarlo a un compañero, y el croata Luka Modric, que por momentos se convirtió en el eje del equipo. Y en defensa, lo de siempre: los laterales Carvajal y Marcelo eran una invitación a los ataques del rival, gruesos orificios por los que el barco corría el riesgo de naufragar.


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En ventaja, Real Madrid escogió, sin embargo, la peor de las estrategias: defenderse. Se replegó, le regaló campo y balón a su rival y, como si se hubieran invertido los papeles, se dedicó a defender. ¡Justo lo que menos sabe hacer! Pudo defenderse con la tenencia de la pelota gracias a Kroos y Modric, pero no lo hizo; pudo defenderse ejerciendo presión con sus delanteros y evitando el avance de los zagueros colchoneros, pero no lo hizo; pudo defenderse armando un doble bloque de cuatro, pero no lo hizo porque varios de sus jugadores carecen de esa vocación de sacrificio. Entonces, se agrupó en su campo, copó los espacios y se dispuso a esperar el paso de los minutos. Una suerte de ley del menor esfuerzo, la misma que le había ofrecido réditos positivos contra un penoso Manchester City en semifinales.

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Zinedine Zidane, técnico en propiedad hace pocos meses, es el primer entrenador francés que gana Champions League. Un elegido (UEFA.com).

Atlético de Madrid, empero, se demoró en carburar, en encontrar los caminos para inclinar la balanza a su favor, para comenzar a inquietar los predios del costarricense Keylor Navas. Por eso, el primer tiempo se liquidó sin mayores contratiempos para los merengues, que se olvidaron del arco de Oblak y escogieron un tipo de partido que poco sienten. Y peor cuando en el intermedio Simeone ordenó el ingreso del belga Yannick Carrasco, un habilidoso y atrevido delantero, en lugar del defensivo centrocampista argentino Augusto Fernández. Como había ocurrido en partidos anteriores, esa modificación le cambió la cara al duelo, revitalizó las ilusiones de los colchoneros y le provocó terribles dolores de cabeza a ese flan que es la defensa del Real Madrid.

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Una vez más, Sergio Ramos fue verdugo del Atlético de Madrid, como hace dos años en Lisboa. Se tuvo que haber ido expulsado al final (UEFA.com).

Bien pronto, Atlético de Madrid encontró premio a su insistencia, aunque no de la manera que se lo merecía: el árbitro Clattenburg se inventó un penalti por supuesta falta de Pepe sobre Fernando Torres. Y el francés Antoine Griezmann, el hombre de hielo en esta clase de definiciones, se derritió en el verano milanés: la mandó al travesaño. A partir de ahí, su rendimiento bajó ostensiblemente y, por ende, las acciones del club rojiblanco. Pero Real Madrid seguía durmiendo la siesta como si estuviera en un entrenamiento y no en la final de la Champions League, y le dio vida: Carvajal salió lesionado y en su lugar entró el brasileño Danilo, un verdadero espía. ¡Qué petardo tan grande! Fue el mejor aliado de los ataques del Atlético, y el veloz Carrasco le armó la fiesta.


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Peor aún cuando Zidane metió la mano a los 27 minutos del complemento y puso a Francisco Alarcón, Isco, en lugar de Kroos: perdió el manejo, la pausa, la entrega segura, a cambio de los ímpetus del español, que poco o nada aportó en tenencia o profundidad, justamente lo que hacía falta. Y como si quisiera entregarle en bandeja de plata el trofeo a su rival, el DT francés completó la faena: ingresó al jovencito Lucas Vázquez por Benzema, el único delantero que podía crearle problemas a la sólida zaga rojiblanca. Una cadena de desaciertos que Atlético de Madrid no se demoró en cobrar, porque solo 120 segundos más tarde Carrasco capitalizó un excelente pase de Juanfrán y puso el merecido y justo 1-1. A diferencia de lo ocurrido en Lisboa dos años atrás, esta vez fue el elenco de Simeone el que logró la paridad, aunque el envión final no le bastó para quedarse con una victoria por la que había trabajado muy bien.

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La jugada que pudo cambiar el rumbo del partido: el penalti que erró Antoine Griezmann en el arranque del segundo tiempo (UEFA.com).

La prórroga fue equilibrada, si bien Real Madrid experimentó un leve despertar y se acordó de que para adueñarse del trofeo necesitaba ofrecer un poquito de protagonismo. Salió de su cueva y ocupó terrenos del Atlético de Madrid, que sin duda acusó los efectos del cansancio producto del esfuerzo realizado para conquistar el empate. Lo más destacado de esa media hora adicional, sin embargo, no tuvo nada que ver con lo futbolístico, sino con lo físico: varios jugadores cayeron rendidos al piso, víctimas de calambres y molestias musculares, al borde del colapso. Como si fueran muñequitos de chocolate que se derretían sobre el pastel, cayeron uno tras otro en una escena pocas veces vista. Y eso que los dos equipos venían de dos semanas de receso, en las que hubo la oportunidad de hacer una recuperación física y prepararse para la exigencia de una final.

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El habilidoso atacante belga Yannick Carrasco fue una pesadilla para la zaga merengue y el autor del tanto del empate para el Atlético (UEFA.com).

Fueron 30 minutos en los que no hubo fútbol, no hubo resistencia física y mucho menos hubo claridad mental para cambiar el rumbo de la historia. Aunque algunos hacían un esfuerzo adicional, aunque desde los banquillos los entrenadores pedían un último sacrificio, aunque desde las tribunas bajaba el aliento de las hinchadas que no consiguió los efectos esperados, la prórroga estuvo de más. Fue un espectáculo lamentable, patético, al punto que cuando el árbitro Clattenburg sonó su silbato y el partido se condujo hacia la trepidante definición con tiros desde el punto penalti, había serias dudas de que los técnicos pudieran escoger cinco jugadores verdaderamente capacitados para asumir la responsabilidad. Los del Real Madrid cayeron pesadamente, como bultos, en donde se encontraban, mientras que los del Atlético caminaron como zombis hasta donde Simeone realizó la última de sus arengas.

No había mucho para inventar, ni posibilidades para hacerlo, así que los técnicos caminaron por la senda de la lógica para escoger a los ejecutores. Quizás la única sorpresa fue Lucas Vázquez, justamente el que abrió la tanda: acertó y como él lo hicieron Griezmann, Marcelo, Gabi, Bale, Saúl Ñíguez y Sergio Ramos, sin darles mayores oportunidades a los porteros. Hasta que Juanfrán, uno de los héroes de la recuperación del Atlético, uno de los emblemas colchoneros, uno de los estandartes del esquema de Simeone, se equivocó: su disparo salió mordido y se estrelló contra el vertical derecho. Entonces, el caprichoso destino premió al insulso Cristiano Ronaldo, cuya actuación a lo largo de los 120 minutos fue mucho menos que discreta, con el cobro que los hinchas nunca olvidarán: el portugués acertó, Real Madrid gritó campeón y Atlético de Madrid se quedó con las manos vacías. Otra vez.

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No es cuestión de méritos, de haber jugado mejor, de ofrecer mejores argumentos: las finales se ganan, y punto. Y Real Madrid ganó (UEFA.com).

Después de encontrar la ventaja a los 15 minutos, Real Madrid hizo casi todo lo necesario para perder, pero al final celebró. Jugó uno de los peores partidos de la temporada, seguramente el peor de esta edición del torneo, pero la historia dirá que fue el ganador de la Champions League de 2015/16. Arrancó mejor y de manera merecida marcó una diferencia, pero fue claramente superado por su rival, en lo físico, lo anímico y lo futbolístico. Esta era la oportunidad para Atlético de Madrid, para Diego Simeone y sus jugadores, pero de nuevo la dejaron escapar y en una muestra de que en el fútbol las finales no se juegan, solo se ganan, Real Madrid aventajó 5-3 al Atlético de Madrid en la definición con tiros desde el punto penalti y se adjudicó por undécima ocasión el título continental europeo. Fin de la historia…

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