¡A pura testosterona, Colombia clasificó a Rusia-2018!

En ausencia de mejores argumentos futbolísticos, hombría, cojones, corazón y vergüenza sirvieron para alcanzar el empate que puso a celebrar al país. El tridente Ospina-James-Falcao, vital para cristalizar el sueño. Perú jugará la repesca contra Nueva Zelanda.

Colombia Mundial En Contravía rumbo a Rusia-2018Por mérito propio (aunque suene un poco exagerado), sin depender de terceros, con una oportuna mezcla de talento y testosterona, Colombia clasificó al Mundial de Rusia-2018. El empate a uno con Perú, en Lima, le significó al equipo de José Pekerman la cuarta posición y el cupo directo. El elenco inca, mientras, terminó de quinto y ahora jugará una última chance, contra Nueva Zelanda, en la repesca en el mes de noviembre.

Un poquito de hombría, tal y como lo gritó James Rodríguez al final del encuentro, bastó para evitar una decepción mayúscula. Al término de los primeros 45 minutos del partido disputado en un estadio Nacional decorado por un ambiente tenso, peruanos y colombianos estaban por fuera de la Copa Mundo. El triunfo de Argentina en Quito y el empate de Chile contra Brasil los marginaban; Colombia quedaba para la repesca.

El primer tiempo fue horrible, pero no tanto por el pobre nivel futbolístico, sino por la falta de ambición de los dos equipos. Se jugaban el cupo al Mundial, pero parecían disputando un picadito de fin de semana con un grupo de amigos. Era claro que el miedo a perder (y, por ende, despedirse de la ilusión) pesaba mucho más que la eventualidad de un triunfo que acabara con el sufrimiento. Así, la eliminación era un justo premio para los dos.

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¡Lo grita James Rodríguez, lo grita toda Colombia! La Selección empató 1-1 con Perú en Lima y aseguró el cupo directo al Mundial de Rusia-2018 (FIFA.com).

Y no se necesitaba ingresar a los camerinos en el descanso para saber qué dijeron dos técnicos temperamentales y emocionales como Pekerman y Ricardo Gareca. Era fácil de colegir porque tan pronto el árbitro brasileño Sandro Ricci marcó el comienzo del segundo período, fue otro partido. A sabiendas de que el resultado no les favorecía, en ese último envión peruanos y colombianos se dispusieron a jugarse el todo por el todo.


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Calidad futbolística no abundó, pero eso ahora a nadie lo importa. A ratos, reinó el desorden y los equipos se deslucieron, pero eso ahora a nadie le importa. Por momentos, el cuadrado perpendicular de la tangente lateral de la línea media se torció 2 grados y provocó el desespero de los expertos tácticos, pero eso ahora a nadie le importa. Y los dos terminaron pidiendo tiempo, suplicándole con la mirada al árbitro que pitara el final.

Cuando esto ocurrió, el desahogo fue general. Como impulsados por resortes, desde los bancos técnicos saltaron suplentes, entrenadores y asistentes para comenzar la celebración. Colombia festejó una nueva clasificación directa y disputará por sexta ocasión la Copa Mundo. Perú enterró buena parte de los negros fantasmas de los últimos 35 años y se dio una nueva oportunidad para regresar al Mundial, que no disputa desde 1982.

El juego fue el reflejo perfecto de la eliminatoria. En el golf, los jugadores tienen un dicho según el cual “No importa el cómo, sino las cuantas”, para indicar que lo único que vale es el resultado, la cantidad de golpes acumulados. Y, como si fueran golfistas, peruanos y colombianos se concentraron en el cuantas y se olvidaron del cómo. Por eso, pesaron más el coraje, las ganas, el sacrificio, el corazón y la testosterona que el talento.

El sufrimiento que vivió Colombia a lo largo de la eliminatoria se originó en tres factores: repetidos errores individuales, falta de jerarquía y ausencia de testosterona. El partido contra Paraguay, el pasado 5 de octubre, es clara muestra de ello. Con el triunfo en el bolsillo y menos de un cuarto de hora por disputar, la Tricolor se durmió, sacó a pasear la pasividad y la frialdad y fue sorprendida en una ráfaga de los guaraníes. Y a sufrir.

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No se jugó bonito, a ratos no se jugó bien, pero un poquito de jerarquía y algo más de testosterona sirvieron para cumplir la tarea (FIFA.com).

Esta vez, el tridente David Ospina-James Rodríguez-Radamel Falcao García, columna vertebral del equipo y única cuota de jerarquía, bastó para cumplir el objetivo previsto. El arquero se reivindicó de los errores recientes y aportó la seguridad que se necesitaba. El volante asumió el rol de liderazgo que se le pedía a gritos y remató con un gol que vale oro. Y el atacante fue, otra vez, el mejor: pundonor, corazón, garra, amor propio.


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Ellos tres lideraron la gesta y protagonizaron el gol que significó la clasificación. Fue un poco a los trancazos, con una dosis de suerte, con oportunismo, igual que a lo largo de la eliminatoria. Virtudes no sobraron, es claro. A esas alturas, ya Chile caía con Brasil, así que la tranquilidad era absoluta: era prácticamente imposible que la clasificación se le escapara de las manos, como ocurrió con la victoria días antes frente a Paraguay.

Sin embargo, a la historia le faltaba el final feliz: resultaba demasiado doloroso que Perú fuera eliminado en el último partido, ante su gente, y el sueño acuñado a lo largo de 35 años se hiciera trizas. Para fortuna de los incas, apareció Paolo Guerrero, el líder, el referente, el diferente, y con un sensacional tiro libre clavó el empate para poner la casa en orden. Bueno, en aras a la verdad, en completo desorden, por cuenta del festejo.

El silbatazo final del árbitro Ricci, por eso, más que un desahogo de felicidad, fue una explosión de descanso. Tarea cumplida para Colombia, que en casa ajena enderezó las cargas tras el tropiezo en su feudo, y tiquete directo a Rusia-2018. Tarea cumplida para Perú que, aunque todavía tiene que superar a Nueva Zelanda en la repesca para ir al Mundial, no defraudó a su gente y rompió la racha de sinsabores de más de 3 décadas.

Abrumados por el miedo a perder y quedar por fuera de la Copa Mundo, Perú y Colombia se borraron en el primer tiempo. A sabiendas de que debían reaccionar para evitar ese desenlace y para no depender de terceros, en la segunda mitad, los últimos 45 minutos de este largo y apasionante viaje que es la eliminatoria suramericana, aportaron lo único que podía marcar diferencias en ausencia del talento: una buena dosis de testosterona.

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Colombia necesitaba con urgencia que el mejor James apareciera. No fue el mismo de Brasil-2014, pero fue decisivo para asegurar el cupo en el Mundial (FIFA.com).

Hombría, como lo dijo James Rodríguez, para superar los miedos y vencer las limitaciones. Cojones, para evitar que se repitiera el doloroso final del partido contra Paraguay. Corazón, para no defraudar a los hinchas genuinos que acompañaron fielmente a lo largo de dos años y no merecían un final triste. Vergüenza, para disipar las dudas y enterrar de un tajo las críticas de mala leche que nunca cesaron.

En el fútbol y en la vida, no siempre el talento y las ganas son suficientes. Es más: casi nunca son suficientes. Por eso, hay que ofrecer un plus, hay que poner algo que sea capaz de torcer la tendencia, de romper las barreras, algo que nos permita brincar los obstáculos y cristalizar los sueños. Esta vez fue testosterona, esa mezcla de hombría, cojones, corazón y vergüenza, complemento ideal para sellar el cupo al Mundial.

No se jugó bonito, a ratos no se jugó bien, la aritmética táctica no fue perfecta como en el pizarrón, pero Colombia y Perú cumplieron. No se trataba de lo uno o de lo otro, sino de clasificar, estar entre los cuatro primeros o, en su defecto, en el quinto lugar. Tras un primer tiempo para el olvido, en el que se merecían su suerte, peruanos y colombianos entendieron que se jugaban un lugar en la Copa Mundo y fueron a buscarlo. Y lo consiguieron…

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Comunicador social y periodista. Apasionado por los deportes. Escritor de libros. Docente. Emprendedor y soñador, terco y persistente.

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