CA-100: Chile, bicampeón; Argentina, la maldición

Tras el 0-0 en 120 minutos, la Roja se impuso 4-2 en la tanda con lanzamientos desde el punto penalti. Lo increíble: Lio Messi falló el suyo. La Albiceleste no aprendió de sus errores y los pagó muy caro.

La Copa América Centenario se juega con Colombia Mundial En ContravíaArgentina, que hace menos de un año sufrió al ver cómo la Copa América se le escapaba de las manos, al no poder brindarle respaldo al mejor jugador del siglo XXI, no aprendió la lección y repitió la historia: en la definición con lanzamientos desde el punto penalti, cayó 2-4 con Chile, que gritó ¡bicampeón! Lo increíble, lo inesperado, lo más doloroso, es que esta vez el propio Lionel Messi fue verdugo: erró el primer disparo y marcó el rumbo de una Albiceleste que completó 23 años sin conseguir un título oficial. ¡Continúa la maldición!

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Chile lo volvió a hacer: empató con Argentina al cabo de 120 minutos de juego y alzó el trofeo tras la tanda con lanzamintos desde el punto penalti. Es bicampeón (FIFA.com).

Hace un año, en Santiago, luego de un reñido partido que terminó sin goles, incluida la prórroga, Messi fue el único jugador argentino que convirtió; Éver Banega permitió el lucimiento del golero Claudio Bravo y Gonzalo Higuaín desvió su remate para que Chile venciera 4-1 y, por primera vez en 99 años de historia del torneo continental, se adjudicara el trofeo. Un desenlace que fue aprovechado por aquellos que dicen que Argentina es Messi más diez más, una definición con alta carga peyorativa, discriminatoria, que no se compadece con la calidad de los otros integrantes de la Albiceleste. Lo cierto, en todo caso, fue que cuando se necesitó, cuando Messi no fue suficiente, los otros jugadores también se quedaron cortos y la Roja inauguró su palmarés.


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Ahora, en East Rutherford (Nueva Jersey, EE. UU.), el final fue igual, aunque la trama nos ofreció algunos nuevos ingredientes. No fue la final que todos esperábamos ver, a pesar de que estaban los dos mejores equipos del continente, no solo de la Copa América Centenario. Hay que decirlo con honestidad: fue un partido feo, de los más flojos del torneo, con escasas emociones en los arcos, con mínimo protagonismo de los arqueros a lo largo de 120 minutos, con nula incidencia de los talentos y con una premisa clara: ¡no perder! Se peleó mucho, se jugó poco; se pegó mucho, se pensó poco; se bravuconeó mucho, se combinó poco. Y como ninguno hizo lo suficiente para ganar, como ninguno pudo vencer el miedo a perder, entonces se llegó otra vez a la tanda desde el punto penalti.

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Dolor, tristeza, desolación, frustración… Se agotan los adjetivos para describir el sentimiento de los argentinos tras perder otra vez una corona continental (FIFA.com).

Y allí fue sopa para Argentina. Lio Messi, el extraterrestre del planeta fútbol, el que es capaz de hacer lo increíble, el que logra lo que ninguno otro puede alcanzar, mostró su faceta más terrenal y se equivocó: su lanzamiento pasó arriba del travesaño del arco de Bravo. Antes, Arturo Vidal le había dado a Sergio ‘Chiquito’ Romero la oportunidad de prender la llama de la ilusión albiceleste. Luego, Nicolás Castillo, Javier Mascherano, Charles Aránguiz, Sergio Agüero y Jean Beausejour acertaron; Lucas Biglia le regaló un tirito a Bravo, que atajó sin problemas, y Francisco Silva acertó para que Chile volviera a ser una fiesta y Argentina, un inmenso océano de dolor, ira y frustración. Entonces, todas las cámaras enfocaron a Messi, que sufrió como ninguna la tanda y estalló en llanto al estrellarse una vez más contra un destino caprichoso.


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Lo increíble es que en menos de un año, en dos ediciones distintas de la Copa América, Argentina y Chile disputaron tres encuentros, con saldo de una victoria para la Albiceleste y dos empates. Sin embargo, la Roja, que tras 99 años tenía su palmarés sin estrenar, hoy exhibe en sus vitrinas dos coronas continentales y, lo mejor, se quedó con el hermoso trofeo que se diseñó especialmente para esta edición del centenario del torneo. Y, para colmo, el conjunto de Gerardo Martino engrosó su larga lista de infortunios al completar cuatro títulos perdidos en las cinco últimas ediciones de la Copa América, algo inédito, algo de lo que, con seguridad, taladra el corazón del hincha argentino. Lo más doloroso, en todo caso, es que esta vez tuvo todo a su favor y no lo supo aprovechar, un hecho que pesará como una lápida sobre las espaldas de los jugadores que este 26 de junio actuaron en el MetLife Stadium.

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La atajada que valió un título: Claudio Bravo detiene el anunciado disparo de Lucas Biglia e inclina la balanza a favor de Chile. Decisivo (FIFA.com).

Antes de cumplirse el primer minuto de juego, con un remate de Banega, Argentina ya le avisó a Claudio Bravo que no iba a ser un espectador más del partido. Y aunque Chile cerró los caminos que conducían a su área y los atacantes albicelestes porfiaban sin poder superar ese grueso y efectivo muro defensivo, la irresponsabilidad de Marcelo Díaz cambió el partido: a los 28 minutos, por justa doble amonestación, fue expulsado. Partido nuevo para que un equipo de gran riqueza técnica, como Argentina, impusiera su categoría sobre un Chile que quedó condenado a replegarse y contragolpear. Y la historia, entonces, comenzó a recorrer la misma senda de otras veces: Gonzalo Higuaín dilapidó la opción más clara del partido, un mano a mano que no supo definir. Otra vez, como en la final de la Copa Mundo contra Alemania, el casi siempre infalible Pipita falló.


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Había que jugar con tranquilidad, con inteligencia, con paciencia, y Argentina nunca lo entendió. Había que imponer las condiciones, marcar los ritmos del partido, desesperar al rival, y Argentina nunca lo pudo hacer. Messi estaba maniatado por la escalonada y nutrida marca chilena. Ángel Di María, llamado a ser la alternativa ofensiva, acusó la falta de ritmo tras estar diez días alejado de las canchas por una lesión y poco aportó. Banega, que en partidos anteriores se había erigido como el socio ideal de Messi, esta vez estuvo apagado en su función ofensiva, limitado a labores defensivas que le restaron protagonismo. Y no hubo respuesta alguna por parte de otro jugador, tampoco desde el banco por cuenta del Tata Martino, al que sin duda le faltó un poco de audacia para darle un rumbo distinto a la historia.

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El increíble mano a mano, en el primer tiempo, que Gonzalo Higuaín no definió: a partir de ahí, la historia tomó un rumbo que Argentina fue incapaz de cambiar (FIFA.com).

Por eso, tan pronto los pupilos del hispano-argentino Juan Antonio Pizzi se dieron cuenta de que su contendor no era capaz de marcar diferencias, a pesar de contar con un hombre de más, apelaron a una de sus armas más discutibles, pero efectivas: el roce y la provocación. De la misma manera que el año pasado sacaron del camino al duro Uruguay, esta vez se quitaron de encima a Argentina. Arreciaron los choques, los golpes, los codos afloraron con clara intención de pegar, las simulaciones y las provocaciones estuvieron a la orden del día. Y como si fueran jóvenes aficionados sin experiencia, la mayoría de jugadores argentinos entró en el juego. Producto de esa equivocación, Marcos Rojo, uno de los que pensó que se trataba de un concurso de hombría mal entendida y no una final histórica, mordió el anzuelo y también fue expulsado: agredió a Vidal, el árbitro brasileño Heber Lopes lo vio y lo mandó a las duchas.

En la segunda etapa, con los ánimos menos crispados, los dos equipos intentaron jugar, pero no lo consiguieron. Afloró el pánico a la derrota y poco a poco se resignaron con el empate, lo negociaron convenientemente. Chile se vio mejor acomodado con diez hombres, mientras que Argentina no encontró cómo rearmar el rompecabezas y a ratos lució desordenado. Buscaron a Messi, pero cuando apareció siempre estuvo rodeado por la intensa marca de los australes. Y a medida que transcurrían los minutos, los jugadores argentinos, como les ocurrió en la final de la Copa Mundo contra Alemania, como había sucedido un año atrás en Santiago, se nublaron. Desapareció la claridad, no hubo ideas para salirse del libreto y se resignaron a la prórroga.

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A Lio Messi lo emboscaron en todos los sectores del campo y lo limitaron a su mínima expresión. Mérito de Chile que celebró el bicampeonato continental (FIFA.com).

Esos 30 minutos adicionales fueron lo mejor, lo único bueno de la final de la Copa América Centenario. Quizás condicionados por los recuerdos de 2015, chilenos y argentinos hicieron un último esfuerzo en pos de la victoria: no querían llegar a la tanda con lanzamientos desde el punto penalti. Chile tuvo el gol con Eduardo Vargas, máximo anotador del torneo, pero Romero se lo impidió. Y segundos más tarde fue Kun Agüero el que exigió al máximo a Bravo, que voló como un superhéroe al ángulo superior derecho para desviar un cabezazo que ya olía a gol. Eso fue todo, como decía el gran Fernando González Pacheco, y Argentina se enfrentó a la peor de sus pesadillas. Incapaz de aprovechar las circunstancias cuando le fueron favorables, quedó condenada a luchar contra los fantasmas del pasado, que le provocaron una nueva y muy dura frustración.

Dicen que aquel que no conoce la historia, que no es capaz de aprender de sus errores y convertirlos en experiencias positivas de las que pueda sacar provecho más adelante, está condenado a repetirla. Argentina, que no pierde un partido en Copa América desde la final de Perú-2007 con Brasil (0-3, acredita 16 partidos invicta), volvió a caer en la red de Chile y de nuevo terminó con el corazón partido. Necesitaba inteligencia, necesitaba paciencia, necesitaba tranquilidad, necesitaba juego colectivo, necesitaba astucia, necesitaba serenidad para no responder a las provocaciones, pero tropezó con la misma piedra. Y la vida y el fútbol, que son implacables, no le perdonaron tamaña equivocación: Chile fue más efectivo desde el punto penalti y volvió a gritar campeón, mientras que Argentina se enterró aún más en ese torbellino de frustraciones que ya completó 23 años…

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Sin haber vencido a Argentina en las dos últimas ediciones de la Copa América, por la vía de los lanzamientos desde el punto penalti celebró dos títulos (FIFA.com).

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