CA-100: Brasil, ahora sí, ¿dime qué se siente?

El peor Brasil de la historia, el mismo que fue humillado dos veces ante sus hinchas en la pasada Copa Mundo, salió por la puerta de atrás de la Copa América Centenario. ¡Justicia divina!

El elenco inca venció 1-0 al debutante Haití y les sacó ventaja a Brasil y Ecuador, que igualaron sin goles. Muchas ganas, pero poco fútbol y mínimo poder ofensivo, las tendencias en el arranque. Pudo haber sido el mejor partido del torneo, pero se quedó en uno más. En uno más que se jugó con intensidad, en el que los jugadores se brindaron enteros en lo físico-atlético, pero quedaron en deuda en lo futbolístico. Brasil, uno de los máximos candidatos al título de la Copa América Centenario, igualó sin goles con Ecuador, en el cierre de la programación de la primera fecha del grupo B del torneo. Curiosamente, la última vez que la Auriverde se presentó en este mismo estadio Rose Bowl de Pasadena (California) el juego también terminó sin goles, aunque esa vez sí pudo celebrar. Aquella vez, el 17 de julio de 1994, empató con Italia al cabo de 120 minutos de partido, incluida la prórroga, y por primera vez en la historia la final de la Copa Mundo se definió con disparos desde el punto penalti. Tras los yerros de Franco Baresi y Daniele Massaro, el gran Roberto Baggio tenía la obligación de marcar el suyo, porque Dunga le había dado la ventaja a Brasil. Sin embargo, se recuerda, Robertino envió su lanzamiento por arriba del travesaño y después de 24 años de ayuno, con un elenco en contravía de la tradición del jogo bonito, el otrora Scratch levantó la Copa FIFA por primera vez para celebrar su tetracampeonato orbital. Contra Ecuador, en todo caso, no fueron muchos los motivos que quedaron para festejar. Otra vez, como hace casi 22 años, Dunga fue protagonista. Su Brasil, el peor Brasil de la historia del planeta fútbol, sorprendió con una formación en la que solo había un delantero, Jonas, y de esos que no le dan miedo ni siquiera a un niño. Detrás de él, en cambio, una línea de cinco volantes con tres obreros de la destrucción (Casemiro, Renato Augusto y Elías) y dos de corto más ofensivo (Willian y Philippe Coutinho). Un planteamiento rarísimo para el equipo que forjó fama de temible en virtud de su poderío ofensivo, algo que quedó enterrado en el pasado. La fórmula, en todo caso, le dio buenos resultados en el comienzo: logró el volumen ofensivo que tanto ha extrañado en los últimos tiempos y así consiguió poner en aprietos a un Ecuador que, distinto al de las eliminatorias, le costó trabajo acomodarse en el campo. El conjunto de Gustavo Quinteros tuvo que soportar primero el chaparrón brasileño antes de poder esgrimir sus habituales armas ofensivas. Con orden, con solidaridad y con una disciplina táctica loable, Ecuador poco a poco le fue mostrando a Brasil que podía pararse a pelear el partido de tú a tú. Le bajó intensidad y velocidad al juego y alejó las acciones de su área, para concentrarlas en zona céntrica del campo. Y ahí sí, entonces, sacó las garras: desborde por los costados, avances veloces con Jefferson Montero, Antonio Valencia, Míller Bolaños y Énner Valencia y acompañamiento con volantes como Walter Ayoví y Christian Noboa, que causaron zozobra con disparos de media distancia. Fue cuando el partido se hizo de ida y vuelta, aunque sin la profundidad necesaria. Ambos equipos gozaron de buenas opciones para abrir el marcador, pero fallaron en la definición. La segunda parte nos mostró al Brasil al que estamos acostumbrados recientemente: sin ideas, sin alternativas ofensivas, sin capacidad para retener el balón y darle un tránsito adecuado y, por supuesto, con problemas defensivos. Decayó tanto la producción, que el técnico Dunga tuvo que excluir a Willian y Jonas, dos de sus elementos ofensivos, en procura de un revulsivo que no llegó. Ecuador, que ya se había despojado de los temores del comienzo, buscó quedarse con una victoria de características históricas, pero no le alcanzó. Sus delanteros fueron demasiado precipitados ante el arquero Alisson y, por eso, no pudieron convertir. Y el partido cayó en un letargo quizás producto del frenético ritmo del arranque, seguramente fruto del conformismo. Considerados los candidatos para avanzar a los cuartos de final en este grupo B, Brasil y Ecuador quedaron en deuda. Corrieron mucho, pero ofrecieron escasas ideas ofensivas y, mucho menos, poder goleador. El próximo miércoles 8 de junio, en Orlando (Florida), al otro extremo del país, Brasil se las verá con Haití, débil en argumentos futbolísticos, pero muy fuerte en entusiasmo y duro de roer. Ese mismo día, pero en Glendale (Arizona), Ecuador se enfrentará a Perú, que sufrió para vencer a los del Caribe, pero se situó como líder de la zona gracias a un solitario gol de Paolo Guerrero. Se presagiaba un grupo cómodo para Brasil, pero los primeros compases nos mostraron que no va a ser un camino tapizado de pétalos y que, por el contrario, habrá varias espinas. Perú hizo la tarea: venció 1-0 a Haití Una hora necesitó el equipo de Ricardo ‘Tigre’ Gareca antes de tener un respiro contra un duro Haití, que tuvo un decoroso debut en la Copa América Centenario. Un solitario gol de José Paolo Guerrero, a los 16 minutos del segundo tiempo, bastó para conquistar los tres primeros puntos que dejan al elenco inca en la cabeza del grupo B. Ahora, sin embargo, tendrá que medirse con Ecuador y Brasil, los rivales más fuertes de la zona. El partido se disputó en el Centurylink Field de Seattle (Washington), con el arbitraje del panameño John Pitti. Fiel a sus más recientes presentaciones en el torneo, que significaron sendos terceros puestos en Argentina-2011 y Chile-2015, Perú salió a demostrar que puede ser protagonista. Aunque en el ataque solo estaba Guerrero, máximo anotador de las dos citas mencionadas, el técnico Gareca se preocupó de ponerle compañía con una línea de tres en su espalda, conformada por Alejandro Hohberg, Christian Cueva y Édison Flórez. Pero tuvo que porfiar mucho Perú antes de darse una tregua. Y aunque gozó de otras oportunidades para aumentar la diferencia, no tuvo tranquilidad ni puntería para hacerlo y terminó sufriendo, agotado mental, física y futbolísticamente por el esfuerzo realizado. Haití, que recientemente había enfrentado a Colombia y había dejado una pobre impresión, vendió cara la derrota. De hecho, hasta pudo empatar en la última jugada, en tiempo de reposición, en una increíble jugada de pelota quieta que Kervens Melfort no pudo concretar de cabeza. No fue mucho, en todo caso, lo que el elenco del Caribe mostró en ataque, pero dejó claro que su intención es la de no ser un convidado de piedra en el grupo, el comodín para sus rivales. Hizo gala de su fortaleza física, de su generoso despliegue, y mordió en todos los terrenos. Pegó con la complacencia del árbitro Pitti e incomodó a su rival de principio a fin. Más allá del resultado, fue un buen debut para los haitianos, que ahora intentarán ser la piedra en el zapato de Brasil y Ecuador. El próximo miércoles 8 de junio, Brasil irá contra Haití, un duelo que sobre el papel luce desequilibrado, pero que puede significar una sorpresa de grandes proporciones. Después, Ecuador y Perú rivalizarán en un partido que, sin duda, será decisivo en el futuro del grupo B. Si ganan los incas, asegurarán un lugar en los cuartos de final, mientras que un empate o una victoria de los ecuatorianos aplazará el fin de las emociones hasta la tercera jornada.Podrán llorar, podrán quejarse, podrán enviar misivas a la Confederación Sudamericana de Fútbol (CSF), podrán sentirse indignados el resto de sus vidas, pero lo cierto es que Brasil fue bien eliminado de la Copa América Centenario. Y lo mejor es que lo hizo en su ley: con un equipo paupérrimo, con un juego que es una afrenta para el jogo bonito del siglo pasado y, lo más divertido, con polémica arbitral incluida. De la misma manera que la Auriverde tantas veces salió airosa, para no ir muy lejos en el debut contra Ecuador, ahora resultó perdedora. ¡Hay justicia divina!

La Copa América Centenario se vive en Colombia Mundial En Contravía
Celebra Perú, lo sufre Brasil. Inesperado final del grupo B, con prematura eliminación de la Auriverde. Los incas serán rivales de Colombia en cuartos de final (FIFA.com).

Perú, al que prácticamente todos daban por eliminado antes de que el balón rodara en el Gillette Stadium de Foxborough, en las afueras de Boston (Massachusetts), tuvo su noche heroica: venció 1-0 a Brasil, uno de los candidatos a la corona, y lo eliminó. La última vez que el país de la samba había sido eliminado en la primera ronda del torneo continental había sido en Argentina-1987, cuando Chile lo goleó 4-0 en Córdoba. Uruguay, el más ganador de la centenaria historia, había quedado eliminado tras caer con Venezuela y ahora el elenco inca dio otro batacazo al dejar en el camino al ocho veces campeón continental. Ahora, los de Ricardo Gareca se medirán, en cuartos de final, a Colombia.


CA-100: Por una mala noche, Colombia fue segunda


Nadie va a extrañar al Brasil de Dunga en lo que resta de la Copa América Centenario. Y bien merecida tiene su suerte el otrora Scratch. Plagado de jugadores sin talento, de picapiedras chocadores y corpulentos atletas sin técnica, Brasil sigue su caída libre. No es un traspié común y corriente, un accidente en el torneo continental: es la consecuencia de tantos años de andar pisoteando su historia, de andar ensuciando su tradición, de andar renegando del ADN futbolístico que tanta gloria y tantas alegrías le dieron. Tras alzar el trofeo de la Copa Mundo-2002 con un equipo de similares características en el que el gran Ronaldo Nazário, el Fenómeno, marcaba diferencias, Brasil se lanzó por el precipicio y no para de rodar.

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Perú jugó con inteligencia, especialmente en el segundo período, y obtuvo una merecida y justa victoria frente a un muy flojo Brasil (FIFA.com).

¿Qué se puede esperar de un Brasil en el que la camiseta 10 la porta un tal Lucas Lima, un jugador del montón entre los del montón? ¿Cómo pretende Brasil reeditar viejas glorias jugando con un único delantero que se llama Gabriel, un jugador del montón entre los del montón? ¿Cómo quiere Brasil volver a reinar en América cuando su técnico es Dunga, que de manera consciente eliminó de su nómina cualquier vestigio de talento? El mundo ha cambiado y, con él, el fútbol ha cambiado y ya no se gana con la camiseta. Y mucho menos este Brasil, el peor de la historia, que ya no le mete miedo a nadie. Un Brasil que, como recuerda la afición colombiana en el Mundial-2014, necesita las ayudas arbitrales para no quedar por fuera de la fiesta que él mismo organizó.

Las penosas goleadas que el conjunto entonces dirigido por Luiz Felipe Scolari, otro nefasto personajito, contra Alemania (1-7 en semifinales) y Holanda (0-3, en el partido por el tercer puesto) no fueron fruto de la casualidad. Lo increíble es que los directivos brasileños no entienden que transitan por el camino equivocado y que mientras más se demoren en recomponer más difícil va a ser volver a su esencia, a retomar ese pasado de gloria, alegrías y títulos. Es que ya ni siquiera tiene individualidades desequilibrantes capaces de salvarle la papeleta, capaces de evitarle el ridículo, como lo hicieron Romario en Estados Unidos-1994 y Ronaldo en Corea del Sur y Japón-2002. Porque el promocionado Neymar Jr., como lo ha demostrado en el FC Barcelona, es un excelente producto de mercadeo, pero un jugador de fútbol normalito, uno que posee buena técnica, pero mínima conciencia de los dones que le regaló la naturaleza y menos inteligencia para aprovecharlos.

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Cuando parecía que iba a quedar eliminado, Perú propinó el gran golpe y dejó afuera a Brasil. ¡Gritelo, peruano, grítelo! (FIFA.com).

A esta Copa América Centenario, el técnico Dunga le apostó a un equipo mixto en procura de la ansiada renovación. Trajo alguno de los que protagonizaron ese bochornoso final del Mundial y respaldó a otros que son de su gusto. ¿El resultado? Brasil igualó sin goles con Ecuador un partido que en buena ley debió perder; luego goleó a un inocente cuadro de Haití que le sirvió la goleada en bandeja de plata, y terminó cayendo con justicia frente a un Perú que comenzó respetándolo demasiado, pero que en el complemento le jugó de tú a tú y lo superó nítidamente. Podrán llorar, podrán quejarse, podrán enviar misivas a la Confederación Sudamericana de Fútbol (CSF), podrán sentirse indignados el resto de sus vidas, pero lo cierto es que Brasil fue bien eliminado de la Copa América Centenario.

Y que no le vayan a cargar la responsabilidad al árbitro uruguayo Andrés Cunha, que actuó en conformidad con el reglamento. El gol anotado por Raúl Ruidíaz a los 29 minutos del segundo tiempo deja abierta la polémica, pero fue legal. La polémica queda abierta porque hay tomas de la televisión que, según el ángulo que se muestre, dan la impresión que hubo mano del atacante inca. Sin embargo, la toma de frente, con una cámara ubicada detrás el arco del flojísimo Alisson, deja claro que el balón le pega en la parte alta del muslo, casi en la cadera, y se mete al arco. Igual, el equipo arbitral hizo uso de la tecnología que se estrenó en esta Copa América Centenario y certificó la validez de la acción. Brasil, sus jugadores y sus hinchas nunca lo aceptarán, y eso es lógico, pero el triunfo peruano fue legítimo y, mejor aún, merecido.

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El arquero Pedro Gallese fue una de las figuras del partido, con varias atajadas que ahogaron el grito de gol. Un portero que brinda garantías (FIFA.com).

Brasil dominó la primera parte del encuentro, pero fueron muy escasas las ocasiones en las que exigió al buen golero Pedro Gallese. Perú ni se acercó a los predios de la Auriverde, consciente de que un gol en contra daría al traste con su ilusión en virtud de la victoria de Ecuador sobre Haití (4-0) en el duelo previo. Para la segunda parte, sin embargo, el técnico Tigre Gareca mostró las garras y adelantó las líneas, soltó las amarras defensivas y se animó a buscar la victoria. Le costó a Perú, y mucho, llegar con peligro, pero cuando lo hizo causó zozobra. Y al filo de la media hora, cuando ya mandaba en el partido, llegó la jugada polémica. Después de que el gol fue convalidado, Brasil gozó de media hora para buscar el empate que le diera el paso a los cuartos de final, ¡pero ni siquiera incomodó a Gallese!

En el primer juego del grupo, Brasil evitó la derrota gracias a un error de la terna arbitral, que le negó un gol a Ecuador en una jugada de Míller Bolaños sobre la raya final; se argumentó que le balón había salido, pero las imágenes de la televisión demostraron que eso no había ocurrido. Y esa vez, curiosamente, no se utilizó la tecnología para certificar la decisión arbitral. Ahora, como el bandolero que cae en un tiroteo en un oscuro callejón, Brasil murió en su ley: con polémica arbitral. La verdad, sin embargo, es que la Auriverde sucumbió a sus propias limitaciones, a la ausencia de talento en sus filas, a errores de sus jugadores y a la patética terquedad de su entrenador. Como pocas veces ocurre, apareció la justicia divina y Brasil regresará a casa con el rabo entre las piernas y una nueva vergüenza a cuestas. Ahora sí, Brasil, ¿dime qué se siente?

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Los aficionados que acudieron al Gillette Stadium de Foxborough vieron una de las más grandes sorpresas de la historia de la Copa América (FIFA.com).

 

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