Beckenbauer, el ‘pánzer’ con genes brasileños

Efemérides 11 de septiembre: el mundo del fútbol lo conoció como el Kaiser, un elegante defensor que sobresalía nítidamente entre la fortaleza de sus compañeros. Ganar y perder finales de la Copa Mundo fue para él una costumbre.

ColombiaMundial(2)“Siempre se caracterizó más por su inteligencia que por su fuerza; era un futbolista más brasileño que alemán”. Con estas palabras, Pelé, O Rei, definió a Franz Beckenbauer, uno de los futbolistas que lo maravilló a través de su trayectoria, con el que fueron leales rivales y, al final de sus carreras, compañeros en el Cosmos de Nueva York. Al cumplir 69 años, vale la pena recordar al jugador que no es solo emblema de la Mannschaft, sino también del Bayern Múnich, el club que lo lanzó al estrellato y lo convirtió en ídolo.

Aunque con los diablos rojos de Baviera logró cinco títulos de la Bundesliga (1969, 1972, 1973, 1974 y 1982), cuatro de la Copa de Alemania (1966, 1967, 1969 y 1971), uno de la Recopa de Europa (1967), tres de la Copa de Campeones de Europa (hoy Champions League, 1974, 1975 y 1976) y una de la Copa Intercontinental de Clubes (1976), fueron las finales que disputó con la camiseta de Alemania las que marcaron su trayectoria. Al revisar las imágenes de la historia del fútbol es difícil encontrar un jugador que haya aparecido más veces levantando un trofeo de campeón. Y en la Copa Mundo, certamen que jugó por primera vez en 1966, dejó una marca difícil de igualar: fue campeón como como futbolista y como entrenador, pero también es el único que perdió sendas finales en la misma condición.

El día de su debut, el 12 de julio de 1966, con tan solo 21 años, mostró pasta de crac. Era volante por izquierda y se apuntó con un doblete en el arco del suizo Karl Elsener. Alemania ganó 5-0 y el mundo del fútbol descubrió una joven estrella que durante largo rato brillaría con intensidad. Contra Argentina (0-0) y España (2-1), si bien no anotó, fue el eje del juego ofensivo y llamó la atención por la elegancia de su juego, la claridad para ubicar a sus compañeros y el panorama que le brindó al equipo en cada salida. Era un jugador distinto, con un ADN diferente al del resto de sus compañeros, porque anteponía el talento a la fuerza y la potencia físicas. En los cuartos de final volvió a marcar, en la goleada 4-0 a Uruguay, y luego selló el paso a la final, con otro tanto frente a Unión Soviética, en semifinales.

En 1974, en el estadio Olímpico de Múnich, su casa, levantó el trofeo de la Copa Mndo: Alemania derrotó 2-1 a la poderosa Naranja Mecánica holandesa de Jan Cruyff y logró su segunda corona orbital (FIFA.com).
En 1974, en el estadio Olímpico de Múnich, su casa, levantó el trofeo de la Copa Mndo: Alemania derrotó 2-1 a la poderosa Naranja Mecánica holandesa de Jan Cruyff y logró su segunda corona orbital (FIFA.com).

En el último duelo, sin embargo, no pudo redondear la faena. En un polémico juego, Inglaterra se alzó con la corona tras los tiempos suplementarios (4-2) y el trofeo que Alemania quería fue levantado por Bobby Moore, ante el beneplácito de la reina Isabel. En el Mundial de México-1970, más maduro, continuó su ascenso futbolístico. Se dio un placer: anotó el primero de los goles con que Alemania remontó el partido contra Inglaterra, que se había puesto 2-0, para ganar 3-2 y avanzar a semifinales. En esa instancia, en el llamado ‘partido del siglo’ contra Italia, que la Azzurra ganó 4-3 en tiempos suplementarios, jugó un buen rato con el hombro dislocado, en una de las imágenes de mayor profesionalismo y pundonor deportivo que se recuerde en la Copa Mundo.

Cuando llegó al Mundial de Alemania-1974, el talentoso volante ofensivo se había transformado en un defensor que actuaba detrás de la defensa, además de ser capitán y líder. El promotor de aquella ajedrecística movida fue el técnico yugoslavo Zlatko Cajkovski, que lo dirigía en el Bayern Munich. A partir de esa irrupción, el concepto de zaguero central cambió radicalmente y el fútbol encontró una opción novedosa. Hasta entonces, los defensores se caracterizaban por ser corpulentos, pesados, lentos, recios, poco dúctiles con el balón en los pies y, en el mejor de los casos, efectivos en el juego aéreo. Beckenbauer aportó otras características: técnica, visión de juego, rapidez, limpieza para el quite. Y gol, también gol.

De Johan Cruyff, un día Beckenbauer dijo que había sido el mejor jugador europeo de la historia. 'Pero yo gané la Copa Mundo y él no', agregó (FIFA.com).
De Johan Cruyff, un día Beckenbauer dijo que había sido el mejor jugador europeo de la historia. ‘Pero yo gané la Copa Mundo y él no’, agregó (FIFA.com).

Antes, el juego comenzaba con un pelotazo del arquero para alguno de los volantes, pero desde que Beckenbauer pasó a esa zona del campo era el gestor de todos los avances. Poseía la claridad necesaria para ubicar con precisión al compañero mejor ubicado o, como lo hacía con frecuencia, salir de su campo dominando el balón y convirtiéndose en un atacante más. Porque, valga decirlo, el espíritu ofensivo jamás lo perdió. Esa característica fue una de las claves para que Alemania, el 7 de julio ante más de 78.000 aficionados, se consagrara campeón tras vencer 2-1 a la favorita Holanda. Esa tarde tuvo el honor de ser el primer jugador que levantaba la nueva copa FIFA, el trofeo fabricado especialmente para remplazar la Jules Rimet que era propiedad de Brasil desde 1970. Una vez probó las hieles de la derrota, a la siguiente se sació con las mieles de la victoria.

Helmut Schoen, el mejor director técnico alemán de la historia, fue su mentor. A él le aprendió los secretos de una dura profesión en la que también se consagró (FIFA.com).
Helmut Schoen, el mejor director técnico alemán de la historia, fue su mentor. A él le aprendió los secretos de una dura profesión en la que también se consagró (FIFA.com).

Tras una aventura exótica en el Cosmos de Nueva York y el regreso a su país para defender los colores del Hamburgo, en 1982 colgó los botines. Su siguiente reto arrancó en 1984, luego de que Alemania fracasara en la Copa de Europa de Francia-1984 (eliminada en primera ronda): sucedió a Jupp Derwal como seleccionador Nacional. Aunque no tenía experiencia, llevó a su elenco a la final del Mundial de México-1986, en la que sucumbió a la magia de Diego Armando Maradona y compañía. Como cuando había sido jugador, su primera final orbital como entrenador significó una derrota (2-3). El balance, en todo caso, fue positivo y, por eso, fue ratificado en su cargo. Fue entonces, cuando comenzó el tiempo de las revanchas.

La primera fue en la Copa de Europa, disputada en su país y en la que cayó en semifinales contra Holanda, a la postre el ganador del trofeo. De cara al Mundial de Italia-1990, sin embargo, fue un paso en firme, pues se veía un equipo, se identificaba una idea, se forjaba un sueño. En aquel torneo, realizó una primera ronda casi perfecta, apenas concediendo un empate in extremis con Colombia (1-1) y goleando a Yugoslavia (4-1) y Emiratos Árabes Unidos (5-1). En octavos de final se cobró revancha de Holanda, a la que venció 2-1, para encontrarse con Checoslovaquia en cuartos de final; ganó 1-0 y pasó a semifinales. En esa instancia, frente a Inglaterra, igualó 1-1 en 120 minutos y logró el cupo a la final en la definición con tiros desde el punto penalti (4-2).

Lejos de los campos de fútbol, en las oficinas. como dirigente, Franz Bekenbauer también fue un campeón. Alemania y su amado Bayern Munich pueden dar fe de ello (FIFA.com).
Lejos de los campos de fútbol, en las oficinas. como dirigente, Franz Bekenbauer también fue un campeón. Alemania y su amado Bayern Munich pueden dar fe de ello (FIFA.com).

Entonces, llegó el partido más esperado, que se disputó el 8 de julio en el estadio Olímpico, de Roma. Como cuatro años atrás, el rival era Argentina con Maradona, aunque en una dimensión distinta a la ofrecida en territorio azteca. Como se sabe, fue un partido trabado que solo se desequilibró cuando el árbitro mexicano Edgardo Codesal pitó un penalti para Alemania, a 5 minutos del final. Andreas Brehme venció al portero Sergio Goycoechea, le entregó a Alemania el tricampeonato orbital y le permitió a Beckenbauer emular al brasileño Mario Zagallo como los únicos que se consagraron campeones del mundo como jugadores y como técnicos. La tarea estaba terminada y en gran Kaiser completaba su hazaña.

De los campos de juego y los banquillos técnicos, este ilustre hijo del director de una oficina de correos, que de niño era hincha del 1860 Munich, pero luego se hizo famoso con la camiseta de su rival de patio (Bayern Munich), pasó a las oficinas. Y detrás de los escritorios también resultó ser un campeón: construyó un Bayern Munich multicampeón y fue la cabeza visible del Mundial de Alemania-2006, cuya organización mereció una alta nota. Cuando tenía 9 años, vio la consagración de Alemania en el Mundial de Suiza-1954 y les prometió a sus padres que algún día él también alzaría el trofeo. Les cumplió con creces, y con ñapa, porque lo hizo dos veces y forjó una leyenda que nunca terminará…

 

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