Barcelona-Real Madrid: mucho más que un partido de fútbol

Los más populares equipos del balompié español encarnan dos visiones, dos estilos, dos formas de encarar el deporte. Con el paso del tiempo, se han convertido en opuestos irreconciliables, así en un comienzo haya sido diferente. Dos formas de vivir la vida y de sentir el fútbol.

ColombiaMundial(2)En medio de los terribles excesos del periodismo deportivo, el clásico Real Madrid-Barcelona, uno de tantos que enriquecen la tradición y la afición en el planeta fútbol, nos ofrece la oportunidad para enseñarles a aquellos que desconocen la historia, y para recordarles a los la omiten, las raíces de este enfrentamiento. Más que duelos individuales o de figuritas mediáticas, más que enfrentamientos entre los medios de comunicación de Madrid y Barcelona, la rivalidad entre merengues y culés surgió por diversos episodios deportivos, sociales y hasta políticos, algunos de ellos ocurridos hace más de un siglo.

Madrileños y barcelonistas encarnan dos formas de ver la vida. De hecho, con acierto algunos escritores españoles indican que se trata del “duelo de dos países que conviven en un mismo territorio”. Diferencias que van mucho más allá del idioma (castellano vs. catalán) y que se reflejan en la misma conformación de las actuales plantillas: la del Real Madrid, a punta de chequera; la del Barcelona, apoyando la cantera. De hecho, en este duelo en el estadio Santiago Bernabéu, el dueño de casa saltó al campo con solo dos jugadores formados en sus divisiones inferiores: Íker Casillas y Dani Carvajal. Su rival, en tanto, presentó cinco canteranos: Gerard Piqué, Sergio Busquets, Xavi Hernández, Andrés Iniesta y Lionel Messi.

Agua y aceite: eso son hoy Barcelona y Real Madrid, los dos clubes más importantes del fútbol español, pero también polos opuestos en el fútbol, en la sociedad, en la vida.
Agua y aceite: eso son hoy Barcelona y Real Madrid, los dos clubes más importantes del fútbol español, pero también polos opuestos en el fútbol, en la sociedad, en la vida.

Dos visiones, dos estilos, dos formas de encarar el deporte, pero que con el paso del tiempo se han convertido en opuestos irreconciliables, así en un comienzo no haya sido así. Porque lo primero que hay que saber, sin duda, es que hubo una época en la que Real Madrid y Barcelona no eran los rivales deportivos de hoy. En un principio, de una forma lógica, la rivalidad era con el rival de patio: Atlético de Madrid y Español, respectivamente. Eran tiempos, además, en los el equipo a vencer era Athletic Bilbao, así que la polarización actual ni siquiera se vislumbraba. Un primer paso para que germinara la rivalidad ocurrió en 1918, cuando se organizó una campaña a favor de la autonomía de la región catalana (similar a la que se vive por estos días) y el FC Barcelona tomó partido decididamente a favor. Sus vecinos catalanes, en cambio, se mantuvieron al margen. Ya había posturas distintas que superaban el ámbito deportivo.

El comienzo de la liga española, en 1928, tampoco ahondó las diferencias, más allá de que el primer título se decantó a favor de los catalanes tras una cerrada lucha contra los madridistas. El primer diferendo serio entre blancos y azulgranas tiene nombre propio: José Samitier. En 1932, cuando el planeta entero aún intentaba levantarse del fuerte golpe que supuso la Gran Depresión de 1929 (crisis económica mundial, originada en Estados Unidos y con efectos devastadores en los países desarrollados, principalmente), y el fútbol no era la excepción, Joan Coma, presidente del Barcelona, decidió no aceptar las exigencias de su jugador más representativo para renovar. Desde la otra vereda (que entonces se denominaba Madrid, a secas), el joven directivo Santiago Bernabéu no dudó en echarle mano y le ofreció unas condiciones irrenunciables: 7000 pesetas por el fichaje, 15.000 pesetas de prima por temporada y un salario mensual de mil pesetas. Sami, como le conocía, fue el primer jugador que pasó de una institución a la otra en un episodio considerado como “una traición”.

El general Francisco Franco y Santiago Bernabéu, presidente del Real Madrid, no fueron amigos, ni siquiera afines, pero el imaginario popular unió irremediablemente al dictador con la casa blanca.
El general Francisco Franco y Santiago Bernabéu, presidente del Real Madrid, no fueron amigos, ni siquiera afines, pero el imaginario popular unió irremediablemente al dictador con la casa blanca.

La conclusión de la Guerra Civil, que se libró entre 1936 y 1939, trajo consigo los primeros enfrentamientos allende los campos de juego. En 1941, con ocasión de la Copa del Generalísimo (embrión de la actual Copa del Rey), Barcelona venció 3-0 como local y su afición fue en extremo hostil con los visitantes. En la vuelta, entonces, la prensa de la capital se encargó de calentar los ánimos con el fin de devolver la afrenta. De acuerdo con testimonio de jugadores barcelonistas, antes del partido el Director General de Seguridad Nacional entró al vestuario y los amenazó, instruyéndolo de que debían ofrecer un “actitud pasiva”. Además, desde las tribunas los aficionados lanzaron objetos al portero visitante durante todo el partido, sin que pudiera remediarse la situación. Al final, los blancos ganaron 11-1 y le inflingieron a su rival la peor derrota de los duelos particulares. Esa serie, sin duda, fue caldo de cultivo de la actual rivalidad, el primer gran alboroto entre blancos y azulgranas, ‘el escándalo de Chamartín’.

Este acontecimiento deportivo, en todo caso, dejó una anécdota deliciosa. Juan Antonio Samaranch, que en ese entonces era un joven periodista al servicio del periódico La Prensa, y un reconocido hincha del Madrid, escribió la crónica del partido en la que dio cuenta de lo sucedido y, con firmeza, recriminó el ambiente hostil que se había preparado contra el rival. Tal atrevimiento no fue bien visto por las directivas del medio de comunicación que, de inmediato y para beneplácito de la casa blanca, determinó su expulsión. Fue el punto final de la carrera de Samaranch como cronista, pero también el inició de una trayectoria en la que décadas más tarde brilló con luz propia: fue presidente del Comité Olímpico Internacional (COI) durante 1980 y 2001.

El paso de Josep Samitier del Barcelona al Real Madrid, en 1933, marcó un punto de inflexión entre las relaciones de los dos clubes. Fue el primero que cruzó la vereda.
El paso de Josep Samitier del Barcelona al Real Madrid, en 1933, marcó un punto de inflexión entre las relaciones de los dos clubes. Fue el primero que cruzó la vereda.

Luego, el régimen adoptó medidas que afectaron al Barcelona y que desde las entrañas culé se adjudicaron a su ya eterno rival. Los franquistas no toleraban las diferencias culturales e idiomáticas y, entonces, obligaron al Barcelona Football Club a cambiar su nombre por el de Club de Fútbol Barcelona. Además, la gacetilla que el equipo repartía entre sus hinchas debió editarse en castellano y se prohibió que la voz oficial del estadio hablara en catalán. Aunque el general Francisco Franco siempre casi nunca hizo demostraciones públicas como aficionado al fútbol, se le conectó con el Atlético de Madrid, que surgió de la fusión con el Atlético Aviación (nombre que adoptó durante un largo período), pero el imaginario popular cultivado desde Barcelona lo alineó con el Real Madrid y así quedó escrita la historia.

Y la prensa de Barcelona no encontró mejores argumentos para justificar tales medidas, que fueron consideradas “ofensivas”, que achacarlas al régimen militar. Lo que sí es innegable es que el régimen franquista fue muy hábil para subirse al bus de las victorias del Real Madrid tan pronto el elenco blanco se adueñó de Europa. Encontró un vehículo perfecto para hacer promoción de sus valores y, aunque esa no fuera su intención, contribuyó al distanciamiento. Como lo hace desde entonces la prensa, porque la rivalidad salió de los límites del campo de juego y se trasladó a las páginas de los periódicos, a las salas de redacción, a las cabinas de la radio y a los estudios de televisión. Y hoy, a la web, permitiendo que las diferencias traspasen las fronteras españolas y lleguen a cualquier lugar del mundo donde quiera que haya un simpatizante culé o madridista.

La contratación de Alfredo Di Stéfano, en 1953, terminó por ahondar las diferencias. Barcelona se adelantó en las gestiones, pero Real Madrid, de la mano de su poder económico, se quedó con el jugador e inició su época dorada.
La contratación de Alfredo Di Stéfano, en 1953, terminó por ahondar las diferencias. Barcelona se adelantó en las gestiones, pero Real Madrid, de la mano de su poder económico, se quedó con el jugador e inició su época dorada.

La gota que rebosó la copa, curiosamente, tiene a Colombia como actor de reparto: el traspaso del mítico Alfredo Di Stéfano. Mil y una versiones han circulado en torno de este polémico suceso, que acabó por marcar distancias definitivas entre Barcelona y Real Madrid. El argentino tenía firmado un contrato con Barcelona, por la vía de la Asociación Argentina, pero Real Madrid aprovechó los vacíos de la reglamentación y arregló directamente con el jugador y Millonarios y River Plate, que compartían la ficha del astro sureño. Dado que no hubo un acuerdo entre las partes, la FIFA intercedió y, fiel a su costumbre, planteó una solución salomónica que nada aportó: que Di Stéfano jugara un año para cada club y luego escogiera dónde quería jugar, alternativa que el club catalán rechazó de plano. El resto de la historia es conocido: el argentino se puso la camiseta blanca y, de su mano, Real Madrid se convirtió en el club más ganador del fútbol español y en uno de los mejores de Europa y del planeta fútbol. A partir de entonces, eso sí, las posiciones fueron irreconciliables y los clubes, opuestos. Agua y aceite.

Real Madrid contrató a Ferenc Puskas y Barcelona hizo lo propio con Ladislao Kubala, los dos más grandes exponentes del mítico elenco húngaro de los años 50. La casa blanca se quedó con Di Stéfano y los catalanes marcaron su historia con Diego Armando Maradona y Lionel Messi. Más cerca en el tiempo, el portugués Luis Figo, ídolo catalán, se convirtió en el primer fichaje galáctico de Florentino Pérez, a cambio de una fortuna, para ahondar las diferencias. Y el propio Luis Enrique Martínez, hoy DT de Barcelona, ha sido protagonista de la división, a pesar de que vistió ambas camisetas. Y personajes nefastos como el técnico José Mourinho, títere perfecto de los polarizados medios de comunicación, han contribuido a ampliar la brecha entre unos y otros, entre lo que estudios sociológicos llevados a cabo en la Madre Patria denominaron “El centralismo afín al Real Madrid y el nacionalismo independentista representado por el Barcelona”.

Las diferencias entre Real Madrid y Barcelona han adquirido tal proporción, con la complicidad de la prensa, que llegaron al seno de la Selección España. Íker Casilla y Xavi Hernández, jugadores emblemáticos de uno y otro conjunto, lo han experimentado en carne propia.
Las diferencias entre Real Madrid y Barcelona han adquirido tal proporción, con la complicidad de la prensa, que llegaron al seno de la Selección España. Íker Casilla y Xavi Hernández, jugadores emblemáticos de uno y otro conjunto, lo han experimentado en carne propia.

Real Madrid y Barcelona, dos visiones, dos estilos, dos formas de encarar el deporte, pero que con el paso del tiempo se han convertido en opuestos irreconciliables, así en un comienzo haya sido diferente. Dos formas de vivir la vida y de sentir el fútbol. Hoy, algunos que no tienen más argumento que el facilismo, plantean la rivalidad en términos de números (estadísticas que generalmente son amañadas según la conveniencia), de seguidos en las redes sociales, de duelos individuales entre jugadores a los que aún les falta pelo pa’l moño, pero lo cierto es que las diferencias entre madridistas y barcelonistas están enquistadas en las propias raíces del pueblo español. Y se han manifestado de diversas formas, muchas de las cuales, las más importantes, trascendieron los campos de juego. Madrid, el centro del país, la capital, imperial, versus Barcelona, corazón de Cataluña, orgullosa, rebelde, con una historia e identidad cultural impar, motor económico de España. Mucho más que un partido de fútbol…

 

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Comunicador social y periodista. Apasionado por los deportes. Escritor de libros. Docente. Emprendedor y soñador, terco y persistente.

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