¡Ufff!, la mano de Dios salvó a Colombia

En un flojo partido, la Selección venció 1-0 a Bolivia, pero no despejó las dudas. La generación de fútbol ofensivo y la definición, el gran déficit. El martes próximo, en Quito contra Ecuador.

Colombia Mundial En Contravía rumbo a Rusia-2018Primero fue la mano derecha del portero boliviano Carlos Lampe, que detuvo el tímido y anunciado disparo de James Rodríguez desde el punto penalti. Luego fue la divina mano de Dios, que provocó que el rebote le llegara al 10 justo a los pies, justo a su perfil zurdo, para que solo debiera mandarla al fondo de la red. Eso bastó, pero eso se necesitó para que Colombia venciera 1-0 a Bolivia en la eliminatoria al Mundial de Rusia-2018.

Más allá de que el triunfo fue justo y merecido, de que el único equipo que intentó la victoria y el único que buscó el arco contrario, también hay que ser honestos y reconocer que, una vez más, el partido de Colombia fue opaco, chato. Pero, como se dijo la víspera, en esta recta final de la eliminatoria, en esta tierra derecha camino de la Copa Mundo, la única premisa válida es sumar. Y Colombia ganó y sumó, y sueña aunque no convence.

Pasados tres meses provocados por el receso de las fiestas de fin de año, hay una certeza que preocupa: la Selección Colombia no mejora. De hecho, ofreció la misma cara, la misma tibieza futbolística de los últimos partidos de 2016 y, por eso, hay alarma por lo que se avecina. Al hincha le gustaría que el equipo se pareciera al de la eliminatoria pasada, al del Mundial-2014, pero cada vez es más cercano a los que naufragaron camino de Francia-1998, Corea del Sur y Japón-2002, Alemania-2006 y Suráfrica-2010.


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Hay que reconocer la intención del técnico José Pekerman, que consciente de la importancia de los 3 puntos en juego planteó un juego ofensivo, con clara idea de buscar el arco rival. Mandó a Juan Guillermo Cuadrado en el medio para acompañar a Rodríguez y a Macnelly Torres, pero no funcionó; arriba, puso a Luis Fernando Muriel junto a Carlos Bacca, pero el divorcio entre ellos y con el gol continuó. Es la muestra de que la partitura no está mal, pero de que la melodía depende exclusivamente de los que la interpretan.

Colombia Mundial En Contravía camino del Mundial Rusia-2018
La jugada crucial del partido: el gran esfuerzo del arquero Carlos Lampe no fue recompensado y el balón le cayó a James Rodríguez, que marcó el 1-0 (FIFA.com).

Uno de los conceptos que al hincha común (tanto al que paga la boleta como al que acude al estadio acreditado por un medio) le cuesta entender es aquel de que el futbol es, exclusivamente, presente. No importa qué haya hecho James en su última salida con Real Madrid, o los goles de Bacca con Milan, o el lucimiento de Mateus Uribe contra Águilas Rionegro o Envigado. El presente es el hoy, a la hora del partido, y depende de cómo se haya levantado cada jugador.

Y, por lo observado contra Bolivia en el estadio Metropolitano de Barranquilla, más de uno se levantó con el pie izquierdo. Muriel, que era uno de los más activos y que comprometía a la zaga rival, se lesionó al filo de la media hora. Uribe salió como volante y terminó como lateral, pero bien hubiera podido quedarse en la tribuna, porque nada aportó. Cuadrado estuvo escurridizo, inquieto por su banda, pero no tuvo acierto en última puntada.


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Bacca entró en contacto con el balón en muy pocas ocasiones, y volvió a lucir desacertado, hasta torpe. Torres confirmó una vez más (otra, ¿y cuántas van?) que juega muy bien los amistosos, pero que se esconde cuando las papas queman: ¡Qué mal partido! Y James, que en España había levantado su nivel, estuvo desacertado hasta en el cobro del penalti, pero para su fortuna contó con la intervención de la mano de Dios para garantizar el necesitado triunfo.

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El técnico José Pekerman leyó bien el partido e hizo un planteamiento adecuado; el problema estuvo en la ejecución por parte de los jugadores (FIFA.com).

¿Y Bolivia? Bien, gracias. Hizo uno o dos remates directos al arco de David Ospina y su volumen ofensivo se resume en unos pocos tiros de esquina. Llegó con la misión de aguantar el cero y cumplió el cometido durante 82 minutos. Gran responsable de ese resultado parcial fue el arquero Lampe, que realizó varias atajadas magistrales y que contó con la ayuda del horizontal cuando un cabezazo de Yerri Mina lo superó.

Esperar algo distinto del visitante era una utopía, de ahí que Pekerman leyó bien el partido y diseñó una estrategia encaminada a abrir el cerrojo. Sin embargo, como se dijo, los intérpretes se equivocaron de partitura y desafinaron en los acordes. Faltó movilidad, sobre todo, y no hubo claridad para el pase definitivo, ese que rompe las líneas defensivas del rival y deja a los delanteros cara a cara con el arquero. Está bien que se requería paciencia, pero esa pronto se transformó en parsimonia.

Muy preocupado debe estar el técnico Pekerman, que prueba y prueba y no encuentra la solución. Esta vez no hubo problemas defensivos, como en partidos recientes, pero exclusivamente porque Bolivia no atacó. En cambio, el gran doble dolor de cabeza, que es la generación de fútbol ofensivo y la definición, volvió a presentarse. Los delanteros continúan negados en el área rival, pero buena parte de la responsabilidad es de los volantes, que poco o nada de calidad producen.

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Luis Fernando Muriel, el mejor de los de arriba, salió lesionado al filo de la media hora. Una baja que el equipo colombiano sintió (FIFA.com).

Hay algo que el hincha debe entender, para no mortificarse, ni ensañarse con los atacantes: cuando los volantes no producen, cuando no tiene claridad para dejarlos mano a mano con el arquero, cuando no hay laterales que desborden y lancen buenos centros, el desespero provocado por la soledad, y por la permanente compañía del zaguero rival, causa zozobra en el corazón del delantero. Y eso, a la hora de la verdad, se traduce en errores a la hora de definir.

¿Por qué? Porque se apresura, porque se equivoca a la hora de elegir el estilo de la definición y el destino de su remate, porque duda y le da oportunidad al contendor de marcarlo o incomodarlo. Como asume que no va a tener más ocasiones, como sabe que tiene que acertar sí o sí, el afán nubla su mente y, por eso, falla reiteradamente. Y eso fue, precisamente, lo que se les vio a los delanteros colombianos contra Bolivia: afán, desespero, imprecisión, errores repetidos.

Lo importante es que se logró la victoria, que son 3 puntos de oro en la clasificación. Sin embargo, persisten las dudas y las preocupaciones se ahondan a sabiendas de que el próximo martes se jugará en Quito contra Ecuador. Ese, se sabe, es un partido especial, un duelo que el dueño de casa juega con un plus anímico. Y no bastará con un funcionamiento tan discreto como este contra Bolivia: Ecuador es harina de otro costal, además de ser un rival directo.

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A sabiendas de la importancia del triunfo, los jugadores colombianos bailaron, pero continúan en deuda por el nivel futbolístico (FIFA.com).

Colombia jugaba mal una vez más, Colombia sufría una vez más, Colombia se alejaba de la ilusión de Rusia-2018. Hasta que al minuto 82 el árbitro Ricardo Marques pitó penalti y James Rodríguez se puso frente al balón. Fue, entonces, cuando primero puso la mano el arquero Lampe, para detener el remate, y luego apareció la mano de Dios para dejarle el rebote servido al 10 cucuteño. Se necesitaba algo extraordinario para cambiar el rumbo de la historia y esa ayuda llegó desde arriba: fue una ayuda divina…

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