La locura que cambió el fútbol

Efemérides 5 de agosto: en 1962, un domingo, Hugo Orlando Gatti, con tan solo 17 años, debutó en la primera división del fútbol argentino defendiendo el arco de Atlanta, contra Gimnasia y Esgrima de La Plata. Oswaldo Juan Zubeldía fue el técnico que lo alineó.

ColombiaMundial(2)Durante años, muchos años, el fútbol se jugó con un arquero y diez jugadores de campo. La historia comenzó a cambiar cuando a mediados de los años 40 apareció un tal Amadeo Carrizo, que le dio una nueva concepción al puesto y dejó claro que el ‘fútbol moderno’ contaba con 11 jugadores, incluido aquel condenado a la soledad de su área. Tras él surgieron otros que, como Hugo Orlando Gatti, convirtieron el oficio de portero en un espectáculo y marcaron una época. La del Loco, ídolo de todos los equipos en que militó, se inició un 5 de agosto, en 1962, el día que debutó con el modesto Club Atlético Atlanta. Genial invención de la humanidad, al fútbol le quedó una pieza coja en sus inicios: el oficio del portero. Su nombre solo aparecía cuando se equivocaba, porque tradicionalmente a la hora de las victorias los elogios eran para sus compañeros, los jugadores de campo, especialmente para los autores de los goles, o a lo sumo los de aquellos que los habilitaron. Así el custodio del arco hubiera ahogado el grito de gol de sus rivales, su rol estaba bien definido: villano en las derrotas, anónimo actor de reparto en los triunfos. Y así fue durante años, muchos años, como si sobre aquellos raros personajes pesara una condena. El trabajo del portero era no solo ingrato, sino también terriblemente aburrido, especialmente en aquellos equipos con poderío ofensivo que, por lo general, mantenían el balón en campo contrario, lejos de su arco. Entonces, parecía que el número uno podía tomarse una siesta, quizás hojear una revista, de pronto degustar un té. Y de reojo estar atento a las acciones, por si de pronto el rival conseguía llegar hasta sus predios y lo obligaba a trabajar. Pero, claro, no podía equivocarse, so pena de ser tachado, de ser señalado con el dedo acusador de los hinchas y víctima de la dura crítica de los periodistas. Por eso mismo, durante mucho tiempo el último jugador que se escogía era el arquero: ocupadas las posiciones de campo, entre los que sobraban se elegía el que debía ponerse el buzo e ir bajo los tres palos. Y por ahí algunos resultaron buenos atajando, pero nunca pudieron ocultar su tristeza, porque esa función les impedía divertirse. Es que, por definición, su rol era una contradicción: tenían la misión de evitar el gol, que es el objetivo final del fútbol, su esencia, su máxima alegría. Era como estar sometido al paredón, una desgracia que solo unos pocos podían cargar sin deshonor. Peor aún desde que en 1912 cambiaron las reglas y el arquero, como un preso, quedó relegado a su área, una cárcel sin barrotes.

El arquero que sabía jugar con los pies fue la pieza que completó el rompecabezas, y el equipo. Hugo Orlando Gatti, émulo del gran Amadeo Carrizo, marcó una época en el fútbol argentino.
El arquero que sabía jugar con los pies fue la pieza que completó el rompecabezas, y el equipo. Hugo Orlando Gatti, émulo del gran Amadeo Carrizo, marcó una época en el fútbol argentino.

En los inicios del fútbol, el portero podía tomar el balón con sus manos en su campo, es decir, hasta la mitad de la cancha. Sin embargo, hace poco más de un siglo se estableció la dura condena contra los porteros: tenía que vivir bajo los tres palos. Pero como no hay mal que dure cien años, ni arquero que lo soporte, un día el gran Amadeo Carrizo completó el rompecabezas: rompió las ataduras que lo ligaban a su pórtico y se convirtió en un jugador más, el número 11 de su equipo, amo y señor de su área. Toda una revolución, que muchos no entendieron, y que sorprendió a los delanteros, que en no pocas ocasiones veces se encontraban con un obstáculo inesperado tan pronto ingresaban al área. Una nueva especie, que en Hugo Orlando Gatti, el Loco, tuvo un intérprete genial. Nacido el 19 de agosto de 1944 en Carlos Tejedor, en la provincia de Buenos Aires, fue uno de tantos campesinos que llegaron a la gran ciudad con sueños de gloria. Y desde el primer día se destacó por su personalidad, por sus excentricidades, por su locuacidad. Claro, eran otras épocas y sus dichos y ejecutorias no tenían demasiada repercusión, especialmente porque atajaba en un equipo chico. Desde que debutó en la primera división, sin embargo, el mundo de fútbol supo que era alguien especial, diferente, único. Así quedó manifiesto ese domingo 5 de agosto de 1962, en el que con apenas 17 años recibió la responsabilidad de defender el arco de los bohemios (llamados así por los repetidos cambios de sede) en el partido contra Gimnasia y Esgrima de La Plata, que ganó el visitante por 2-0. El técnico era Oswaldo Juan Zubeldía. No duró mucho allí, pues tras solo 38 partidos fue adquirido por River Plate, que lo vislumbró como el sucesor natural del gran Amadeo Carrizo, su maestro dentro del campo. Porque fuera de él, en esa novela que ha sido la vida de Gatti, su espejo siempre fue Cassius Clay, el gran Mohamed Alí, para muchos el mejor boxeador de todos los tiempos, al menos en la categoría de los pesados. Atrevido, contestatario, irreverente como el estadounidense, Gatti se abrió un puesto en la historia y, claro, en el corazón de los hinchas. Casi siempre transitó por una vereda diferente a la de los directivos, que lo veían como un sujeto incómodo, como una piedra en el zapato.

'La de Dios', así fue llamada esta jugada producto de la genialidad de Gatti. Enfrentaba a los delanteros rivales con el pecho, como si estuviera indefenso, pero muy pocos conseguían vencerlo. Un genio....
‘La de Dios’, así fue llamada esta jugada producto de la genialidad de Gatti. Enfrentaba a los delanteros rivales con el pecho, como si estuviera indefenso, pero muy pocos conseguían vencerlo. Un genio….

River Plate (77 partidos), Gimnasia y Esgrima de La Plata (224), Unión de Santa Fe (45) y Boca Juniors (381) fueron los otros equipos que, amén de la Selección Argentina, disfrutaron de su talento y padecieron sus locuras. Es el jugador que más veces actuó en la primera división de la liga argentina y también el portero que más tiros penaltis atajó (26, cifra compartida con Ubaldo Matildo Fillol). Más allá de sus marcas, de sus incontables anécdotas que protagonizó (que parecen surgidas de una mente retorcida y caprichosa), Hugo Orlando Gatti fue un grande que puso el oficio de portero en el lugar que le correspondía. Primero fue Amadeo Carrizo, pero después un Gatti mediático profundizó la revolución y dejó claro que arquero era un jugador igual que los demás, con posibilidades de brillar en zonas distintas a la demarcada bajo los tres palos y, sobre todo, que también tenía derecho a divertirse durante el juego. Y Gatti se divirtió y divirtió a millones de hinchas a lo largo de una historia que se inició un 5 de agosto…

Hoy es un leído columnista que, cómo no, levanta polémica con su estilo directo, sin pelos en la lengua. Una leyenda viviente del fútbol, un artista como pocos.
Hoy es un leído columnista que, cómo no, levanta polémica con su estilo directo, sin pelos en la lengua. Una leyenda viviente del fútbol, un artista como pocos.

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Comunicador social y periodista. Apasionado por los deportes. Escritor de libros. Docente. Emprendedor y soñador, terco y persistente.

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