CA-100: Colombia terminó con el vaso medio lleno

El tercer lugar, tras vencer 1-0 a EE. UU., es la mejor figuración de los últimos 15 años en la Copa América y lo hizo con un grupo en formación, con varios jóvenes. Parece poco, pero es mucho…

La Copa América Centenario se juega con Colombia Mundial En ContravíaUn solitario gol de Carlos Bacca, que cortó un ayuno de más de 200 minutos sin celebrar, bastó para que Colombia volviera a vencer a Estados Unidos y, como ya lo había hecho en Uruguay-1995 frente a ese rival, se quedara con el tercer lugar de la Copa América Centenario. Fue la cuarto ocasión en que la Selección subió a ese escalón del podio, justo premio para el esfuerzo de un grupo joven, con varios jugadores que quemaron sus primeros cartuchos en el ámbito internacional, y para un proceso encaminado a conseguir el cupo directo a la Copa Mundo de Rusia-2018. Con este resultado, se garantizó que los tres primeros puestos del torneo sean para elencos suramericanos.

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Colombia no subía al podio de la Copa América desde que ganó el título en 2001. Un mérito para este grupo joven, en formación (FIFA.com).

Abierto, entretenido a ratos, soso a ratos y con esporádicas ocasiones frente a los arcos fue el partido del consuelo que se disputó en el University of Phoenix Stadium, de Glendale (Arizona). Estos dos mismos elencos se habían enfrentado el pasado viernes 3 de junio, en Santa Clara (California), en la apertura de la histórica edición del campeonato continental, y aquella vez el triunfo también fue para los dirigidos por José Pékerman, por pizarra de 2-0. Sin la estricta presión de un resultado, y con visibles muestras de que todavía acusaban los efectos de las dolorosas derrotas en las semifinales, colombianos y estadounidenses le dijeron adiós a una Copa América Centenario que, más allá de los lógicos aspectos que hay por corregir, les dejó un balance positivo.


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Colombia, por ejemplo, no tuvo ese bache insólito que en los primeros 15 minutos del partido contra Chile, el pasado jueves, le costó el cupo a la final. En esencia, el sistema defensivo se comportó bien, a pesar de que el arco defendido por David Ospina estuvo en riesgo dos o tres veces. También mejoró en la posesión y el manejo del balón, principalmente gracias a que Juan Guillermo Cuadrado, llamado a ser el socio de James Rodríguez, jugó el mejor partido del torneo. Menos individualista y menos errático, acompañó, contribuyó en la marca y entretuvo a los volantes y zagueros rivales; está lejos de su mejor versión, la del Mundial-2014, pero de cara a la eliminatoria esta actuación despierta ilusión. Y volvió el gol, que se había refundido desde el partido con Costa Rica, en el cierre de la fase de grupos, y que tanto se extrañó frente a Perú y Chile.

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Un gol que valió una alegría y que puso punto final a una actuación más que decorosa en la Copa América Centenario: tercer lugar (FIFA.com).

Los temas que siguen causando preocupación tienen nombre propio, o al menos lo tuvieron durante esta Copa América Centenario: el lateral izquierdo y el volante creativo que acompañe a James. Frank Fabra volvió a ser una invitación a los ataques del rival; un marcador que no marca no sirve, así su tarea en ataque sea positiva (que tampoco llegó a lo mínimo requerido). Edwin Cardona, mientras, demuestra que a pesar de su robusta figura no tiene lomo para cargar esa pesada camiseta de la Selección Colombia, que no es para cualquiera en el apartado de creación, así su balance en el Monterrey mexicano haya sido positivo. Como dicen en la calle, más sangre tiene un calado: poco o nada aporta en sacrificio, busca su lucimiento exclusivo y son más las veces en que se convierte en un estorbo que aquellas en las que hace parte de la solución.

Por lo hecho antes y durante el Mundial de Brasil-2014, muchos pensaron que Colombia tenía que ser protagonista de la Copa América Centenario; es más: que tenía la obligación de pelear por la corona. Por lo realizado después de la Copa Mundo, sin embargo, no era previsible que la Selección cumpliera ese cometido, menos considerando que el técnico Pékerman se decantó por una nómina en la que brillaron por su ausencia jugadores que fueron importantes en etapas anteriores del proceso, y apostó por otros jóvenes con miras a consolidar la renovación del grupo. La premisa es sencilla: es más fácil hacer pruebas, apurar la reconstrucción del equipo en un certamen como el campeonato continental que intentar hacerlo en uno de las características de la eliminatoria. Una carta que, como en el pasado en otras circunstancias, también le salió ganadora al DT.

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A pesar de los notables altibajos, James Rodríguez y Carlos Bacca, cuota de experiencia, fueron de los que cumplieron durante esta Copa América Centenario (FIFA.com).

Con claros e inocultables altibajos, con largos ratos muy flojos en los encuentros, sin llegar a jugar un partido redondo y sin conseguir armar de una vez por todas el rompecabezas, el balance, en todo caso, es positivo. Pero hay que entender que el vaso está medio lleno: si con el tercer lugar, con la oportunidad que se les brindó a los más jóvenes que apenas se sumaron al proceso, con la posibilidad de reunir al grupo y trabajar durante casi un mes, con el aprendizaje acumulado que se puede capitalizar cuando se reanude la eliminatoria para algunos el balance de Colombia no es positivo, ¿qué se puede pensar, qué nos pueden decir, entonces, Brasil, Uruguay, Paraguay, Ecuador o Bolivia? Ellos, no sobra olvidarlo, regresaron a casa hace rato y algunos no solo con el rabo entre las piernas, sino también con la crisis en la cresta de la ola.

El problema para Colombia durante la Copa América Centenario fue que, a excepción del arquero David Ospina y del zaguero Christian Zapata, el resto del elenco fue a veces sí, a veces no. Ni siquiera James Rodríguez pudo acreditar un nivel regular, a veces abusó del juego individual, a veces se lo vio desesperado por la ausencia de una compañía adecuada. En la línea de contención, salvo Carlos Alberto Sánchez, los demás dejaron dudas: Daniel Torres, Sebastián Pérez y Guillermo Celis (el más flojo) demuestran que todavía les falta para consolidarse como titulares. No hay, por ahora, un socio ideal para James Rodríguez y el ataque fue la gran deuda en este torneo. Siete goles anotados en seis encuentros hablan de un escaso poder ofensivo; Bacca fue el mejor y los demás quedaron debiendo talento, desborde y, sobre todo, definición.

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Contra EE. UU., Juan Guillermo Cuadrado jugó su mejor partido de la Copa América Centenario. Está lejos, sin embargo, del que fue en la Copa Mundo-2014 (FIFA.com).

Lo que el hincha debe entender, más allá de que el tercer lugar los colme a algunos, y las debilidades expuestas los mortifiquen a otros, es que este equipo no es el mismo del Mundial-2014. Aquel fue un elenco que Pékerman encontró armado cuando llegó y su acierto fue respaldar la base y sacar lo mejor de cada uno, del grupo. Tras ese suceso, sin embargo, la columna vertebral se resintió por diversas razones (retiros, lesiones, bajo nivel) y la estructura mostró notorias fisuras: el DT, entonces, anda en plan de empañetar de nuevo el edificio, que a ratos parece en obra negra, para que sea otra vez un lugar que encante y emocione al aficionado. Para cumplir ese objetivo, entonces, era estrictamente necesario probar tal y como lo hizo en esta Copa América Centenario: a riesgo de equivocarse, de sufrir duras críticas, de perder partidos.

No hay que olvidarse, además, de que para las eliminatorias es probable contar con jugadores de recorrido internacional, de bagaje en competencias de primer nivel, que no estuvieron en Estados Unidos: Jackson Martínez, Teófilo Gutiérrez, Radamel Falcao García, Abel Aguilar, Alexánder Mejía y Óscar Murillo, entre otros, que sin duda le aportarán una necesaria cuota de oficio y de carácter que por momentos se extrañó, y mucho, durante esta Copa América Centenario. No sobra repetirlo: el vaso está medio lleno, pero hay agua suficiente para completarlo. Ese fue el éxito de este torneo, la verdadera ganancia de la participación en el torneo continental, independientemente del puesto que se ocupó, de los resultados que se dieron, de las falencias que quedaron al descubierto.

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Uno de los más flojos fue Edwin Cardona: a pesar de su robusto lomo, la camiseta le pesó demasiado. No es, ni cerca, el socio que requiere James Rodríguez (FIFA.com).

Parece poco, pero es mucho. Eso, no obstante, es algo que solo se podrá constatar en el futuro, cuando se obtenga el cupo al Mundial de Rusia-2018: solo entonces entenderemos que la Copa América Centenario fue el trampolín. Y solo entonces se le podrá dar el valor que se merece a esta actuación, la mejor de los últimos 15 años (desde que se conquistó el título como local en 2001) en el certamen continental. Parece poco, pero es mucho…

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Comunicador social y periodista. Apasionado por los deportes. Escritor de libros. Docente. Emprendedor y soñador, terco y persistente.

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