CA-100: el torneo por excelencia del planeta fútbol

Tras el dramático cierre que nos regalaron Chile, el campeón, y Argentina, llega el balance. Muchos aspectos positivos para destacar, lecciones para aprender y, sobre todo, para aplicar.

La Copa América Centenario se juega con Colombia Mundial En ContravíaCayó el telón, pero el eco de las emociones todavía nos toca las fibras más íntimas. Argentina acabó con la maldición de las finales y después de 23 años de espera levantó otra vez un trofeo oficial: la Copa América Centenario. Por segunda ocasión, la Roja se consagró como reina continental y de nuevo frustró a la Albiceleste, que se quedó a las puertas de la decimoquinta corona de la historia. Un colofón exitoso para un torneo que, dadas las características y las circunstancias en que se disputó, dejó un balance más que satisfactorio.

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Chile continúa reescribiendo su historia con éxito. Ya es, sin duda, un miembro de la élite del planeta fútbol (FIFA.com).

Un experimento que nunca terminó de satisfacer a algunos, pero que al final resultó interesante, entretenido y exitoso. En lo económico, gracias a una concurrencia récord de aficionados, se habla de cifras que son difíciles de pronunciar. En lo deportivo, más altas que bajas, especialmente si nos vemos en el espejo de la Eurocopa de Naciones que se disputa en Francia, con los mejores elencos del Viejo Continente. También, la confirmación del poderío del balompié suramericano, que una vez más superó los ímpetus de los elencos norte y centroamericanos, que debieron resignarse al rol de animadores, porque el de protagonistas es para los del Cono Sur.


CA-100: Chile, bicampeón; Argentina, la maldición


Las dudas expresadas por hinchas y medios de comunicación en la antesala del torneo quedaron disipadas: fueron tres semanas entretenidas, con varios partidos de buena calidad, con muchos aceptables, con muy pocos aburridos. Salvo Haití, que se sabía está todavía bastante rezagado en el apartado técnico, los otros 15 elencos involucrados estuvieron a la altura de las expectativas, más allá del resultado deportivo que consiguieron. Panamá dejó buenas sensaciones, Costa Rica confirmó que tiene buena base y buen trabajo, Venezuela fue sensación al eliminar a Uruguay, Perú confirmó sus progresos y la consolidación de un proceso y Colombia volvió a ser protagonista, como lo exige la condición técnica de sus jugadores.

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El dolor de Lio Messi y su anuncio de renunciar a la Selección Argentina estremecieron al mundo del fútbol tras el final de la Copa América Centenario.

La mayoría de los elencos asumió la Copa América Centenario como un laboratorio de pruebas de cara a retos de mayor interés, como las eliminatorias a la Copa Mundo de Rusia-2018. Venezuela, Paraguay, México y hasta Chile, que se presentaron con entrenadores distintos a los del año pasado, pudieron sacar conclusiones que, sin duda, les servirán para continuar el camino. De ellos, los de peor balance fueron los guaraníes, que tendrán que reemplazar a Ramón Díaz en el banquillo técnico y volver a comenzar de cero, mientras que patriotas, aztecas y australes reunieron un importante bagaje que pueden capitalizar en el futuro próximo. A todos les sirvió esta experiencia en el certamen continental y ahora tendrán que ver si son capaces de aprovecharla.

Allende Haití, los grandes perdedores fueron Uruguay y Brasil. La Celeste, que llegó como flamante líder de las eliminatorias suramericanas, sufrió un duro tropiezo al irse a casa mucho antes de lo previsto. La derrota con Venezuela será una herida que costará cicatrizar, porque levantó dudas que parecían enterradas en el pasado: de nuevo, un sector de la prensa y de la afición puso en tela de juicio la capacidad del Maestro Óscar Washington Tabárez para dirigir a la Selección. Además, se elevó el tono de las quejas por el promedio de edad del equipo, uno de los más grandes de Suramérica, y porque no se ve un recambio que, en el corto plazo, permita continuar por la senda del protagonismo. La historia, sin embargo, nos ha demostrado que si algo sabe hacer el fútbol uruguayo es reinventarse.

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La prensa chilena, por supuesto, fue una fiesta este lunes, con los titulares que registraron la fiesta por la revalidación del título de la Copa América (Conmebol.com).

Lo de Brasil es diferente, y no parece que haya visos de pronta mejoría. Se cumplieron 30 años de la última versión de la Auriverde auténtica, aquella del jogo bonito, de los jugadores de buena técnica, del espíritu ofensivo, del poder goleador, en fin, de aquel fútbol que encantaba a todos y que provocó la admiración casi unánime del planeta fútbol. Y en esas tres décadas es mucho lo que ha cambiado, al punto que el talento escasea, que la mentalidad ganadora se perdió, que el espectáculo se terminó, que del ADN y de la esencia se renegó. Desde 1987, Brasil no era eliminado en primera fase, un fracaso rotundo para un equipo que siempre es candidato, que está obligado a ser protagonista, que no concibe un resultado distinto al de ganar (partidos y torneos).

Lo grave es que así como a finales de los años 80 lo dirigentes asumieron el riesgo de dar un timonazo y cambiar el rumbo de la historia, al buscar un estilo europeo (más físico que técnico) de la mano de Sebastiao Lazaroni, hoy son incapaces de reaccionar para regresar al pasado, a la esencia, a ese fútbol de potrero que hizo de Brasil el más ganador de la historia en el planeta fútbol. Se fue Dunga, fiel exponente de los picapiedra, y llegó Tite, otro entrenador para el que el pizarrón vale más que la capacidad técnica, para el que los atletas están por encima de los talentos, para el que el resultado es lo único que vale, sin importar cómo se consiga. Por ahí ganará algún título, hará olvidar algunas tristezas, pero mientras no se modifique la estructura actual del balompié brasileño, fracasos como este de la Copa América Centenario serán más frecuentes, más dolorosos.

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Eduardo Vargas, que en 2015 había compartido honores con Paolo Guerrero, fue el máximo goleador de la Copa América Centenario (Conmebol.com).

México fue otro que salió por la puerta de atrás, en medio de una crisis que, finalmente, consiguió aplacar. El elenco azteca llegó como la sensación de los medios de comunicación por la campaña que había cumplido bajo la égida del colombiano Juan Carlos Osorio, una racha de resultados que hoy se sabe era un espejismo. Vino de más a menos, a mucho menos, y terminó encajando la peor goleada de su historia en un torneo oficial: 0-7 con Chile. Aunque el DT fue confirmado en el cargo, perdió varios partidos particulares: tendrá que revisar sus siempre cuestionadas y casi nunca efectivas rotaciones, deberá aceptar la colaboración de un asistente mexicano en su cuerpo técnico y está obligado a bajarles a la soberbia y a la prepotencia con los medios de comunicación y los propios futbolistas aztecas.

Aún tiene crédito Osorio, gracias a que la presencia de México en el hexagonal final de las eliminatorias de la Concacaf al Mundial de Rusia-2018 está asegurada. Sin embargo, al primero tropiezo en ese camino, al primer roce con los referentes del plantel, al primer amago de soberbia, lo pondrán de patitas en la calle. El problema para México es que se cree un país de la élite del planeta fútbol, algo que está alejado de la realidad. Ya ni siquiera es líder en la Concacaf, contra los grandes de Suramérica no da pie con bola y en los mundiales, se sabe, se queda en la mitad del camino. Poderío económico no significa poderío deportivo, algo que en los manitos se niegan a aceptar, a aprender. Tienen algunos muy buenos jugadores, pero la mayoría carece de ese fuego interno que distingue a los muy buenos de los ganadores, de los fuera de serie.

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Claudio Bravo, que tuvo un flojo comienzo de torneo, fue elegido como el mejor arquero de la Copa América Centenario (Conmebol.com).

Venezuela fue la grata novedad, especialmente porque su rendimiento en las eliminatorias no era bueno. Sin embargo, el estreno del recordado Rafael Dudamel en el banquillo patriota volvió a despertar el fervor de los hinchas y dejó claro que, mientras no se den palos de ciego, hay una buena base que se puede capitalizar. La Vinotinto mostró personalidad, atrevimiento y ansias de gloria, un coctel que, se sabe, normalmente ofrece buenos réditos siempre y cuando esté respaldado por buena calidad técnica. Y si bien en Venezuela no sobran los jugadores de calidad, de talla internacional, no quedan dudas de que esta generación puede brindar satisfacciones que a las del pasado les fue imposible. Aunque el sueño de Rusia-2018 se antoja lejano, este equipo será juez de algunos en la eliminatoria, una piedra en el zapato que puede incomodar a varios.

De los representantes de la Concacaf, el de mejor balance fue Panamá. Y no porque haya avanzado varias fases o porque haya alcanzado títulos. El suyo es un balance positivo porque se dio un baño de grandeza en el concierto internacional, triunfo en el debut incluido. Con buenas figuraciones previas en el ámbito de su confederación, el elenco de Hernán Darío ‘Bolillo’ Gómez no solo mostró notoria mejoría en el trabajo técnico y táctico, sino que además se despojó de ese traje de cenicienta que lució durante tanto tiempo. No está para rivalizar con los grandes de Suramérica, es cierto, pero ya puede hacerlo de tú a tú con los de la parte baja de nuestra región y eso, para ellos, es un gran avance. La duda radica en si hay un recambio adecuado para sustituir a los jugadores experimentados que dan los últimos pasos de su trayectoria internacional. En todo caso, Panamá cumplió con creces.

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La eliminación de Uruguay en primera fase fue una de las notas destacadas de la Copa América Centenario- ¿Podrá reinventarse la Celeste? (FIFA.com).

De la misma manera lo hizo Perú, aunque no pudo repetir el logro de las dos últimas ediciones de la Copa América, en las que consiguió un lugar en el podio. Para la ocasión, el técnico Ricardo Gareca apostó por la renovación y llevó un elenco joven con varias figuras de proyección; mal no le fue: venció a Brasil (1-0) y lo mandó a casa al concluir la primera fase, algo que no ocurría desde 1987. Luego, esa falta de experiencia y roce internacional pesó contra Colombia, a la que, en todo caso, le opuso seria resistencia y la obligó a exigirse en la tanda con lanzamientos desde el punto penalti. Ese gigante dormido que es Perú está próximo a despertar con los rasgos característicos del ADN futbolístico que le permitió ser una sensación en las lejanas décadas de los años 70 y 80.

Argentina, por su parte, terminó con un buen balance, aunque ver de nuevo que el trofeo reposaba en manos del rival haya significado un duro golpe, así como el anuncio de Lio Messi de retirarse del combinado nacional. Esta versión de la Albiceleste, a la que el técnico Gerardo Martino no termina de encontrarle la vuelta, fue mejor que la del Mundial-2014 y que la de la Copa América-2015. Una vez más, tuvo la corona al alcance de la mano y la dejó escapar, en una de esas situaciones que son inexplicables: con uno de los mejores plantes del mundo, quizás el mejor puesto por puesto, no sabe ganar títulos. Otro proceso que puede truncarse, aunque seguramente sin mayor trauma porque la base está, es muy buena y solo faltan retoques para que el producto esté completo y sea exitoso. Llegó a 15 partidos invicto en el torneo, un periplo que, sin embargo, no se ha traducido en las alegrías que sus hinchas esperan.

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Perú dio el batacazo de la Copa América Centenario al vencer y eliminar a Brasil, que una vez más hizo el ridículo, como en el Mundial-2014 (FIFA.com).

Chile, finalmente, demostró que también puede reinventarse. En crisis al comienzo del año, con nuevo entrenador y una crítica intolerante a la espera del menor tropiezo para caer con todo, se repuso de un mal arranque y luego, a puro gol, a pura intensidad, revalidó su corona. La generación dorada, que había marcado un hito al conquistar el primer título oficial del fútbol austral en la historia, garantizó un lugar en los anales con este bicampeonato. Fue el equipo que nos regaló los momentos más emocionantes y sorprendentes de la Copa América Centenario, como el partido con Panamá, la goleada a México, la victoria sobre Colombia y, por supuesto, la final. Más allá de consideraciones y gustos particulares, el técnico Juan Antonio Pizzi hizo una muy buena tarea al reconstruir un proyecto que se caía a pedazos y capitalizó lo positivo que habían sembrado sus compatriotas Marcelo Bielsa y Jorge Sampaoli. Hoy, Chile es un privilegiado miembro de la élite del fútbol mundial, un sueño que se demoró un siglo en cuajar.

Por el ambiente enrarecido que rodeó los meses previos a la Copa América Centenario, puesta en duda por el escándalo de corrupción que involucra a directivos de Suramérica y Centroamérica, muchos pensaron que el torneo iba a ser un fracaso, un remedo, un esperpento. Afortunadamente para el fútbol y para todos aquellos que viven y disfrutan sus alegrías y emociones, estaban equivocados. Fue un experimento exitoso, entretenido, válido para una ocasión especial como esta de los cien años. Ahora, hay que pasar la página y prepararse para lo que será la edición 46 de la historia, prevista en Brasil en 2019. Cómo se jugará, con cuántos equipos, con cuáles invitados especiales es algo que aún no sabemos, pero lo único cierto es que, fiel a su tradición centenaria, la Copa América es y seguirá siendo el torneo de selecciones por excelencia en el planeta fútbol…

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Cayó el telón de la Copa América Centenario, pero ya comenzamos a prepararnos para la próxima cita: será en Brasil, en 2019. Se prenden los motores…

 

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Comunicador social y periodista. Apasionado por los deportes. Escritor de libros. Docente. Emprendedor y soñador, terco y persistente.

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