Ahora sí, la Selección es de Colombia

Del círculo vicioso solo fue posible salir cuando la Fedefútbol se equivocó y contrató a José Néstor Pékerman, que cambió todo lo malo. Hoy sabemos, felizmente, que la Selección Colombia dejó de ser propiedad exclusiva y negocio particular de unos pocos y como debe ser, como siempre debió ocurrir, es patrimonio del pueblo colombiano, de su afición.

ColombiaMundial(2)Quinto puesto en el Mundial de Brasil-2014, Top-10 en el ranquin de la FIFA desde hace más de un año, valorización del futbolista colombiano en el exterior, recuperación de la credibilidad de la hinchada y de los propios jugadores en la Selección y consolidación de la marca país-fútbol son algunos de los logros que hoy se le reconocen al cuerpo técnico encabezado por José Néstor Pékerman al frente de la Tricolor. Sin embargo, el más significativo de todos es haber recuperado la propiedad de la Selección Colombia para el pueblo, para el aficionado común.

Durante años, muchos años, la Selección Colombia fue propiedad exclusiva, negocio particular de unos pocos. ¿De quiénes? Del comité ejecutivo de la Federación Colombiana de Fútbol y su círculo más cercano, representado por empresarios, patrocinadores y hasta medios de comunicación. Puertas abiertas para ellos, puertas cerradas para los demás. Exclusivas y chivas para ellos, ruedas de prensa para los demás. Privilegios y cercanía al grupo para ellos, restricciones y limitaciones para los demás. Ganancias multimillonarias para ellos, migajas para los demás. Pero, afortunadamente para la Selección, para el país y para el fútbol nacional, esta corruptela se terminó en enero de 2012.

Como nunca ocurrió, como siempre debió ser, la Selección Colombia hoy es un patrimonio del pueblo, de los hinchas, su verdadera razón de ser. El DT José Néstor Pékerman la blindó y afortunadamente la rescató de las manos de la mafia de la corruptela (Publimetro.com.co).
Como nunca ocurrió, como siempre debió ser, la Selección Colombia hoy es un patrimonio del pueblo, de los hinchas, su verdadera razón de ser. El DT José Néstor Pékerman la blindó y afortunadamente la rescató de las manos de la mafia de la corruptela (Publimetro.com.co).

Más allá de lo deportivo, que no tiene discusión alguna, el gran mérito de Pékerman al mando de la Selección, su mejor decisión y el logro más importante para todos, es que blindó al combinado nacional. De las injerencias de los directivos, siempre propensos a defender sus intereses particulares; de esos mercaderes que se hacen llamar empresarios, siempre prestos a sacar tajada de los frutos del trabajo de otros (jugadores, cuerpo técnico); del seudoperiodismo de escritorio, de versiones a medias, rumores y demás especies malolientes de internet y las redes sociales; de los oportunistas (incluidos medios de comunicación y patrocinadores), cuyo único interés es lucrarse a la sombra de la Tricolor.


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Lo primero que hizo Pékerman al bajarse del avión que lo trajo a Colombia hace ya casi tres años fue imponer orden. No más parranditas, no más borracheras de los directivos alrededor del equipo, no más concentraciones convertidas en carnaval, no más desfile de empresarios y figuras de dudoso récord judicial por las habitaciones de los jugadores, no más periodistas metidos bajo las cobijas de los jugadores, no más vetos a deportistas por antipatías de los directivos, no más exigencias de los clubes nacionales para forzar la convocatoria de sus futbolistas o, peor aún, para evitar que sean llamados al combinado nacional. El mensaje de Pékerman, que además lo ha expresado públicamente en reiteradas ocasiones (aunque alguno no oyen, ni entienden), es claro: LA SELECCIÓN ESTÁ POR ENCIMA DE TODO, PRIMERO QUE TODO.

Como Pékerman, toda Colombia ríe gracias al feliz presente de su Selección. El DT argentino halló la fórmula para proteger al grupo del cáncer que lo carcomió en el pasado.
Como Pékerman, toda Colombia ríe gracias al feliz presente de su Selección. El DT argentino halló la fórmula para proteger al grupo del cáncer que lo carcomió en el pasado.

Hay que escribirlo así, en mayúsculas y con negrilla, para que no queden dudas, para que todos aquellos que leen entrelíneas no digan que no lo vieron. Y la lista de convocados para los amistosos contra Estados Unidos y Eslovenia, en Londres y Liubliana, es clara muestra de ello. Atlético Nacional, codueño del fútbol profesional a través de los tentáculos de Postobón, propietario y patrocinador de ambos; Once Caldas, cuna de algunos periodistas de influyentes medios, y otros elencos nacionales involucrados en las instancias decisivas del campeonato doméstico, intentaron manipular o, cuando menos, condicionar la convocatoria. Sin embargo, cuando el DT nacional dio su lista todos se quedaron con los crespos hechos: firme como siempre, Pékerman incluyó en la nómina a aquellos jugadores que sus equipos querían retener (Camilo Vargas, Alexánder Mejía, Daniel Bocanegra, Jimmy Chará…). Y el mundo no se acabó, y el torneo colombiano continuó, y los equipos pudieron cumplir con sus compromisos, y los seudoperiodistas que querían meterle presión al estratega argentino solo consiguieron hacer el ridículo, una vez más…


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Dejemos algo claro: los jugadores son patrimonio de los clubes y lo normal es que sean los primeros beneficiarios de su usufructo. Ese no es el problema. El problema es que los clubes se despelucan cuando un jugador suyo no es convocado a la Selección, la principal vitrina del planeta futbolístico, y la cotización del deportista no se eleva. Cuando el precio de un se eleva el precio por sus actuaciones en la Selección, el club se relame y recibe todos los réditos (a la Tricolor nada le corresponde), pero cuando un club dice que requiere al jugador, entonces la Selección incomoda, la Selección es un obstáculo. Y este es un camino de doble vía, en el que los derechos y las responsabilidades son idénticas y mutuas; no puede haber solo derechos, no puede haber solo responsabilidades. Valga la redundancia, se corresponden, se necesitan, conviven.

Estados Unidos, en Londres, y Eslovenia, en su casa, son los rivales de Colombia en esta fecha FIFA, la última de 2014. La próxima reunión será en marzo del año vendiero.
Estados Unidos, en Londres, y Eslovenia, en su casa, son los rivales de Colombia en esta fecha FIFA, la última de 2014. La próxima reunión será en marzo del año vendiero.

Desde hace años, antes de que Postobón lo adquiriera, Nacional nos enseñó el libreto: llora si le llaman jugadores, llora si no se los convocan; llora si juegan, llora si no juegan; llora si le cambian el calendario, llora si se cumple según lo acordado; llora si solo juega torneo, llora si participa en un certamen internacional, en fin… Es un viejo vicio que a los verdolagas les quedó de la época en que eran los mandameses de la Selección, por cuenta de los técnicos Francisco Maturana, Hernán Darío ‘Bolillo’ Gómez, Luis Fernando Suárez o Leonel Álvarez. Es, por decirlo de alguna manera que cualquiera pueda entender, aquella lamentable enfermedad tan colombiana de la viudez del poder. La sufren los políticos, los directivos de las empresas, los que alguna vez ostentaron cargos altos, los periodistas y hasta los celadores. Con una mínima pizca de poder se creen los dueños del universo; cuando pierden la condición, se tornan en víctimas indefensas, un rol patético.

La realidad, sin embargo, es que ese partido los equipos lo tienen perdido mientras Pékerman sea el DT de la Selección. Ni los otrora buenos servicios de Luis Bedoya, hoy presidente de la Fedefútbol y antes cordón umbilical de los ‘dueños de la Selección’, logran el objetivo; es el primero que está obligado a cumplir con las exigencias del seleccionador. Hay dos bandos claramente ganadores: los futbolistas, una generación de verdaderos profesionales que requiere un ambiente sano, propicio para darle rienda suelta a su talento, y que necesita estar ajeno a toda esa sucia parafernalia de los oportunistas para responder a las expectativas que el país ha cifrado en ellos. Y, en segundo lugar, la afición, razón de ser de la Selección, que sufre en carne propia las derrotas y padece los rigores de las decepciones, pero que también palpita al máximo la pasión y arropa con su amor incondicional al grupo, como se reflejó recientemente durante el Mundial de Brasil-2014.

James Rodíguez, de dulce momento en el Real Madrid, volverá a ser el guía de la Selección Colombia en este ciclo de amistosos. Es el referente y el máximo ídolo de la afición.
James Rodíguez, de dulce momento en el Real Madrid, volverá a ser el guía de la Selección Colombia en este ciclo de amistosos. Es el referente y el máximo ídolo de la afición.

Los patrocinadores son necesarios cuando con su aporte es posible cerrar las brechas que existen con las potencias y brindarles a los jugadores las condiciones propicias para rendir al máximo; los representantes de los medios de comunicación son necesarios cuando cumplen con su viejo, humilde y casi olvidado deber de ser los nexos con el aficionado común; los directivos son necesarios cuando su trabajo está en función del bien colectivo, no del personal, y no se convierten en peones del nefasto ajedrez de la corrupción; los empresarios son necesarios dentro del actual esquema del fútbol-negocio y, especialmente, cuando su tarea consiste en velar por los intereses de sus representados sin inmiscuirse en aspectos técnicos, logísticos o periodísticos que no les corresponden. Pero en Colombia, está claro, esta es la excepción: como decían las abuelas, de eso tan bueno no dan tanto. Por eso, es urgentemente indispensable que el técnico Pékerman siga cumpliendo labores de policía, salvaguardando ese bien común que es la Selección, garantizando que haya respeto por las figuras del espectáculo (que para su pesar no son los seudoperiodistas, los patrocinadores, ni los mercachifles postrados detrás de los escritorios), construyendo ese sueño que a los colombianos tanta felicidad nos ofrece.

Durante años, muchos años, la Selección Colombia fue propiedad exclusiva, negocio particular de unos pocos. Durante más de una década, la Tricolor fue el negocio de una mafia con más tentáculos que un pulpo: todos terminaron rendidos a sus pies, inclusive el país futbolístico, y así nos fue. A Colombia, que parecía ser la gran promesa orbital, la consumió el cáncer de la corrupción, de los peores males que aquejan nuestra sociedad, y desapareció del panorama. Un círculo vicioso del que solo fue posible salir cuando la Fedefútbol se equivocó y contrató a José Néstor Pékerman, que cambió todo lo malo. Hoy sabemos, felizmente, que la Selección Colombia dejó de ser propiedad exclusiva y negocio particular de unos pocos y como debe ser, como siempre debió ocurrir, es patrimonio del pueblo colombiano, de su afición. Por eso, ahora ya no lloramos; reímos…

Ausente por una lesión, el goleador Radamel Falcao García, que reapareció en la última convocatoria, cuenta con toda la confianza del técnico José Néstor Pékerman. Volverá en 2015.
Ausente por una lesión, el goleador Radamel Falcao García, que reapareció en la última convocatoria, cuenta con toda la confianza del técnico José Néstor Pékerman. Volverá en 2015.

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Comunicador social y periodista. Apasionado por los deportes. Escritor de libros. Docente. Emprendedor y soñador, terco y persistente.

Un comentario sobre “Ahora sí, la Selección es de Colombia”

  1. Que bueno que los técnicos en los equipos del fútbol profesional en Colombia; copiaran la misma posición del profe Néstor…lo malo es que el negocio se les acabaría s los directivos corruptos que son todos los que manejan los pobres y malos torneos internos de futbol en Colombia..
    Me encanto la columna

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