Al fútbol le metieron el dedo en el c…

Cuando los dirigentes suramericanos estaban a punto de irse junticos para la cárcel, el primer puntapié de la Copa América les dio una tregua. Hasta que a Gonzalo Jara se le ocurrió meter el dedo en el ano de Édinson Cavani y mandó todo a la m…

Copa América 2015La inmundicia que destila desde la FIFA, papá de la podredumbre que carcome al negocio del fútbol, se demoró en manifestarse en la Copa América Chile-2015. El torneo, que sirvió como cortina de humo para los dirigentes suramericanos, untados de corrupción hasta los tuétanos, finalmente se vio salpicado por un nuevo escándalo. Fue con ocasión del juego entre Chile y Uruguay que abrió los cuartos de final y dejó a los dueños de casa como el primer semifinalista. El campeón defensor, el más ganador de la historia, se despidió indignado.

Ojalá la grotesca agresión del defensor Gonzalo Jara al delantero charrúa Édinson Cavani, que a este último le valió la expulsión por reaccionar, no se quede en la ridiculización de las cloacas sociales y se establezca como un serio precedente. El mundo entero vio lo que ocurrió a los 17 minutos del segundo tiempo, la acción que desequilibró el juego. A partir de la expulsión de su atacante y más representativo jugador (en ausencia de Luis Suárez), Uruguay se limitó a esperar, a aguantar la andanada de los australes, que pudieron sonreír a los 80 minutos gracias a un remate del lateral Mauricio Isla. Y ya después no tuvo arrestos, ni fútbol ni cabeza fría para intentar un heroico empate.

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El instante crucial del partido que abrió los cuartos de final en la Copa América: el árbitro Sandro Ricci le muestra la segunda tarjeta amarilla a Édinson Cavani, que fue expulsado.

En medio de la estupidez que caracteriza los análisis periodísticos hoy en día, este grave incidente corre el riesgo de pasar como una anécdota más y el responsable, de salir impune. En una época aciaga para el deporte más popular del planeta, con su credibilidad en el punto más bajo de la historia y con dirigentes cuestionados unos por su proceder, sindicados como hampones otros por sus fechorías, nada peor podría ocurrir que una nueva mancha. El resultado ya fue, y no se puede cambiar, pero la agresión no se puede olvidar así como así, y tampoco debe ser banalizada. Porque más culpable que aquel que reaccionó fue el que provocó, sobre todo porque se trata de un provocador con antecedentes.

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La jugada grotesca, la agresión inaceptable: Gonzalo Jara mete su dedo en el ano de Édinson Cavani, que estaba caliente y reaccionó. La sanción para el chileno debe ser ejemplarizante.

No nos vamos a poner en el plan de mojigatos: en un campo de juego acciones grotescas como esa ocurren más veces de las que nuestros ojos nos permiten apreciar, o de las que las cámaras de televisión pueden pillar. Eso, sin embargo, no excusa al agresor, tampoco al que responde. Pero esta vez Gonzalo Jara fue cogido in fraganti y solo se salvó de la expulsión porque el árbitro brasileño Sandro Ricci, al que han querido condenar sin razón, estaba de frente a la jugada: no había posibilidad de que observara lo que había ocurrido, y actuó de conformidad con lo que para él era una certeza: Cavani agredió a Jara. Afortunadamente, hay jurisprudencia válida para actuar de oficio, es decir, para hacer uso de los recursos a los que no tuvo acceso el árbitro Ricci y sancionar al verdadero malo de la película.

El último caso tuvo como protagonista, irónicamente, a un uruguayo: Luis Suárez fue sancionado por la FIFA en el Mundial de Brasil luego de morder al italiano Giorgio Chiellini en una jugada que el árbitro mexicano Marco Antonio Rodríguez no sancionó. Fue hace exactamente un año (24 de junio), en Natal, en el cierre de la primera ronda en el grupo D. Uruguay avanzó a octavos de final tras ganar 1-0, mientras que Italia se despidió con pena y sin gloria. Luego de que el video lo delató, Suárez fue suspendido nueve partidos (por esa razón no está en la Copa América) y por un período de cuatro meses se le prohibió realizar cualquier actividad relacionada con su profesión (administrativa, deportiva o de otra índole).

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El mundo del fútbol esperaba un duelo de campanillas entre Arturo Vidal y Édinson Cavani, dos genios suramericanos. Ambos, sin embargo, estuvieron apagados y el fútbol perdió por goleada (Conmebol.com).

Justo en momentos en que el toda la basura del mundo se les venía encima y corrían el riesgo de irse junticos para la cárcel (riesgo que, valga decirlo, sigue latente), a los dirigentes suramericanos el primer puntapié de la Copa América les cayó como anillo al dedo. La atención de medios de comunicación y aficionados se enfocó en el rodar de la pelota y, entonces, tuvieron un respiro. Les llegará su hora, de eso no hay dura, pero estas semanas les daban un respiro. Hasta que a Jara se le ocurrió meter el dedo en el ano de Cavani y mandó todo a la m… Porque ahora son esos nefastos personajes, los directivos, los que tienen el balón en su campo: tienen que actuar de oficio.

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Gonzalo Jara, número 18, tiene antecedentes como provocador. Esta vez fue pillado in fraganti y debe ser sancionado con aleccionadura dureza (Conmebol.com).

La sanción debe ser ejemplar, tan desproporcionada e injusta como fue la de Luis Suárez en el Mundial. Se trata de enviar un mensaje claro, contundente, aleccionador: este tipo de conductas no está permitido. Desde hace mucho tiempo, varias décadas atrás, el que era el mejor espectáculo del mundo empezó a enturbiarse por culpa de las mal llamadas estrategias. Las fintas y las filigranas fueron reemplazadas por el choque y la patada hartera, por los agarrones y, ahora, por las tocadas de nalga con algún ingrediente más. Y no son pocos los partidos en los que, en vez de gambetas, paredes o goles nos tenemos que conformar con tumultos, faltas descalificadoras y, como en este caso, agresiones grotescas.

Es entendible que todos quieran ganar, pero no se vale a cualquier costo. Ese es, precisamente, el origen de los problemas que carcomen el fútbol como el más dañino cáncer. Catar pagó cuantiosos sobornos con tal de asegurarse la sede del Mundial-2022, a cualquier precio. Sepp Blatter pagó un dineral para comprar los votos que le permitieran continuar como presidente de la FIFA sin importar las consecuencias o los métodos. Los ejemplos pueden continuar sin cesar, siempre con el mismo resultado: la pelota fue manchada. Y ya es hora de parar, porque la integridad del juego ya ha sido suficientemente pateada. Entonces, el turno le corresponde a la decencia, a la honestidad, a la justicia, así en la Conmebol no haya mucho de eso.

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El remate que desniveló la pizarra: a pesar del bosque de piernas, el disparo de Mauricio Isla va rumbo a la red del arco de Fernando Muslera, que nada pudo hacer por evitarlo. Chile ganó 1-0 y pasó a semifinales.

Cavani dio papaya y se la cobraron caro. El charrúa estaba predispuesto por el accidente en que se vio envuelto su padre Luis, en Uruguay, en el que un joven perdió la vida y aquel terminó preso. Desde que sonó el pitazo inicial en el estadio Monumental de Santiago se lo vio nervioso, ansioso, dispuesto a cazar pelea a la menor provocación. Por protestarle a uno de los asistentes fue amonestado en el primer tiempo, pero su temperamento no se aplacó. Y cayó en la red que le tendió Jara, un provocador reincidente, un profesional del juego sucio, uno de esos payasos que tanto daño le hacen al fútbol y que, por supuesto, deben ser desterrados de él.

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Alexis Sánchez, uno de los jugadores que tenían la llave del partido, se dedicó a lloriquear. Fue su peor partido del torneo, muy lejos de las expectativas y de lo que su equipo necesitaba (Conmebol.com).

La pelota está en el campo de los dirigentes, que no se pueden dar el lujo de volver a fallar. Anunciaron una investigación de oficio (le abrieron un expediente a Jara), pero cada hora que pasa actúa en su contra: es necesario que la sanción se dé pronto y que, como se dijo antes, su mensaje sea claro, contundente y aleccionador. Cavani será sancionado por su reacción, y eso está bien. Pero Jara merece irse al dique seco durante largo rato, para que nunca más se atreva a provocar a un colega. Suficiente daño se le ha hecho al fútbol de Suramérica con tanta corrupción, con tanto hampón delinquiendo por ahí, como para que lo único honesto que tiene el juego, que es el juego mismo, se ensucie de esta manera sin un castigo conveniente.

La reflexión que los aficionados al fútbol debemos hacernos es ¿cuánto más resistirá el fútbol?, ¿cuántos escándalos más aguantará? La que hay que empezar es una cruzada por la decencia, por la honestidad, por el juego limpio. Implacable, sin cuartel, castigando severamente a todos aquellos que, dentro o fuera del campo, se valgan de armas (estrategias o artimañas, como se les quiera llamar) ilegales o irreglamentarias. Esa cultura del ganar a cualquier costo, echando mano de la mal llamada malicia indígena, se tiene que acabar. Hay que conseguir que cuando se hable del fútbol de Suramérica el tema sean sus talentos, sus gambetas, su espectáculo, su inagotable cantera de genios de potrero. Y a ese punto solo se llegará si los tramposos (llámense directivos o Gonzalo Jara) reciben su escarmiento.

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La ira de Édinson Cavani estaba justificada: fue víctima de una doble injusticia. Primero lo provocaron con una agresión grotesca y luego fue expulsado del juego. Dio papaya y se la cobraron caro (Conmebol.com).

En lo futbolístico, que pasó a un segundo plano, hay que decir que el partido colmó las expectativas: intenso, entretenido, bien disputado, con equipos que ofrecieron estilo y estrategias diferentes. Chile se demoró en carburar, como si la presión de la tribuna y la condición de local le hubieran pesado. De hecho, solo consiguió inclinar la balanza a su favor cuando Cavani fue expulsado y Uruguay eligió agruparse en su campo, cediéndole terreno y balón. El campeón defensor le apostó a una vieja táctica que en el pasado le ofreció positivos réditos: esperar a su rival y tratar de cobrar por ventanilla en un error. Al final, vendió cara su derrota y se despidió del torneo con la cabeza en alto, a sabiendas de que no fue superado y de que su eliminación estuvo precedida por una irregularidad, por una injusticia.

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El partido, que en lo futbolístico dejó un buen sabor, terminó convertido en un muy mal chiste, distinto a tantos otros de Condorito, genial creación chilena, que hicieron felices a varias generaciones (Conmebol.com).

A Chile no le otorgaron las ventajas y el espacio de partidos anteriores, y eso era obvio: Uruguay no es tan débil como Bolivia, Ecuador o México. Le costó mucho al elenco de Jorge Sampaoli generar el volumen ofensivo requerido para superar el numeroso bloque defensivo que planteó el DT Tabárez, un sabio y viejo zorro de estas lides. Después del incidente en que se vio envuelto, Arturo Vidal fue un fantasma y Alexis Sánchez, como bien lo dijeron los uruguayos al final del encuentro, se la pasó lloriqueando. De hecho, en medio de la ansiedad, cuando la definición con tiros desde el punto penalti ya se vislumbraba en el horizonte, tuvo que aparecer un defensor (Mauricio Isla) convertido en delantero para descifrar el acertijo defensivo de los orientales y marcar el único gol.

Chile avanzó, pero la verdad es que perdió: su torneo, en el que todo un país ha cifrado sus esperanzas para cantar campeón por primera vez en 99 años de historia, quedó irremediablemente manchado. Lo más irónico, lo más triste, el que el responsable se llama Gonzalo Jara, uno de sus más representativos jugadores, un tramposo de vieja data que todavía no recibió el castigo que merece. En la posteridad, la historia y las imágenes de la televisión darán cuenta del bochornoso incidente y relatarán que Jara le metió el dedo en el ano a Édinson Cavani. La verdad, sin embargo, es que al que le cogieron el culo fue al pobre fútbol, que sigue siendo el vehículo predilecto de hampones y tramposos para enriquecerse o hacerse célebres. ¿No es hora ya de terminar este nefasto partido?

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El cacareado Fair Play, del que tantos hablan a boca llena, es hoy un remedo del que todos se burlan. Acaso los ingenuos aficionados aún creen en él (Conmebol.com).

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Comunicador social y periodista. Apasionado por los deportes. Escritor de libros. Docente. Emprendedor y soñador, terco y persistente.

Un comentario sobre “Al fútbol le metieron el dedo en el c…”

  1. Miren, yo soy de Montevideo y me encanta jugar al futbol y quiero decirles que Chile nos gano bien en esta oportunidad. No tuvo nada que ver el altercado entre Jara y Cavani. Hay que ser vivo para jugar al futbol y en este caso, y en esta cancha Chile lo fue y Uruguay no.

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