CA-100: Chile le apuesta a la dicha de la revalidación

Más importante que alcanzar la cima es mantenerse en ella y eso lo saben Pizzi y sus jugadores, conscientes de que el título en la Copa América Centenario les dará un lugar en el olimpo de los dioses.

La Copa América Centenario se juega con Colombia Mundial En ContravíaCon la convicción del campeón, con esa fuerza interna que solo se obtiene de los triunfos, Chile se reinventó, superó sus peores fantasmas, sorteó los obstáculos que ella misma había creado y, de nuevo, toca la puerta de la gloria: menos de un año después de haber alzado por primera vez la Copa América y desatado una fiesta sin fin, quiere retener su corona continental. Será el partido más importante de la historia de la Roja, pues significa mantenerse en la cima. Tendrá enfrente al mismo rival de la consagración, la Argentina de Lio Messi, a sabiendas de que esta será una historia diferente.

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El bellísimo trofeo de la Copa América Centenario es la obsesión para la generación dorada del fútbol chileno. Revalidar la corona sería histórico (FIFA.com).

Chile, uno de los fundadores de la Copa América, hace un siglo, fue el equipo al que más le costó alzar el trofeo: se demoró 99 años. Es cierto que Venezuela y Ecuador nunca ganaron el torneo, pero su ayuno no alcanza todavía las dimensiones del que construyeron los australes: Ecuador debutó en 1939 (van 77 años) y Venezuela, en 1967 (39). Y tampoco se puede olvidar que en las seis primeras ediciones que disputó (1916, 1917, 1919, 1920, 1922 y 1924) terminó de última, antes de debutar como ganadora en 1926, año en el que alcanzó un inédito tercer lugar. Y, por otro lado, requirió cinco intentos antes de sonreír al final de un torneo, pues se quedó a las puertas del título en 1955, 1956, 1979 y 1987. No cabe duda de que los australes saben cuál es el sabor de la frustración, aunque también el valor de la paciencia y de la perseverancia.


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El desarrollo de la historia de la Copa América, sin embargo, nos ha demostrado que es posible reinventarse (como lo hizo Chile) o también destruirse (como lo está haciendo Brasil). Es una dinámica cambiante, que no se detiene; un reto permanente, que en el caso de los equipos grandes exige una revalidación constante, porque los títulos y triunfos del pasado son solo eso, pasado, una historia vieja, ya escrita. Y Chile actualmente anda en plan de grande, desde que el técnico argentino Marcelo Bielsa cambió el chip de sus jugadores y les enseñó que estaban capacitados para luchar contra los más grandes, para quitarse esa pesada lápida de un palmarés con más derrotas que triunfos, para comenzar a jugar sin complejos frente a Argentina, Brasil y Uruguay, los mismos rivales que durante casi un siglo le hicieron la fiesta.

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Contra México, en cuartos de final, Chile fue una tromba y contra Colombia requirió solo 15 minutos para liquidar el partido. Es temible (FIFA.com).

Con el Loco Bielsa en el banquillo, Chile regresó a una Copa Mundo, Suráfrica-2010, una cita en la que el final no fue el esperado: cayó por goleada (0-3) con Brasil en octavos de final. Claudio Bravo, Jean Beausejour, Alexis Sánchez, Arturo Vidal, Mauricio Isla, Mark González, Gary Medel, Matías Fernández, Fabián Orellana y Gonzalo Jara se mantienen de ese ciclo, una sólida base a la que Jorge Sampaoli, el técnico que tomó el testigo de su compatriota, le dio un plus: al fútbol vertical, a la velocidad, a la intensidad del juego les agregó un poco de toque lateral y contundencia. Chile, entonces, fue protagonista de las eliminatorias a Brasil-2014 (tercera) y también de esa cita: venció y eliminó a España, campeona defensora, y en octavos de final volvió a inclinarse frente a la Auriverde (1-1 y 3-2 en la definición con tiros desde el punto penalti) en un partido que debió ganar. El mundo del fútbol, entonces, entendió que Chile ya era uno más de la élite.

Lo único que le faltaba para corroborar esa tesis era un título. Y lo consiguió con lujo de detalles, frente a su gente, negándole la oportunidad a Lio Messi y su Argentina. Aunque se habló mucho de supuestas ayudas de los árbitros, de que su nivel vino de más a menos, de que se aprovechó del flojo nivel de sus contendores, lo cierto es que Chile cumplió la tarea prevista: en una reñida final, a la que le sobraron nervios y le faltaron emociones, superó a la Albiceleste en una inolvidable tanda con lanzamientos desde el punto penalti. Aún están frescas en la memoria las imágenes del último disparo, el del niño maravilla Alexis Sánchez, que entró gateando al arco de Sergio ‘Chiquito’ Romero antes de que la explosión de júbilo se extendiera a lo largo y ancho de su geografía futbolística. Aquella noche del sábado 4 de julio de 2015, Chile reescribió su historia.

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Chile, al que tanto le costó aprender a ganar en la Copa América, se acostumbró a ganar y ahora no quiere que termine esa sensación (FIFA.com).

Una que, no sobra recordarlo, los embriagó a todos de felicidad y de gloria, un coctel que no siempre es fácil de digerir. La sólida estructura evidenció algunas fisuras, varias de las figuras se vieron involucradas en hechos extrafutbolísticos que los pusieron en la picota pública, los malos resultados volvieron a aparecer y el ambiente, que era de fiesta, se enrareció. Sampaoli, con una desgastada relación con la nueva dirigencia (tras la salida de Sergio Jadue, presidente de la Asociación Nacional de Fútbol Profesional, tras el escándalo de corrupción en la FIFA), dio un paso al costado y, entonces, asumió el hispano-argentino Juan Antonio Pizzi. Se montó en un barco que navegaba tambaleante por aguas turbulentas y lo primero que debió hacer fue llevarlo a aguas calmas, en donde pudiera comenzar a realizar su trabajo con posibilidades de éxito.

En ese proceso los cogió la Copa América Centenario, que para rematar les deparó un enfrentamiento contra Argentina en la primera salida. Aquella noche, la del lunes 6 de junio en el Levi’s Stadium de Santa Ana (California), la Albiceleste se impuso 2-1, con tantos de Ángel Di María y Éver Banega y descuento de José Pedro Fuenzalida. Una victoria justificada de los dirigidos por Gerardo Martino, que no ofrecieron mayores ventajas. Una caída que sirvió como una bofetada para despertar ese campeón que hay en el corazón de cada uno de los integrantes de esta generación dorada de futbolistas chilenos. A sabiendas de que están llamados a marcar una época, los jugadores reaccionaron y las alegrías regresaron: sucesivamente, cayeron Bolivia (2-1), Panamá (4-2), México (7-0) y Colombia (2-0) para instalarse, de nuevo, en la soñada final.

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Tras la suspensión que lo sacó de la semifinal contra Colombia, el Rey Arturo Vidal volverá a ser titular con Chile en la final (FIFA.com).

En esos tres últimos duelos, especialmente contra los aztecas, Chile dejó claro que su principal virtud, la que infunde temor en sus contendores, es el poder ofensivo. Cada vez que pisa el acelerador, cada vez que se lo propone, cada vez que el rival le concede ventajas, liquida. Y no sabe de piedad, ni de regularse, ni de darle tránsito al balón, porque su estilo de juego sigue siendo vertical y su mentalidad no cambia: solo le interesa el arco contrario. Al parecer, los problemas defensivos que contra argentinos y panameños causaron zozobra y las dudas del arquero Bravo quedaron atrás, por lo que la Roja llega a la final de East Rutherford (Nueva Jersey) con la ilusión intacta; la caída en el debut fue un mero accidente, uno de esos tropiezos normales en el fútbol, nada que haya conseguido abollar su corona o minar su potencial.

Dado que el fútbol solo es real en el presente, hay que decir que este contra Argentina, en la final de la Copa América Centenario, es el partido más importante de la historia de Chile: lo realizado hace un año en Santiago ya quedó en el pasado, como una página dorada de su palmarés, pero no se puede seguir viviendo ese momento. Como se dice en la calle, más importante que alcanzar la cima es mantenerse en ella y eso lo saben Pizzi y sus jugadores, conscientes de que un nuevo título les brindará un lugar en el olimpo de los dioses del fútbol mundial. Por eso, harán un nuevo esfuerzo por alzar el trofeo y desatar esa incontenible alegría de julio pasado, un recuerdo que todavía juguetea en sus mentes, en sus corazones. Chille llegó campeón a la Copa América Centenario y quiere despedirse de ella de la misma manera…

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Tras llevar el barco a aguas mansas, el técnico Juan Antonio Pizzi sacó a relucir lo mejor del potencial ofensivo de La Roja (Conmebol.com).

 

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Comunicador social y periodista. Apasionado por los deportes. Escritor de libros. Docente. Emprendedor y soñador, terco y persistente.

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